Llegué de mi oficina tarde a mi casa, mi esposa Susy estaba en el baño duchándose. Me senté a verla a través del acrílico translucido de la ducha mientras me desvestía, que bella es, hermosa en todo, su cara, sus tetas, su figura, sus piernas, sus nalgas. Alta, rubia, escultural. Me metí a la ducha y la abracé por la espada agarrando sus senos, pegando mi pene a sus nalgas y la besé en el cuello.
-Suéltame, ¿qué haces?- Me dijo tratando de zafarse. M-Te quiero coger mujer bonita. -Ah no, solo cuando tú quieres, ¿y yo qué?- Me contestó enojada saliéndose de la regadera. -Mira Susy como me tienes de tan solo verte, bien caliente, el pene bien parado. -Pues a ver como le haces, yo ya me voy a la calle con Marcela.- Me decía mientras se secaba con la toalla. -¿Puedo ir con ustedes? -No, tú siempre haces lo que quieres, hoy me toca a mí. -¿Adonde van a ir? -A un bar, no sé cuál, a alguno que haya hombres guapos, tengo ganas de que me chupen, me violen, me follen, tú no me tienes muy contenta.- Dijo saliéndose del baño.
Me terminé de duchar rápidamente para alcanzarla.
-No vayas Susy. -Si voy a ir y no me estés molestando, suéltame cabrón.
Ella casi desnuda se maquillaba en su tocador, muy seria me dijo:
-Es tiempo que recapacites, no me sacas a ningún lado y ya es tiempo que un día pueda hacer lo que yo quiera.
Acabó de maquillarse, se puso un vestido corto, muy escotado de color blanco muy delgado, muy sensual.
-Casi pareces una puta así maquillada y vestida. -Así les gusto a los hombres.- Me contestó sacando el pecho, enseñándome sus tetotas. -Ya me voy...
Susy se salió dejándome a medio vestir, yo me di prisa para alcanzarla pero fue imposible, cuando salí ya no estaba su auto. Me monté en el mío y conduje a casa de Marcela. Cuando llegué ella arrancaba con su amiga a su lado, las seguí. Llegaron a un bar que tiene valet-parking y entraron a él. Solo me tardé el tiempo que me llevó entregar mi auto para yo también entrar. El bar estaba casi lleno y debido a la oscuridad del lugar me costó trabajo encontrarlas, cuando lo hice me dirigí a su mesa, una mesa circular con bancas fijas cerca de la pista de baile, al fondo del lugar.
-¿Me puedo sentar?- Le pregunté, -Si quieres, pero no junto a mí, siéntate con Marcela y no me molestes. Me respondió Susy.
Ordenamos nuestras bebidas, Marcela me platicaba para distraerme y trataba de alegrarme cuando un tipo se acercó e invito a bailar a Susy, ella se levantó tan rápido que no me dio tiempo de decir nada. La música se prestaba para bailar separados y así empezaron, Susy es muy buena bailadora, tiene mucho ritmo, además de su belleza física, tiene una sonrisa que cautiva a todos, nos hace creer que con uno es la mujer más feliz del mundo.
Lo hacían como si estuviesen bailando lambada, sus piernas se entrecruzaban, sus cuerpos restregándose uno contra el otro. Susy se divertía en grande, no dejaba de sonreír y menearse voluptuosamente en los brazos del tipo que también hacia lo suyo con sus manos y su cuerpo sobre el cuerpo de Susy. Juntaban sus pubis para sentir el pene del cabrón que seguramente lo tenía ya erecto.
Saqué a bailar a Marcela que aceptó sonriente, nos paramos al lado de Susy, pegué a Marcela a mi cuerpo y empecé a tratar de hacer lo que mi esposa hacia con el tipo. Marcela me respondió de la misma manera, nuestros cuerpos se frotaban sensualmente, mis manos también tocaron sus nalgas y pechos disimuladamente, Marcela disfrutaba de mi pene pegando su pubis a él. Pero mi atención estaba en Susy, muy pegada a su compañero se restregaba en él, con las manos en su cuello y su cabeza en su hombro, por sus movimientos parecía que estaban haciendo el amor de pie. Escuché los jadeos y suspiros de Susy, la cabrona estaba teniendo un orgasmo en los brazos de su nuevo amigo.
Verla así y la restregada con Marcela me tenían excitadísimo, mi pene bien parado lo restregaba en el estomago de Marcela. Susy descansó en brazos de su compañero, cuando se tranquilizó le sonrió, él tenia su mano sobre su pecho acariciándolo suavemente. Susy lo jaló de la mano y lo llevó a nuestra mesa. Se sentaron a platicar tomados de las manos que tenían bajo la mesa. Yo seguí el baile con Marcela disfrutando las caricias de su pubis contra mi pene, la besé en los labios, ella los abrió y nuestras lenguas se encontraron.
La música cambió y decidimos ir a la mesa, cuando llegamos Susy dijo:- Roberto ella es mi amiga Marcela y él es Miguel, también un amigo. Que bueno que llegaron, Roberto no es de aquí, viene con un amigo, él es un caballero y los estaba esperando para que yo no me quedara sola, Roberto va a traer a su amigo a sentarse con nosotros, yo voy a aprovechar para ir al sanitario a refrescarme pues estoy muy mojada del orgasmo que acabo de tener bailando, y también voy a aprovechar para quitarme el sostén para sentir mejor las caricias en mis pechos, ¿vienes Marcela?
Así que me quedé yo solo en la mesa esperando al tal Roberto y a su amigo mientras mi esposa se limpiaba sus jugos de un orgasmo y se preparaba para un faje acompañada de su mejor amiga a la cual yo acababa de besar. Yo estaba excitadísimo, me pene erecto y todo mi cuerpo parecía estar cubierto de electricidad. No lo podía creer. Regresó Roberto con otro tipo con sus copas en la mano.
-Miguel- Me dijo. Mi amigo Pierre, él es francés, estamos instalando una maquinaria francesa en una planta, vamos a estar una semana más por aquí. -Hola Pierre- Le dije mientras le daba la mano.-Siéntense.
A Susy le va encantar este cabrón, pensé. Le encanta que le diga palabras en francés o en italiano cuando hacemos el amor. Todas las mexicanas son bien putas cuando se encuentran a un cabrón de primer mundo, son malinchistas como decimos aquí, creen que lo extranjero es mejor.
Lo sorprendente es que estos cabrones me caían bien. De mi misma edad más o menos, abiertos, altos, guapos, con confianza en si mismos, alegres.
Roberto me preguntó: ¿Te has cogido a Susy?- -Si algunas veces.- Le contesté -¿Y que tal coge?- Me volvió a preguntar. -Como diosa, riquísimo.- Le contesté.
No pudimos seguir nuestra plática porque regresaron las mujeres, me tuve que levantar porque los dos se levantaron para recibirlas y sentarlas, Pierre le besó la mano a Susy y luego a Marcela, estaban encantadas las dos mujeres con su atención. Susy estaba sentada entre lo también hace muy bien lo que me preguntaste de Susy.
-¿De que hablan?- Preguntó Marcela. -De bailar, de bailar Marcela, Roberto llévala a bailar.- Le contesté -Mentiroso.-Me dijo sonriendo.-Pero si, vamos a bailar Roberto.
Me quedé solo con mi copa viendo como Susy se restregaba con Pierre, lo besaba en la boca suavemente, sensualmente, mordiéndole los labios, pasando su lengua sobre ellos, ella le acariciaba su nuca, bajaba su mano por el pecho de Pierre hasta su entrepierna, sujetaba el bulto que se le notaba y lo apretaba pasándose su lengua por sus labios, saboreándose, entre risas, coquetamente. Estoy seguro que Pierre nunca había bailado con una mujer tan caliente, él sobaba uno de sus pechos y acariciaba sus nalgas.
El lugar estaba en la penumbra, había varias parejas en la pista y algunas también se besaban y acariciaban, pero Susy era la más atrevida y destacaba por su belleza, su estatura y su dorada cabellera, las personas que no bailaban los miraban quizás con envidia, quizás escandalizados.
Dos piezas de música después, me levanté de la mesa y me coloqué atrás de Susy sujetándola de su cintura, pegando mi pene a sus nalgas, bailando mi pene entre ellas. Ella se volteó a verme y separándose de Pierre me dijo: -Ya te dije que no me tienes nada contenta, baila si quieres con Marcela. Dicho esto, tomó la mano de Roberto que bailaba con Marcela a su lado y lo jaló hacia ella, me empujó hacia Marcela que se divertía con la situación. Marcela me recibió en sus brazos. Yo me sentía como perro con la cola entre las patas, me abracé a Marcela fingiendo bailar.
-Diviértete Miguel, yo me estoy divirtiendo mucho.- Me dijo Marcela sonriendo.
Volteé a ver a Susy que bailaba con sus dos nuevas conquistas, Ella frente a los dos moviéndose eróticamente, sus manos las pasaba por sus caras y las bajaba por sus pechos, sus cinturas hasta tocar los bultos en los pantalones. Sujetándose de sus cinturones, se agachaba bailando hasta sus entrepiernas y movía su cara de pene a pene lanzándoles besos y pasando su lengua por sus labios. Restregaba su cabellera sobre sus bultos, primero a Pierre, luego a Roberto que la sujetó por los cabellos y le restregó su cabeza con más fuerza y más tiempo contra su pene, Susy no dejó de bailar mientras la sujetaba Roberto.
La gente estaba divertida viendo el show que nos daba Susy, las parejas que bailaban habían dejado de hacerlo y todos la miraban divertidos. Baila tan bonito esta mujer, es un todo un espectáculo el culo de mi esposa. Cuando se enderezó, se dio una nalgada en su hermoso trasero derecho viendo las caras de sus amigos, luego otra en el izquierdo, y se abrazó a los dos hombres que la recibieron gustosamente. Por su cara seguramente estaba teniendo otro orgasmo. Restregó sus tetas contra los dos varones que la sujetaban acariciando cada uno una nalga, segundos después besó a los dos en la boca y los jaló a la mesa, estaba agotada. Yo quise seguirla pero Marcela me contuvo abrazándome más fuerte.
-Déjala, quédate conmigo, abrázame fuerte, bésame Miguel.- Me dijo Marcela suspirando.-Diviértete conmigo.-La miré a la cara, su boca anhelante, húmeda me pedía un beso, mi lengua acaricio sus labios dos tres veces, ella sacó su lengua y jugó con la mía, Sentí como acariciaba mi pene, agarré su teta. Ella también se había quitado su sostén, su suave pecho estaba duro, su pezón más aún.
-¿También te quitaste tu tanga? Le pregunté bajando mi mano a sus nalgas. -No, me la vas a quitar tú. -¿Aquí en la pista? -No, En la caliente, mira como Pierre me acaricia mi clítoris y Roberto me tiene metidos dos dedos en mi agujerito quisiera quitar el mantel para que todos vieran sus vergas grandotas, bien duras, las tengo bien agarradas a las dos bien rico. Deberías probar.- Dijo Susy a Marcela pero viéndome a mi.
-Yo voy a probar con Miguel. ¿Está Bien? Le preguntó Marcela sonriendo. -Haz lo que quieras, hoy es el día de hacer lo que quieras. Contestó Susy sin dejar de jadear mirándome a la cara.
Tomé un trago de tequila y besé a Marcela, jugué con su lengua y le pase el liquido a su boca, disfrutando el primer beso caliente que le daba, mis manos ya estaban en su falda levantándola, metí mis manos buscando sus bragas, las jalé hacia abajo. Marcela levantó sus nalgas ayudándome, las dejé a la altura de sus rodillas, mi mano tocó su mariposa, sus labios, su vello púbico buscando su clítoris. Nos besamos, ella me dio un beso caliente, no podía abrir más las piernas porque sus bragas lo impedían, me hinque a su lado y las deslice por sus piernas, por sus zapatos hasta quitárselas, ella inmediatamente separó sus rodillas permitiéndome ver su hermoso y caliente coño, su conchita.
Estaba tan cerca que no me pude resistir, me abalancé hacia ella y enterré mis labios en su concha tratando de meter mi lengua. Marcela me cubrió con el mantel mi cabeza para que nadie viera lo que le hacia. Me tomó de los cabellos apretando mi cabeza a su mariposa. Encontré su clítoris y lo empecé a lamer rápidamente, introduje un pulgar en su vagina y lo moví en forma circular. En un momento sentí su orgasmo que llenó sus piernas de su flujo, yo bebí todo lo que podía, cuando su cuerpo dejo de arquearse y moverse la limpié con sus bragas.
Bajo la mesa volteé a ver las piernas de Susy, no tan solo estaban ellas ahí bien abiertas, Su cabeza también, estaba mamando la verga de Roberto desesperadamente sin soltar la de Pierre que le tenia un dedo metido en su vagina. Observé unos segundos, ella me veía sin dejar de mamar, le acaricié su mejilla sonriéndole, ella me sonrió. Metí un dedo en la vagina de Marcela acariciándola, acaricie la teta de Susy con mi otra mano, estuve así varios segundos disfrutándolas.
Decidí salir de debajo de la mesa, no quería que nos corrieran del bar. Me acomodé al lado de Marcela que me abrazó y me besó, yo volví a meter mis dedos en su vagina, ella tomo mi verga con su mano y me la acariciaba sobre mi pantalón. Pierre y Roberto estaban divertidos viendo y sintiendo como Susy les mamaba las vergas bajo el mantel.
-Salud, Marcela, Roberto, Pierre. Por las mujeres bonitas, por los hombres guapos, que nunca nos falten.- Les dije levantando mi bebida.-Lástima que falte Susy para brindar.
-Salud. Me contestaron los tres levantando sus vasos y bebiendo de ellos.
En segundos salió Susy de debajo del mantel, agitada pero muy sonriente y contenta.
-Yo también brindé, pero sin alcohol, con algo más rico. ¿Te gustó Roberto? -Muchísimo, mamas rico Susy. -Ya se me cansó la boca y la quijada, vamos a bailar Pierre.- Le dijo, empujándolo hacia la pista.
Durante la siguiente media hora Susy bailó con Pierre y con Roberto, alternándolos y en ocasiones con los dos. Yo bailé con Marcela varias melodías tranquilas, nada comparables con la euforia de Susy que no dejaba de moverse eróticamente. Media hora o cuarenta minutos más tarde, Susy dijo:
-Ya vámonos, los invito a mi casa, vamos a divertirnos mucho más ahí.-Pedimos la cuenta, la dividimos entre tres que pagamos los hombres. En el estacionamiento dedos en su vaginita. Pierre le acariciaba sus tetas y la besaba en la boca, en el cuello. Las caricias de cuatro manos la tenían en éxtasis total.
Me senté en un sofá a verlos, Marcela se sentó a mi lado e inmediatamente me desabrocho el pantalón y sacó mi pene completamente erecto, lo empezó a mamar sujetándolo con sus manos, yo acariciaba sus grandes tetas, su cabello.
-Roberto, nalguea a Susy, le gusta mucho.-Le dije. -Si, nalguea a la puta caliente cabrón.-Dijo Susy.
Roberto lo hizo, la nalgueo una vez y otra vez, parece que le gustó hacerlo porque alternaba muy bien los golpes en las dos nalgas sin sacar sus dedos de su vagina.
-Más fuerte.- Le grité.
Las nalgas de Susy estaban rojas por los golpes que Roberto le daba, Ella jadeaba y gemía en cada nalgada, abrazada del cuello de Pierre soportaba el dolor que le daba tanto placer, seguramente tuvo varios orgasmos porque dejó de moverse y se abandonó en brazos de Pierre.
-Dejen que se recupere tantito, pónganla en el sofá.-Les dije.
Marcela mientras tanto ya me había desabrochado mi camisa, bajado el pantalón y el calzón. Se levantó el vestido a la cintura y se montó sobre mí, introdujo mi pene en su vagina y empezó a trotar. Le quité su vestido sobre su cabeza para poder acariciarla mejor. Que bonito se bamboleaban sus tetas frente a mi cara, se las golpee suavemente con el ritmo de sus brincos. La cabrona estaba feliz, yo también. Susy ya más recuperada en el sofá nos miró.
-Yo también quiero verga dentro de mi, métanmela cabrones.
En segundos le quitaron su vestido y se desnudaron los dos hombres, Susy ya se había colocado a gatas sobre el sofá.
-Pierre, metémela de perro, quiero tu verga francesa en mi hoyito. Tú Roberto, regálamela en mi boca.- Les ordenó Susy.
En segundos Susy tenía los dos penes en donde los quería, yo sentado disfrutando el trote de Marcela, que delicia, que bonita imagen. Mi esposa siempre hace lo que yo quiero y me gusta verla cogiendo con otros hombres. Susy nos veía emocionada, agitada, sonriendo.
-¿Estás disfrutando mi amor?- Me preguntó Susy. -Mucho, mi vida. ¿Y Tú?- Le respondí. -Estoy en el paraíso, te quiero mucho marido mío.-Dijo Susy jadeando, a punto de otro orgasmo. -Eres un cabrón.- Me dijo Marcela sonriendo sin perder su ritmo.- Me encanta montarte tanto como a mi hermanita coger con otros.
-Las hermanitas son hermosas, bellas, eróticas, cachondas, calientes, las más mujeres, las más complacientes, mis diosas.- Le dije.- Ahhh, que rico coges cuñadita, como me complaces. -Hoy te voy a complacer más aún, voy a dejar que me veas cogiendo con esos dos.- Marcela me dijo suspirando en su orgasmo.
-Eso va ser divino.- Contesté llenando su vagina con mi semen.
Autor: Miguel C.
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