STEPHANIE Guillermo me clavó su verga en mi culito hasta lo más profundo de mis entrañas, me hacía ver las estrellas, y como nunca quedo satisfecha me empecé a meter mis deditos por la concha


Hola me llamo Yanina tengo 22 años, soy bajita de 1,65, mi piel es de color blanca, con caderas anchas, culo grande al igual que mis pechos que es lo que más me gusta de mi cuerpo. soy Argentina pero radico en España, soy casada y tengo 3 hijos, mi matrimonio es muy apasionado, pero a veces la verdad no me alcanza lo que me da mi esposo y como antes de casarme busco satisfacción en mis dedos o en otros hombres.

Debo contarles que tengo dos hermanas más y un hermano, una de ellas es Clara, tiene 20 años, de piel morena, de mi estatura, flaca con buen culo, y tetas pequeñas, la otra se llama Mariana tiene 18 años, es un poquito más alta que nosotras, tiene buenos pechos al igual que yo, tiene mi mismo color de piel, y podría decir que es la más linda de las tres.

Por otra parte mi hermano se llama Leandro, tiene 20 años, es alto de piel blanco, y con un cuerpo bastante fornido.

Esta historia empezó hace 3 semanas cuando mi hermano Leandro, trajo a casa a uno de sus amigos, Guillermo, el cual no era nada especial, un joven de estatura media, de buen lomo, con labios sobresalientes y mirada tímida.

Este joven empezó a venir a diario a casa, entonces con mis hermanas empezamos a hablar sobre él, y mi hermana menor (Mariana), nos comentó que había visto que Guillermo siempre en las tardes cuando nos sentábamos a tomar la merienda, nos miraba las piernas y pechos, con un descaro terrible.

Por mi cuenta, no me había percatado de esto, pero decidí trazar un plan, por lo bien putilla que soy, ya tenía en mente algunas cosas.

Al otro día al llegar Guillermo a casa, como siempre se ponía en la compu con mi hermano, navegaban por internet, y cosas así. Llegó la hora de tomar la merienda y pude ver como Guillermo, posaba su mirada en mis pechos descaradamente, a lo que atiné a sentarme junto a él.

Y pude descubrir que su mirada en mis turgentes pechos no era lo único que le pasaba a este jovencito, sino que también estaba empalmado, esto me dejó atónita, pues parecía que su pija tenía un tamaño considerable, entonces me dispuse a poner mi plan en marcha.

Guillermo era unos años menor que yo, y la idea de tener a este joven entre mis piernas, me enloquecía, debo confesar que siempre me han gustado los jóvenes, más chicos que yo, cuando cursaba el secundario, los autobuses se llenaban, y yo allí intentaba que algún jovencillo con carita de morbo, me apoyara su pija en el culo, muchas veces lo lograba, sobaba mi culo contra las pijas de estos, después me bajaba del autobús y me gustaba mirarles la cara de caliente que les dejaba.

Pero con Guillermo era diferente lo tenía al lado mío, en mi propia casa, y sin mis padres que habían salido de compras, era la situación para empezar a provocarlo.

Mientras todos mis hermanos hablaban, en la mesa, y al ver que estaban sumamente concentrados en ello, empecé a acariciarle la pierna a Guillermo, empecé por la rodilla y fui subiendo por sus muslos y entre ellos, fui descubriendo su pedazo.

¡Que pedazo de carne el de ese joven!, atiné a mirarlo a la cara sin soltárselo, y Guillermo, seguía como si nada, hablando con los demás, esto me sorprendió, pues, con los masajitos que le estaba propinando, y que ni siquiera se inmutara, me llamó la atención, ese día todo terminó ahí, pero al despedirse, como de costumbre lo hacía, me dio un beso en la mejilla, pero esta vez acercando su boca a mi oído, me dijo, Vas a tener que hacer un poco más de esfuerzo para provocarme algo.

Eso me provocó, y enojó bastante, así que consideré que la próxima vez le demostraría quien era yo.
Ni tiempo me dio, pues al otro día, recibí un llamado de él en mi móvil, diciéndome, que me invitaba a tomar algo.

Le dije que, que se había creído, que yo era casada, trató de calmar la situación, diciéndome, que la agarrada de mi pija lo había dejado muy caliente, eso me gustó entonces le propuse pasarlo a buscar por su casa, quedamos de acuerdo a la hora y en el lugar.

Pasé a buscarlo por un parque cerca de su casa a la hora acordada, y allí se encontraba, subió al coche, me saludó con un beso en la mejilla, y partimos.

Lo primero que me preguntó, fue a donde iríamos, y yo, soberbiamente, ¿Y a donde crees, A COGER, entonces me contestó que para eso solo era necesario que doble a la derecha, y ya estaríamos listos.
Uffff, ese trayecto tan pequeño hasta estacionar el auto, en aquel baldío, me había mojado toda, con tan solo imaginarme que me iba a comer en mi propio auto.

Sin más vueltas, le bajé el cierre del pantalón, saqué su verga (algo normal), y empecé a masturbarlo, bajaba y subía su capullo frenéticamente, en ese momento me jaló de los pelos y de la cabeza, y me llenó la cara de su pedazo, que a esas alturas había logrado un tamaño bastante considerable.

No lo pensé dos veces y empecé a chupar todo lo que encontraba por allí, huevo, pelo, su pedazo, y todo sin utilizar las manos, como había aprendido, ya que me enseñaron que una verga se debe chupar solo utilizando la boca.

El amiguito de mi hermano cada tanto me agarraba la cabeza, y me la empujaba, contra su miembro, me decía que era una puta de mierda, que era la más golfa de todas, pero a mi no me importaba, todo lo contrario, me excitaba más.

En un momento este jovencito se acordó de que yo tenía que gozar también, y me fue metiendo los deditos por mi concha, y por mi culo, ahhhhhh, que rico me metía los dedos, y más placer cuando me comenzó a lamer. Debido que a mi esposo siempre le había gustado romperme el culito, yo ya lo tenía bastante abierto, y se me notaba a simple vista cuando camino, pues camino muy abierta.

A Guillermo nada le costó meter hasta tres deditos por mi culito, y pidiéndome que me de vuelta, me clavó su verga en mi culito hasta lo más profundo de mis entrañas, ¡que bien se movía este chaval que me hacía ver las estrellas!, y como nunca quedo satisfecha, me empecé a meter mis deditos por la concha.

Me hacía gozar como una ramera con su verga, la movía como un master, yo deliraba de gusto, jamás el torpe de mi marido me hizo gozar tanto, me corrí dos veces, y en mi última corrida mi esfinter le comprimía la verga hasta que me llenó el orto de leche bien caliente.

Ese día gocé mucho con el amiguito de mi hermano, pero como ya les dije, yo nunca quedo conforme, y se lo dije a Guillermo, y este lejos de enojarse, me guiñó un ojo, y me prometió que la próxima vez sería mejor.

Autor: Stephanie

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