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Articulo:SER INFIEL PARA ELUDIR LA DEPRESIÓN
SER INFIEL PARA ELUDIR LA DEPRESIÓN No siempre la vida resulta fácil, al contrario, las dificultades laborales, los problemas de salud propios o de nuestros seres queridos, las frustraciones en lo que constituyen nuestros objetivos, y quizás sobre todo las insatisfacciones afectivas, ya sean de pareja, o relacionadas con las amistades o la familia, nos ponen a veces la vida muy cuesta arriba. Antes de que la depresión se adueñe de la persona, de que la convierta en un ser incapaz de atender a sus obligaciones, de disfrutar de cualquier cosa, de que la haga procesar toda la información que le llega en clave negativa, y de que empiece a coquetear con la idea del suicidio, hay muchas cosas que se pueden hacer. Casi cualquier cosa parece valer con tal de no caer en sus garras. A veces, sólo a veces, encontrar un oído que escuche, una mano que coja la propia, unos labios que digan algo halagador, y unos brazos que rodeen a la persona, puede aportar no sólo ni principalmente el valor positivo de la aventura, la emoción de lo nuevo, sino fundamentalmente la poderosa sensación de sentirse deseado, o deseada, así como la ilusión, (pocas veces pasa de serlo) de estar unido a alguien. Muchas personas viven una historia de infidelidad, movidas no tanto por el placer sexual como suelen creer los hombres, ni por una ceguera romántica como suelen creer muchas mujeres, sino como forma de evitar caer en la temida depresión. Las mujeres, ya sea por factores biológicos, ya sea por la educación recibida, padecen con más frecuencia de depresión, son ellas pues las más proclives a verse empujadas a una aventura amorosa ante la urgencia de mantener un equilibrio anímico que está a punto de perderse, pero tampoco es infrecuente encontrarla en el hombre. Por supuesto que no hay un desarrollo, y un final, uniforme para todas las relaciones extra conyugales así iniciadas. Algunas de ellas acaban en relaciones mantenidas a lo largo de mucho tiempo, incluso a veces estas relaciones extramaritales llegan a convertirse en relaciones oficiales tras el divorcio de la anterior relación, pero esto es lo menos frecuente. Mucho más habitual es que tras un alivio pasajero del estado de ánimo, o bien las circunstancias exteriores que facilitaban el decaimiento anímico han cambiado, con lo cual la infidelidad ha sido “útil”, ya que ha propiciado “pasar el bache”, tras lo cual suele abandonarse el comportamiento infiel, (al menos hasta que se den similares circunstancias), o bien la conquista amorosa da pie a un sin número de sentimientos de culpa, miedo a ser descubierto, conflictos de intereses con el compañero o compañera de infidelidad, etc. es decir a factores que a largo plazo no alivian la depresión que empieza a acechar (quizás incluso la aumenten), con lo que se hace necesaria una nueva conquista, un nuevo amor que produzca de nuevo un alivio pasajero. En este segundo caso no es nada infrecuente que finalmente la persona se vea presa de la depresión que acechaba, ahora agravada por un comportamiento que no siempre la conciencia admite, y tenga que recurrir a los profesionales de la psicología. Los protagonistas de infidelidades provocadas en última instancia por esta causa, rara vez son conscientes plenamente de ella, aunque sí pueden darse cuenta de que sus vidas necesitaban un giro urgente. Especial atracción sienten estas personas, por aquellas otras que aún experimentando las mismas dificultades que deprimen su ánimo, han sabido eludirlas o han encontrado actitudes útiles para sobrellevarlas. Es decir por quienes se enfrentaron exitosamente a las mismas circunstancias que ahora están deprimiendo peligrosamente su ánimo. Pondré un ejemplo: imaginemos a una mujer cuyo estado depresivo tenga mucho que ver con sus sentimientos de no haber realizado correctamente sus obligaciones de madre, que se reprocha a sí misma el camino incorrecto que han podido tomar sus hijos, y que dirige hacia ella y no hacia el marido la rabia que le produce el que éste no se preocupe de este tema. Así las cosas sentirá una mayor atracción hacia ese compañero de trabajo, o hacia el marido de esa amiga, que ha podido entender que los padres son sólo uno de los factores que influyen en el camino que toman los hijos en la vida, un factor importante desde luego pero no el único, y que hacia su propio cónyuge ha sabido mantener una postura asertiva, es decir, que le ha demando interés por los hijos, y le ha reprochado aquello que crea que es su responsabilidad aunque reconociendo la propia pero sin excesivos sentimientos de culpa. El contacto afectivo y/o erótico (rara vez se da exclusivamente lo uno sin que el otro esté presente en alguna medida), entre esta supuesta mujer y su irresistible compañero de trabajo o amigo, aliviará pues el ánimo depresivo por una doble vía, por lo estimulante de la aventura y la sensación de estar unida a alguien y por la descarga vicaria de las tensiones emocionales (alivio de los sentimientos de culpa y replanteamiento de su entramado emocional). Cuando la causa del desánimo se identifica muy claramente con limitaciones de la pareja, o de uno mismo, con pensamientos, o debería decir mejor con sentimientos del tipo: “no le resulta agradable estar conmigo”, “nunca me dedica tiempo”, “no soy lo bastante para él / ella”, “no me escucha”, entonces es fácil que la persona cuya atracción resulta “insuperable”, aquella con la que se lleva a cabo la relación extra conyugal, sea con ese hombre o con aquélla mujer, que puede aliviar inmediatamente el propio desánimo, no sólo por lo estimulante de la aventura, sino también porque “me demuestra que le es agradable estar conmigo”, “me dedica su tiempo”, “me valora alto”, “me escucha”. A veces las personas que entran en relaciones clandestinas son conscientes de estos factores de atracción, pero en otros casos es llamativa la falta de conciencia que demuestran. No siempre la persona deprimida responde al estereotipo de individuo sin fuerzas para seguir su vida, cara de tristeza, llanto, lentitud de movimientos, etc. sino que como muy bien saben los profesionales de la salud mental, hay personas que no paran de hacer actividades, que aparentan unas enormes ganas de vivir, y que parecen echar en el saco del olvido todos sus motivos de queja, y que sin embargo padecen, o son acechadas por la depresión. Son personas que si parasen su gran actividad, se hundirían en el abismo del desánimo. Este tipo de persona entra en relaciones ilícitas con más frecuencia que la persona que empieza a tener los síntomas más clásicos de depresión. Con frecuencia, sus ligues, (además de un curso sobre tal o cual materia, ir al gimnasio, estudiar un idioma, ir de compras, otro cursillo, una excursión,...) no es más que una forma de no parar, pues de parar toda su tristeza, sus sentimientos negados de rabia hacia el mundo y hacia sí misma, y su desesperación, serían innegables y la hundirían sin remedio. ALGUNOS CONSEJOS Si usted está tentado, o tentada, de iniciar una relación ilícita, máxime si ha sido tradicional para usted no pararse en este tipo de relaciones, debería meditar por qué en este momento de su vida siente esta tentación. Si sospecha que su ánimo no aguanta mucho más, que necesita algo nuevo en su vida para poder seguir adelante, quizás lo más prudente es que primero solucione los motivos que están causando esta “falta de fuerza”. Arregle primero su vida emocional, después, con la claridad de ideas y de ánimo que conseguirá estará en mejores condiciones de elegir dar o no el paso de una relación prohibida. En la mayor parte de los casos, las relaciones iniciadas como “paracaídas” anímico, no suelen aportar un resultado positivo. Quizás sea más interesante que se detenga a meditar sobre las pérdidas que hayan acontecido en su vida, ya sean de salud, de trabajo, sentimentales,... que pueda admitir su actuación en lo que a esas pérdidas se refiere, que pueda expresar todo lo que siente y hacia quien lo sienta, que sea capaz de reorganizar su vida y darle nuevos alicientes. Hay muchos profesionales competentes que pueden ayudarle. Si usted sospecha que la persona con quien está a punto de iniciar una de estas relaciones, tiene un fondo anímico depresivo, tenga en cuenta que su actitud hacia usted, puede variar tanto como varíe su ánimo. Que quizás no sean tanto sus características personales lo que le atraen, como la ficción de ser querida que obtiene pasajeramente, que quizás sus sentimientos de culpa depriman más aún su ánimo, también que agradecerá que escuche sus dudas, angustias y temores, ...
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