APOYADA EN EL COLECTIVO Tapada por su cartera se había estado acariciando su concha, fundidos en uno solo sentí como un gemido ahogado y un estremecimiento recorrió todo su cuerpo anunciando su llegada al éxtasis


Muy buenas a todos. Leyendo "El discreto encanto de las horas punta" de Ángeles Arévalo (en alguna que otra ocasión, me apoyé a alguna mina (chica joven) en el tren o el colectivo), me vino a la memoria una ocasión memorable, la cual quisiera compartir con ustedes.

Imagínate colectivo 100, 7:30 AM, hasta las manos, subo medio dormido por lo temprano de la hora, y después de sacar boleto trato de acomodarme, medio a empujones, (no entraba un alfiler), y en cuanto veo un espacio para meter la mano en el pasa mano me aferro a el para no caerme (ya estaba acostumbrado y me dormía parado), cuando en una frenada y al acomodarme mejor, vi que la persona que estaba frente a mí (la apoyé sin querer, lo confieso) era una hermosa mujer, traté de tomar distancia hasta donde el brazo me daba (para no perder el lugar) y poder apreciarla mejor (no es cuestión de apoyarse en cualquier cosa).

Y lo que vi me despabiló del todo, una morocha apenas un poco más baja que yo, de cabellera rizada hasta la mitad de la cintura, unos enormes pechos (estaba de costado agarrada a uno de los caños que baja del techo al piso), rostro agraciado, y al bajar la mirada el mejor pavito que había visto en mucho tiempo, naciendo de una cintura diminuta, unos glúteos redondos y carnosos en forma de manzana que incitaban a que les diera una mordida (en una palabra, un flor de culo)

Con discreción y rapidez me volví a acomodar para no perder el lugar y agarrándome del mismo fierro que ella, aprovechaba las idas y venidas del colectivo para franelearla, como dije ella estaba medio de costado (y yo, ya me había despertado, TODO, se entiende...).

Como era verano llevaba un pantalón de vestir de lienzo fino, y era tal la calentura que el calor de mi pija pasaba a través del pantalón, no sé si fue eso o que, pero ella se dio vuelta y me miró de arriba abajo. (Yo pensé, cagamos se enojó), y con mi mejor sonrisa y poniendo cara de boludo me alejé un poquito, (todo lo que el amontonamiento lo permitía).

Pero contrario a lo que pensaba, se dio vuelta, y poniendo la mano más alta que la mía, en el caño del cual los dos estábamos agarrados, la fue bajando (yo también la bajaba, no quería tocarla, por miedo a que me armara un escándalo), y cuando estuvo a la altura de sus pechos, me los apoyó en la mano y el brazo al mismo tiempo que arqueó la espalda levantando aún más ese hermoso y gran culo que tenía, y con leves y ondulantes movimientos de sus pechos y caderas fue ella quien me empezó a franelear.

Ya pasado el primer momento de estupor (no entendía nada), me pegué a su cuerpo como una estampilla al sobre, apoyé mi mentón en su hombro, y abrí mi mano para tratar de meter mis dedos entre los botones de su blusa y acariciar así con las yemas de mis dedos sus pechos, mientras soplaba suavemente su oreja, no sé cuanto tiempo estuvimos así, (mi parada ya había pasado hace rato), cuando unos leves temblores (como si tuviera chuchos de frío), más unos suspiros entre sus dientes apretados me hicieron caer en la cuenta de que estaba por acabar…

Como no quería que se le cortara con la otra mano que tenía libre (y que había puesto distraídamente en su cadera), la sujeté por su cintura arrimándola más a mí, mientras la corría hacia su vientre para después bajarla hasta su entre pierna, para darme cuenta que ya ahí tenía la suya tapada por su cartera con la cual se había estado acariciando su concha, con las dos manos juntas y fundidos en uno solo sentí como un gemido ahogado y un estremecimiento recorrió todo su cuerpo anunciando su llegada al éxtasis.

Y aunque yo estuve apunto de irme en seco, el miedo a que los demás se dieran cuenta (en ese momento pensé que iba a gritar) me hizo mirar para todos lados para darme cuenta que el colectivo estaba por llegar a la terminal y había un montón de asientos vacíos.

Rápidamente nos bajamos en la primera parada y después de un largo y húmedo beso nos presentamos y quedamos en vernos en un bar del centro más tarde (al cual nunca asistió, con el apuro, iba a llegar tarde al trabajo, en el cual era nuevo y no le pedí ni el teléfono). Y aunque nunca más la vi fue una de las mejores aventuras de este tipo que tuve.

Espero que les haya gustado mi experiencia. Un beso y una apoyadita, desde la Argentina.

Autor: Rodolfo

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