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Relato Erótico: El culo de Julia en mi cara 2

Capítulo 4. LAS FORMAS DE CULEAR DE JULIA.

Los días que siguieron mi mente andaba a la deriva, en la memoria de lo que me había hecho con su culo, con la imagen de su concha y los abundantes jugos con los que limpió mi cara. De sus enormes pechos y sus riquísimos pezones. Estaba como en trance. Seguía viendo a mi novia, pero mi mente estaba en otra parte. Seguimos cojiendo, pero mi mente estaba ausente, en otra concha, en otro culo en otra boca, en otras tetas. En el perfume de su piel y de su boca, y de sus tetas, y su concha y su culo. Esa mujer enorme, en una sola tarde, me había atrapado.

A la semana me llamó. Su voz sensual me envolvió al instante. -¿Cómo está mi pichoncito? ¿Con ganas de ver a mamita? ¿Y de jugar un poquititito?- ni me animé a decirle que había quedado en ir a cenar a lo de mi novia. Ya no tenía la menor importancia. El deseo imperativo de Julia era irresistible. Le di una excusa cualquiera a mi novia, y partí para lo de Julia.

Cuando me recibió estaba deslumbrante. Su cuerpo enfundado en un sensual vestido rojo, con un tajo en los muslos desde la altura de las caderas, y su escote realzaba, sí aún era posible más, sus voluminosos pechos. Con una sonrisa espléndida de sus carnosos labios me invitó a seguirla al interior. Había preparado una abundante cena que nos servimos en el comedor. Ella llevaba la iniciativa de la conversación. Me preguntó por mi “noviecita”, y si me “había acordado un poquitito” de ella. -¿Te gustó tener mi culo sobre tu cara?- Curiosamente, la comida se hizo más rica. -¿Y que te hiciera chuparme las tetas?- Yo seguía con la comida y mi polla había comenzado a reaccionar a su lenguaje tan desenfadado.

A medida que avanzaba la cena, Julia iba encendiendo mi imaginación con sus comentarios procaces, y algo misterioso en su voz y su mirada. Al llegar al postre estaba completamente empalmado. Entonces sacó una tetaza fuera del escote y siguió la charla como si nada ocurriera. Yo miraba como hipnotizado su mano que comenzó a acariciársela. Su pezón se endureció, hinchándose. Julia suspiró, y su voz se tornó más sensual, más arrastrada. Se puso un poco de crema en el pezón: -¿querés comer tu postre, Roberto?- Yo iba a levantarme, pero ella se me adelantó, poniéndome el pezón a la altura de mi boca. -¡La anfitriona debe atender al invitado!- Y comencé a chupar hasta dejarlo bien limpito. Entonces me lo sacó y volvió a su asiento. Se levantó la pollera, dejando sus magníficos muslos a la vista, y con su más abierta sonrisa tomó más crema y bajó su mano hasta la entrepierna. Yo no podía ver, pero estaba seguro de que no tenía bragas.

-Ahora mi amoroso, ponte debajo de la mesa y continuá comiendo tu postre.- Obedecí, y en cuatro patas me puse bajo la mesa para encontrarme con la visión de su peludísima concha adornada con crema. Fui limpiando sus abundantes pendejos hasta llegar al clítoris. Allí ella abrió las piernas ampliamente, ofreciéndome su concha desfachatadamente abierta y avanzada hacia mí. La cabeza me daba vueltas por la situación. La suavidad de sus carnosos muslos acariciaba mis mejillas. Y el olor que salía de su concha me mareaba. Una vez que me tuvo bien adentro de su concha, me tapó la cabeza con la falda. Y con sus manos me la sostenía apretándomela contra su concha. Todo esto ocurría en silencio, con sólo el ruido de nuestras respiraciones y jadeos.

-¡Así me gusta, mi sirviente obediente! ¡Imaginate lo que sentiría tu noviecita si te viera com

o estás ahora. Chupándome la concha por debajo de la pollera…!- Yo estaba completamente empalmado y subyugado, avergonzado incluso, pero con un sentimiento de servilismo gozoso. Después de un rato de intimidad interminable, Julia se corrió, apretándome la cabeza con las manos, los muslos y la concha. Finalmente me soltó y casi asfixiado caí a sus pies, quedando rendido en el suelo, todavía empalmado. Julia me puso los pies en la espalda. Hacía menos de una hora desde que había llegado y ya había abusado de mí, consiguiendo su primer polvo y mi total sumisión.

Cuando salí de abajo de la mesa, Julia sonrió al ver mi total empalme a través del pantalón. Y parándose, levantó su pollera, dejándo su tremendo culo al aire.

-¡Ahora de rodillas, nene!- y puso su culo frente a mi cara. -¡Ya sabés lo que tenés que hacer!- Los redondos globos de sus nalgas rodearon mis mejillas, tan pronto como avancé hacia su ojete. La piel suavísima y fresca. Comencé a besarla. Sacando el culo, agarró mi cabeza con sus manos para que no pudiera separarla. La situación me excitaba enormemente. Ser dominado por esa voluptuosa mujer era lo más caliente que me había ocurrido en mi vida. Y ella parecía saberlo.

-¡Esta es mi idea de culearme a un tipo! – y comenzó a dar culadas contra mi cara. Ahí fue cuando me derramé. Pero sus manos me tenían aprisionado contra su culo y se lo seguí chupando.

-¡Las cosas que les hice a los tipos con este gran culo mío! ¿Te gustaría que te cuente?- Yo no podía contestarle, atrapado como estaba por ese enorme culazo, pero ella tomó eso como un sí, de cualquier modo estaba dispuesta a hacer lo que quisiera. Y mientras seguía con las culadas, ahora más rapiditas y suaves, y rotando el culo, continuó: -Una vez, en un colectivo, me puse delante de un tipo que venía con su esposa, y aprovechando que estaba lleno, se la hice parar con mis frotes y rotaciones -el tipo no sabía que cara poner para disimular ante su mujer- y yo continuaba con pequeños culazos contra su poronga que estaba a mil, y después con unos rápidos apretones de mis nalgas lo hice acabar. Sentí las pulsaciones de su acabada contra mi culo. Y lo dejé con el pantalón enchastrado con su propio semen, con una mancha que le iba a ser muy difícil de explicar. Y todo se lo hice en menos de ocho minutos.- Mientras decía esto, aumentaba sus movimientos, llevada por la calentura de lo que me contaba. -En otra ocasión salí con un tipo que se las tiraba de galán. Fuimos a un hotel, y cuando le dije que quería “con algunos chiches” me propuso que hiciéramos el sesenta y nueve, que era justo lo que yo esperaba. Pero cuando nos pusimos en la posición, me senté sobre su cara. El pobre tipo esperaba que le chupara el nabo, pero yo me mantuve aprisionándolo con mi peso, y dándole con el culo en la nariz, mientras ante mis ojos veía como su pija se empalmaba. El pobre lamía y besaba, y chupaba, y yo le refregaba el culo por la cara. Y la pija se le ponía más y más parada, y yo ni se la tocaba. Apenas lo dejaba respirar, y lo hacía cogerme el ojete con la nariz, y yo le hacía pequeños saltitos sobre la cara, y le decía cosas sucias. ¡Y el tipo prendido como loco! Y así, seguí culeándolo, hasta que le tiré un pedo, y ahí fue cuando acabó. ¡Le salía un verdadero torrente del nabo! ¡Cuándo le saqué el culo de la cara, tenía una expresión completamente alucinada! ¡Ese no se hace más el galán con nadie!- Yo a esa altura había perdido la noción de todo, y aunque tenía el pantalón lleno de mi semen, se me había parado nuevamente. Y ella continuaba contando:

-¡Les hice mil cosas a los hombres con mi culo! ¡Y no solamente a los hombres! ¡Una vez con mi modista, la calenté tanto con mi culo mientras me medía para la falda, que no aguantó más y lo agarró con unas ganas, que me metía la lengua por todos lados y me hizo acabar como loca! ¡Y otra vez con una compañera de la facultad con la que nos habíamos reunidos para estudiar, pero yo no pude con mi genio y la volví loca con mi culo, pobre chica, terminó pidiéndome de rodillas que la dejara chupármelo!- Entonces me quitó el culo de la cara y mirándome con expresión divertida me dijo: -¡Vaya, al palo de vuelta! ¡Yo sentí que te corrías a los primeros culazos que te di, pe

ro sabía que si te obligaba a seguir lamiéndome el culo te ibas a empalmar de nuevo! ¡Sacate el pantalón así no se te sigue embarrando con tu semen!- Me saqué el pantalón y el calzoncillo, y mi choto quedó empalmadísimo, flameando al aire.

Capítulo 5. LA OTRA FORMA DE CULEAR DE JULIA.

-¡Bueno, ahora me toca a mí, lamerte el culo! Acostate en la cama, boca arriba, mi nenito, que vas a conocer lo que bueno!- Cuando me tuvo en la posición me levantó las piernas y comenzó a lamerme el culo, toda la raya hasta las bolas, y se entretenía en mi ojete, metiendo y sacando la lengua, y entrándola poco a poco cada vez más profundo. Lamía con ganas y entusiasmo, y yo me iba sintiendo transportado al paraíso, un paraíso que antes jamás había conocido ni sospechado. Mi ano se iba abriendo ante los avances de su lengua, que literalmente me estaba cogiendo. Entonces cambió la lengua por algo. Se sentía como una pequeña pija de goma, no más grande que un dedo de mujer. Yo me dejaba. Y ella entraba y sacaba la pijita. -¿Que sentís, mi pequeño putito? ¿Te gusta como te estoy cogiendo?- Y entraba y sacaba en mi culo lubricado y abierto por su saliva.

-¡Claaro. ¡Te dejás porque esta es una pijita chiquitita! ¡Yo sabía que tenías el ojete cerradísimo! ¡Pero ahora lo vamos a ir abriendo! ¿Te gusta más así?- y de pronto sentí que la pijita se hinchaba un poco, y ella siguió metiéndola y sacándola. -¿No te dije que era un consolador hinchable, no?- No me dolía, y el placer era mayor. -¡Ah, putito! ¡Te gusta ¿no?! ¿Te la aguantas un poquito más gorda? – y sentí como el pene que tenía en el culo crecía un poco más. Ahora parecía una pija normal que entraba y salía de mi culo sin dificultad, produciéndome un placer desconocido.

-¡Ah, veo que te gustan gordas y largas! ¡A ver si te gusta esta!- Y sentí que la polla se hinchaba hasta un considerable tamaño, mayor todavía a la de la mía. Y la hija de puta continuaba entrándola y sacándola, entrándola y sacándola. Sentía el culo completamente abierto. Y me sentía un juguete en sus manos, completamente puto.

– ¡Bien, mi putín! ¡Y ahora vamos al tamaño baño! – Me la sacó y mientras la lubricaba con una crema, me contaba: -¡Esta es una poronga de negro grandote! ¡Creo que te la vas a bancar lo más bien! ¡Y el culo te va a quedar abierto como una flor!- Yo estaba ansioso, era más grande que cualquiera de las anteriores, ¡aquella era una verdadera poronga!

– ¡Abrite bien, putito! ¡No te esperabas salir cogido de aquí!- y yo sentía como aquel monstruo iba llenando mi culo, produciéndome un intensísimo placer.

-¡Si me habré cogido tipos con este consolador… !- Y continuaba entrándolo y sacándolo. – ¡Esta es la segunda manera que tengo de culearme tipos! ¡Todos los tipos que vienen aquí terminan con el culo abierto! – Y mientras seguía metiéndomelo y sacándomelo agregó: -¡Piensa que te está cogiendo un negro con una polla de veinticinco centímetros! ¿Verdad que te enloquece, mi nene?- Y siguió moviéndolo cada vez más rápido. Y entonces acabé con un gran grito de placer.

Quedé culo para arriba, con el consolador todavía en el orto, completamente vencido y dominado. Y dichoso. Pertenecía a esa mujer para que hiciera de mí lo que quiera.

Cuando volví a mi casa, de madrugada, tenía los huevos vacíos y me dolía un poco el culo. Me sentía un poco envilecido, pero bien.

Capítulo 6. EN UN BAR, JULIA ME HACE ACABAR SIN TOCARME.

Nuestro siguiente encuentro fue en un bar. Yo me preguntaba qué ocurriría allí.

Qué iría a ocurrirme, más bien. Fuimos a un apartado oscuro. En la semipenumbra acercó su boca incitante a la mía. Y rozó con su lengua mis labios y mi lengua. Yo me encontraba ya empalmado, pues su sola presencia me lo producía.

-Hoy nada de culo, mi cielo, y nada, pero nada de concha- Y comenzó a besarme con besitos tiernos que me pusieron a mil. -Solo la boca, mi nene. Sentí mi boca, mi lengua, mi saliva… – y su cálido aliento húmedo y perfumado me subyugaba completamente. Y comenzó a lamerme la boca, y el cuello, y volvía a la boca, y recorría toda mi cara, y volvía a la boca, y las orejas, y la frente, y la boca, y la boca y la boca, y la lengua. Y con las manos me

acariciaba la cabeza y el cuello, y me metió un dedo en la boca para que se lo chupara, y se lo chupé. Y comenzó a cogerme la boca con el dedo. Entonces me sacó el dedo y comenzó a cogerme la boca con la lengua. Y la polla me latía cada vez más. Y se me pegó al cuerpo, haciéndome sentir sus enormes tetas. – ¡Tocame las tetas, nene!- me susurró con su aliento en mi boca. Mi pija se había parado completamente dentro de mi pantalón amplio. Le saqué las tetas afuera, tibias, calientes, olorosas. Y bajé la cabeza hasta sus pezones y los abarqué con mi boca abierta, pasando de uno al otro, mientras ella gemía. – ¿Te acordás de mi culo en tu cara, pichoncito? ¿Recordás nuestra primera vez al lado de la pileta? Sabía que te ibas a volver loco con mi culo.- Y levantando mi cabeza hasta su boca, continuó devorando la mía. Creí que en cualquier momento acabaría. Me volvió a bajar la cabeza hasta sus pechos. Se los besé como un poseído, lamiéndolos por todas partes. – ¡Ay, mi nene, cómo me calentás!- y me movía la cabeza refregándomela con sus tetas -¡A mí me gusta calentar a los hombres hasta que no den más! ¡Y a vos, precioso, te tengo atrapado! ¿Te acordás cuando te hice chuparme la concha?- y me volvió a subir la cabeza, para enloquecerme nuevamente con su boca. -¡¡Estás temblando, mi cielo!! ¡Me parece que ya te tengo cerquita cerquita! ¿Sentís el olor de mi concha? ¡La próxima vez te voy a dejar comérmela, me voy a sentar sobre tu cara, y te voy a hacer acabar sin tocarte! Cómo ahora, mi vida, ya casi estás ¿no? ¡A muchos tipos los hice acabar sin tocarlos! Y vos vas a ser uno más en esa lista. ¡Ya te tengo pichón! ¡Puedo sentirlo en tu respiración, es cada vez más rápida, más rápida, ya estás por acabar, ya te tengo donde quería! ¡Te hago acabar con mi culo, te hago acabar refregándote mi concha en la cara, te hago chuparme el culo, te hago chuparme la concha, y ahora te hago acabar con la boca y con la imaginación! ¡¡¡Cielos, mi nene, cómo estás temblando!!! ¡Ya te puse en el borde… ! ¡Dale pipí, venite en tus pantalones! ¡¡¡Venite yaaa… !!!- Y me derramé copiosamente en mis pantalones, mientras ella me miraba en los ojos con expresión divertida y un poco burlona.

-¡Muy bien, mi nene! Como ves te hago acabar como quiero. La próxima vez te voy a hacer pis encima. Y te voy a hacer tomarme el pis. Y te voy a hacer correrte con sólo mearte. Te vas a volver adicto a mi pis.- Yo estaba derrengado en el asiento, con una enorme mancha de semen en el pantalón, y la sensación pringosa del semen empapando mi calzoncillo. Y la miraba embobado por su dominante fascinación.

Parte 7. MI ROSTRO, EL ASIENTO DE JULIA.

Yo naturalmente pasaba mis días obsesionado con Julia, con ese culo sobre mi cara, con su dominio desenfadado, con la imagen de su concha, y su olor y su sabor, y esas tetas, y esa boca, y el saber que era un juguete en sus manos, que podía hacer de mi lo que quisiera.

Me había prohibido terminar con mi novia, de modo que continué teniendo relaciones con ella. Vivía en un estado de agonía, deseando únicamente estar con Julia, todo el tiempo. Pero ella sólo me llamaba cada cuatro o cinco días. Ya que decía que quería sentirse libre para experimentar con otros hombres, y también mujeres. Y mantener otras relaciones. Esto atormentaba mi mente, pero era parte del placer de ser dominado por ella, de que me impusiera su voluntad, subyugando la mía tan completamente que sólo quería ser su juguete, su amante, su forro, como ella decía, temiendo el día en que me desechara. Entre nuestros hábitos normales tomamos la costumbre de pasarnos muchos ratos, por ejemplo ella hablando por teléfono, y su culo sobre mi cara, que estaba sobre el sofá. Mi nariz en su culo. Mi boca besándoselo y chupándoselos, mi lengua lamiéndolo, mientras ella como al acaso, distraídamente lo reacomodaba y lo removía, mientras seguía charlando al teléfono. Yo buscaba esa posición tanto como me era posible. Y a ella también le encantaba. A veces se le escapaba algún pedo esporádico, que añadía condimento a la situación.

Otras veces me chantaba la concha en la cara mientras leía un libro apoyado sobre mi siempre parada pija. Y se iba moviendo suavemente al principio y aumentando el ritmo hasta que, sin que ella me tocara, mi miembro comenzaba a

largar chorros de semen como una fuente. A veces no le hacía caso, pero otras veces se ponía a limpiármelo con la boca, de tal forma que con sus carnosos labios y su tierna y atrevida lengua y la cálida oquedad de su boca, me la dejaba limpita, sí, pero otra vez al palo.

Capítulo 8. EL PRIMER PIS. JULIA ME CUENTA DE SU NOVIO OBEDIENTE.

Otras veces, en el suelo, se sentaba a horcajadas sobre mi cara, apretándomela con su tremenda conchaza. Mientras leía, o hablaba por teléfono, o cosía una blusa, o incluso cuando charlaba conmigo. Fué una de esas veces cuando avanzó sobre mí: -¡Mi cielo, tengo ganas de hacer pis… !¡Pero creo no voy a llegar a tiempo al baño…!¿…vos no me harías el favor…?- y ahí me soltó un chorrito en la boca. La pija se me puso que parecía un fierro. -¡Ay, gracias mi vida…! ¿Puedo seguir un poquito más?- Y entonces me largó un chorro más largo que me llenó la boca con su pis, que tragué extasiado.

-Gracias mi cielito, ahora lameme bien para limpiarme- Pero cuando estaba ya acabando de limpiarla de pis con mi lengua, llegó otra descarga, que empecé a tragar con gozo. Me agarré a sus nalgas, pegando mi boca a su fuente, para tragarme todo lo que tuviera para darme. Una de esas veces me contó de su novio. Resulta que hacía algo más de dos años que salía con un muchacho un poco menor que ella. Pero no le permitía tener relaciones, ya que lo había convencido de era “una chica decente”, y que no pensaba entregar su virginidad hasta después del matrimonio, y quizá ni entonces. Al pobre la lecha ya le salía por la nariz. Porque además ella lo calentaba de todas las “inocentes” maneras posibles. Cuando iban a bailar lo apretaba hasta ponerlo bien al palo, y entonces se apartaba fingiendo horror: -¡pero qué te has creído! ¡Yo sólo te estoy brindando mi cariño, mi ternura, pero vos sos una bestia que enseguida piensa en el sexo. La verdad es que el pobre ya no debía poder pensar en otra cosa, con el “tratamiento” que ella le estaba dando, decía Julia riéndose a más no poder, con su concha en mi cara y soltando chorritos de pis, en el descuido de la risa. Yo, al palo permanente, por supuesto. Me contaba, muy divertida, que no lo dejaba acabar nunca. Que lo llevaba hasta el borde, y cuando el pobre tipo estaba en el mismísimo borde, lo detenía, ya fuera con la escena del horror, o con sus proclamaciones de virtud, o con su enojo, o con sus imploraciones. Y le hacía la cabeza hablándole de la virtud de una chica decente. Otra tortura que le hacía era contarle con todo detalle las cosas que le hacían a los hombres sus amigas liberales, que eran anécdotas sacadas de sus experiencias personales, o de su pícara y perversa imaginación.

A veces mientras me contaba las cosas que le hacía a ese pobre muchacho, me dejaba meter mi pija en su caliente culo, y me hacía quedarme muy quieto. Y me contaba las mil formas en que calentaba y frustraba a su novio, hasta que yo no daba más y me corría a grandes chorros.

-¡Así me gusta, mi nenito… ! ¡Cuantos chorros, cuanta lechita! ¡Estás muy calentito conmigo, ¿no? Te pongo este culo encima de la cara, me siento encima tuyo, te lo hago chupármelo y lamérmelo viviendo obsesionado con mi culo, hasta que te dejo metérmela ahí, pero no te dejo moverla, y con el calorcito y la calentura al final no podés contenerte y te empiezan a salir los chorros. Es que te estoy haciendo el mismo trabajito que le hago a él, sólo que a vos cuando no das más te dejo acabar. Con el pobre Albertito estoy haciendo un experimento. Reconozco que es algo cruel, muy cruel en verdad, pero a mí me da mucho placer, y al fin de cuentas en la ciencia se usan cobayos para ser sacrificados. Todo sea en nombre de la ciencia… ! ¡Vení, que ahora quiero culearte la cara con mi culón!- Y acomodándose en posición de 69 comenzó a culearme la cara.

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Autor: Lado Oscuro

ladooscuro4 ( arroba ) hotmail.com

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