PROBANDO EL CAMAROTE...
Dulcemente comenzó a pasar su lengua por mi sexo, borraba ávidamente mis flujos que manaban sin cesar. Me provocaba un placer tan intenso que obnubilaba mis sentidos


Hacía un día magnífico, aunque aún era invierno. Pero el día estaba abrumadoramente claro y soleado. Era un día estupendo para pasear por la playa y disfrutar del sol, la brisa marina y su arrullo. Ese sonido siempre me había proporcionado paz, y me apetecía pasear cerca del mar. Cogí el coche y lo dejé aparcado próximo al puerto. Comencé a pasear por la explanada viendo los barcos atracados en el puerto y me dirigí hacia el pantalán.

- Veré si puedo entrar para ver más de cerca los barcos. Iré después a la playa.- Pensé.

Se veían los grandes yates, majestuosos, dignos de admiración, otros más pequeños, también veleros y otros barcos cuyo nombre no sabía. Mientras paseaba me preguntaba cómo serían esos barcos por dentro, sobre todo los veleros, cuyo interior no parecía demasiado grande…

No tuve problema de entrar en el pantalán y fui paseando por él admirando los barcos más de cerca y deteniéndome en aquellos que llamaban más mi atención. A mi derecha e izquierda tenía atracados todo tipo de barcos, durante varios minutos me quedé mirando un yate bastante lujoso, me llamaba la atención la amplitud que parecía tener en su interior. De repente, oí una voz detrás de mí,

-¡Hola! ¿Te gusta el yate, verdad?- me preguntó una voz de hombre. Me di cuenta de que la voz provenía de detrás de mí y ahí solo había más barcos. Me giré y pude ver varios veleros y en uno de ellos un hombre, bastante atractivo por cierto, que me miraba con una gran sonrisa. -¡Hola! Sí, es muy bonito, no me importaría ver cómo es por dentro o incluso navegar en él- le contesté. -Sí, pero es de motor. Es mucho mejor la vela. Seguro que te gustaría más.- Me comentó.

-No puedo opinar, nunca subí a ninguno. De hecho estaba paseando por aquí para poder verlos más de cerca. -Si quieres puedo enseñarte mi velero, ¿te animas? - ¡Claro!- le contesté. Estaba expectante por ver el interior de uno de esos barcos y la oportunidad me venía servida.

No sabía muy bien cómo subir a bordo puesto que no había ninguna escala para ello. Él se dio cuenta, saltó a tierra y me explicó muy amablemente cómo poner los pies para subir al barco. Al ver que aún así tenía ciertas dificultades, se acercó -Si no te importa- me dijo, rodeándome la cintura para ayudarme a subir. Notaba sus fuertes y cálidas manos sujetando mi cintura y un escalofrío de placer me recorrió… ¡uf! Creo que me estaba apeteciendo algo más que sólo ver el barco.

Ya en cubierta, me fue indicando los nombres de algunas partes del velero. Era un hombre realmente atractivo, alto, rubio, piel algo tostada por el sol y de complexión fuerte. Cada vez que me miraba lo hacía de una forma que parecía traspasarme. Hacía que me sintiera como ruborizada, pero me gustaba. Notaba un cosquilleo de deseo que se iba despertando en mí. Parecía tan interesante como el barco.

El recorrido por cubierta fue de lo más educativo, me fue indicando los nombres de algunas partes del mismo. No sabía si más tarde me acordaría de todos, pero era instructivo.

-¿Quieres ver los interiores? - Me preguntó con una pícara sonrisa. - La decoración es bastante espartana, pero es cómodo y verás que se aprovecha hasta el último rincón- comentó. -Por supuesto, siempre tuve curiosidad de cómo sería el interior de estos barcos. Por fuera no parece que haya sitio para mucho- le dije.

Nos dirigimos a la entrada y me explicó cómo bajar para que fuera más fácil, pues era una escalera totalmente vertical. Ya en el interior pude ver la estancia principal, donde había a la izquierda una especie de sofá corrido y una mesa, y a la derecha una cocina con fregadero, encimera y horno. Al lado un escritorio en cuya pared estaba la radio y todos los interruptores de tipo eléctrico del barco. Realmente todo los rincones muy bien aprovechados.

Me quedé mirando durante un rato el sofá y las paredes, él se colocó detrás de mí mientras me indicaba donde estaban todos los armarios y cajones empotrados que había en él. Notaba su presencia detrás y cómo se iba aproximando a la vez que me explicaba. Desde luego no había espacio para estar demasiado separados, pero no tan juntos como él se estaba acercando. -¿A qué es más grande de lo que pensabas? - me preguntó.

-Sí, ya veo- le dije moviéndome al otro lado de la sala, curiosa de las puertas que se veían. -Ahí están los camarotes, están bastante bien, algunos con lavabo propio. Caben dos personas- me dijo mirándome directamente a los ojos…Casi me derrite su mirada, tanto que tuve que retirar la mía.

Me dirigí hacia las puertas que me indicaba y las abrí. Dentro se veía en forma de V una especie de cama. A los lados otras puertas más pequeñas que imaginé eran armarios. Y así me lo confirmó él.

-No imaginaba que fuera así el interior de un velero. La verdad es que es más acogedor de lo que pensaba- le dije. -Sí, así es- dijo.

Yo estaba en el interior del camarote y él a la puerta del mismo. Me di la vuelta y quedé frente a él. Me miraba provocativamente. Se fue aproximando y me dijo:

- ¿Sabes que me gustas mucho?- Por un breve instante me quedé parada, no sabía muy bien cómo reaccionar. Finalmente le dije -Tú también a mí - Sonriéndome se fue acercando y aproximó sus labios a los míos.

Un estremecimiento me recorrió por completo y nubló mis sentidos. Comenzó a besarme suavemente, mientras rodeaba mi cintura con sus manos y me aproximaba más a él. Sentía su lengua recorriendo el interior de mi boca, sus manos en mis glúteos, provocándome una necesidad imperiosa de seguir, de ir a más.

Le rodeé el cuello con mis manos y le insté a continuar respondiendo con ímpetu a sus besos y sus caricias. Notaba su urgencia y eso provocaba la mía.

-¿Quieres que probemos uno de los camarotes?- me preguntó. -Sí - le contesté.

Me cogió de la mano, llevándome a uno de los camarotes opuestos de dónde estábamos. Era algo más grande que el que había visto y el colchón estaba vestido. Tenía un saco de dormir totalmente extendido y unas mantas. -Aquí se está mejor- comentó.

Se sentó al borde de la cama, y me acercó a él. Comenzamos nuevamente a besarnos. No quería que parase, me hacía sentir en el cielo. Mis piernas temblaban del placer que sentía. Me ayudó a quitarme la chaqueta. Delicadamente desabrochó mi blusa y comenzó a besarme el cuello. Fue bajando lentamente hasta mis pechos.

Los tomó entre sus manos apretándolos dulcemente mientras los besaba. Mientras, desabroché el sujetador para dejarlos libres de la ropa, y él retiró ambas prendas. Me quedé desnuda de cintura para arriba frente a él. Comenzó a besar mis pezones suavemente.

Aproximé mis labios a un lado de su cabeza, comencé a pasar mi lengua por el lóbulo de su oreja sintiendo como se estremecía. Le daba suaves y pequeños besos mientras iba bajando por su cuello. Me apartó para levantarse y me hizo tumbarme en la cama boca arriba. El techo del camarote iba haciéndose más bajo, con lo que sólo se podía estar de pie en la zona de entrada del mismo. Una vez tumbada, se colocó, encima de mí, apoyándose en la cama con las manos y las rodillas.

Comenzamos nuevamente a besarnos. Fue recorriendo mis labios, mi cuello, bajando hasta mis pechos con sus labios y su lengua. Deteniéndose un momento interminable en mis pezones. Notaba cómo una humedad salía de entre mis piernas. Estaba muy excitada…él fue deslizándose por mi vientre.

Desabrochó mi pantalón, fue bajándolo suavemente, para dejar al descubierto mi ropa interior. Siguió besándome el vientre y ayudado por sus manos fue bajando mi braguita con la boca. Sentir su aliento en mi pubis me provocó un placer indescriptible. ¡Quería más, necesitaba más! Comencé a arquear mis caderas hacia él, quien separó mis piernas para enterrarse en ellas.

Dulcemente comenzó a pasar su lengua por mi sexo, borraba ávidamente mis flujos que manaban sin cesar. Me provocaba un placer tan intenso que obnubilaba mis sentidos. Sólo sentía su lengua, sus manos y su aliento despertando placeres ocultos que hacía tiempo que nadie me hacía sentir.

Mientras me chupaba, comenzó a jugar con uno de sus dedos, tocando suavemente mis labios mayores, y mi clítoris, empapándolo con mis jugos. Poco a poco fue introduciéndolo dentro de mí mientras salía de mi boca un suspiro de placer.

-¡Síiiiiii! ¡Sigue!- dije casi gritando.

Un orgasmo explosivo me llegaba, obligándome a abandonarme totalmente a su acción. Levantaba mis caderas buscando su proximidad, quería más, mucho más.

Él se levantó para quitarse la ropa. Me incorporé para ayudarle a desabrochar sus pantalones y se quedó parado dejándome hacer. Notaba su apremio bajo la ropa. Bajé los pantalones y su ropa interior liberando su pene de toda presión.

Estaba enhiesto y duro, exuberante de deseo, tanto como yo lo estaba. Acerqué mi lengua para recorrerlo en toda su extensión. Cogiéndolo con ambas manos lo introduje en mi boca, subía y bajaba para empaparlo con mi saliva, y bombearlo suavemente hasta introducirlo hasta el fondo de mi garganta. Lo sacaba para darle suaves mordiscos y besos de arriba a bajo, para deslizar mi lengua por los testículos.

Estaba excitadísima y muy empapada. Le insté a tumbarse en la cama boca arriba, mientras me situaba a cuatro patas encima de él. Comenzamos a besarnos de nuevo. Lentamente fui recorriendo con mi boca toda su piel, mientras deslizaba mi cuerpo sobre el suyo, hasta llegar al centro de su placer. De nuevo comencé a chuparle, cada vez con más ahínco, a medida que mi excitación iba subiendo mil grados.

Allí arrodillada sentí la necesidad de juntar mis piernas para notar cómo nuevamente un orgasmo me llegaba. Me llegó sin que me tocara, sólo por el placer que me provocaba tener su sexo en mi boca y notar el gozo que sabía le hacía sentir. ¡Delicioso!...

Se levantó, y cogiéndome por la cintura hizo que me tumbara boca abajo en la cama. Comenzó a besarme el cuello, la espalda. Mientras notaba su sexo caliente y palpitante como me recorría por detrás. Abriendo mis piernas, comenzó a chuparme nuevamente, de espaldas, sentía como su lengua penetraba en mí, a la vez que con uno de sus dedos acariciaba el perineo, empapándolo con mis flujos y su saliva.

Sin previo aviso se alzó y acercando su sexo comenzó a penetrarme, sentía un placer sublime que me embargaba, con cada embestida notaba cómo iba aproximándose un nuevo orgasmo y esta vez iba a ser demoledor...

-¡Siií! - grité.

Un profundo orgasmo me llegaba. Notaba palpitar todo mi interior, mientras sentía su frenético mete-saca. Me hacía sentir un placer continúo, profuso y espectacular. Paró unos instantes observándome, mientras yo me calmaba un poco, pero seguidamente sin darme lugar a más treguas, volvió nuevamente a penetrarme, esta vez por detrás, introduciéndose suavemente y sin problemas por mi ano.

Una nueva sacudida de placer me recorrió por entera y yo, que creía que iba a desfallecer, notaba como renacían mis ganas, como nuevamente el deseo me llenaba y un nuevo orgasmo llegaba desde lo más profundo de mí ser.

-¡Ohhhh!, ¡más, más!- gritaba como una posesa…

Un orgasmo espectacular me sacudía profundamente haciéndome que me olvidara de cualquier cosa que no fuera su presencia detrás de mi y sus manos recorriéndome. Dejándose caer a mi lado, me volteó para que yo quedara de lado frente a él y me abrazó fuertemente depositando un jugoso beso en mis labios.

-Lo estas pasando bien ¿verdad? - Me preguntó - porque yo lo estoy pasando fabulosamente- me dijo. -Siií, mucho-, le contesté casi en un suspiro.

Mi corazón aún palpitaba fuertemente y mi respiración agitada no me permitía casi hablar. Mientras me calmaba se levantó, dirigiéndose al lavabo que había en el mismo camarote. Me quedé mirando lo que hacia y vi que lavaba sus manos y su pene suavemente, con delicadeza. Estaba como hipnotizada viéndole. Se giró y me sonrió. Verle de pie, desnudo frente a mí, me dejó casi sin aliento. Le deseaba… deseaba mucho más…

Al acercarse noté la frialdad nueva de su piel, aún algo húmeda e hizo que me estremeciera resurgiendo mis ganas de seguir. Se acostó a mi lado cogiéndome de la cintura y comenzó a besarme, muy, muy suavemente, con sus labios y su lengua muy húmedos que se introducían en mi boca, abarcando mis labios.

Sentía un hormigueo exquisito que me recorría desde mi boca pasando por mis pezones hasta mi sexo, que nuevamente volvía a humedecerse para desear más y más….Bajé mis manos acariciando su torso hasta llegar a su sexo ahora algo más relajado y me giré en posición inversa a él. Me apetecía tenerlo en mi boca, notar cómo se engrandecería nuevamente por el deseo.

Durante unos instantes se dejó hacer pero al momento él también quiso ser participe y abrió mis piernas situando su cabeza entre ellas. Notaba su lengua recorriéndome por entero mientras yo le chupaba cada vez más frenéticamente respondiendo al placer que me hacía sentir y a los ritmos que imponía. Hacía chasquear su lengua suavemente para sin aviso seguir con un frenesí que me volvía loca.

Se agarraba a mis caderas intentando introducirse en mi sexo con su lengua. Yo estaba fuera de mi, sentía cómo desde mi interior unas oleadas comenzaban a venir… pronto tendría otro orgasmo. Intentaba centrarme en él, pero era tanto el placer que me hacía sentir que casi me era imposible

-¡Ohhhh! ¡Siiiiiii! ¡Me viene, me viene, no puedo parar…!

No cesaba de gemir, me era imposible callar lo que en ese momento interminable sentía. Él continuaba lamiéndome sin descanso, y yo no paraba de sentir una y otra vez oleadas de placer que me llegaban desde muy adentro, así hasta que poco a poco fue bajando su intensidad y pude calmarme nuevamente.

Levantándose se colocó de pie frente a la cama, me pidió que me colocara a cuatro patas de espaldas a él. Con sus manos comenzó a recorrer mi espalda, bajando hasta mis muslos. Yo no cesaba de temblar, del placer sentido y de las sensaciones que me provocaban sus caricias. Pasó sus manos por mi sexo, abierto y receptivo a sus caricias. Empezó a acariciar mi sexo con su pene, recorriéndolo de arriba abajo, me provocaba una expectación casi intolerable, hasta que finalmente me penetró duramente.

Se mantuvo, unos segundos, quieto hasta que comenzó a moverse rítmicamente. Salía por entero de mí para luego volver a entrar sujetándome de las caderas. Me recorrían mil sensaciones, estaba a punto de explotar, cuando comenzó a pasar uno de sus dedos por mi ano, empapándolo con su saliva, metiéndolo poco a poco. Yo no pude aguantar más… - ¡Síiii, me voy, me voy… no paresssss…!- Gritaba asiéndome al saco de dormir… Un intenso orgasmo me llenaba.

Notaba cómo me cogía de las caderas cada vez más fuertemente y cómo sus entradas eran cada vez más enérgicas y su sexo me llenaba cada vez más plenamente. Estaba al máximo, y me trasmitía su potencia. Ahora era él quien jadeaba - ¡Me corro, me corro! Un ronco rugido salió de su garganta mientras se acercaba al clímax de su pasión.

Cayó sobre mí cubriéndome con su peso y allí quedamos durante largo rato, en silencio, saboreando los últimos momentos de placer.

Se recostó a un lado, y girándome hacia él me tomó entre sus brazos. Mirándome de forma traviesa me preguntó:

- Qué, ¿te gustó mi barco? con una sonrisa de oreja a oreja. -Sí, mucho, le dije sonriendo, pero me has gustado más tú.

Autor: Ayla

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