La tormenta me sorprendió en el departamento de mi compañera Elizabeth, estábamos estudiando y ya eran más de las ocho de la noche y me preparaba para volver a casa cuando comenzó a llover. Aunque se esperaba lluvia, porque la temperatura era alta para la época, nadie imaginó tan tremendo diluvio, la ciudad se inundó en pocos minutos. Eli y yo miramos sorprendidas desde la ventana como las calles se transformaban en ríos, Eli tuvo una buena idea: Llamá a tu casa y avísales que estás aquí y te quedas a comer conmigo y que volverás cuando pare de llover.
Mamá recibió el llamado con alivio porque se imaginaba que el diluvio me había encontrado camino a casa y me aseguró que apenas parase de llover mi papá me vendría a buscar. Mientras cocinábamos vimos por televisión que la ciudad era un verdadero caos, calles anegadas, los subterráneos fuera de servicio, cortes de luz, y bomberos rescatando ancianos de un geriátrico, Buenos Aires colapsa con inesperadas tormentas que cada año son más frecuentes. Dos horas después llovía con igual intensidad y yo estaba cada vez más preocupada.
A las once de la noche ya estaba decididamente nerviosa y Eli dijo: Daniela, volvé a llamar a tu casa y diles que te quedas a dormir, es imposible que puedas viajar esta noche. Tenía razón pensé y sentí cierto alivio, tampoco podía arriesgar a mi padre a manejar de noche con esa lluvia y por calles inundadas. En realidad no vivía mas que a veinte minutos, pero lo más probable era que papá no pudiese llegar hasta el Centro. Elizabeth vive en San Isidro, a una hora de la Capital, pero los padres le permiten usar un departamento cerca de la Facultad de lunes a viernes para no obligarla a viajar de noche tarde tan lejos, una verdadera suerte para ella y esa noche también para mí.
A mi mamá le pareció una excelente idea y de pronto Eli y yo nos transformamos en dos preadolescentes entusiasmadas con la idea de dormir juntas, a los veintiún años volvíamos a comportarnos como dos chiquilinas. Eli me dio un cepillo de dientes y corrió a preparar el baño para ducharnos, luego me anunció: “No uso ni camisones ni pijamas, pero te puedo prestar una camiseta y una bombacha, es lo que uso yo para dormir “¡Genial!” Respondí “Y un par de zoquetes, me parece que está refrescando” Luego me dijo que comience a bañarme que enseguida me alcanzaba la ropa y una toalla.
Cinco minutos me estaba dando una agradable ducha caliente cuando Eli entró al baño cubierta solo por una salida de baño y dejó sobre el vanitory la camiseta, la bombacha y las medias, Te la calenté un poquito con la plancha. Anunció mientras desplegaba una gran toalla amarilla y me esperaba al costado de la bañera para cubrirme con ella. Me sentí mimada y halagada y salí de la ducha y me rodeó con la toalla, estaba deliciosamente tibia. Sécate solita. Dijo sonriendo mientras se desnudaba y levantaba una pierna para entrar a la bañera., la miré sorprendida, tenía un cuerpo increíble. Me miró sonriendo ¿Qué pasa, por qué me miras así? Sos bellísima. Dije sonrojándome. A tu lado soy horrible. Me halagó.
Me vestí y sequé el pelo mientras se duchaba, luego me acosté en la cama matrimonial en la que dormiríamos mientras Eli terminaba en el baño. Cuando entró en el dormitorio me deslumbró, en camiseta y bombacha y con zoquetes blancos y el pelo recién cepillado tenía un cierto aire de ingenuidad perversa, parecía brillar, estaba increíblemente hermosa y, cuando me vio la expresión de sorpresa, se rió: ¡Dany! Me vas a hacer poner colorada si me seguís mirando así… La que se puso colorada fui yo. No me mal interpretes, es que me deslumbras… ¿Qué vas a pensar de mí? Dije irremediablemente avergonzada ¡Qué sos adorable! Dijo haciéndome sonrojar más aún.
Se acostó a mi lado y sentí la piel tibia de su muslo al rozarse con el mío, luego preguntó: ¿Estás cómoda? Si, claro, muy cómoda. Contesté. Hace como diez años que no me quedaba a dormir en la casa de alguna chica. Agregué. Eli se rió enigmática y dijo: Yo no. Luego preguntó: ¿Apago la luz? Si Contesté y nos deslizamos en la cama y nos cubrimos con las cobijas. Buenas noches. Dijo. Buenas noches. Contesté ¿No me das un beso? Preguntó. Si. Y giré mi rostro para buscar su mejilla, pero mi boca encontró sus labios. Fue un roce fugaz, pero muy inquietante, sus labios estaban húmedos y tibios y sentí que mi corazón se aceleraba. Volví apoyar la cabeza en la almohada de cara al techo y temblé levemente, extrañamente nerviosa.
¿Tenés frío? Preguntó Eli. Un poquito. Mentí. Prendió la luz y se levantó de un salto. Refrescó mucho, esperá que pongo una frazada. Anunció mientras abría un placard y buscaba. Estiró una manta sobre la cama y se volvió a meter en ella luego de apagar la luz ¿Estás mejor? Si… Contesté intentando reprimir el temblor, entonces Eli me abrazo.
En realidad cruzó su brazo sobre mi cintura y se volcó hacia mí poniéndose de costado, sentí su aliento en mi mejilla un segundo antes que me besase, me estremecí ¿Qué te pasa? Preguntó Nada, nada, contesté con voz quebrada. Te pongo nerviosa. Afirmó. Perdóname. No, no. Mentí nuevamente y me volvió a besar, solo que ahora su mano se deslizó de mi cintura a mi pecho y me acarició una teta. Se me detuvo la respiración y mi corazón ahora galopaba. Eli… Yo… no… nunca… Tartamudeé. Pero no me contestó, su mano ahora subió hasta mi mejilla y me volvió el rostro hacia ella y me besó en los labios. Sentí su respiración muy acelerada y muy caliente en mi boca y ya no me resistí más.
Su lengua se abrió paso entre mis labios y la sentí recorrer mi boca mientras su mano acariciaba mi cuello y se deslizaba hacia mi hombro bajando el bretel de la camiseta hasta que mi teta quedó desnuda. Comencé a responder al beso mientras sus dedos acariciaban el pezón y lo excitaban y sentía que mis miedos me abandonaban, entonces tomó mi mano y la llevó hacia su pecho. Tócame. Pidió Y acaricié una teta dura y perfecta y sentí bajo la palma de mi mano el pezón endurecido y se me ocurrió apretarlo entre las yemas de mis dedos. ¡Ay! Gritó. ¡Perdoname! ¡Perdoname! Repetí asustada. ¿Te hice mal? Pero Eli rompió a reír con una risa espontánea e incontrolable… No… no… es que… Pero la risa la sacudía y no podía terminar de contestar mi pregunta, finalmente dijo: Se me escapó un poquito de pis. Y volvió a estallar en una irreprimible carcajada.
La risa fue como un exorcismo, ahora las dos nos reíamos inconteniblemente y las carcajadas nos sacudían, era la forma de espantar los nervios, luego todo fue mucho más fácil. Reímos varios minutos hasta que nos volvimos a besar, ahora sin nervios ni temores y las manos comenzaron a recorrer los cuerpos en una lenta y prolija tarea de conocimiento. Eli me volcó sobre mi espalda y me levantó la camiseta y sus manos acariciaron mis tetas y su lengua recorrió mis areolas y los labios apretaron y chuparon mis pezones delicadamente mientras ya definitivamente abandonada a sus manos y boca comencé a caer en una dulce inconsciencia, pero cuando su lengua lamió mi concha sobre la bombacha mojada recuperé rápidamente la conciencia.
¡Ay! Grité, sorprendida por un inesperado orgasmo, pero Eli no estaba dispuesta a darme respiro y continuó mientras comenzaba a bajarme la bombacha y lamía mi clítoris, finalmente me desnudó completamente y luego se desnudó ella. Se echó sobre mí y nos abrazamos y nos besamos enardecidas, pero Eli volvió a descender bajo las cobijas y hundió la boca entre mis piernas besando, lamiendo, chupando y mordiendo, arrancándome orgasmos uno detrás de otro, enloqueciéndome de puro goce mientras grito tras grito perdía definitivamente la cabeza y caía en una espiral de delicioso abandono, pero Eli tenía todavía más que darme.
Primero fue un dedo, luego fueron dos mientras la boca continuaba ocupándose de mi clítoris y, cuando ya pensaba que no era posible gozar más, retiró los dedos sorprendiéndome, pero fue solo para enterrar uno de ellos profundamente en mi culo. Di un respingo y mi cuerpo se arqueó, pero antes que volviese a desplomarme sobre mi espalda, sentí como el pulgar se hundía en mi vagina y así, doblemente penetrada, volví a ser masturbada intensamente hasta que mis gemidos y jadeos se transformaron en pedidos de súplica: ¡Basta! ¡Basta! ¡Por favor Eli, basta! La brutal sucesión de orgasmos me estaba llevando al límite de mí resistencia física y comencé a perder la conciencia, pero ella aún no estaba saciada y continuaba con la boca hundida entre mis inflamados labios vaginales.
Finalmente se incorporó jadeando y se arrojó sobre mi boca, sentí mi sabor que llevaba en sus labios, su cara estaba completamente mojada con mis flujos y la lamí saboreándome a mí misma. Eli temblaba y su jadeo era ronco y sus manos me apretaban los hombros febrilmente mientras comenzaba a frotar su concha contra la mía frenéticamente enardecida y con la boca hundida en mi cuello, empapándolo con su saliva. La abracé y sentí la tensión de los músculos de su espalda mientras frotaba su clítoris contra mi pubis, finalmente separó su boca de mi cuello y un largo gemido escapó de su boca entreabierta, solo un segundo antes de que su cuerpo se sacudiese en una fuerte convulsión y el gemido se transformase en grito, Eli estaba acabando como jamás imaginé que una mujer podía acabar.
Yacimos abandonadas a los últimos ramalazos del goce, Eli temblaba exhausta sobre mi cuerpo exánime, mientras pensaba que jamas había gozado tanto en mi vida en una relación sexual. Finalmente, luego de largos minutos en los que no nos movimos ni hablamos, Elizabeth se deslizó a mi lado y me tomó la mano, descansamos así con los dedos entrelazados mirando el techo en la oscuridad en absoluto silencio hasta que se volcó hacia mí y me besó en la mejilla.
Te quiero. Dijo y yo le respondí con todo mi corazón: Yo te amo. Nos abrazamos y besamos dulcemente hasta que la pasión se encendió nuevamente, entonces Eli se acostó sobre su espalda y anunció: Ahora te toca jugar a vos, hazme lo que quieras, soy toda tuya. Comprendí que debía darle todo de mí, lo que sabía, lo que acababa de aprender y lo que mi imaginación me dictase y tuve una inspiración: Recordé lo que me había hecho un chico una noche que nunca pude olvidar. Date vuelta, dije y Eli se puso boca abajo obedeciéndome, en la oscuridad recordé la perfecta redondez del hermoso culo que había visto desnudo en el baño y sentí que se me hacía agua la boca.
Separé con mis manos las tersas y duras nalguitas y hundí mi boca entre ellas, mi lengua encontró su delicioso culito. Era pequeño y apretado y al lamerlo Eli gimió, pero luego dijo riendo: Me hacés cosquillas. No respondí porque sabía que pronto se olvidaría de las cosquillas. Mojé el pequeño orificio con mi saliva intentando lubricarlo y dilatarlo y luego hice presión con la punta de la lengua hasta que logré penetrarlo levemente, Eli exhaló un corto gemido y sentí que su esfínter latía.
Hice fuerza para evitar que las contracciones del esfínter expulsasen mi lengua y logré hundirla cerca de un centímetro dentro del pequeño culito, ahora los gemidos eran continuos y mis manos sentían como las caderas de Eli se tensaban, pero yo recién comenzaba y aún faltaba mucho para que me considerase satisfecha. Mi mano derecha se deslizó entre las piernas entreabiertas y hundí dos dedos en su empapada vagina mientras mi pulgar apretaba el perineo. Eli se estremeció y comenzó a sollozar mientras repetía: Dany, Dany, me volves loca, Dany, Dany… La masturbé lentamente hundiendo mis dedos en su concha y sintiendo las contracciones de las paredes vaginales, Eli había caído en una cadena de orgasmos idéntica a la que me había provocado. Ahora me pedía: Por favor Dany, por favor… Estaba sintiendo exactamente lo mismo que me había hecho sentir, había llegado el momento del broche de oro.
Comencé a morderle el culo mientras mi lengua resistía los inútiles esfuerzos del esfínter al tiempo que hundía profundamente los dedos en su concha y apretaba con fuerza el perineo. ¡Ayyyy! El grito acompañó el fuerte sacudón de su cuerpo y con un fortísimo esfuerzo el esfínter expulsó mi lengua, pero la remplacé rápidamente con mi pulgar que enterré con todas mis fuerzas. Los gritos de Eli eran estremecedores para quien no supiese que los provocaba, pero para mí que era la causante me llenaban de alegría y satisfacción, le estaba devolviendo casi lo mismo que me había dado y sentí orgullo.
Cuando me retiré totalmente de ella y me acosté a su lado y la abracé Eli sollozaba quedamente y permanecía boca abajo temblando. Gracias, gracias. Murmuró, nos dormimos abrazadas y nos despertamos con la mañana avanzada, por las rendijas de las ventanas se filtraban rayos de sol, la tormenta había concluido y era un día radiante, habíamos dormido abrazadas y cubiertas completamente por las cobijas. Nuestros cuerpos estaban tibios, los labios hinchados y de las profundidades cercanas de la cama un fuerte olor a sexo nos embriagaba, nos desperezamos como gatos y luego nos abrazamos y nos besamos largamente, silenciosamente alucinadas aún por el mutuo placer brindado que comenzábamos a darnos nuevamente en nuestra primer mañana juntas.
Luego de amarnos nos bañamos y desayunamos sin dejar de mirarnos a los ojos y luego llegó la hora de despedirnos, en la puerta Eli me preguntó: ¿Venís a estudiar esta noche? Si. Respondí sonriendo. Ojalá vuelva a llover. Dijo sonriendo con picardía. No te preocupes, aunque sea la noche más despejada de la historia me voy a quedar a dormir. Nos dimos un beso de despedida tan apasionado que estuvo a punto de dejar de ser de despedida, pero debía volver a mi casa.
Caminé incendiada.
Autor: Daniela danielaciciel (arroba) yahoo.com.ar
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