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Relato Erótico: Como mi mujer dejó de ser una estrecha

Esta es la historia real de cómo preparé la relación sexual de mi mujer, María, con su sobrino Román que costó varios meses pero que culminó muy bien. Yo siempre he sido lo que llaman un “cornudo consentido” debido a que mi sexualidad es muy fuerte, mi mujer tiende a la rutina sexual debido a una educación represiva en ese aspecto, llegó virgen al matrimonio muy a pesar mio, aunque virgen significa no penetrada por un pene (yo lo mas que pude conseguir es meterle la punta del pene en muy contadas ocasiones y creo que otros lo mismo o más…) pero si por dedos, lenguas y todos los magreos, toqueteos, sobeos y pajas en coches, camas y cualquier otro sitio que imaginar pudierais, esa era su mentalidad de joven y con total tozudez la mantuvo hasta la boda, aunque yo siempre he mantenido mis dudas sobre su supuesta virginidad ya que fue tocada, sobada y pajeada por diversos hombres en su tierna juventud.

A mi no me importa compartirla y que otros disfruten y la hagan disfrutar ya que cuando hace algo extra se vuelve medio ninfómana, le supura la sexualidad y la calentura por cada poro de su cuerpo hasta el punto de que en uno de esos momentos yo mismo he presenciado como se iba al cuarto de baño de una caseta en la Feria de Abril y volver sin bragas ni sujetador, para mas tarde verla besándose con uno con el que estuvo bailando sevillanas con mucho roce y mucho toqueteo, mientras que le metía la mano por debajo de la falda y le acariciaba su conejito y sus tetas en un rincón oscuro de una caseta, en esas épocas es cuando mas he disfrutado en mi relación con ella, ella disfruta, yo disfruto y otros disfrutan, es una situación muy buena. Mi mujer, en resumen, en unos momentos es una estrecha reprimida y en otros es una ninfómana y yo prefiero a la ninfómana aunque me pese un poco más la cabeza pero no podéis haceros una idea de cómo folla, que es capaz de hacer, como va provocando, es… algo indescriptible y el precio es muy bajo.

Físicamente es muy finita, pechos pequeños, de esos que caben en una mano o en la boca, pezón siempre de punta, piernas bien torneadas y un culo glorioso, ni grande ni chico, perfecto en su dimensión, en su textura prieta, en su movimiento al andar, en fin un culo para ser comido, tocado y penetrado. De cara es guapa sin ser espectacular ya que sus rasgos son suaves. En la época que cuento tenía 34 o 35 años.
En esa época íbamos todos los domingos a comer a casa de su madre viuda, también iba una tía ya mayor y también iba Román, que en esa época era un chico de unos 18 años y se iba haciendo grande, de vez en cuando lo descubría mirándole el culo o el escote y se situaba estratégicamente cuando se agachaba por algo para mirarle las tetas, o sea que se ponía muy caliente cuando le miraba. Eso me dio la idea para preparar ese paso adelante en nuestra vida sexual, ya que por aquella época estaba como muy parada, conformista, rutinaria sexualmente y esto podía ser un acicate.

Lo primero que hice fue pedirle, insistentemente, que los domingos para ir a casa de su madre no usara sujetador ni bragas, que usara camisa y que se quitaras el primer botón de la camisa, para cuando se echara hacía delante se le vieran las tetas. Poco a poco aceptaba todo lo que te pedía, aunque con cierta dificultad ya que no se explicaba ese repentino interés por que no usara ropa interior los domingos, aunque simultáneamente también había comenzado otra campaña para que enseñara las tetas en su trabajo ya que en aquella época trabajaba cara al público y eso también ayudaba. Llegó el día en que no tenía que decirle nada y se vestía así por su cuenta.
Lo siguiente fue pelearme en broma con su sobrino tirándonos por el suelo para intentar tirarla con nosotros para magrearla y toquetearla pero no había forma de conseguirlo pero, por lo menos, le mirábamos por debajo de la falda y veíamos los pantys sin bragas. Esto me dio otra idea pedirle que se pusieras medias en vez de pantys, todo ello pensando que la podíamos ver con medias en vez de con pantys, como otras tantas veces la vimos.
Domingos después de aquellos juegos que normalmente eran al final, a la hora de irnos, cuando ya se había ido su tía, ese domingo antes de comer la llevé a la salita y allí estábamos preparados para “luchar” con ella, nos tiramos encima de ella en el sofá los dos, agarrándola de todos los lados, tocándole las tetas, los muslos, todo hasta que caímos en la alfombra, cada uno en un lado agarrándole los brazos con la intención de desabrocharle los botones de la camisa, abrírsela y cogerle las tetas en directo y si iba la cosa bien chupárselas, además con la lucha yo le había subido la falda hasta la cintura y le acariciaba los muslos y su húmedo coñito por encima de los pantys, le cogimos las tetas, le quité el primer botón de la camisa pero, no se como, se escapó, se soltó y se puso de pie, ya de pie dijo con cara de cachonda “¡ me he escapado!” Y añadió mirándome “mira como me has puesto”, ni enfado ni reproche ni nada. Mi intención era que le hubiéramos quitado todos los botones y le hubiéramos abierto la camisa totalmente, se las hubiéramos cogido, chupado y también le hubiéramos metido mano en los muslos, le hubiéramos quitado los pantys y al final se la hubiéramos metido uno detrás del otro y además de uno por delante y otro por detrás.
Como la cosa iba muy bien e iba aceptando todo lo que iba pasando cada vez de mejor grado es por lo que algún domingo después me traje a su sobrino a mi casa con cualquier excusa para enseñarle las fotos de María desnuda, tengo una gran cantidad en todas las posturas y le expliqué que le iba a proponer que se acostara desnuda y que él iría a “despertarla”, le expliqué como la tenia que tratar, como le tenia que acariciar la clítoris, como podía avanzar en función de sus reacciones, cuales eran los signos que delataban que la podía follar, como le gustaba que la follaran, como le gusta que la besen y la besen hasta déjala sin respiración, como le encanta cabalgar, como le gusta que se la metan por detrás, como le gusta que le coman el coño y como le gusta una mamada y como le gusta todo de todo y además es multiorgásmica. Mientras había iniciado con ella la campaña para que se acostara desnuda y que iba a recibir una agradable “visita”, que así podría enseñarle a su sobrino todo lo sabía, al comienzo fue ni pensarlo, después me da mucha vergüenza y al final fue si, todo con bastante facilidad para lo que ella suele ser.
Mientras, para que yo me conformara y desistiera, le enseñaba mas las tetas a su sobrino, se rozaba mas y hasta un día llegó a ponerse las medias para cruzarse y pararse por encima de nosotros que estábamos en el suelo, que hartón de coño. Pero curiosamente lo que conseguía era ponernos mas calientes todos, incluida ella, y tener mas ganas de lo otro.
El domingo de marras dijo que estaba muy cansada, que había dormido mal esa noche y que iba a dormir un rato de siesta y que la despertara una hora después y se fue al dormitorio, se desnudó y se acostó sobre la cama sin taparse, yo, que había encargado a Román que despertara a María a una hora determinada, la estaba viendo por los visillos que tiene la puerta que es de cristales en la parte alta, con un visillo lo que permite por una rendija ver todo lo que pasa dentro sin ser visto, luego yo me metí en una habitación que hay en el mismo pasillo justo al lado, me acosté en un sofá y la puerta del pasillo al salón comedor estaba cerrada con lo que las demás personas no veían lo que pasaba en dicho pasillo y en la puerta del dormitorio. Cuando llegó la hora Román entró en el pasillo cerró la puerta del comedor y se fue hacia el dormitorio, yo lo vigilaba por una rendija, se quedó en la puerta, tomó ánimo y entró, salí disparado para ver lo que pasaba y lo que pasó fue que entró, se acercó a la cama y se quedó mirando, se acercó a la cabecera de la cama la miró a la cara y le rozo una teta, como no reaccionaba, parecía estar muy dormida, le volvió a tocar la teta y como seguía igual, le cogió las dos, luego se animó y empezó a comérselas, a lamérselas y comenzó a meterle un dedo, como yo le había enseñado, hacía la clítoris, cuando comenzó a acariciarla empezó a abrir las piernas y a agitarse pero con los ojos cerrados, él le daba en la clítoris y en la vagina, le comía las tetas y se iba quitando la ropa hasta quedarse totalmente desnudo con la verga en la mano.
Le abrió las piernas y ella, por supuesto, se dejó hacer, estaba agarrada a las sabanas y gesticulaba mucho, pero seguía con los ojos cerrados, él tenia el nabo en una mano y su coño en la otra, era el momento en que tenía que decidir si se la metía o no, por que ella estaba en ese momento en que no es capaz de negarse a nada, en ese momento hubiera podido hacer con ella lo que hubiera querido, decidió que lo mejor era dejarse la polla en paz, ya que estaba a punto de reventarle y dedicarse a comerle el coño a ella, antes de tres minutos tuvo un orgasmo frenético, luego él se puso encima, ella abrió los ojos y le ayudó a metérla por inexperto, él la comenzó a besarla en los labios como yo le había dicho, sin dejarla en ningún momento, casi sin respirar, mientras se la metía y sacaba y se corrió muy pronto, inmediatamente ella se bajo de la cama y comenzó a chupársela con tanta intensidad que antes de cinco minutos se había corrido en su boca, ella se deleitaba tragando todo el semen e inmediatamente comenzó de nuevo a chupársela y cuando se la enderezo lo cabalgó hasta un nuevo orgasmo mutuo, el se levantó, vistió y salió del dormitorio media hora después hecho un hombre, era su primera experiencia, muy trabajada, a partir de ese momento se le abrían horizontes magníficos.
A los diez minutos apareció ella por el comedor, después de haber pasado por cuarto de baño, un poco agitada todavía y un poco colorada, como cuando la follan o similar y además estaba radiante. Todo el mundo se dio cuenta de algo había pasado, había sido un tiempo excesivo, mi suegra miraba a su hija y a su nieto con curiosidad y luego a mi de forma picara para volver a mirarlos a ellos, sé, algunos años después hablamos de ello, que se dio cuenta de que había pasado algo gordo entre ellos pero no sabía qué y me lo preguntó, yo le dije que habían follado y curiosamente no le pareció mal a pesar de su educación represiva, solo le preocupaba si tenían cuidado para no quedarse embarazada, presuponía que seguían acostándose, lo que me hizo pensar que mi suegra era como su hija que necesitaba algunos incentivos para ser una ninfómana y lo que hice es la prueba definitiva que fue irme al cuarto de baño, desnudarme con la puerta abierta y meterme en la ducha, llamarla y pedirle que me enjabonara la espalda, ella ni lo dudó, me enjabonó entero, pero esa es otra historia .
A partir de ese día solo en una ocasión, estando sentados en una mesa camilla con brasero eléctrico y la falda de la camilla tapándonos las piernas, vi como Maríase sentó junto a él, se pegó a su silla lo mas que pudo, disimuladamente se subió la falda y Román metió las manos bajo la camilla para calentárselas y bien que se las calentó en la entrepierna de ella que al no poder resistir el placer se levantó se fue a otra habitación y llamó a su sobrino para que la ayudara con una cosa, no se si se la metió pero a los diez minutos salió colorada y contenta y él se fue al cuarto de baño, en otras ocasiones noté un cierto toqueteo, aparecer los dos de una habitación un poco mas agitados de la cuenta, que mi mujer usaba medias en vez de pantys y dejo de usar sujetador y bragas durante años.

Esa noche follamos casi en silencio, solo dijo una frase: “¿Estás contento?” y si que lo estaba, durante años lo he estado. No se si después de aquello folló mas veces con su sobrino pero no me importa, bendito sea su coño aunque sea compartido, ya que eso es lo que la convierte en la mejor amante, la mas viciosa, la más puta de todos los tiempos.

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