EN EL CASAMIENTO Se la meto salvajemente, pega un grito gime de placer, comienzo a moverme, sus gemidos me excitan y se la meto más adentro, llegamos al orgasmo los dos juntos y suelto toda mi leche dentro de ella


Esto este relato que le voy a contar me ocurrió en un casamiento. Yo fui con mi novia, se casaba una amiga de ella. No tenía muchas ganas de ir, pero igual estuve en el. Ocurrió todo lo que pasa en una casamiento, comer, reírse, bailar, etc.

Después de bailar un buen rato, vi una mujer, no sé si era una mujer a una diosa. Era terriblemente hermosa, no era modelo, ni actriz, pero seguramente en algunas de estas profesiones no le habría ido tan mal.

Su belleza comenzaba por su cara, ojos verdes, cabello rubio, labios suaves y eróticos.

Todo esto lo apreciaba mientras se movía a ritmo de la música, seguí observando y tenía un cuerpo perfecto, pechos de un tamaño justo, los cuales se podían ver entre pronunciado escote de su pequeño vestido blanco. Piernas hermosas, parecían muy sensibles y delicadas. Mientras miraba sus piernas, se puede apreciar su cola, era perfecta, paradita y dura. En síntesis cada curva era digna de observar.

Durante todo el tiempo que la miré, por supuesto que no era el único, se dio cuenta que yo la apreciaba más que nadie, la disfrutaba. Ella se movía de una forma muy provocativa y sexy; recorría con su lengua esos labios alucinantes dejándolos totalmente húmedos.

Me estaba volviendo loco.

Mientras que observaba sus labios, ella mi miro fijamente a los ojos, yo también la mire.

Ella mientras se movía, me miraba, y colocaba sus manos en su cola, seguí ese movimiento. Mi mirada la puso nerviosa, ella se sonrojo y dibujo en su cara una perfecta sonrisa. Al mismo tiempo que se reía, se iba hacia los baños.

No dejando de pesar en ella, me voy a buscar algo para tomar, y siento que alguien me toca la espalda delicadamente, un escalofrío recorre muy cuerpo ya que pensaba que era ella, al darme vuelta era mi novia. Mi novia (Carolina) me dice que va acompañar a una amiga, a su casa ya que se había pasado de copas, y le digo que la esperaba. Carolina se va, decido ir a buscar a esta diosa la cual no la encuentro. Frustrado por no poderla encontrar busco una copa y me voy al patio de la casa, el cual era muy grande. Al salir veo que es una noche hermosa, el cielo estaba totalmente estrellado y la luna reflejaba en la pileta de la casa, era un paisaje muy lindo.

Y otra vez siento que alguien me toca la espalda, pero esta vez siento que es de una forma muy tímida, casi como rozando, además se huelo un aroma muy especial. Al darme vuelta la veo frente mío y sonriendo en forma picaresca, a ella la diosa. Intento hablar, pero ella con sus manos, delicadamente, me tapa mi boca y no me deja hablar.

Estuvimos unos segundos así, lentamente le tomo su mano, y se la acaricio, me acerco a ella hasta sentir su piel suave y delicada.

Me acerco a sus labios y ella cierra lentamente sus ojos, esperando el beso. Le rozo sus labios con los míos, y ella sonríe, me acerco otra vez, y la beso. Un beso muy prologando, suave, a su vez apasionado. La excitación recorría mi cuerpo. Me abraza por el cuello, la tomo por sus caderas y la sostengo fuerte, a ella le gustó.

Comienzo a besar su cuello, y ella comienza respirar entrecortado, los dos estabamos muy excitados, el beso en el cuello se prolonga, le corro su hermoso cabello rubio, y siento ese aroma de mujer. Me busca mi boca y me besa en forma salvaje, con mis manos comienzo a levantar su vestido, siento su hermosa cola, su piel suave, delicada y húmeda. Al ritmo de sus besos, la aprieto contra mi cuerpo, le provocaba un suspiro cada vez que ella sentía que yo la atraía más a mi cuerpo. Mi pene estaba totalmente excitado, ella lo sentía y lo buscaba con su concha. Comienza a sacarme la corbata, mientras yo le bajaba su bombacha, de tamaño diminuto.

Me saca la camisa, y me besa mi cuerpo. Yo busco sus pechos, con mis manos le bajo las tiritas que sostenían sus vestido y queda con sus tetas al aire, los aprecio sin tocarlos por unos segundos, estaban muy parados, comienzo a tocarlos. Al tocarlo suspira, y da un pequeño gemido, los comienzo besar y con mi lengua los recorro, con mis manos le levanto el vestido, y busco su conchita, con la bombachita a media sacar, siento lo húmeda que está al rozar mis manos con sus piernas, ella me abraza muy fuerte. Le saco salvajemente su bombacha y comienzo a sobar su concha, siento lo húmeda que está, gemía más y cada vez más. Ella desesperadamente me saca el pantalón y mete sus manos en mi bóxer, y lo siento muy bien. Los dos estábamos tocándonos los genitales.

Era muy excitante. La levanto y la coloco sobre mi camisa, me tiro sobre ella y la dejo desnuda totalmente, ella hace lo mismo. Desnudos, comienzo a besar sus pechos, los muerdo, delicadamente, sus gemidos era estupendos. Sigo con mi lengua por su cuerpo hasta llegar su concha, la miro y escucho por primera vez unas palabras de ella: bésame, bésame..., inmediatamente la beso, recorría todos su concha con mis labios, con mis manos le abro sus labios y le meto mi lengua, gime y me pide más, siento que está entrando a un orgasmo.

Le meto un dedo en su concha, lo siente, y no para de gemir y pedirme más. Veo en sus ojos que estaba totalmente excitada, desorbitada, y no dudo más y la penetro. Se la meto salvajemente, y pega un grito, y gime de placer. Me abraza, levanta sus piernas rodeándome y comienzo a moverme suavemente, sus gemidos me excitaban más y más, cada vez se la metía más adentro, llegamos al orgasmo los dos juntos suelto toda mi leche dentro de ella.

Nos quedamos quietos unos segundos, me paro, y automáticamente se la vuelta, me siento detrás de ella y beso su cola perfecta, le meto un dedo en su cola y grita de placer. Tomo mi pene, y otra vez de un solo golpe se la meto en ese culito maravilloso, pegó un grito de dolor y placer.

Le doy muy fuerte, hasta el fondo, sus gemidos era estupendos. Me pide más y me dice que no la saque, sigo dándole hasta que suelto toda mi leche dentro de sus intestinos. Totalmente cansado me paro y me coloco a un costado. Nos besamos, ella se para me dice vamos, fueron las últimas palabras que escuché de ella, nunca más la vi, pero fue una experiencia estupenda.

Autor: Sebastián

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