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Relato Erótico: El club de los altos vuelos

Mi historia comienza en un aeropuerto. Iba a pasar las vacaciones en Barcelona para la boda de una amigo. Estaba jugando con mi movil cuando escuché pasos de tacones, giré la cabeza y me encontré con una chica con una larga melena morena de una altura 1.80, vestida con un traje con chaqueta y falda negra y un top blanco que dejaba ver su gran escote que dejaba ver sus pechos, tras pasar por delante mía se sentó al principio de la sala y la perdí de vista.

a la hora de embarcar me tocó el asiento 21C, era de estos asientos de 3 plazas, a mi lado iba una chavala joven de unos 24 años la cual iba con un muchacho de su misma edad que se sentó dos filas más adelante. El avión estaba apunto de despegar y en el asiento 21A no se había sentado nadie por lo que íbamos a ir bien holgados en nuestros asientos. La chica de mi lado me preguntó si me podía cambiar con su marido que iban de luna de miel juntos y les habían puesto en asientos separados por lo que después del despegue me cambie con el muchacho, con la sorpresa que junto al muchacho se había sentado la chica morena.

– Que bonito el amor, no? recién casados.- me dijo ella.
– Si que lo es. Le respondí
– Me llamo Amanda.
– Yo Simon.
– Encantada
– Encantado.

Empezamos a hablar de lo típico para conocernos mejor. Durante el vuelo las azafatas no dejaron a la tripulación desangelada nos sirvieron comida y bebida, Amanda y yo cogimos confianza. Tras un par de horas y varias copas, me estuve fijando en una de las azafatas una que tenía un señor pechamen curioso, Amanda que vió como me fijaba cuando ella traía las bebidas me dijo

– Son operadas
– ¿ las que?
– Los pechos de esa azafata.que no dejas de mirar,

Me dejó cortado por lo que me disculpe y me dispuse a dormir. Me costó un poco más de lo esperado al no poder dejar de pensar en las tetas de la azafata, pero lo conseguí. al rato me desperté. Amanda estaba recostada sobre mi hombro al moverme ella se despertó, le pedí disculpas pero ella me dijo que no pasa nada. haciendo una visual estaba todo el mundo dormido.

Empezamos a hablar de la gente dormía a nuestro alrededor, y eso me dió una perspectiva genial de su escote. Intentaba evitar mirar, pero era imposible no fijarse en esas tetas teniéndolas tan cerca. Me pareció que se dio cuenta alguna vez, pero disimulé todo lo que pude. De repente, sin esperármelo, me soltó:
– Por si te lo estás preguntando, son naturales.
– Eh, lo siento… Yo… – Tartamudeé.
– Tranquilo Simon. – Dijo suavemente al tiempo que posaba su mano suavemente sobre mi entrepierna, y sus labios sobre mi oreja derecha. – No te preocupes.

Me quedé sin habla, pero ella se encargó de seguir.
– ¿Quieres comprobarlo?
Y tras decir esto usó la mano que tenía libre para coger mi mano derecha y ponerla sobre su pecho izquierdo. Yo hice lo mismo con la otra y su otro pecho, y empecé a masajear. No me lo podía creer. Esas tetas de las cuales me había fojado anntes de subir al avión, las estaba tocando yo.

En seguida todo pasó a mayores. Deslizó la mano que tenía en mi entrepierna por debajo de mi pantalón para agarrarme el pene con dulzura. Yo aproveché su atrevimiento e hice lo mismo con mis manos en sus pechos. Pude notar entonces sus pezones con ambas manos, y mi pene comenzó a endurecerse con más rapidez.

En cuestión de segundos me la había sacado del pantalón y me pajeaba delicadamente mientras pasaba su lengua por mi oreja. Miré a mi alrededor al acordarme de que estaba en un avión lleno de gente, pero todo el mundo parecía dormir.Amanda se dio cuenta de mi preocupación por lo que sacó la manta de viaje del avion y la puso encima de mis piernas, tapando mi miembro, pero no dejaba de pajearme. Giré mi cabeza pues deseaba besar ese precioso rostro, y nuestros labios entraron en contacto. Mi lengua se mezclaba con la suya el mismo ritmo con que su mano bajaba y subía la envergadura de mi pene.

Poco después dejó de besarme, bajó la cabeza, y con sonrisa picarona y sin dejar de mirarme a los ojos, metió la cabeza bajo la manta. En seguida noté el contacto de su lengua húmeda con mi polla, y tras jugar un poco con ella, la cubrió con sus labios. Mi mano derecha, se dirigió entonces a su entrepierna, por debajo del vestido, y empecé a masajearle su coñito por debajo de la ropa interior. De vez en cuando la sacaba para masajear un poco su culito firme, y luego volvía a su entrepierna, mientras ella se dedicaba por completo a chupármela y acariciar mis huevos con una mano. También de vez en cuando echaba miradas a mi alrededor para asegurarme de que nadie nos veía, sobre todo el hombre que dormía al lado de Amanda, en la ventanilla. Cada vez que le tocaba el culo me entraban unas ganas enormes de azotarlo, pero eso implicaría mucho ruido. Amanda también usaba su lengua para lamer mis testículos, y se los metía uno y otro en la boca.

Tras un tiempo de mamada aérea noté como llegaba a mi clímax. Apreté su culo con fuerza como señal de aviso, y pareció entenderlo pero no dejó de chupar. Siguió chupando con esa boquita, al tiempo que usaba su mano izquierda para pajearme al mismo ritmo, y la derecha para masajear mis huevos. Como no podía gritar ni gemir, me desahogué apretándole el culo con una mano y agarrándola fuertemente del pelo con la otra. Entonces solté toda mi corrida dentro de la boca de Amanda. Una vez lo había echado todo, me relajé, y ella siguió succionando unos 15 o 20 segundos más. Luego me metió el pene otra vez en el pantalón, sacó la cabeza de debajo de la sábana y me susurró: “esto no acaba aquí”.

Me cogió de la mano y me llevó hasta el baño del avión. Una vez dentro cerró la taza y me sentó encima. Me bajó el pantalón, y viendo mi polla flácida le dije:
– No sé si podré hacerlo otra vez.
– Haré lo que pueda. – Contestó con una sonrisa de oreja a oreja.

Puso ambas manos en su espalda y empezó a bajarse la cremallera del vestido poco a poco. Empezó hacerme un baile de lo mas sensual mi aparato ya parecía estar recobrándose.

Cuando se cansó del bailoteo se arrodilló en frente del lavabo y, sin usar las manos, puso su cara sobre mis huevos y la restregó por ellos y por mi pene. Al ver eso me pareció bastante guarrada, pero me gustaba. Agarró entonces mi polla con una mano y pajeó al tiempo que se la metía y sacaba de la boca. Poco después mi polla ya estaba dura otra vez, y eso se notó en el brillo de los ojos de Amanda. Aprovechó su dureza para sacarla de la boca y abofetearse la cara varias veces. Después hizo lo mismo pero con su lengua. Y finalmente, golpeó fuertemente sus dos tetas con mi polla. Todo ello sin dejar de mirarme a los ojos.

Se levantó. Se bajó las braguitas despacio y me las puso en la cara, de forma que estaban enganchadas en mi cabeza. Entonces se sentó encima de mí poco a poco mientras mi pene iba entrando dentro de ella. Pude ver el placer en su rostro mientras esto ocurría. Una vez estuvo completamente dentro de su cuerpo, comenzó a mover la cintura y follarme a su gusto. Por momentos subía y bajaba cabalgándome, o simplemente se dejaba caer completamente y movía la cadera en círculos con mi pene aún en su interior. Yo yacía encima de ese retrete mientras me dejaba hacer y me limitaba a hundir mi cara entre sus fantásticas tetas, y usar mis manos para coger a Amanda del culo. En un último instante utilicé una de mis manos para agarrarle del pelo y tirar hacia abajo con delicadeza. Y me moví yo rápidamente de abajo a arriba penetrándola mientras ella se queda prácticamente inmóvil. Me agarró con fuerza de los hombros mientras hacía esto, hasta que no tuve más fuerzas y me volví a sentar.

Pero no iba a acabar ahí mi actividad física, ya que se levantó, se puso de cara al espejo del lavabo, y sacó el culo hacia fuera en señal de que quería ser follada así. Me levanté yo también, me puse detrás de ella, y cogiéndole fuertemente de la cintura comencé a embestirla por detrás. Le daba embestidas sin parar, y al estar de cara al espejo podía ver las caras que ponía. No tardé en darme cuenta de que estaba a punto de tener un orgasmo, así que aumenté la velocidad de mis embestidas. Separé la mano izquierda de su cintura para tirar de su cabello rubio, y tras cinco embestidas más se desplomó sobre la pila temblando por el orgasmo que acababa de tener. Yo seguía con mi polla dentro, y entonces no pude evitar darle una palmada en una nalga. Se estremeció y gracias al reflejo del espejo vi cómo se mordió los labios y esbozó una ligera sonrisa. Sin embargo el azote había sonado, así que se reincorporó y giro la cara hacia mí para susurrar un débil “sssh” en señal de silencio.
– Lo siento, no lo he podido evitar. – Me excusé yo.
– Ahora no o nos pillarán, fuera del avión azótame cuanto quieras.

La verdad es que esa última frase me excito bastante. Pero bueno, la cosa no acababa aquí, yo aún tenía que correrme. Decidí intentar algo. Apoyé la punta de mi pene en su ano y apreté un poco hacia ella intentando abrir paso, pero en seguida me la cogió con la mano mientras negaba con la cabeza.
– Por ahí no. No me des por el culo, nos acabamos de conocer.
– Pues antes te has tragado mi semen.
– No lo suelo hacer, pero me has caído bien. – Dijo quiñándome un ojo y relamiéndose al recordar la rica corrida que había saboreado momentos atrás.

Volví a metérsela por el coño y seguí follándomela como antes. La empuje contra el cristal de modo que un perfil de su cara quedaba aplastado contra él, y seguí penetrándola de ese modo. Unos minutos después noté que me faltaba poco para acabar.
– Creo que me voy a correr.
– Córrete en mis tetas si quieres, que sé que lo estás deseando.

En cuanto a la eyaculación soy bastante especial. Me encanta ver una cara preciosa maquillada por mi corrida, y Amanda era guapísima. También me gusta mucho ver cómo disfrutan tragando hasta la última gota, pero eso Amanda ya lo había hecho antes. La verdad es que unas tetas así no se veían siempre así que decidí aceptar y rociarlas con mi semen. Me quedé de pie y ella se arrodilló delante de mí. Dio un par de lametones a mi pene y lo pajeó con la mano derecha. Con el brazo izquierdo se sujetaba las tetas acercándolas a mi miembro a punto de explotar. Emití un gemido y empecé a eyacular sobre sus senos. Uno a uno fueron cayendo chorros en sus pechos. En total cuatro. Un primero llegó a su teta derecha. El segundo cruzó ambos senos. El tercero, ya con menos fuerza, cayó en el pecho izquierdo. Y el cuarto igual que el anterior. Luego solo cayeron algunas gotitas más sobre su el escote entre ambas maravillas. Amanda pasó un dedo por uno de los chorros y se lo llevó a la boca, lamiendo sensualmente su dedo empapado en semen. Esa imagen de Amanda, completamente desnuda en el suelo del baño del avión, con sus preciosas tetas pintadas por mi semen no se me borrará nunca de la memoria.

Me limpié un poco con papel higiénico mientras Amanda hacía lo mismo. Me vestí y dándole un último morreo me fui a mi asiento dejando Amanda lamiendose las tetas. A simple vista parecía que todo el mundo dormía aún, y pude volver a mi asiento sin levantar sospecha. A los 10 minutos salió también ella, y se sentó a mi lado. Totalmente relajados los dos, aunque cansado, estabamos totalmente dispuesto a dormir de nuevo.

Una vez en tierra bajamos juntos y recogimos las maletas al salir vi un aseo y me acerqué a ella para decirle:
– Antes me has dicho que fuera del avión te podía azotar todo lo que quisiera.
Sin mediar palabra alguna me cogió de la mano y entramos al baño del aeropuerto. Cerró con pestillo y se acercó a la pila. Apoyó los brazos en ella y se inclinó levantando el culo. Se levantó el vestido dejando ver su culo con las braguitas blancas. Disfruté de lo lindo dándole unas cuantas palmadas en el culo, mientras ella solo me miraba y en alguna ocasión se le escapaba algún gemidito. No le daba fuerte, aprovechando más para agarrarle el culo con fuerza. Después de cuatro palmaditas le di una con ganas, más fuerte. Esa sonó bastante, incluso Amanda dio un pequeño saltito. Luego su culo parecía más rojo que antes. Se bajó el vestido de nuevo y cogió su maleta. Vino a mí hasta pegar sus senos sobre mi pecho y me dijo: “Si no tuviera prisa te follaba otra vez aquí mismo.”

Y de ese modo Amanda la chica morena del avión, se despidió de mí, saliendo por la puerta del baño y desapareciendo para siempre… yo salí del aeropuerto y me encontré a mi amigo Xavi que me saludó con un gran abrazo después me dijo que venía a recogernos su novia. Al momento llegó el coche de Xavi y me presentó a su novia.

– Amanda este es Simon.
– Simon esta es Amanda, mi prometida.

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