| Sexo |
Articulo:
Otros lugares para montarselo
Que duda cabe de que esta sociedad ha mejorado mucho en permisividad
referente a lo sexual, que los jóvenes tienen las cosas más fáciles a
la hora de mantener relaciones, a veces porque disponen de un dinero
suficiente para irse de fin de semana a un hotel, o simple y
llanamente porque en la familia se consiente, aún sin verbalizarlo,
que se utilice el domicilio común para "estar íntimamente".
Pero para los que empezamos a peinar canas, (no muchas, no crean), las
cosas no fueron igual de fáciles en los años 70, pues tuvimos que
echarle ingenio para sortear mil y un obstáculos, quedándonos muchas
veces con las ganas, aunque eso sí obteniendo también el placer de
eludir la vigilancia y de alcanzar lo prohibido en otras ocasiones. ¿Cómo, que sería bueno recordar aquellas ocasiones para deleite de la
memoria de algunos, y para aportar ideas a los actuales jóvenes que no
lo tienen tan fácil?; pues adelante pasen, pasen conmigo al sótano de
los recuerdos:
- En el cine: No había relaciones completas pero sí caricias, y toqueteos, y
desabrochar botones, y movimiento de cremalleras, y una lucha
constante con la ropa íntima, ¡malditos broches de sujetador!, y .....
alguna cosa más. Por supuesto había algunos peligros que sortear, el
acomodador, el señor o la señora del asiento de atrás (si era otra
pareja no había problema), la posibilidad de coincidir con algún
conocido en el patio de butacas, o mejor dicho en el "gallinero" que
es a donde íbamos, o de que la cinta de la película se estropease, lo
cual era muy corriente, y se encendieran las luces antes de lo
esperado, etc. Pero también contábamos con algunos aliados; los suspiros no se oían
gracias a los disparos de John Waine, algunos acomodadores mas
comprensivos tosían y carraspeaban cuando se acercaba el final de la
película y el momento de encender las luces, y por supuesto el abrigo
en invierno que servía echado por encima de la pareja no solo para
quitarse el frío de aquellos cines de barrio, sino también para tapar
todo aquello que se salía de lo permitido. Por cierto ¿alguno de ustedes recuerda el argumento de aquellas
películas?, yo no, lo que si recuerdo con satisfacción es que solía
tratarse de sesión doble, ¡que maravilla!
- En casa de un familiar. Sin que lo supiesen naturalmente, o en casa de ella, o de él,
aprovechando esas horas en las que los padres van a estar fuera. Aquí los inconvenientes eran varios, el pasar por el portal y subir
por las escaleras sin despertar sospechas entre las vecinas, lo que
sorteábamos con la mayor naturalidad, es decir, con la cabeza
agachada, la mirada clavada en el suelo, andando rápido, y tres toques
de timbre como contraseña, NO , no se notaba; una vez dentro había que
estar pendientes del reloj, disponer un cierto margen de seguridad
entre la hora de irse y la hora prevista en que volvían los
familiares, y por supuesto una disculpa preparada para explicar donde
hemos estado en ese período de tiempo.
- En el coche. Quien lo tenía, en aquellos Seat 600, sí sí en un seiscientos, ¿cómo
que no se lo creen los más jóvenes?, que se lo pregunten a papá, no
mejor al tío, o casi mejor al tío de un amigo que será mas sincero,
claro que los jóvenes de entonces no teníamos la corpulencia de los
actuales y salvo honrosas excepciones no pasábamos de ser simples sex
simbol a lo Alfredo Landa, con lo que era menos imposible adoptar la
posturas que ustedes se están imaginando.Por supuesto siempre pendientes de lo que ocurría en las cercanías del
coche, pues desaprensivos siempre ha habido, y porque además aquello
era perseguido y la policía podía darte un susto, con lo que además
podían enterarse tus padres que eran frecuentemente los verdaderos
dueños del coche. Pendientes como siempre del reloj, y de recomponerse
al final, es decir, la camisa en su sitio, vigilar que no haya marcas
en el cuello, que ella no le hubiese impregnado a él de su olor a
colonia, y que no quedase dentro del coche nada que delatara nuestra
fechoría.
- En un parque al anochecer. ¡Ay! si los bancos del Retiro de Madrid hablasen, como los de otros
parques de Barcelona, de Valencia, de Sevilla, o de cualquier otro
punto de España, cuánto saben ellos de pasiones juveniles, de deseos
que no pueden esperar, de desahogos conseguidos al caer la noche,
siempre con el miedo de ser descubiertos, pero con la satisfacción de
quien come la fruta prohibida. El recobrar la compostura cada vez que alguien paseaba por esa zona
del parque, el elegir un sitio concreto que no sea feudo de bandas o
desaprensivos, el frío del invierno, y como siempre el reloj, el
maldito reloj.
- En tienda de campaña. Brindaba algo de protección ante las miradas de los demás y el frescor
de la noche, simbólicamente constituía un mundo aparte, una burbuja
que nos aislaba del mundo real y nos transportaba a otro en el que la
pasión y el disfrute lo eran todo. Pero hay que reconocer que eran pequeñas, que las piedras del suelo se
clavaban en los riñones, que las mochilas se venían encima, y que
cualquier ruido proveniente del exterior se hacia sospechoso, eso sin
contar con que la otra pareja con la que habíamos salido de acampada
no volviera demasiado aprisa de su paseo por los alrededores, paseo
por supuesto pactado, y con la contrapartida de que nosotros
iniciáramos el nuestro inmediatamente a continuación.
- En el portal de casa. En principio se trataba solo de darnos dos besos de despedida, pero
era tan agradable cogerte por la cintura, y mejor por debajo de la
blusa, claro que era inevitable descender la mano por dentro del
pantalón, aunque lo ajustado de los vaqueros convertía en inevitable
el tener que desabrocharte el botón, pero la verdad es que ya puestos
......Pero de repente hay está él, como la otra noche, el vecino del tercero
que viene de trabajar a esas horas. Da la luz, nosotros recomponemos
la compostura, damos las buenas noches rápida y entrecortadamente, y
tras un minuto de sofoco vuelve a poder más la pasión. Hay que
aprovechar los últimos cinco minutos antes de que el del segundo baje
a sacar la basura.
Pero no todo está en el recuerdo, hay cosas que se han quedado en el
terreno de la fantasía, de lo deseado, como lo de hacerlo en el campo,
en primavera, de día y rodeado de esa explosión de vida que hemos
podido observar en estos meses pasados, el verde de la hierba, las
flores de todos los colores, el aire puro, .... !uf¡ ... quizás alguna
vez.
Psicólogo y Sexólogo
colegiado M-09659
Madrid ----- Para contactar con
nuestro colaborador:
Puedes escribir un mail a la dirección: sexologo.madrid
(arroba) marqueze.net Esteban Cañamares Psicólogo y Sexólogo Colegiado M-09659 Tf. 91 411 36 73 Madrid Puedes recomendar ahora mismo este texto a un
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