Mi nombre es Lesly, soy R2 de medicina interna y tengo una vida normal, estudio y trabajo en un hospital, siempre las mismas caras, los mismos pacientes, las mismas historias, el mismo pinche calor desde que el aire acondicionado se descompuso, la vida y su curso normal… bueno, no tan normal.
Al menos no la noche a la que haré referencia, algo inusual sucedió. Estaba en la oficina, haciendo un ingreso en la computadora, me había quitado la bata por el calor, llevaba blusa morada sin mangas y aun así algunas gotas de sudor perlaban mi frente. Recargaba mis pies en la silla, soy una mujer más bien compacta, mido 1.50, soy bastante delgada, todo en su lugar, cabello negro, nariz respingada (a base de cirugía), labios carnosos, voz sensual… lo siento, me perdí en mi descripción… les contaba que mis piernas colgaban de la silla por culpa de mi pequeñez, en fin, estaba muy concentrada pasando los datos del paciente que acababa de subir de urgencias y alguien abrió la puerta sin tocar…
-Buenas noches doctora, ¿se queda usted de guardia?- me dijo la jefa de enfermeras, una cuarentona amargada. -Si jefa, ¿porque? -Es que entra un nuevo grupo de enfermería, ya van a rotar en las noches también. -Oh, ok, repártalos con las demás enfermeras. -Si, ya las repartí, solo quiero que las vea para que las ubique y de ser necesario las reporte.
Dejé lo que estaba haciendo y por primera vez vi a los ojos a la jefa…
-A ver… - Ella es la doctora Lesly, su superior inmediata es la enfermera a su cargo, pero si no está, ni estoy yo, tienen que avisarle a la doctora Lesly, ok. Pasen, mire, vienen del conalep de la colonia, ella es Carmen, Leticia, Fernando, Angélica, Isabel y Diego.
Me quedé impresionada, no se si porque eran caras nuevas o que de verdad eran caras muy agradables, tendrían apenas 18 años, todas eran muy guapas, en especial Carmen, tenía una carita angelical, tierna, ojos grandes y oscuros, nariz recta, boca pequeña y labios carnosos, delgadísima, senos pequeños y bastante apetecibles, cuando se marcharon noté que su trasero era grande en comparación con su cinturita… Ella y Leticia me miraban de una forma extraña, que en ese momento no pude explicar, ¿era curiosidad?, ¿altanería?...
-Buenas noches chicos… nos espera una larga noche, urgencias promete bastantes ingresos...
Sonreí indiferente y continué con mi trabajo, al menos eso fingí… las horas pasaron y el trabajo aumentaba, hubo un paro (una viejecita cayo en paro cardio-respiratorio) como a la 1 de la mañana, muchos ingresos… el calor no disminuía… Entonces llegó Leticia. Leticia, una niña de tez morena clara, cejas pobladas y bien delineadas, ojos pequeños y claros lo que le daba un aire diferente, nariz un poco chata, labios gruesos, mentón cuadrado, más llenita que Carmen, con atributos proporcionales a su constitución… calculo una copa C.
-Doctora, ¿puede venir un momento? -¿Que pasa...? guardé silencio y la interrogué con la mirada, no recordaba su nombre. -Leticia, me llamo Leticia, doctora. -¿Que pasa Leti? - Es Carmen, se siente un poco mal, está en el cuarto de los aislados. - A ver vamos…
Dejé que me condujera por un pasillo que yo sabía de memoria, pero verla por detrás era un deleite total, su uniforme blanco impecable, holgado en la cintura y bastante apretado en las nalgas redonditas y firmes, su cofia blanca enmarcando una coletita castaña. Imaginaba sus pródigos senos bamboleándose con cada paso que daba. Llegamos al cuarto que estaba en penumbra… imaginaba a la mitad del personal de enfermería alrededor de la cama o en el pasillo esperando, no había nadie en ese lado del hospital. Tuve un poco de miedo, pero la curiosidad le ganó a mi instinto.
-¿Que pasa Carmen?
Para entonces ya me había acostumbrado a la poca luz que se filtraba por las persianas y adivinaba un esbelto cuerpo cubierto por una sabana en la camilla.
-Me siento muy mal, como agitada, como temblorosa, creo que tengo calentura, siento que me muero.
-¿Le tomaste la presión o la temperatura Leticia? - No creo que sea necesario… dijo Carmen con una voz bastante seductora, que me hizo pasar saliva… -¿Ah no? ¿Y eso porque? -Porque creo saber lo que tengo doctora, lo leí alguna vez en internet, hace muchos años, las señoras iban de vez en cuando al doctor cuando se sentían como yo me siento ahora… y el doctor, estimulaba un punto estratégico en sus vaginas y las curaba…
Entonces caí en cuenta de lo que pasaba… me habían tendido una trampa… una deliciosa trampa… al tiempo que me decía lo que sentía, se iba descubriendo de a poquito, dejándome ver su figura desnuda, la poca luz, proyectaba la sombra de sus pezones erectos en su piel, su abdomen perfecto y su monte de Venus completamente depilado, su piel lechosa… sus manos señalaban en punto que yo, la doctora, debía estimular para liberarla de ese sentimiento de opresión. Pensé en las consecuencias, en los chantajes, en la posibilidad de que alguien nos encontrara, pero eso no hizo si no estimularme.
-Creo saber a lo que te refieres Carmen. Hablas de este punto, Leticia, ¿Me puedes poner los guantes, por favor? -Claro doctora, ¿lo hago antes o después de quitarle la ropa? -¿Porque no haces las dos cosas al mismo tiempo?
Y así fue. Leticia me quitó la blusa en un santiamén, me dejó el sostén y siguió con mi pantalón, besando mi espalda, dando pequeños mordiscos que me hacían arquearme de vez en vez, Carmen lo observaba todo mordiéndose los labios y respirando cada vez más agitada. Mi pantalón cayó al suelo, Leticia mordía mis nalgas por encima del bóxer que a esas alturas estaba ya bastante mojado y acariciaba mis piernas. Se detuvo para enguantarme, con Carmen sobre la camilla y yo a lado de ella, todo era muy fácil, primero mordisqueé sus pezones rosados y pequeños, lamí su abdomen y ella por instinto separaba las piernas, no pude más y dirigí mi mano izquierda a su vulva, la acaricié de arriba abajo varias veces y con mi dedo medio separé sus labios, estaba caliente y muy mojada, empezaba a gemir.
Leticia se desnudó y me abrazó por detrás, pude sentir sus pezones duros en la espalda, sus manos acariciaban mi vulva, jaló mi bóxer hacia arriba enterrándolo y haciendo deliciosa presión en mi clítoris, gemí de dolor/placer.
Tomaba el clítoris de Carmen entre mis dedos y lo jalaba, lo acariciaba, en círculos, hacia los lados, y con cada cambio de movimiento ella pedía y gemía más. Mis dedos resbalaban por lo mojada que estaba, enterré en su vagina dos de mis dedos, mientras seguía estimulando su clítoris con el pulgar…
-¿Así le hacían los doctores que me contabas?- le dije entre gemidos -Si, así… así…
Leticia me quitó el bóxer y metió su pierna entre las mías, yo no aguantaba más y comencé a frotar mi clítoris en su muslo, se arrodilló atrás de mi, yo me incliné para brindarle un mejor acceso, su lengua experta mojaba mis muslos, lamía mis labios, se adentraba en mi. Lameteaba mi clítoris fuerte y rápido.
Carmen estaba a punto de venirse, yo no dejaba de meter y sacar mis dedos, de lamer su vientre, de acariciar sus senos. Su cadera se movía al compás de mi mano. Las tres nos movíamos sincronizadas por el placer. Sin previo aviso, Leticia hundió en mí cuatro dedos, me paralicé al principio, pero poco a poco fui capaz de transformar ese dolor en placer, seguía dando lengüetazos en mi clítoris.
Sentí las primeras contracciones de Carmen en mis dedos, verla mordiéndose los labios para ahogar gemidos de placer fue un detonante para mi orgasmo, eso y las habilidades de Leticia, me vine. Entre sudor, espasmos y gemidos apagados, las tres terminamos casi al mismo tiempo.
La puerta comenzó a abrirse… ¡la habíamos dejado sin seguro!
Autor: Ishtar44
Indice general - Sexo - linux - humor - hard - miscelanea - Novedades
![]()