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El arte de la caricia

La caricia es un arte. Según quien y cómo la dé, puede llegar a convertirse en algo realmente excitante.

Una vez leí que en el siglo XIX, en Francia, vivía un tal conde de Duvois, que era famoso por llevar a sus amantes a uno o varios orgasmos sólo con caricias en la cara y en el cuello.

La piel es una enorme extensión de terminaciones nerviosas que, si sabemos dónde tocar, descubriremos que puede sumir a nuestra pareja en el más placentero de los orgasmos.

Las técnicas que voy a relatar sirven tanto para hombres como para mujeres, ya que las zonas erógenas son muy similares.

Debemos colocarnos a la espalda de nuestra pareja. Ella o él debe estar sentada, con la cabeza por debajo de la nuestra, para poder tenerla a nuestro alcance. Empezamos dando suaves caricias en las sienes, con movimientos circulares de los dedos. Poco a poco, sin insistir mucho sobre la misma zona, nos desplazamos por la frente, la mejilla, las cejas, siempre con caricias muy suaves y casi rozando la piel. Cuanto menos contacto halla entre nuestros dedos y su piel, más placer dará la caricia. Esto se debe a que con un suave roce, estimulamos el pequeño vello de la cara, lo que provoca un cosquilleo que puede resultar placentero.

Un punto delicado son las orejas. Hay personas que no soportan para nada que les toquen las orejas, sobre todo si es gente con muchas cosquillas. Otras con un simple roce del lóbulo de la oreja, pueden sentir sensaciones realmente increíbles. Así que todo es probar. Si nuestra pareja consiente, pues perfecto, si no, habrá que atacar por otras zonas.

Otro punto especialmente erógeno es el cuello, sobre todo la parte que está por debajo de la barbilla y en el nacimiento de los hombros. Si masajeamos esta zona, el placer irá aumentando progresivamente. Esto lo notaremos en un aumento brusco de la temperatura corporal de nuestra pareja, incremento de sudoración, y aumento de salivación (traga saliva).

Los hombros y los brazos también pueden producir placer si son masajeados correctamente. Siempre con caricias suaves y en circulos, recorriendo la totalidad de la zona, sin dejar un rincón por explorar.

Sólo con estas zonas se puede conseguir un orgasmo perfectamente. Todo depende de la persona. En cuestión de una hora o dos, puede llegarse a completar la sesión de caricias. Claro que no tiene por qué conseguirse a la primera. Es conveniente que conozcamos los puntos exactos de placer de nuestra pareja, preguntando directamente. Así en posteriores sesiones se conseguirá aproximarse al objetivo con mayor exactitud.

Si falla, pues se puede recurrir a los pezones o al clítoris en el caso de la mujer, o al glande en el caso del hombre. Pero eso es el camino, digámoslo fácil. Y poco recomendable si queremos regalar a nuestra pareja con horas de intenso placer.

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