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Relato Erótico: Cuestión de tamaño

Mario le sacó la verga, pero para introducirla por el ano de Mónica, se la fue empujando haciéndola jadear, empecé a sentir erecta mi verga, comencé a masturbarme viendo a mi mujer clavada por el culo. Mario se la introdujo tratando de no lastimarla, si es que cabe decir dado el tamaño de su tranca. Ahora si gran puta, me voy a venir dentro de tu culo.

Mi nombre es Luis, tengo 28 años y estoy casado con Mónica desde hace 2 años. Mi esposa es una mujer muy hermosa, mide 1.69, cabello castaño claro, delgada y de buena figura donde lo que más llama la atención son sus piernas largas y bien formadas, su hermoso trasero (ni muy grande ni muy chico), y un par de senos que vuelven loco a cualquiera. Yo soy medianamente atractivo, pero siempre he tenido el complejo de que mi verga no es tan grande como quisiera. Mide solo 14 cms. y no es tan gruesa como algunas que he visto en las películas. Desde que sucedió lo que a continuación les cuento, mi complejo se ha hecho aún más traumático para mí.

La historia que aquí cuento comenzó cuando Carlos, un ex compañero de la Universidad me llamó a mi casa para pedirme posada ya que no vive en mi ciudad y tenía que viajar aquí por razones de trabajo. No le vi ningún problema hasta que llegó con un amigo suyo. El amigo se llama Mario, y la verdad es un tipo de esos que hacen orinar a cualquier mujer cuando entran a un sitio. Mide como 1.82, y tiene un cuerpo que yo personalmente envidio.

No tuve más remedio que dejarles quedarse, Carlos me dijo que solo serían 3 días, y que sentía mucho las molestias que pudiera ocasionar. Le dije que no había problema. Mi esposa esa noche llegó de trabajar (ella es economista y trabaja en una buena empresa), y pude notar como se quedó de una pieza mirando a Mario. Mario también la miró fijamente al presentarse y la situación no me gustó para nada. Esa misma noche mi mujer me dijo en la cama “Está como bueno el tal Mario”, y yo me quedé frío, no supe que decirle. Mi mujer siempre había sido muy recatada, y me sorprendió su comentario. El sábado en la noche se cumplían los tres días que supuestamente mis huéspedes iban a utilizar para hacer sus diligencias de negocios. Durante su estadía me había dado cuenta de que Mario miraba lascivamente a mi esposa de arriba abajo, deteniéndose en sus piernas cuando usaba minifaldas. Ese día Carlos me pidió que los acompañara a cerrar un negocio. Eran como las seis de la tarde y me dijo que no tardaríamos. Los acompañé, y luego para celebrar su éxito nos fuimos a tomar unos tragos los tres.

Resultamos medio borrachos y al llegar a la casa mi esposa estaba un poco disgustada por mi tardanza. Cuando la bese me dijo “Así que estaban tomando?, hubieran tomado aquí”. A lo cual Mario le dijo “Disculpa Mónica, pero teníamos motivos para celebrar, ¿que te parece si brindamos aquí contigo antes de ir a dormir?” Mónica le dijo que no quería tomar, que tenía sueño, pero él insistió y finalmente ella accedió. Nos sentamos en la sala y noté que Mario no dejaba de mirar a Mónica con ojos de lujuria. Mónica tenía un pijama blanco, con botones adelante, a través de la cual se veían perfectamente sus curvas. Estaba tan apetecible que yo no veía la hora de que nos metiéramos a la cama para hacerle el amor. Sin embargo, continuamos bebiendo durante unas dos horas, y los temas de los que hablábamos iban subiendo de tono. De pronto Carlos sugirió que jugáramos a las cartas, y Mario y Mónica estuvieron de acuerdo. Yo me preguntaba donde estaba el cansancio que Mónica había dicho tener.

Comenzamos con juegos tontos, pero a medida que iban aumentando los tragos el ambiente se tornaba cada vez más “ameno”. De pronto Mario dijo “por que no jugamos algo más emocionante, me sé un juego muy cachondo que aprendí hace tiempo”. El juego era el típico “La verdad o te atreves”, donde el que pierde debe decir la vedad a lo que sea que se le pregunte, o bien atreverse a hacer lo que se le pida sin chistar. Yo no quería jugar a nada más que a echarle un buen polvo a mi mujer, pero los demás estuvieron de acuerdo, incluso ella. Tuve que acceder.

Las preguntas y retos iban y venían, cada vez de un tono más subido. De pronto perdió mi mujer y eligió “la verdad”; la pregunta la hacía Mario. Este le dijo “A ver Mónica… sexualmente, que le cambiarías a tu marido?” Mónica se quedó callada por un instante, imaginé que diría cualquier tontería para no hacerme quedar mal, pero me quedé helado cuando dijo “tal vez el tamaño de su pene”. Ellos soltaron una sonora carcajada mirándome con cierta mezcla de burla y lástima. “¿Pero como, acaso no llegas ni a los 15 cms?” me preguntó Mario. Yo no sabía que decir, y fue Mónica quien dijo… “Pues no creo… “y se unió a sus risas alargando mi angustia.

Continuó el juego y como es lógico, yo me sentía muy incómodo con la situación. Luego de otras preguntas le tocó elegir a Mario, y eligió atreverse. Carlos le puso como prueba sacarse la verga delante de todos. “Un momento” me apresuré a decir, “Este jueguito se está volviendo muy pesado, mejor nos vamos a dormir”, pero Carlos me miró como sorprendido y me dijo, “Que pasa Luis, acaso tienes miedo de que te humille cuando lo haga? De nuevo risas de todos, y sin mediar palabras Mario sacó su instrumento por entre el cierre.

Para sorpresa de todos estaba erecto, y no miento si digo que medía más o menos unos 25 cms. El color de su verga era totalmente bronceado, y las gruesas venas la hacían ver descomunal y suculenta para cualquier mujer. Cuando lo vi sacar tremenda tranca miré de reojo a mi mujer, que sin disimular miraba el tolete aquel con cara de puta en celo. Yo la conocía muy bien y sabía cuando una imagen la ponía a mil. “Te gusta?” le preguntó Mario, y la muy descarada le dijo “Mejor guarda todo eso porque se te va a explotar mi vidita”. Yo no sabía que decir cuando lo dijo, me parecía increíble que le elogiara la verga a otro delante de mí.

El juego continuó después de eso y no sé si por mi disgusto empecé a tomar exageradamente, mucho más que los demás. Una de las preguntas que me hicieron fue “Qué era lo que me gustaba más de mi mujer en la cama”, yo ya medio borracho dije que su forma de chuparme la verga, a lo que Mario corrigió “La verguita…”, y nuevamente esas malditas risas que me hacían sentir como un gusano. Lo que más me enfurecía era que Mónica también se reía mirándome con hilaridad. De pronto Carlos dijo que se iba al baño, pero no volvió, ya que se quedó dormido en el cuarto de huéspedes totalmente ebrio (Carlos nunca fue bueno para beber). Destapamos otra botella de whisky, y continuamos el juego los tres; Mario, mi mujer y yo. Yo tenía ganas de darle una lección a Mario, así que comencé a idear un plan.

La oportunidad se dio cuando perdió mi mujer y el reto se lo ponía yo. “Mámame la verga aquí y ahora durante sesenta segundos” -le dije-. Mi intención era mostrarle al peludo aquel como mi mujer me hacía gozar sin que él pudiera hacer nada. Quería que ella lo excitara mostrándole lo que solo yo podía disfrutar. Mario estuvo de acuerdo, y mi mujer un poco cortada al principio se arrodilló frente a mí. Me saqué la verga que estaba flácida y ella comenzó a darle lengüetazos suaves en una forma absolutamente fantástica. Mario contabilizaba el tiempo, y pude ver que se excitó mucho viendo a mi linda mujer, arrodillada, mamando mi verga. Para cuando dijo “ya”, yo estaba a mil, con ganas de acostar a mi mujer allí mismo y poseerla delante del maldito aquel. Mónica se limpió la saliva de la boca y se volvió a sentar.

“Lo haces muy bien” – le dijo Mario-, y mirándome a mí me dijo: “créeme que te envidio, tienes una excelente mamadora. Lástima que esa pollita tuya no le llene toda la boca” – agregó. De pronto de levantó y se fue al baño. Mónica aprovechando su ausencia momentánea me dijo “Pero que es lo que estás pensando Luis, ¿por que quisiste que te hiciera eso delante de ese tipo?”. “Es que quiero mostrarle como me haces gozar, quiero que se excite viéndote sin poderte poseer, me entiendes?”. “¿Y para que? – Me preguntó- de todas formas él sabe bien que solo a ti te hago esas cosas, porque soy tu mujer”. “Hazme caso, quiero que se excite mucho contigo -le contesté- y que luego tenga que hacerse una paja para desfogar sus ímpetus cuando me vea comiéndote. Tú sígueme la cuerda, verás que es divertido que otro nos vea tirar delante suyo”. Mónica solo respondió que no sabía en que iba a parar todo esto.

Cuando Mario volvió se quitó su camiseta “Que calor hace” – dijo – y dejó al descubierto su pecho fornido y velludo. Se le notaban muchas horas de gimnasio. Mónica de nuevo cayó en la tentación de mirarlo, y me miró a mí de reojo para ver si me había dado cuenta. El juego continuó. Perdió Mario, la prueba la ponía yo, así que le dije “He notado que a ti te gusta mi mujer, verdad? Él asintió con la cabeza y miró a Mónica con ojos de deseo. El muy maldito no tenía el más mínimo interés en disimular. “Esta prueba te va a gustar, pero debes seguir las reglas al pie de la letra, – le dije- Quiero que te masturbes mirando como ella se desnuda frente a mí. Sé que te gustará verla, pero ni por un segundo pienses en intentar tocarla. Puedes pajearte viéndola, ¡pero nada más!” La última condición de la prueba es que no podrás tocarle ni un pelo en toda la noche, así que las siguientes pruebas no podrán incluir situaciones en las que puedas tu tocarla a ella”.

Mario se quedó pensando un instante, y vi su cara de perversión tal vez al imaginarse el ver a Mónica desnuda. “Acepto” – dijo – y se acomodó en su sillón para apreciar el espectáculo. Mónica asumió su papel totalmente desinhibida, puso música y empezó a desabrocharse el pijama mirándome a los ojos. Yo le hice un guiño y me dedique a mirar su cuerpo a medida que lo iba descubriendo. Mario mientras tanto se sacó su erecta verga de nuevo y empezó a sóbrasela suavemente. Cuando Mónica descubrió sus ricas tetas empezó a tocarse sus pezones y a pellizcárselos logrando que se pusieran erectos. Yo ya me había sacado mi verga también, y me preciaba de que aquel macho viera lo que yo me comería más tarde.

Mónica deslizó su pijama hasta la cintura contoneándose como una perra en celo. La siguió bajando lentamente, y noté como Mario aceleraba el ritmo de su paja. De pronto el pijama cayó al suelo, dejando ver su espectacular culo vestido con un hilo dental, así como sus largas y bien formadas piernas que hacían delirar a cualquiera. Mónica se quitó su hilo dental con movimientos lentos y bien calculados, dejando ver a Mario todo cuanto quería porque se abrió de piernas permitiéndole ver su deliciosa rajita afeitada – cosa que yo por estar frente a ella no podía ver. “Que rica que estás” -dijo Mario acelerando aún más su paja – y fue entonces cuando Mónica se inclinó hacia mí diciéndome en voz baja “¿De verdad quieres que lo excite?”. “Si” le dije… excítalo, pero no permitas que te toque. Hazle lo que quieras pero no dejes que te disfrute, porque ese privilegio es solo mío”. “Lo haré, -me respondió- pero solo porque tú me lo pides… Voy a excitarlo hasta que esté a punto de explotar, y luego me comes delante de él, para que vea como goza una hembra”.

Yo no lo podía creer, mi hermosa mujer iba a usar todo su poder para excitar a aquel tipo con el único objeto de dejarlo a punto, y enseguida venir a mi lado para hacerme lo que él quisiera disfrutar. Mónica se paró frente a Mario y comenzó a masajearse las tetas en círculo, yo me senté cerca para disfrutar del show. “No quiero que te vengas – le dijo Mónica a Mario – solo obsérvame y disfruta lo que es de mi maridito”. La verdad es que mi mujercita parecía una artista de cabaret fino, se movía al ritmo de la suave música con maestría, se tocaba su cuerpo como acariciando una seda, y no tardó mucho en comenzar a jugar con sus dedos alrededor de su vagina. Se abría de piernas lentamente dejando entrever los pliegues de su cuquita, sobándolos, frotando su clítoris e introduciendo poco a poco cada uno de sus dedos en su rico hueco.

De pronto al ver su cara vi que miraba fijamente aquella verga de Mario, y sacaba la lengua a intervalos como diciéndole “¡quiero comerme eso que tienes ahí!”. Yo sentía mucho morbo, estaba viendo a mi mujer frente a un perfecto desconocido, mostrándole todo lo que él se podría comer, diciéndole con la mirada que lo deseaba, y finalmente iba a ser solo para mí. La verdad es que esa verga que ella tenía al frente era mucho más grande y formada que la mía, y de pronto pensé que me gustaría verla jugar con ese instrumento por un ratito, sólo para incrementar la excitación que él debía estar teniendo. Eso haría mayor mi victoria sobre aquel tipo, ya que una caricia de mi mujer sobre su vergota le haría desearla a tal punto que luego se dolería de no haberla podido introducir en la concha de mi hembra. Así que me paré, y le dije al oído “Tócale la verga, juega con esa verga un ratico, pero no dejes que él te toque a ti”. Mónica asintió con la cabeza al tiempo que se arrodillaba frente a él.

“No me toques – le dijo Mónica – quítate los pantalones”. Mario obedeció al instante dejando al aire su espectacular tranca. Mi mujer se acercó a menos de un centímetro de distancia de aquel tolete, y empezó a soplarlo con aire cálido, sin tocarlo al principio. Recorría con su soplidito toda la extensión de su verga al tiempo que se tocaba su clítoris con la punta de su índice. Luego tomo suavemente con la otra mano los testículos de Mario y empezó a acariciarlos en forma de vaivén. “Mmmmmmmmm” – exclamó Mario consternado con la caricia. “Te gusta?” – le preguntó mi mujer. “Siiiiiiiiiiiii puta, chúpame la tranca por favor”. Mónica empezó a acariciar los no menos de 25 centímetros de aquella bestia, mi mujercita estaba dándole una paja de lo más sabrosa mientras que el tipo se retorcía en su éxtasis.

De pronto él bajó una mano intentando acariciar uno de los senos de Mónica, a lo que ella inmediatamente reaccionó desviándola de su trayectoria.”Ya sabes, nada de tocarme” – le dijo-.

Luego Mónica siguió su pajazo primero con una mano y luego con ambas, acelerando el ritmo de forma tal que sus palmas recorrieran la enormidad de aquel pito. Me sorprendí al ver que empezó a escupirle la verga para lubricar el masaje, y comenzó a poner cara de morbo al mirarme de reojo. Mónica había empezado a disfrutar de la paja que le estaba dando. Con cada escupitajo le masajeaba la cabezota para luego bajar sus manos hasta los testículos y rascárselos con sus largas uñas. Una paja de ese estilo nunca me la había dado a mí.

Me sentía celoso, confundido, pero también estaba disfrutando verla así, como una soberana puta en celo, haciendo eso delante de mí. “Mámasela por 10 segundos – le dije” Mónica obedeció sacando su lengua y pasándosela por las venas de aquella verga, para luego introducírsela en la boca casi hasta la mitad. “Urrrrgggggggg” – espetó Mario cogiéndose la cabeza… “Sigue malparida, sigueeeeee”. Mentalmente conté hasta diez, y dije “¡Ya!” Mónica obedeció el trato retirando su boca de la tranca para seguir masturbándola con ambas manos.

“Crees que ya está bien excitado mi amor?”- me preguntó con tono sarcástico- “Excítalo otro poquito” – le pedí al tiempo que me seguía masturbando. Mónica lo hizo, esta vez subiendo una de sus manos hasta el pecho de aquel macho, apretando suavemente una de sus tetillas al tiempo que con la otra le masajeaba el tolete, esta vez con más rapidez que antes. Yo sabía que Mario estaría a punto de explotar, porque la verdad es que yo mismo estaba por eyacular.

De un momento a otro Mónica se puso de pie y comenzó a mamarle el pecho a Mario, jugando con su lengua entre los bellos al tiempo que sobaba con sus dedos sus tetillas. Luego comenzó a besarle las tetillas, y a metérselas entre la boca para succionarlas poco a poco. “Tienes un pecho precioso Mario – le decía – estás rebueno maldito”. Al oír estas palabras me quedé pasmado, pero decidí esperar a ver que pasaba.

“¿Puedo tocarte los senos?” – le preguntó Mario – Y mi mujer después de dos segundos le dijo: “Está bien, solo un poco”. ¿Que era esto?, mi mujer lo estaba autorizando para masajearle los senos…. Bueno, pensé, es para excitarlo más… y luego será solo mía… mi plan estaba funcionando.

El cuadro era para morirse, mientras que mi mujer le besuqueaba el pecho a este tipo, este le tocaba los senos… y no de cualquier forma… Lo estaba haciendo justo como le gustaba a mi mujer, con fuerza y lentamente a la vez, deteniéndose en sus pezones para apretarlos y girarlos como la perilla de un radio transistor. Me di cuenta de que Mónica lo disfrutaba porque aumentó el ritmo de su succión sobre las tetillas de Mario, y bajo su mano para volver a acariciar su verga. La experta mano de mi mujercita recorría el tolete húmedo aún por su propia saliva, haciéndole la paja de su vida. Mario se mojo sus dedos para seguirle acariciando los senos. “¿Te gusta?” – preguntó él esta vez-. “Tú que crees” – fue la respuesta de Mónica… “Me está gustando más de lo debido… mmmmmmm” Yo sentí que me venía, por lo que tuve que parar mi pajazo.

De pronto Mónica se arrodilló, esta vez sin pedirme permiso, sin vacilar, le tomó los testículos con una mano, y con la otra aprisionó la verga de Mario por la cabeza. “Vas a ver cabrón…” No supe si lo de “cabrón” me lo dijo a mí o a él, lo cierto es que empezó a darle lengüetazos nuevamente a la cabezota de aquella verga y a escupirla periódicamente. Luego se la introdujo otra vez en su boca mamando como una poseída.  Mario la sujetó por la cabeza y se la empujaba para aumentar la penetración. Luego me miró a los ojos y me dijo “Lo siento Luis, pero creo que ella está tan excitada como yo… mírala como chupa…mira…mira…Uuuuummmmmm”. Mónica se estaba sobando su clítoris nuevamente, e introducía sus dedos en su cuca para sacarlos húmedos por completo al tiempo que mamaba y mamaba sin parar. Yo ya no sabía que hacer, podía levantarme y parar todo eso allí mismo, pero debía reconocer que yo también lo estaba disfrutando.

Luego de dos o tres minutos en esta posición Mónica dejó de mamar, para venirse en forma increíble a punta de dedito sobre su clítoris. “Aaaaaahhhhhhhhh, que ricoooooo” Mario inmediatamente la empujó hacia el sofá, se puso encima de ella y le abrió las piernas. “Un momento! – le dije levantándome aturdido – que se supone que le vas a hacer, ya sabes que el trato es que me toca a mí esa labor desgraciado. Ya bastante he aguantado viendo lo que ha pasado”

“Ok Luis, – me contestó sin dejar su posición – déjame metérsela solo un poquito, mira como me tiene, estoy que me vengo compadrito, solo un poco, si?…” y sin esperar a que yo contestara se la clavó duro, haciéndola gritar. Mónica lo tomó por la cintura… “Es muy grandeeeeee”. Mario la sacó un poco, solo para seguirla bombeando rítmicamente. La verga le entraba más o menos ¾, y para mi sorpresa Mónica lejos de luchar para salirse, lo tomó por las nalgas y le abrazó con sus piernas facilitándole todo.

Yo me miré la verga y descubrí que tal vez por la impresión, por los tragos o por lo difícil de la situación, mi pito estaba totalmente dormido, flácido, más pequeño que nunca. Miré nuevamente aquel cuadro y al ver semejante vergotota clavando a mi mujer, entendí que Mónica por nada del mundo dejaría aquella por la mía. Su cara estaba en éxtasis, sus músculos contraídos alrededor de aquel machote que se la estaba comiendo de lo lindo, ¡y en mis narices!.

Traté desesperadamente de masajearme para obtener una erección, con la esperanza de bajar al tipo y montarme yo, pero no lo conseguía. Mónica ayudaba empujando sus caderas hacia arriba, al tiempo que le besaba los brazos y el pecho a Mario. “Sigue papito, no pares -le decía- húndeme toda tu verga así, que rico papi, que ricoooooo, ahhhhhh dame macho, dame duro”. Los fuertes brazos de Mario la rodeaban por completo, y el ritmo de sus embestidas aumentaba más y más.”Te gusta puta… ¿te gusta que te lo clave un verdadero macho?…. ábrete más mi puta rica, ábrete para que tu machote disfrute”

“Bueno, ya bájate de ahí cabrón -le grité desesperado- que no ves que es mi mujer desgraciado?”. Ambos me miraron, como volviendo en si de su éxtasis mutuo. Pero al ver mi verga flácida y pequeña como una bellota, Mónica siguió moviendo su culo diciéndome “Tú te lo buscaste Luisito, mira que se te volteó tu plan, observa como esta verga paradita y rica me jode como quiera, cuando se suponía que deberíamos estar al revés, cornudito mío”

“Jajajaja – rió Mario- Que pasa Luis, ¿ni siquiera puedes parar esos 10 cms?… No te preocupes que ya casi acabo aquí cornudo de mierda”. Mando sus brazos hacia abajo, tomando a Mónica por las nalgas, y siguió bombeándola mientras la besaba en la boca. No podía creer lo que veían mis ojos, El bello cuerpo de mi mujer, ese que me volvía loco, aquel que cuando entrábamos a cualquier sitio despertaba las miradas más obscenas, estaba siendo poseído de forma magistral por un gañan que nunca habíamos visto antes.

Los senos de Mónica estaban hinchados de placer, sus pezones erectos, sus piernas rígidas y fuertes que tantas veces había observado extasiado mientras se ponía sus medias veladas estaban abrazando el cuerpo de otro tipo. Y yo, ahí parado como un imbécil, observándolo todo y con mi verga flácida y pequeña. Mónica seguía besando su pecho, luego su cuello, y luego le decía “Vamos mi machote, más hondo que me vuelvo a venir, dame vergota, métemela para que mi marido vea como se complace a una hembra. Así papito ricooooo, así mi semental, dame, dame papi, dame papito, que rico, rico papi así, rico….

Mira Luisito, mira como lo excito, ¿así querías que lo excitara?, misión cumplida, mira como lo excito, mira que ya está a punto de venirse él también, mira esos brazos, esas piernas musculosas, esa verga que se introduce en mi huequito para darse placer”. De pronto Mónica se vino como una cerda, con un grito descomunal: “Aaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhh”, los dedos de sus pies se separaron en el aire, yo sabía que esa reacción involuntaria solo la tenía cuando recibía un gran placer, se aferraba fuerte a su macho arañándole suavemente la espalda, y un suspiro final selló mis cuernos para siempre.

Mario le sacó la verga, pero solo para introducirla por el ano de Mónica. Para esto se la mojó con saliva, y abrió las piernas de mi mujer. “Ahora por aquí” – le dijo – Y se la fue empujando lentamente haciéndola jadear. Fue entonces cuando empecé a sentir nuevamente erecta mi verga, se me había parado al ver a Mónica venirse de esa forma. Comencé a masturbarme viendo a mi mujer clavada por el culo. Mario se la introdujo tratando de no lastimarla, si es que cabe decir dado el tamaño de su tranca. “Ahora si gran puta, me voy a venir dentro de tu culo”.

Yo nunca le había metido mi verga por el culo a Mónica, y era increíble verme masturbándome con la imagen que veía. Mario la embestía ahora fuertemente mientras ella se abría aún más las piernas y lo miraba a la cara. Era increíble, pensé que la iba a partir en dos. “Vente macho, vente como se supone que lo debía hacer el cornudo de mi marido” -le dijo ella-. Mario aumentó el ritmo de bombeo, y se vino brutalmente agarrándose de los pezones de mi mujer y exprimiéndolos como a un par de limones:

“Ahhhhhhrrrgggggg… que ricoooooo, que deliciaaaaaaa”.

Se dieron un apasionado beso, y luego se quedaron mirándome como yo me jalaba mi verga buscando mi orgasmo desesperadamente. Mientras se vestían y yo me seguía masturbando escuché que Mario le preguntó a mi mujer señalándome: “¿No lo vas a atender a él?”; a lo que ella respondió: “No,…que se atienda solo, para que quede completo el plan que él mismo ideó, ¡pero al revés!”

Espero les haya gustado.

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