Hola! soy Roger y vengo con un nuevo relato acerca del fetichismo de pies. Este relato sucede cuatro días después del último que les conté (el cual recomiendo leer para entender el contexto). Mi abuela estaba de viaje y mi mamá estaba en semana de horas extras, por lo cual autorizó a Karla (mi mejor amiga) para que se quedara en mi casa.
Después de nuestras experiencias anteriores, esta fue una de las últimas en las que los pies fueron el foco de atención. Karla es una chica muy sexual, ella no tiene miedo a intentar cosas nuevas pero juro que nunca me imaginé la propuesta que me haría ese día. En días anteriores Karla y yo estuvimos jugando con nuestros pies pero lo de este día fue completamente nuevo. Karla se despertó primero, de hecho el sonido de la regadera mientras se bañaba, fue lo que me despertó. Lo primero que vi al abrir los ojos, fue a Karla salir con la toalla para después dejarla caer y está tan buena que pese a no ser la primera vez que la veía así, si se sintió como tal.
Esa piel practicamente pálida, senos perfectos (ni muy grandes, ni muy pequeños), trasero grande, piernas preciosas y sus pies que me vuelven loco. Karla se recostó desnuda a mi lado y me comenzó a besar, mientras tocaba mi pene por encima de mi pijama, ella me desnudó y nos quedamos dormidos como por media hora. Al despertar estuvimos platicando un rato y de repente me puso sus pies en la cara y sentí ese olor que ya he descrito, olor a pie limpio y perfecto que me causaba las mejores erecciones que he tenido aún a día de hoy.
Karla me dijo:
– Solo huele, no los lleves a tu boca aún, bebé.
Le hice caso y tras 15 minutos oliendo sus pies, Karla sacó una lata de leche condensada, no negaré que se me hizo raro, pero sin necesidad de preguntar o pedir por una explicación, mi princesa me comentó que era muy común entre fetichistas de pies, comer de los pies de otra persona y se suele hacer con chocolate o leche condensada.
Por supuesto entendí que ella quería que yo hiciera eso y aunque tenía mis dudas, me arrodillé mientras ella derramaba leche condensada en sus deditos. Comencé a lamer la leche que se derramó sobre las plantas de sus pies, me estaba excitando de una manera increíble, pasaba mi lengua por toda la planta rosadita de sus pies llenos de leche condensada y ella los ponía en toda mi cara,me ensuciaba la cara de leche condensada y de mi propia saliva.
Después procedí a chupar el dedito gordo de su pie, me lo metía a la boca y lo sacaba, Karla ni siquiera podía hablar del placer que sentía, se le notaba agitada, estaba cumpliendo su fantasía y yo seguía chupando sus deditos, era lo mejor.
Karla cambiaba de posiciones para estar 100% cómoda, yo solo me dedicaba a comer sus piecitos de leche hermosos, mi pene estaba erecto, rojo y con ganas de ser estimulado, pero Karla no me permitió hacer nada con mi miembro aún.
Karla ya no solo ponía leche en sus pies, sino en sus senos también, los cuales me dediqué a lamer y chupar y mi princesa estaba en las nubes. Tras unas 2 horas de estar así, Karla quería complacerme a mi también, me recostó y primero se dedicó a masajear mis pies, era ríquisimo, el mejor masaje que alguna vez me han hecho. Así estuvo por 20 minutos y después comenzó a oler mis pies, literalmente los pegaba a su nariz y me decía de manera sensual, que su cosita estaba mojadita.
Mi princesa me comenzó a dar besitos en las plantas de mis pies, así como a darles pequeñas mordidas, yo estaba en otro mundo, mi glande se estaba llenando de lubricante natural (líquido preseminal), pero eso no sería lo mejor. Karla llenó mis pies de leche condensada y comenzó a chupar mis dedos, la sensación caliente que la leche y su saliva producía en mis pies era increíble, al punto que de manera involuntaria comencé a gemir, creo que en ese momento mi mente estaba en otro mundo, era un efecto que no creo que ni la droga mas fuerte pueda siquiera igualar.
Karla chupaba dedo por dedo de mis pies y me dijo que me levantara, puso mas leche en sus pies y comenzó a chuparse sus propios deditos de su pie izquierdo, me dijo que me masturbe, le hice caso, ella empezó a notar mis contracciones previas al orgasmo y sacó su pie de la boca, los llenó de leche condensada y me permitió eyacular en ellos, fue uno de los orgasmos mas ricos que he tenido en mi vida.
Mi semen se mezcló con la leche condensada y Karla lamió mi semen con la leche, esa imagen mientras estaba en los segundos posteriores al orgasmo, jamás se me va a olvidar.
Karla se masturbó y al acabar, nos bañamos juntos, almorzamos y nos dormimos juntos
el resto de la tarde.
