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Relato Erótico: Buenos días con gemidos 2

Me acerqué al probador, había una chica que me dijo que ya le había pasado la talla correcta, que si necesitabamos algo le gritaramos, acto seguido se fue. Dejándonos solos.

Toqué a la puerta del probador, le dije a Sol que era yo, me abrió y lo que ví me dejo sin aliento, el liguero le quedaba mas que perfecto, se veía como toda una reina porno. Mi reina porno. Sentía como me comenzaba otra erección y cuando me acerqué a ella y la tomé por la espalda, le dí un arrimón que se lo hizo saber. Le dije que ahora se pusiera el de colegiala. Después de unos minutos me llamó de nuevo y me preguntó que me parecía. Yo estaba boquiabierto, que deliciosa cadera y que buenas nalgas se le notaban con ese atuendo. No pude menos que hincarme y besarle las piernas y las nalgas, la empiné y comencé a lamerle la vagina, metiendo mi lengua, tenía pocos pelitos en la pucha pero de todas manera tenía ganas de depilarsela toda, yo seguía con mi plan, era todo o nada. Yo iba por todo. Seguí lamiendo un rato mas hasta que comenzó a gemir otra vez. Me detuve, ella se volteó se hincó ante mi, me bajó el cierre y me dió la mamada de verga mas rica de toda mi vida, Sol estaba irreconocible, mamando hasta el fondo, pasandose la verga por toda la cara, lamiendome la cabecita, masturbandome, en fin, yo estaba en la gloria, así siguió hasta que alguien llamó a la puerta. Era la chica del probador. Le dije que el problema de ese disfraz es que no trae panty, así que le pedi que nos trajeran un panty negro, de hecho les pedí una tanga de hilo dental negra para que se la pusiera. Eso nos dió tiempo para que ella se volviera a cambiar (enfrente de mi, por supuesto) y nos preparáramos para ir a bailar. Cuando le trajeron el panty negro, salí del probador y fuí pedirle al encargado un rastrillo para afeitar y me dió un paquete con cremas para antes y después de afeitar, rastrillo para mujer y una toalla. Le pedí que lo incluyera a la cuenta. Para terminar le solicité un paquete para relizar limpieza de recto y ano, afortunadamente tenían uno, de hecho el último. Yo iba por todo con Sol. Mientras llegaba Sol, le solicité al encargado que agregara la ropa que acababa de probarse y que todo lo pusiera en una bolsa cerrada. Cuando por fin me alcanzó Sol, me pregunto que era esa bolsa, le contesté que una sorpresa, que luego le platicaba. Regresamos por el carro al restaurante y nos dirigimos a nuestro siguiente punto en la lista de mi plan.

La siguiente actividad del plan era ir a bailar, pero en realidad era una cena-baile y se llevaría en un hotel muy famoso que hay en mi ciudad. Ya tenía lista la reservación de una suite en el piso 8, solo lo mejor para esta ocasión. Cuando llegamos al hotel, estaba muy emocionada, yo estaba mas. Me dijo que iría al tocador, que necesitaba maquillarse y darse una “manita de gato”, ya saben, cosas de mujeres. Le comenté que mientras ella estaba en el tocador yo iría a dejar el paquete en recepción. La realidad es que lo que hice fue el registro de llegada al hotel y me dieron la llave de mi habitación; de inmediato subí a dejar el paquete en la suite. Bajé para esperar a Sol en el lobby, cuando aparecío, no cabía en mi asombro, se veía radiante.

Entramos al salón donde se llevó a cabo la cena-baile, la velada transcurrió de lo mas tranquila y amena, a partir del momento en que nos sentamos a la mesa, ella era mi novia. Nos besabamos, le acariciaba la pierna, el hombro, mordía su oreja, nos tomabamos la mano, nos sentíamos de maravilla. Como es de esperarse, solicité mas vino y la comida (de nuevo) fueron de nuevo frutos del mar. Terminó la cena y comenzamos a bailar desde la primera canción, esto fue cerca de las 22 hrs., aproximadamente a la 1 de la mañana, decidimos retirarnos, no sin antes haber bailado tres piezas calmaditas abrazados y besándonos. Cuando se dirigía al lobby le pregunté:

– Sol, ¿a donde vas?
– Pues cada quien a su casa, ¿no?
– No, hoy tu casa no está fuera de este hotel.- se quedó mirándome como extrañada.
– ¿Cómo?, no te entendí – me dijo con su carita de desconcierto.
– Hoy eres mi novia, y vivimos en la suite 803. – Sonrió al momento, pero de inmediato se puso muy seria.
– Mira Edmundo, te agradezco todo lo que has echo por mi hoy, me la he pasado muy bien, pero yo creo que ya debemos irnos.
Ese comentario me dejó helado
– ¿Por qué Sol?
– No se, yo… no se.
– Sol, mereces disfrutar esto y mas. Mira, hagámos un trato, dame 30 minutos allá arriba, si en esos 30 minutos no te sientes agusto y decides que debemos irnos, así lo haremos. No digas no a algo que aún no conoces. ¿Se puede, 30 minutos?
– De acuerdo, solo 30 minutos.
– 30 minutos… (pensé que eso era suficiente para convercerla de pasar todo el día allí).

De la mano, tomamos el elevador y subimos al 8o piso, y después caminamos a la suite 803, al entrar, vimos que era bastante grande, con jaccuzzi y comedor. Sobré el buró estaba la bolsa negra con todos los juguetitos y las “sorpresas”. Lo que hicimos fue sentarnos en la mesa del comedor, dejó su bolsa de mano sobre la mesa y acto seguido tomé su mano y le pedí que fuera mi novia. Este gesto provocó una carcajada de parte de ella con lo cual se aligeró muchísimo la tensión del momento. Le dije:

– Te propongo lo siguiente, si pasas lo que queda de la noche y el próximo día conmigo, te juro que te haré cosas que ni te imaginas y no sentirás mas que placer desenfrenado. Cumpliré todos tus deseos. ¿Te gustaría? – Mientras se lo decía me acercaba más y más a su cara, buscando un beso.
– Sí – me respondió mientras nos besabamos.

Después de un par mas de besos le propuse darnos un baño, pero antes, tenía que hacer algo de suma importancia, le tenía que rasurar la vagina a Soledad.
Lo primero fue quitarle el vestido y su bra, y eso fue genial porque pude morder todo su cuerpo mientras la desnudaba, sus senos, sus nalgas, sobre todo sus piernas.
Fuí por una toalla al baño y la senté en la cama sobre la toalla, y saqué de la bolsa el equipo para depilar, Sol no sabía de que se trataba, cuando lo vió no supo que decir, pero se dejaba llevar y eso era lo importante. Le fui quitando la tanguita poco a poco mientras acariciaba su panochita. Cuando terminé de bajar su tanga negra, metí mi cabeza entre sus piernas y comencé a mamar esa vagina de ensueño. Pude comprobar que efectivamente era castaña clara natural. Empezó a gemir,así que decidí seguir hasta que tuviera su orgasmo y así fue, de pronto sentí que sus piernas comenzaron a temblar, entonces metí un dedo y tallé su punto G para que terminará a gusto.

Ya mas relajada, llevé otra toalla mojada y comencé por ponerle crema para afeitar en todos sus pelos, y empecé a rasurar la panochita, el rastrillo lo iba limpiando con la toalla, fue algo relativamente rápido, no me llevó mas de 10 minutos, lo que es un hecho es que al final Sol estaba empapada en sus jugos, chorreaba mucho, estaba muy excitada. Puse un poco de la crema para después de afeitar y dejé que se acostumbrara a la sensación.

Le propuse que nos dieramos un baño, ella aceptó, pero me dijo que tenía que pasar al baño primero. Pensé para mi mismo “mejor todavía”, mi plan estaba siguiendose al pie de la letra. Le agradecí a mi Dios del sexo. Cuando escuche la descarga del inodoro, entre al baño con el equipo para la limpieza del ano y del recto. Cuando vio el equipo no salía de su asombro.

– Vamos a tener sexo anal, pero como debe de ser. – le comenté.
– Oye, nada mas con cuidado, porque nunca he tenido sexo anal.- me dijo en tono de advertencia y súplica al mismo tiempo.
– No te preocupes, confía en mi, además hoy eres mi esclava y te ordeno recibir todo el placer carnal que te sea posible. – como respuesta solo se rió.

La acomodé de frente a la caja del baño sobre el inodoro, con el ano hacia mi, la empiné un poquito y puse un poco del lubricante en su entrada, deje que hiciera efecto mientras llenaba el émbolo con agua. Ella me veía con cara de extrañeza, no sabía que seguía. En un momento lo supo, le levanté un poco el trasero y le introduje con cuidado la punta del émbolo en su ano, se quejó un poco, pero pronto comenzó a disfrutar la sensación de agua entrando en su recto. Rellené de nuevo el émbolo y lo volví a meter, y de nuevo otra descarga de agua.

– Ya no aguanto, salte para que pueda hacer del baño – me dijo Sol, un poco apenada.
– No mi reina, no me voy a salir, tengo que dejar ese culito muy limpiecito. Me propuse que ibas a gozar como nunca y así será, confía en mi.
– Es que me da pena – esta vez, la ignoré. Llené de nuevo el émbolo y le volví a introducir una descarga de agua en su interior. Esta vez ya no aguantó y aventó al inodoro una evacuación de agua sucia con el contenido de su recto y su intestino. Repetí el procedimiento 3 veces más. Esta vez el agua salió prácticamente limpia. Una descarga más y quedó lista. Cuando limpié con una de las toallas el agua restante, y dejé bien seco todo su culito, me la llevé a la cama y comencé a lubricarlo y no solo su culo sino que también puse aceite en sus senos, vagina, cuello y piernas, para que toda ella fuera entrando en calor, en los puntos importantes. Pero lo que me importaba era terminar de estimular ese culito antes de meternos a bañar.

Comencé por ponerla de a perrito y sobar cerca de 5 minutos el esfínter, al mismo tiempo, con la otra mano, le acariciaba la espalda, para que se relajara. De pronto introduje mi dedo meñique en su culito, afortunadamente compramos la botella grande de lubricante, porque ocupamos muchísimo, de hecho, casi nos la terminamos. Después del meñique continúe con el dedo anular, siempre lubricando, alternaba con besos y mordidas en sus nalgas y por supuesto, mi lengua dentro de su ano. Mientras metía todo el anular en su orto, mi lengua hacía lo suyo al rededor del esfínter. Cuando sentí que mi dedo giraba sin problema, saqué el vibrador de plástico de la bolsa y después de lubricarlo, empecé a meterlo poco a poco, primero 5 centímetros, después ya le estaban entrando 10. Entre el lubricante relajante y la vibración del juguete, de pronto ya le estaban entrando los 15 centímetros del vibrador hasta la base, que era de unos 4 centímetros de ancho. Todo marchaba sobre ruedas o ¿debiera decir, sobre lubricante? Tomé el otro consolador, el de forma de pene y lo introduje en su puchita recién rasurada, esa era una imagen hermosa, mi amante con sus dos hoyitos rellenos y vibrando. Le saqué el vibrador de la vagina y se lo empecé a meter en su culito, poco a poco, con suficiente lubricante, primero entró la cabeza y después fue resbalando hasta llegar a la base, que era mas gruesa que el otro y bueno, este consolador es mas duro también. Sin darme cuenta había invertido cerca de 45 minutos estimulando y penetrando su ano, pero había valido la pena, el vibrador estaba entrando y saliendo como si tratara de una puta profesional. No resistí la tentación, así que mientras la masturbaba analmente, le metí la verga en su puchita y les aseguro que la sensación de sus labios rasurados es maravillosa, y a esto súmenle que se sentía la vibración del consolador que tenía en su recto entrando y saliendo.

Los gemidos de Sol comenzaron a ser más entrecortados, empezó a arrugar las sabanas de la cama y a estremecerse, estaba a punto de tener un orgasmo anal, así que me incliné sobre su espalda y le dí una mordida en la nuca que provocó un grito y un espasmo vaginal que casi me hizo venirme y casi expulsó el consolador con forma de pene de su interior de su culo.

Se tumbó sobre las sabanas, desfallecida, momento que aproveché para retirarle el consolador y deleitarme unos minutos metiendo y sacando mi lengua de su culito, que delicioso sabía. Ya que estaba un poco mas repuesta, la volví a poner de perrito y aproveché para sacar de la bolsa del sexshop las bolitas con el cordel, les dicen bolas thai creo. Después de lubricarlas, y de volver a lubricarle el culito, fui introduciendo las 6 bolitas, que para este punto entraron sin tanta complicación, dejando afuera el soporte para poderlas sacar. La puse boca arriba en la cama y le besé todo el cuerpo, principalmente sus senos. Ahora, estábamos listos para darnos un baño, así que me desnudé por completo y nos metimos al baño.

Continuará

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