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Relato Erótico: El culo de Julia en mi cara 1

CAPITULO 1. CONOCIENDO A JULIA.

Cuando ví a esa mujer de lejos, me quedé fascinado por su físico. Grandes tetas, pequeña cintura, gran culo, grandes muslos, piernas largas y bien torneadas. Fué al acercarme a ella que advertí que era más alta que yo, lo que convertía sus tetas en dos enormidades, y su culo en un enorme culazo. Ella pareció advertir el curso de mis pensamientos y me sonrió con una sonrisa que tenía un toque de perversidad. Sabía el efecto que producía en los hombres, indudablemente, y en sus cejas se arqueaban entre la diversión y la ironía. Fué en ese instante que caí bajo su embrujo. Sacando un cigarrillo de su bolsita me preguntó si tenía fuego. Su voz también era envolvente. Y sus ojos a unos quince centímetros por sobre los míos ejercían un dominio del que eran conscientes y sabedores. Estábamos en la costanera, ya que ambos habíamos salido para aliviar el calor, yo al menos. Porque me dijo “en casa tengo una pileta de natación, y podemos refrescarnos en el agua, ¿querés venir?”- Naturalmente que sí. Yo no podía creer la buena suerte que estaba teniendo al ligarme a esa mujeraza. Mientras caminábamos pude observar que su enorme cuerpo se movía con la gracia de una pantera. “Madre mía” me dije, “esta mujer puede hacer cualquier cosa conmigo”.

Cuando llegamos a su mansión me dio un shortcito a mi medida y vistió una maya estilo hilo dental, tanto arriba como abajo. Luego corrió hasta el borde de la pileta, dándome una visión alucinante del bamboleo de sus tetazas y otra de su panorámico culo al zambullirse. La excitación me hizo exagerar en el salto para zambullirme, de modo que terminé cayendo de cualquier manera en el agua. Julia lo festejó con grandes carcajadas cristalinas. Luego se zambulló pasando por entre mis piernas, una y otra vez, rozando mi pene al hacerlo. Eso, y la visión de sus tremendas tetas flotando en el agua, me pusieron a mil. Jugando como si fuera un delfín, julia me ofreció visiones de su culazo, como para que quedara impreso en mis retinas. También me dio muchos topetazos con sus tetonas, para después salir huyendo. La verdad es que me puso más caliente de lo que jamás había estado en una pileta. No faltaron los topetazos con su culón, varias veces en el pecho, y también en la cara. En dos o tres ocasiones me apretó las tetas contra el culo. Siempre apenas un toque y alejarse. Veía también su bellísimo rostro acercarse al mío casi hasta el beso, para después desaparecer en una zambullida que terminaba poniéndome el culo sobre la cara. Y se alejaba. Y nadaba alrededor mío, apenas rozando mi cuerpo en su deslizarse. Su cintura era una maravilla, dándole el look de un ánfora muy bien torneada, muy pero muy bien torneada. En síntesis, que para cuando salimos del agua, luego de cerca de una hora de semejante juego, mi única idea era cogérmela y cogérmela tantas veces como pudiera y como me dejara. Nunca me había sentido antes tan completamente seducido por una mujer. Y nunca había estado con una mujer como aquella.

Capítulo 2: SU CULO EN MI CARA.

Luego, nos tiramos a descansar en el pasto, al lado de la pileta. Yo me tiré boca arriba. Ella en cambio se sentó de costado, con el culazo a la altura de mi cara. Mientras charlaba pude ver que se había quitado la tanguita. Y bamboleaba lentamente el culo acercándolo a mi boca. A mí me costaba coordinar qué decirle, y se me había producido una inocultable erección, de la que ella no hizo la menor mención. –A mí me gusta dominar a los hombres- me estaba diciendo. Y fue arrimando el enorme culo más cerca de mi cara. Yo permanecía inerme, fascinado por ese culo que ocupaba toda mi visión. -¿Te gustaría lamerme el ojete?- preguntó. Sorprendido por el desenfado de su pregunta y la aparente naturalidad de su tono de voz, solo atiné a murmurar –sí, cla-claro- -Así me gusta, Roberto- y levantando la pierna me chantó el culo en la cara, el ojete a la altura de mi boca.

-Ahora dale a la lengua, corazón, meteme la lengüita, lameme el ojetito- Y empezó a mover el culo contra mi cara. Yo saqué la lengua y comencé a lamerla con pasión, metiendo y sacando la lengua de su ojete, mientras ella lo ondulaba girándolo sobre mi cara.

-¿Podés respirar mi cielo? Voy a

dejarte entrar un poco de aire para que no te me mueras. Los dos últimos hombres a los que les hice lamerme el culo se desmayaron. Uno era un chico jovencito, de quince años, que me besaba y lamía el orto tan rico que no pude contenerme y se lo apreté contra la cara, tan fuerte que se desmayó. Al tiempo que acababa abundantemente sobre su pantaloncito de baño. El otro era un viejo de sesenta que agarró mi culo con ambas manos y se prendió como un niño a la teta. ¡Qué placer me dio ese hombre! ¡Cuánto entusiasmo! ¡Esa lengua me recorría el culo de arriba abajo, y su boca me besaba y me besaba como un esclavo subyugado!- A esa altura, el esclavo era yo, y estaba dispuesto a seguir chupando ese culo hasta el fin de mis días. –¡Así, mi vida, así! ¡más lengua, más lengua! ¡Y besámelo, chupámelo!- y seguía removiendo el culo contra mi cara y mi boca. Cada tanto lo levantaba un poco para dejarme respirar. -¿Nunca te sentaron la concha en la cara?¿Querés conocer mi concha a fondo? Te la voy a refregar para que conozcas lo que es una conchaza- Y de pronto tuve esa concha sobre mi cara. Que olor maravilloso. Y qué sabor… Era una concha enorme, caliente y húmeda. Su lubricación me lavaba toda la cara, a medida que ella me la refregaba en todas las direcciones. -¡¡¡Qué rico, corazón!!! ¡Chupame así, que ya estoy por acabar! ¡Me encanta cuando tengo la cabeza de un hombre entre las piernas…”- y mientras me agarraba la cabeza con ambas manos moviéndola por su concha a su gusto. –Me gusta cuando domino a un hombre, de cualquier edad que sea, obligándolo me agarraba la cabeza con ambas manos moviéndola por su concha a su gusto. –Me gusta cuando domino a un hombre, de cualquier edad que sea, obligándolo a chuparme el culo y lo concha! ¡Me gusta subyugar a los hombres con mi culo y mi concha! ¡Dale al clítoris, dale lengua y chupámelo! ¿Te gusta mi clítoris, lambetón? . Y claro que me gustaba. Era un clítoris enorme, de cerca de tres centímetros, totalmente erecto. Y ella me lo refregaba y entraba y sacaba de mi boca como una pequeña pija. Y yo chupaba y chupaba. Y de pronto se puso rígida y comenzó un tremendo orgasmo que parecía no tener fin, mientras gritaba obscenidades apretándome la cabeza contra su peludo coño. Luego me desmontó y cayó a un lado rendida. Mi pija parecía un mástil, pero ella parecía haberse olvidado de mí. Agotado, yo también me dormí. No había descargado, pero el cansancio era mayor. Pero la aventura no había terminado.

Capítulo 3. JULIA ME HACE ACABAR A SU ANTOJO.

Cuando me desperté, ella me estaba mirando con ternura. –Mi vida, ¡qué buen trabajito que me hiciste!- y me besó con sus carnosos labios, hundiendo suavemente su lengua en mi boca. Luego volvió a mirarme. –¡Te voy a enloquecer, mi vida!!- y subiéndose encima mía comenzó a besarme el cuello, la cara la boca, lamiéndomelos con su lengua cálida. Nuevamente me estaba dominando. Poco a poco fue deslizándose hasta que me puso las enormes tetas en la cara. Con sus pezones igualmente enormes. Y me puse a chuparlos, y besarlos. Ella me ponía una y otra teta, aplastándome la cara. Me las refregaba contra la cara y me colocaba a su gusto sus sabrosos pezones que yo, perdida toda conciencia, lamía y besaba y chupaba sin parar. De pronto siento su mano sobre mi polla, a través de la tela del pantaloncito de baño. Y comenzó a apretármelo, pillando el glande entre sus dedos a un ritmo cada vez mayor. -¡Sí, mi pichoncito! ¡Lamele las tetas a mamita!- Y su mano seguía apretando y soltando, apretando y soltando. Mi cara enterrada entre sus enormes tetas bamboleantes. -¡Así me gusta, mi nene! ¡Me encanta tener a un hombre dominado y obediente!- y su mano seguía pellizcándome, produciéndome sensaciones deleitosas. Yo había perdido toda conciencia e iniciativa salvo la de besar y chupar esos melones hasta el fin de los tiempos. Y su mano seguía apretando y soltando, y luego comenzó a frotarla en círculos sobre mi pija, a través de la tela. Después volvió a poner su boca en la mía y su lengua en mi boca, en un largo y apasionado beso, mientras su mano seguía y seguía con su trabajo. De pronto, en medio del beso, comencé a correrme, con su lengua en mi boca, mientras ella me la devoraba con pasión. De mi polla comenzó a salir el semen a borbotones, mi ojete se cerraba y abría irresistiblemente, mientras mis nalgas se

tensaban para ayudar en la descarga. Finalmente me relajé exánime, casi inconsciente. Mis pantaloncitos completamente empapados de mi semen.

-¡Ahora eres mi esclavo, Roberto! Estás enteramente a mi disposición, y voy a usarte a mi gusto hasta que te tire como un forro usado. Muy usado, y bien usado. Porque voy a usarte mucho y voy a hacerte conocer formas de placer que no podrás resistir, ni impedir. Eres mío. Hasta que yo quiera. Puedes seguir con tu noviecita, pero vendrás al instante en que te llame, para ordeñarte luego de hacerte hacerme las cosas que yo quiera. Tu leche es mía, y voy a sacarte torrentes de leche hasta dejarte seco, como hoy. Pero por ahora recién comenzamos- Y poniéndome nuevamente el culo en la cara me ordenó: -cuando te empiecen a entrar las ganas lameme, vamos a tener otra sesión de mi culo en tu cara- Y yo comencé a lamer.

Continuará..

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Autor: Lado Oscuro

ladooscuro4 ( arroba ) hotmail.com

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