ELENA Y MI PANDILLA DE AMIGAS Jamás había sentido un falo tan enorme dentro de mí, sentía como las paredes de mi vagina se estiraban. Me lo metió y me lo sacó. Tuve 2 ó 3 maravillosos orgasmos consecutivos


Saludos a todos, me llamo Elena y tengo 40 años. Soy una mujer normal, casada con tres hijos que en realidad poco hace por salir de la rutina diaria. Aunque no soy ninguna belleza, pienso que me conservo lo suficientemente bien como para aún girar cabezas en la playa o en la piscina. Hace un tiempo, mi pandilla de amigas y yo decidimos irnos de vacaciones solas a celebrar los cumpleaños de dos de ellas. Mi marido como es bastante liberado, accedió al plan y junto con los otros 3 maridos se quedaron en nuestra ciudad con nuestros respectivos hijos.

Como punto de destino escogimos Galicia. Tanto como destino astronómico como destino cultural. Pensamos pasar unos días tranquilos alejadas del mundanal ruido y sobre todo con tiempo para disfrutar entre nosotras.

El primer día, llegamos a Santiago de Compostela, y luego de acomodarnos en un hostal de la zona, decidimos salir a cenar y a tomar unas copas. Como hacía mucho tiempo que no estábamos solas, la libertad nos hacía sentir más relajadas y con ganas de pasarlo bien. Nunca pensé que después de 10 años de matrimonio esta noche sería muy significativa, ya que por primera vez sería infiel a mi marido. Nos vestimos de acuerdo a nuestra edad, ni muy monjas ni muy provocativas. Yo llevaba una falda de esas que se amarran en la cintura y una blusa de tirantes.

Como no tengo los pechos demasiado grandes, puedo permitirme el lujo de llevar ropa pegada al cuerpo. Me puse unos zapatos cómodos y nos dirigimos hacia un restaurante. Ya en el restaurante cenamos bastante bien y los vinos empezaban a afectarme de manera sutil.... me sentía contenta y relajada... como si nada más existiera en el mundo, solo yo. Luego nos dirigimos a un lugar de baile donde la mayoría de las personas eran más o menos de nuestra edad... no me gustan las discotecas por que por lo general están llenas de jovencitos que solo buscan tocarte el culo cuando te descuidas.

El lugar estaba bastante obscuro. Pero al sentarnos a una mesa nos dimos cuenta que justo delante de nosotros había un grupo de chicos de más o menos nuestra edad. Cuando la gente empezó a bailar, uno de ellos se acercó a nuestra mesa y muy educadamente pidió a mi amiga Nuria para bailar. Ella accedió y esto dio carta blanca a los otros dos para pedirnos bailar a Antonia y a mí. El chico que me pidió a bailar, era un hombre de unos 40. Un poco calvo, más bien rellenito, pero con una mirada muy tierna.

Después de bailar nos invitaron a una copa y nos sentamos los seis para charlar un rato. Su nombre era Carlos, estaba casado y tenía dos hijos. Estaba en Santiago por motivos de negocio, pero vivía en Madrid con su mujer. Empezamos a hablar de cosas y terminando hablando de relaciones con nuestros respectivos cónyuges. Yo llevaba unos meses de no comer nada con mi marido y empecé a sentir una exquisita humedad en mi vulva. Poco a poco el roce se convirtió en preludio de sexo y a la tercera canción su mano que antes se posaba sobre mi espalda, había descendido para delinear el elástico de mis bragas acariciándome los glúteos. Para entonces mi vulva estaba completamente mojada y antes de sentarme me excusé y fui al servicio a limpiarme.

Al entrar al servicio me di cuenta de que mi vulva estaba completamente hinchada, el clítoris me palpitaba y la humedad era más de la que yo pensaba. Me limpié con un trozo de papel higiénico y decidí que era hora de marcharnos. Al volver a la mesa me di cuenta que Carlos estaba solo. Al preguntar por mis amigas, me dijo que habían salido al aparcamiento a tomar un poco de aire. Me preguntó si quería salir a dar un paseo y yo sin pensar dije que vale.

Salimos del local y justo al darme la vuelta para preguntarle donde habían ido mis amigas, me dio un beso en la boca que me hizo vibrar como una chiquilla de 15. Al principio quise cerrar la boca, pero su lengua impasible se abrió campo en mi boca y cuando me di cuenta su lengua exploraba mi cavidad bucal con desenfreno. Nos besamos por lo que parecía una eternidad y luego caminamos en silencio por las obscuras calles de Santiago. Caminando vimos un porton abierto, él entró a ver que había.

Al entrar me tomó de la mano y prácticamente me arrastró dentro del lugar que parecía el zaguán de alguna casa antigua. Nos dimos cuenta que era una casa antigua que estaba en proceso de remodelación y que alguien se había dejado el portón abierto. Entramos y antes de reaccionar otra vez me besó, esta vez su mano se posó en mi culo, acariciándolo y apretándolo. Su pene estaba tan duro que sentía que me quemaba al rozar mi vulva. Mi sexo gritaba de excitación y la humedad empezó a bajarme de tal manera que sentía gotas en mis piernas. Como mi falda era de aquellas que se amarraban en la cintura, pronto encontró la raja que permitió que su mano penetrara mi intimidad y sentí como sus dedos exploraban mis glúteos.

Poco a poco fueron encontrando la entrada a mi vagina y de repente mi cuerpo fue penetrado por unos dedos llenos de deseo. Sin decir nada me metió un dedo, luego otro. Mi excitación era tal, que pensaba que podría meterme la mano entera y yo no me quejaría. Era una sensación deliciosa tener unos dedos extraños dentro de mí. Para entonces mis pechos habían sido liberados del sujetador y Carlos jugueteaba con mis pezones entre sus labios. Solo quería sentir su pene erecto dentro de mí y sin pensarlo más le susurré en el oído...fóllame.

Buscó un lugar donde apoyarme, y me quitó la falda. Aún tenía puestas mis braguitas de encaje blanco las cuales dejaban escapar mi vello suave por los lados del elástico. Se arrodilló frente a mí y deslizó su lengua en mi vagina. Exploró cada centímetro de mi raja húmeda e hinchada. Empezó a introducir su lengua dentro de mi vagina como si quisiera follarme con ella y yo al punto del orgasmo no quería saber nada, solo quería sentir su polla dura dentro de mí. Supliqué otra vez que me follara y sin decir nada se sacó un enorme pene de sus pantalones y empezó a introducirlo dentro de mí poco a poco.

Jamás había sentido un falo tan enorme dentro de mí... era tan grueso que aunque estaba empapada, sentía como las paredes de mi vagina se estiraban hasta el punto del dolor. Me lo metió y me lo sacó por lo que me pareció una eternidad. Tuve 2 ó 3 orgasmos consecutivos y cuando no podía más, sentía ningún sentimiento de culpabilidad. Pensé en mi marido, en mis hijos durmiendo plácidamente mientras que un pene extraño se posaba dentro de mis entrañas. Volvimos al hotel y caí exhausta en la cama.

Al día siguiente mis amigas bromeaban al decir que mi aspecto se veía más relajado... Se preguntaban que había pasado entre Carlos y yo que estuvimos alejados del local por más de una hora. Yo sonriente, contesté que habíamos paseado, tomado un café y conversado sanamente.

Esa fue la primera vez que en un momento de pasión, fui infiel al hombre de mi vida. Puedo decir, que jamás sentí un sentimiento de culpabilidad y que es más, pensé que esta experiencia despertó en mí un ser sensual que jamás antes había salido. Esa semana fue inolvidable. Nuestro viaje estuvo lleno de experiencias sensuales no solo para mí, para mis dos amigas también, pero esa será otra historia. Aguardo vuestros votos. Gracias... Besos a todos...

Autor: ElenaCSD38 elenacds38 (arroba) yahoo.es

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