Cuando salí aquella tarde con Mauricio no esperaba que iba a terminar con una sorpresa tan grande para mí. Si me hubieran dicho que iba a ocurrir lo que ocurrió, no me lo habría creído; ya que siempre que mi marido me planteó esa posibilidad le dije que yo no sería capaz. Para mí era impensable ser penetrada a la vez por la vagina, el ano y la boca; pero ocurrió y fue una experiencia maravillosa así es que siempre que puedo lo repito.
Yo me llamo Candela y estoy felizmente casada con Mauricio. Somos un matrimonio ya maduro (48 y 46). Vivimos en Madrid, somos muy liberales en nuestras relaciones sexuales y practicamos el intercambio de pareja desde hace más de 15 años. Normalmente mi marido me “regala” una tarde cada semana en la que acudimos a un pub liberal que dispone de un gran jacuzzi. Nos gusta bañarnos en él y practicar el sexo en el agua. Los hombres y, rara vez, alguna pareja, se nos acercan, me acarician e intentan establecer una relación con nosotros. Si se comportan como buenos amantes, los incluimos en nuestra relación y los dejamos participar en nuestros juegos, obteniendo yo un placer sexual de lo más refinado. Como he dicho, empezamos entablando amistad en el agua y cuando estoy muy caliente, nos vamos todos a los colchones que hay alrededor del jacuzzi. Alguna tarde he llegado a estar con siete hombres que me han acariciado, me han lamido el cuerpo entero, me han comido el culo y el coño y, por último, me han penetrado uno tras otros dejando mi vagina, al terminar de follarme el último, como un surtidor de leche caliente que empieza a manar en cuanto le quitan el tapón. En estas situaciones pongo la poya de Mauricio como mi poya de “cabecera” y aunque suelo tener más de una poya cerca de la boca, la de mi marido siempre recibe un trato preferente porque me produce un placer de lo más exquisito. Alguien que lea esto puede pensar que somos unos perversos, como pensé yo en las primeras ocasiones en las que Mauricio me llevaba casi a la fuerza; pero si alguna mujer quiere experimentar placeres que no va a conocer de otra manera le recomiendo que no cierre las puertas de su sexualidad y que no renuncie a esta experiencia. Si alguna se decide, quiero avisarla que deberá tomar la iniciativa ya que, a pesar de las bravuconadas que suelen decir los hombres, son bastante tímidos a la hora de intentar acariciarme el culo, la espalda y, no digamos ya, las tetas que suelen estar fuera del agua y son más visibles.
Aquella tarde, como de costumbre, nos sentamos en el poyete del jacuzzi y Mauricio empezó a besarme en la boca, el cuello y los hombros, y a acariciarme la espalda y el pecho. Cuando estaba mojada, me puse a horcajadas sobre él y empecé a restregar su poya contra mi coño. Jugaba con ella, acariciándo los labios de mi raja y el clítoris con el capullo, notando como se iba poniendo dura. Cuando estaba suficientemente empalmado, hice que se pusiera de pie, de forma que la poya quedara fuera del agua y pudiera restregármela por el pecho, metiéndola entre las tetas y follándolo con ellas. Mientras hacíamos eso, vimos entrar a un hombre de unos cuarenta años camino de los vestuarios. Por experiencia sé que los tíos son poco lanzados así es que decidí dar facilidades, obligando a mi marido a sentarse en el borde del jacuzzi, de manera que tenía sus huevos, ano y poya a mi disposición. Yo quedaba de espaldas al jacuzzi, con mi culo y mi coño expuestos al desconocido. Estando en esta postura mantenía los ojos cerrados mientras pasaba mi lengua por el ano de Mauricio intentando follarlo con ella dando golpecitos; luego iba a sus huevos y subía hasta el capullo, metiéndolo en mi boca y chupando con fuerza unas veces o acariciándolo suavemente con toda mi boca llena de sus jugos y mi saliva, como si se tratara de una vagina.
Escuché el chapoteo del agua al entrar aquel hombre al jacuzzi pero pasó tiempo hasta que, oyendo mis jadeos y viéndome muy excitada, se atrevió a acariciarme. Primero lo hizo de forma muy tímida. Mientras yo, aún con los ojos cerrados, seguía con la mamada de Mauricio noté su pie bajo el agua que acariciaba el mío y subía por la pierna hasta medio muslo. Al ver que no lo rechazaba, se acercó y se colocó de pie detrás de mí y me acarició el culo con las dos manos; a veces se acercaba mucho y notaba el roce de sus genitales contra mis muslos. Todo era muy suave, como a mí me gusta, así es que lo dejé hacer. Me sobó los carrillos del culo y la cara interna de mis muslos pero siempre sin llegar a mi raja ni a mi ano, esto me excitaba; definitivamente iba a recibir un aprobado. Cambió de posición, poniéndose a mi costado derecho, de manera que ahora podía alcanzar mis tetas que empezó a tomar en su mano pellizcando los pezones con mucha suavidad mientras las caricias en el culo aumentaron de intensidad, amasándolo y acercando un dedo al ano, con el que empezó a dar masajes circulares alrededor de él. Mientras seguía chupando la poya a mi marido, decidí darle al invitado su oportunidad, así es que con mi mano derecha acaricié sus piernas bajo el agua y empecé a subirla hasta su ingle. Aunque no los cogí deliberadamente, noté unos huevos grandes y duros y un rabo gordo y corto que estaba flácido. Su respuesta no se hizo esperar, pasó su mano del culo a mi chocho, acariciando el clítoris, metiendo un dedo en la vagina y moviéndolo hasta que me arrancó un gemido de placer. Mauricio, que lo había presenciado todo, tenía la poya a punto de reventar y me dijo que necesitaba un descanso, así es que nos sentamos los tres en el poyete. Ahora yo estaba entre los dos hombres, mi marido a mi derecha y el desconocido a mi izquierda. Se presentó y nos dijo que se llamaba Angel. Los dos se giraron hacia mí y mientras me besaban y lamían mi cuello y hombros me acariciaban, las cuatro manos recorrían cada milímetro de mi piel, entreteniéndose especialmente en mis pechos, mi chocho y mi culo. Yo cogía los dos rabos y los movía todo lo rítmicamente que podía.
Mauricio siempre tuvo la fantasía de penetrarme por el ano pero nunca lo consiguió completamente. No obstante yo en alguna ocasión en que me encontré muy relajada logré aceptar casi la mitad de su poya y la verdad es que de esa manera había conseguido orgasmos mayores que en el coño por lo que decidí darle gusto a mi marido e intentarlo una vez más ya que el masaje que me había dado Angel me había relajado mucho el esfínter. Me puse de pie dando la espalda a Mauricio y abriéndome los carrillos del culo con las dos manos, me coloqué la punta de la poya en el ano y empecé a moverme arriba y abajo muy suavemente, con golpecitos casi imperceptibles en mi agujerito que se iba abriendo solo. Mientras yo hacía esto, Angel se puso de pie y se colocó frente a mí restregando su rabo, que para entonces lucía todo su espléndido grosor, contra mis tetas y, acariciando con su mano mi coño que estaba muy abierto y mojado. En ese momento entró en el agua un chico de unos veinticinco años. Habíamos estado tan metidos en materia que no lo habíamos visto cuando pasó a los vestuarios. No se andó con rodeos, se puso a mi lado y comenzó a besarme en la nuca y el cuello y a acariciarme la espalda, también me ayudaba a abrirme el culo y junto con Angel acariciaba mi coño y metía un par de dedos en mi raja. Yo seguía sube y baja con mi ano contra la poya de Mauricio y había logrado introducir más de la mitad. De repente, debido a la excitación que tenía noté que se abría mucho como si cupiera en él cualquier cosa. Me dejé caer de golpe y noté un dolor imperceptible, los huevos de mi marido en mis carrillos y un orgasmo que me hizo dar un grito y casi perder el sentido. La poya de Mauricio estaba completamente dentro de mi culo. Los tres cabrones empezaron a acariciarme y lamerme, de manera que mantenían mi nivel de excitación en unos límites a los que no recordaba haber llegado nunca. Les pedí que se estuvieran quietos y, aunque me hicieron caso, mi orgasmo no me abandonaba. Coloqué a Angel a un lado y a Rafa, así se llamaba el chico, al otro y empecé a hacerles una paja. Me encontraba ensartada por el culo y no me movía pero conforme las poyas se ponían duras yo notaba subidas en mi orgasmo. Rafa se corrió y su leche me saltó a la cara. Con la mayor naturalidad la recogí con la boca y me la tragué. No suelo hacer eso pero, como he dicho, estaba en una situación completamente nueva para mí. A continuación cogí el rabo de Angel y me lo llevé a la boca pero me pidió que lo dejara porque no se quería correr todavía. Mauricio estaba encantado de haber logrado su fantasía y decidí ir un poco más allá. Les propuse salir del agua, irnos a los colchones y hacer una doble penetración. Primero Angel y Mauricio y luego Rafa y Mauricio. Mi marido siempre en mi culito. Estuvieron encantados, así es que me saqué el rabo de mi esposo del culo y salimos del agua. Angel y Mauricio estaban bastante empalmados y Rafa se la meneaba para ponerla dura.
Angel se tumbó boca arriba y yo me subí en él. Nada más notar aquel pollón (realmente era muy gordo) en mi chocho, me corrí como si me hubiera hecho pipí. Tenía miedo de que el culo se me cerrara así es que pedí a Mauricio que me la metieran lo más pronto posible. La sensación fue de nuevo maravillosa y totalmente desconocida. Notaba los dos rabos rozándose con mi piel por medio. Rafa que como dije antes era muy atrevido, acercó su poya a mi boca y no pude resistir la tentación de chuparla hasta que noté su leche en mi boca. Pedí a Mauricio y Angel que se corrieran y noté los chorros calientes en mis dos agujeros, parecía que mi tripa hervía. Es una sensación indescriptible. Cuando por fin se aflojaron las poyas y me las sacaron, Rafa bajó a mis ingles y lamió todo lo que salía del chocho y el culo. Propuse repetir, ahora con Rafa, pero me dijo que no era capaz. Así es que terminamos.
Desde aquel día, siempre que encontramos hombres adecuados, me gusta repetir la experiencia.
Autor: Candela
candelaymaurici ( arroba ) msn.com
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