Como una historia tranquila, sucede un dia cuando el amor y el placer se funden en pasion
En una noche brumosa de un día entre semana mientras la gente vuelve de trabajar a sus casas una mujer morena avanzaba por el portón de su casa.
Saludaba de forma rutinaria a los vecinos que se le cruzaban, sin gran entusiasmo pero con corrección. Cuando el ascensor la dejó en el tercer piso, entró en su casa de tres habitaciones y un baño. En la habitación principal quedaba delatado por estar vacío un armario ropero. Frente al que abría que estaba pleno de vestidos, complementos y otros objetos. Se iba quitando poco a poco la ropa como si le costase, se iba desnudando metódicamente, para cuando por fin se libró de toda su indumentaria, tenderse en la cama. Hacia lo posible por encajar el golpe que había recibido.Sentía su cuerpo como si fuera una hoja marchita, que se pudría en la tierra. Se sentía usada y desengañada. Sus ojos se colmaban de lágrimas, se levantó de la cama y se miró al espejo.Mientras dos espesas lágrimas se abalanzaban por sus mejillas, una nube de pensamientos confusos y contradictorios retumbaban en su cabeza sin conseguir acertar a cual escuchar.Si fuera posible poder entender los pensamientos de alguien como si fueran propios se adivinaría que no entendía la razón de esa ruptura, se fue y ya está. Decía que quería ser libre o algo así, que se aburría con ella, que ya no le parecía guapa, que se había puesto gorda , todos aquellos argumentos eran dados como someras justificaciones como descubrió poco después de salir de trabajar cuando lo vio sentado en la terraza de un bar tomando cervezas con los amigos y una chiquilla de apenas veinte años y generoso escote sobre sus rodillas. La onda pena que se atenazaba a su pecho amenazaba con hacerlo reventar por tanto como remedio a su pesar decidió llamar a una amiga por teléfono que no tardó en ir a su casa. Era rubia de mediana edad, delgada, pelo rizado. Tras encontrarla se sentó en la cama y le dijo:
-¿Para qué me has llamado porque estás triste o para volver a dejarme acomplejada de tetas?
Por primera vez en la noche sonrió y se abrazó a ella, el calor que emanaba del cuerpo de su amiga actuaba como una radiación que poco a poco anulaba la pena de su pecho.
Su amiga hizo una valoración rápida de la situación y creyó adecuado salir a dar una vuelta, le dijo que se vistiera para ir a tomar unas copas a cierto bar que conocía que solía estar con una cantidad aceptable de gente aunque fuera día de semana para alejar la soledad.
Abrió uno de los cajones y le sacó un tanga negro con su sujetador, cuando los vio nuestra protagonista le dijo que cuando se puso eso su pareja le dijo que parecía una puta.Al oir esas palabras su amiga le dijo que se lo pusiera y le sacó del armario un pantalón negro con una blusa y una chaqueta negra. Poco antes de salir ya en el ascensor, le abrió dos o tres botones de la blusa descubriendo su escote formado por dos pechos más esféricos de lo normal gracias a la ayuda del atuendo que llevaba.
Tras caminar una cierta distancia llegaron al bar y pidieron dos martinis con limón, al poco reparó que en la otra punta de la barra había un eslavo fornido que miraba a su vaso con mirada pérdida, llevaba unos vaqueros y un camiseta que resaltaba su torso, abrigado con una chaqueta vaquera.
Mientras lo observaba su amiga le hacia de sicóloga y le decía:
-A mí ese tio siempre me había parecido un chulo y un egoista, tampoco has perdido mucho con que ese se fuera. Piensa que ahora eres libre y bueno si se ha ido él se lo pierde.
Al poco sonó un móvil, en la casa de su amiga ya le echaban de menos pagó las consumiciones y dándole un beso en la mejilla se fue.
Había estado observando al eslavo, el caso que éste se levantó, y tras unos instantes en que parecía como si dudaba se sentó un poco más cerca de ella y le dijo:
-Al final estamos los dos solos.
A lo que ella sonrió, pues de esa mirada se destilaba una tristeza que ella había conocido en toda esa intensidad esa misma noche.
-Más vale solos que mal acompañados – respondió.
Sonriendo ambos, con cierta ironía.
Al poco le preguntó
-¿No pareces de por aquí no?
A lo que respondió:
-No, soy de Letonia y me encuentro aquí varado junto a mi barco que está de reparaciones, soy el primer oficial. Navego con bandera de conveniencia y en fin está noche intento reparar mi espíritu, como los soldadores el casco de mi buque, a base de fuego.
Se sentían ambos extrañamente acompañados por la presencia del otro pidieron un chupito de Tequila y ambos salieron del bar. Mientras hablaban de sus trabajos, ella había hecho por arroparse al calor del pecho de su acompañante. Conseguió averiguar que tenía de permiso hasta las doce del día siguiente. Y pese a lo que dictaría la razón de cualquiera que no estuviera tan jodida como ella, lo llevó a su piso hipnotizada por el azul de sus ojos.Se sentaron en el sofá y adivinó tras su delgada camiseta un tatuaje, éste se lo mostró, era un nombre escrito,en su idioma báltico, intuyó por la amargura de sus ojos que se trataba de un nombre de mujer.
Se abrazó a su torso empujándolo luego hacia su cuerpo, mirándolo maternalmente. Su mirada antes melancólica se había vuelta profunda, lo abrazaba con fuerza. Deseaba sentirlo con todo su cuerpo. Y decidió atizar las brasas del pecho de su acompañante. Se desabrochó uno tras otro los botones de su blusa, sintiéndose ambos piel con piel
Comenzó a acariciarla poco a poco, primero los hombros, luego la tripa, con movimientos lentos y parsimoniosos, lo besó en la boca con gesto de aprobación dejando descubiertos sus pechos a su alcance. Besó ambos con ternura, primero uno y luego el otro. Abrazándola y cargándola con su cuerpo, sus labios jugueteaban nerviosos sobre los suyos. Su tacto áspero la recorría entera. Quiso sentirlo dentro de ella, poco a poco fueron encajando como dos piezas de un puzzle. Asentándose el uno sobre el otro.
Lo desprendió de sus vaqueros y dejó descubierto su pene que engullió hasta el final, succionándolo al principio, para luego estimularlo lamiendo el glande y masturbándolo con ambas manos. Él le quitó sus pantalones mientras acariciaba sus glúteos como un masajista que quiere curar un lesión. En cierto instante con cuidado la apartó de su excitada entrepierna dejando descubierto el sexo de nuestra protagonista. Comenzó a recorrer todo su cuerpo con sus manos callosas como queriendo poder recordarla mucho tiempo después. A continuación se puso a jugar con sus pulgares alrededor de su clitoris, asegurándose que estuviera bien hinchado. Se situó sobre ella, descargando todo el dolor de su corazón sobre ella, con inusitado brío, con desesperación mientras no cejaba en el empeño de acariciarla por aquellos lugares que ella demandaba. Chillaban, gemían, blasfemaban. Juntos formaban una máquina inmensa y precisa que aceleraba sin parar, sintieron ambos como se veían envueltos en una inundación de jugos. Habían roto a sudar los dos, al poco ella se puso en pie, conduciendo a su acompañante a la cama. Apoyando ambas manos sobre el cabezal e inclinándose hacia delante, con las piernas ligeramente abiertas ofrecía una invitación inequívoca para una nueva penetración, sintió otra vez esa fuerza sobre ella, se afanaba en contrarrestarla con la fuerza de sus brazos, al oir que su acompañante lanzaba un grito ahogado intuyó que había terminado. La tomó en brazos y la acomodó en el respaldo de la cama para situarse entre sus piernas, totalmente separadas carentes de todo pudor. Inclinó su boca hacia el sexo de su anfitriona. Jugaba con los labios de la vagina con su lengua, para continuar lamiéndolos con desesperación, ella se agarró a su espalda con tal fuerza que lo arañó.
Acabaron ambos resoplando por la intensidad resoplando.
Al amanecer fueron juntos al varadero donde estaba su buque, situaron al buque apoyados por un Bulldozer en un montarcargas gigante que devolvió poco a poco a la embarcación a su medio natural. En toda la maniobra sus ojos no perdieron contacto hasta el momento fatal que el buque una vez en su elemento se introdujo en el océano.
Autor: Tastego
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