UNA DULCE COGIDA CON MI TIA Le enterré mi cara en su conchita, mi lengua estaba extasiada, le chupaba la concha hasta comerme todos sus jugos que brotaban como agua de manantial, mi hermosa tía se vino tres o cuatro veces


Hola a todos, lo que les contaré ocurrió hace ya unos cuantos años.

En una visita que tuve a Puebla, yo tendría unos 18 años aproximadamente, estando tomando unas copas con mi primo, mi tío y unos amigos, llegamos a la casa de mi tía Karla, ya entrada la noche y todos ya en estado inconveniente, salimos a comprar más alcohol ya que se había terminado. Pero al momento de salir, unos chavos que estaban a unas cuadras de la casa de mi tía, comenzaron a buscar pleito, por lo que al ver que éramos menos que el grupo de vándalos, corrimos, todos por diferentes caminos.

Yo, buscando un arma para poder hacerles frente a los jóvenes, regresé a la casa de mi tía, la cual se percató de lo que intentaba, en ese momento me detuvo y me pidió que entrara en su casa, ya estando dentro y sentados, con una copa cada uno, le platiqué lo sucedido. Me dijo que tenía una botella que estaba reservando para una buena ocasión, pero como ya nos había notado muy tomados, prefirió no sacarla en ese momento, y así entre la plática de lo que hacía en mis ratos libres y las novias, comenzó a subir de tono la conversación.

En esos días, su esposo, mi tío político trabajaba en otra ciudad y llegaba a su casa cada fin de semana, por lo que me platicó que tenía la idea de que su esposo estaba con otra persona, a lo que le respondí que era un tonto al tenerla, siendo tan joven aún y con tan buen cuerpo. Debo decir que mi tía, todavía en estos días, tiene unas piernas sumamente bien torneadas, un culo riquísimo y unos labios mordibles, que solo de verlos se antoja una mamada. Por lo que no tardé en imaginar cómo sería que le hiciera el amor a la hermana de mi propia madre.

Creo que mi tía también lo imaginaba porque comenzó a abrir y cerrar las piernas, cada vez con mayor insistencia, aunque yo no me animaba a dar el primer paso, por lo que al terminarse la botella decidimos ir a dormir, yo me despedí pero me sugirió que mejor me quedara esa noche, puesto que los chavos esos que se reunían cerca de su casa podían seguir ahí, yo accedí y me destinó una habitación. Ya para entonces, con las copas encima, la platica y viendo las reacciones que había tenido mi tía, ya estaba bien caliente, por lo que me metí a la cama sin nada encima, para poder acariciarme la pija, de momento, una idea loca me entró a la cabeza, pensé que podía intentar algo, a ver si resultaba.

Me levanté, solo con unos bóxers, haciéndose notar mi paquete por lo recto que estaba, me aproximé a su habitación, con la respiración agitada, no sabía que podía pasar pero ya era más mi excitación que mi temor por lo que resultara, toqué a su puerta, sus hijas (mis primas) que eran muy pequeñas ya estaban dormidas en sus respectivas recámaras. Mi tía, preguntó quien era, le respondí que era yo, que deseaba platicar con ella, me dijo que pasara, y al abrir la puerta, cual fue mi sorpresa al verla desnuda, levantando su sábana para pedirme que me acostara junto a ella para poder platicar mejor, en eso mis ojos saltaron de gusto al ver tremendos senos, riquísimos, grandes, redondos, y un monte de Venus repleto de vello público, me recosté y de inmediato me jaló de los cabellos para restregar mi cara en sus adorables pechos.

Yo, de inmediato los mamé, los mordí y los jalaba con mis manos, al mismo tiempo de comenzar a acariciar su vagina, la cual para entonces ya estaba más que empapada, parecía que se había orinado, sus sábanas estaban mojadísimas, me dijo que aún cuando su esposo llegaba los fines de semana, en ocasiones ni la tocaba, y cuando lo hacía era muy rutinario, por lo que deseaba probar más verga. Yo le besaba los pechos, le metía tres dedos en su bizcochito y con otra mano le agarraba las nalgas, que son más que excelsas, grandes, morenas y con un aroma a sexo que nunca había percibido en otra mujer.

Ahí estaba yo, haciéndole el amor a mi tía que desde niño causaba en mí ideas morbosas y que hizo que me masturbara muchas ocasiones, oliendo su sexo tan rico, lo juro, nunca he vuelto a tener esa sensación, de sentir esa química que se necesita para poder decir, me voy a conocer ese coño tan exquisito.

Le abrí de piernas, le enterré mi cara en su conchita para saborearla por casi una hora, mi lengua estaba extasiada y por eso recurrí a chuparle la concha hasta comerme todos sus jugos que brotaban como agua de manantial, de verdad, no me canso de decir que aquello olía muy rico, yo creo que algunos de ustedes me entienden, lo que es que una mujer te pida sexo oral y que su olor no sea del todo de tu agrado.
Así, mi hermosa tía se vino tres o cuatro veces, yo estaba más borracho por el delirio que me causaba todo ese ambiente, cuando ya sentía que me venía solo de mamársela, le coloqué mi miembro que ya estaba babeante y de un jalón se lo dejé ir, todo, así después de 10 minutos aproximadamente ya no aguanté más y terminé dentro de ella, sin importar que no tenía preservativo en ese momento y que ella estuviera en sus días fértiles.

La locura era tal, que ni los gritos le importaron a mi tía, pues podían despertar a sus hijas, pero ella gozaba y me repetía que era un sueño hecho realidad, ya que me confesó que desde hacía unos años también fantaseaba conmigo…

Yo no podía parar, así que mi verga que es de tamaño normal pero con una cabeza muy grande y gruesa, le dije que yo quería meterle mi pito por su culo, se volteó boca a bajo y me dejó a mi libre albedrío todo su enorme y suculento culote, que también despedía un aroma fenomenal, nada más de verlo mi pija se puso como acero, le besé cada centímetro de sus nalgas, las lamia, las mordía y al abrirlas vi un ano igual de delicioso que todo lo demás de mi tía.

Comencé la labor, le metí un dedo, aprovechando sus propios jugos lo moje para dilatarlo, estaba tan mojada que no me costó trabajo meterle –otra vez- tres dedos, cuando ya estaba suficientemente dilatado su ano, le puse mi cabezota, le pregunté si no la lastimaba y me respondió que si, pero que estaba sintiendo tan rico que no le importaba, que se la metiera toda de una vez, se la empujé y ella volvió a gritar de placer, me dijo que sentía ganas de cagar, pero era porque se estaba viniendo como nunca antes.

Así pasamos, casi al amanecer, descansando claro, pero por ratos, pues despertábamos y lo único que queríamos era seguir cogiéndonos, saborear nuestros sexos y gozar de esa maravillosa locura.
Después de eso, ya nunca lo repetimos, hasta el momento, pues se divorció, se volvió a casar, pero al parecer ya necesita otro desliz ya que sigue igual o más de sabrosa.

Autor: Alberto

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