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Relato Erótico: El culo de Julia en mi cara 3

Capítulo 9. JULIA MEANDOME MUY SEGUIDO.

Otro día, apenas llegué, me hizo tenderme en el suelo, sin quitarme la ropa.

– ¡Hoy quiero mearte enterito, de pies a cabeza, con ropitas y todo!- Y parándose con ambas piernas abiertas, una a cada lado de mi cuerpo, apuntó con su concha a mi cara, ojos, pelo, orejas, nariz, boca, yo abrí la boca y ella embocó un largo chorro para después seguir por mi cuello, mi pecho, hasta llegar a mi bragueta que me mojó completamente, y después siguió hasta mis zapatillas.

-¡Estuve juntando todo este pis para vos, mi vida!- dijo acuclillándose frente a mi boca, de modo de continuar meándomela. Yo estaba extásico de placer, y bebía y bebía su orín, amarillo naranja y caliente. Cuando terminó, yo vi embobado como su concha se acercaba hasta cubrir mi visión, y comenzaba a restregarse contra mi cara. Sus jugos vaginales sabían exquisitos.

– ¡Ahora te voy a contar otras cosas que hice con mi culo, mi boca, mi concha y mis tetazas! ¡Resulta que yo tenía una vecinita de 18años que era muy simpática y que me miraba con cariño.! Era bastante inocente la chica, y me aproveché de ella hasta convertirla, siempre bajo el disfraz de la simpatía, del “cariño entre amigas”, de “ayudarla en su crecimiento”, ya ni me acuerdo cuantas estupideces le inventé para engatusarla. Entre “jueguitos de amigas” le hice el ortito, le metí mis tetazas en la concha, le chupé la conchita hasta dejarla exhausta de tantos orgasmos. Y le daba larguísimos besos de lengua, hasta hacerla perder la conciencia, de tanto placer. Y, por supuesto, le chanté mi culazo en la cara, y le hice chuparme mi conchaza. ¡La nena estaba perdida por mí!. Mientras me decía esto, Julia oprimía mi cara con apretones de su culo. Y me decía: -¡Chiquitín, como te quiero! ¡No sé como se puede querer tanto a alguien!- y acabó estruendosamente sobre mi cara.

Yo estaba enamorado de esa mujer.

Capítulo 10. JULIA, CONMIGO DEBAJO, HABLA POR TELÉFONO CON SU NOVIO.

En eso sonó el teléfono: -¡Alberto, mi vida, me tenías abandonada, desde el mediodía que no me llamabas… ! ¡Justamente me estaba acordando de vos!- dijo mirándome desde arriba con una sonrisa burlona, y pude ver cómo su clítoris volvía a crecer se ponía duro y grande ante mis ojos. Me lo acercó a la boca y comencé a besarlo. -…¿y qué estabas haciendo… ?- preguntó con voz mimosa.

– ¡Ay Albertito, como te extraño…! ¡Pero claro, tenés que estudiar en la facultad… ! ¿Cómo? ¿Que no podés concentrarte… ? ¡No entiendo, Albertito,… ¿por qué no podés concentrarte?- La guacha giró para apuntarme con el ojete, y se puso a jugar con mi pija, acariciándola, estirándola, moviéndola en círculos… -¡¿Otra vez empezamos con eso… ?!- dijo con un poquito de enojo en su voz mimosa.

-¡No hablemos más de ese asunto! ¿Te conté lo que hizo mi amiga Mirta con el gran danés que tienen, cuando no estaba su marido? ¡Qué degenerada… ! Resulta que… – y comenzó a contarle una historia de lo más guarra de su amiga con el perrazo, con todo lujo de detalles. Mientras me seguía manipulando el choto, chupándomelo mientras charlaba. -¿Que qué estoy comiendo? Nada mi vida, estoy lamiendo un chupetín, de rico… !- Yo, el chupetín, estaba cerca de derretirme.

-¡Y la loquita del segundo C! ¡Resulta que se quedó encerrada en el ascensor con el marido de la del cuarto B! ¡¡Dos horas estuvieron en ese ascensor!! ¡¡Cuando por fin salieron, el tipo estaba hecho un trapo, toda la ropa arrugada, despeinado, la cara ojerosa… !! ¡Claaro, el tipo tiene como cuarenta y cinco años, mientras que la loquita esa tiene treinta y dos… ! ¡¡Lo agotó como un desaguadero… !! ¡Y su pobre marido, que se pasa el día trabajando como un santo, y no sabe nada de las andanzas de su mujer… !- Y empezó a pajearme mientras me lengüeteaba el choto y movía su culo en mi cara.

-¿Qué por qué suspiro? Es porque pienso cuán diferentes somos nosotros dos, que no hacemos esas asquerosidades… ! ¡Vos también estás suspirando, mi cielo! Porque es un suspiro eso, ¿no? ¿O estás jadeando?- dijo dándose vuelta y haciéndome un guiño cómplice. -Ah, es un suspiro entonces… ¡Es hermoso que vos también te emociones Alberto! ¡Somos el uno para el otro… !- Y acelerando los movimientos de su mano me hizo soltar mis chorros a morir, mientras bombeaba su sabroso culo en mi cara.

Capítulo 11. ADICTO AL PIS DE JULIA.

Tal como Julia me predijera, me volví adicto a su pis. Apenas llegaba a su casa me arrodillaba frente a ella con la boca abierta, y ella, pelando concha, me la llenaba de pis. Después terminaba chupándole la concha, o lo que ella quisiera.

Un día me empotró la concha en el culo y me lo llenó de pis.

Otras veces nos poníamos en 69, ella arriba, y cuando veía que yo esta por acabar, justo en el momento, me meaba la cara, y yo

tragaba mientras me venía. Tenía un gran sentido de la oportunidad.

Una vez me encajó la concha en la boca con tanta exactitud, que cuando empezó a mearme, lo mandaba directamente a mi garganta, aunque yo alcanzaba a saborearlo con la lengua.

En los almuerzos y cenas, mi bebida era su pis, que guardaba helado. A la hora del té, pis caliente, recién hecho, en una tacita de té. Yo me servía varias tacitas, cargándolas con la tetera llena de pis caliente.

Llegué a pedirle que me llenara dos termos con su pis caliente, para tomarlo en casa. Siempre tenía los termos al lado de la cama. Y me hacía innumerables pajas, en su nombre. Pero su sola presencia bastaba para llenarme los testículos de semen.

Capítulo 12. JULIA ABUSA DE MI HASTA AGOTARME.

A veces me llevaba a bailar. Y mientras se apretaba contra mí y se frotaba pesadamente, me comía la boca hasta que me hacía correr. Y seguíamos bailando apretadamente, mientras la leche se escurría por mis pantalones y a lo largo de mis piernas. Y la misma idea de lo que me estaba haciendo me ponía al palo nuevamente. Siendo ella más alta que yo, mi cara estaba sumergida entre sus tetazas, salvo cuando me la levantaba para hundir su lengua y comerme la boca. Esa mujer me tenía como quería. Me apretaba contra sus tetazas calientes y perfumadas y me las refregaba por la cara, mientras me decía cosas sucias.

-¡Mi muñequito!- me decía -¡vos sos mi muñequito! ¡Esta noche te voy a dejar meterme tu pijota en mi conchaza… ! ¡Pero quiero que me dures, mi vida! ¡Por eso te estoy exprimiendo tanto ahora… !- Aquella tarde ya me había hecho lanzar tres polvos, allí, bailando, y ya iba camino al cuarto. Para el quinto siguió con el mismo procedimiento, sólo que dándose vuelta, me plantó el culo contra mi vientre y trayendo su mano a su espalda, estuvo pellizcándome mi endurecido miembro hasta ordeñarme una vez más. Cuando llegué al asiento, estaba tambaleándome, y sentía el semen pegoteado por todas las piernas y el pantalón. Caí en la silla como pude. Y ella me sonreía espléndida y triunfal. Me ayudó a levantarme y fuimos a la puerta apoyándome en ella para sostenerme y poder caminar. -¡No te preocupes, mi nene, que ahora cuando lleguemos a casa te voy a hacer recuperar… !- Me metió en su coche, y me llevó, medio desvanecido hasta la mansión. Me ayudó a llegar a la mesa, y me sirvió una cena deliciosa: ostras, nueces, apio, roquefort, huevos, vino espumante y, desde luego, su pis, todo espolvoreado con ginseng en polvo y guaraná. -¡Comé, mi vida, comete todo que tenés que alimentarte, me parece que te pasé por encima hoy…! Y como voy a seguir haciéndolo, tenés que alimentarte bien y dormir un buen ratito. ¡Ah, ponele más picante a la comida!- Dicho y hecho: después de la cena me ayudó a llegar hasta la cama, donde caí redondo.

Capítulo 13. JULIA ME HACE EL CUENTO DE “EL VERDADERO MACHO INDOMINABLE”.

Cuando me desperté habían pasado muchas horas, ya que era media mañana. Julia me despertó con un beso tierno. Me puso un salto da cama de toalla gruesa, y me sirvió un abundante desayuno. Dos tazas de café caliente, un par de huevos fritos con dos rodajas gruesas de jamón cocido, jugo de naranja recién exprimido espolvoreado con ginseng, guaraná . Y un gran jugo de tomates espolvoreado con apio y catuaba. Quedé pipón. Y me llevó al lado de la pileta a tomar sol. -Es por la vitamina D- me explicó. Yo creí recordar vagamente que la vitamina D tenía efectos afrodisíacos y se producía cuando el cuerpo tomaba sol. Pero mientras me iba adormeciendo, preferí pensar que todos esos mimos significaban cariño, creencia que se afianzó cuando sentí sus cálidas manos iniciar un masaje energético de todo mi cuerpo, por el frente y por la espalda. Ahí me quedé nuevamente dormido, confiado, y feliz.

El masaje me producía una sensación de protección y confianza. A la hora y media me desperté y el masaje aún continuaba. Me sentía completamente repuesto y renovado, pero el masaje me gustaba tanto que decidí seguir pareciendo dormido. Pero, poco a poco fui notando algo raro. Julia seguía masajeándome, pero ya no con las manos, sino con algo redondo y enorme, muy suave… ¡Su culo! En esos momentos estaba masajeando mi espalda. La sensación de su gran culazo en mi espalda era gen

ial. Ella llegó hasta la nuca y me la masajeó con sus grandes globos, incluso abriéndolos un poco para alcanzar mi nuca con su ojete. Me empalmé. Ella siguió bajando su culazo deteniéndolo con leves movimientos rotativos en cada lugar de mi espalda. Mientras iba canturreando una especie de canción de cuna de suave y sensual melodía. Cuando puso su culo sobre mi culo la temperatura del masaje comenzó a elevarse. De pronto comenzó a masajearme con las tetazas. Las arrastraba pesadamente sobre mis nalgas, y yo sentía sus grandes pezones parados, que me ponían a mil. En eso siento que con sus manos me separa los cachetes, para luego sentir uno de sus enormes pechos entrando hasta el ojete, su duro pezón entrando y saliendo… -¡¡Julia… !!- suspiré con pasión -¡¡¿qué me estás haciendo, mi vida… ?!!!-

-¡¡¡Shh!!!- me retó ella -¡¡bien quietito y en silencio!!- y continuó con su excitante masaje.

Luego me dio vuelta como si fuera una milanesa, poniéndome boca arriba. Mi falo enhiesto apuntaba al cielo decididamente, como una nave espacial lista para lanzarse. – ¡Waw!- exclamó ella con admiración en la voz -¡Miren lo que tenemos acá! ¡Eso no me parece nada bien! ¡Yo estoy dándole un masaje lleno de cariño y el muy guarro se me empalma… ! ¡Y cómo! ¡Pues nada, usted se me queda quietecito y con pensamientos puros en esa puerca cabeza! ¡Veo que esos sacos ya están llenos de nuevo! ¡Qué poder de recuperación mijito! ¡Pero nada, deje su mente en silencio, sin pensamientos impuros!- y con sus tetas comenzó a recorrer mi vientre.

-¡No piense en mis tetonas frotándose contra su cuerpo! ¡Olvídese de esa pijota paradota! ¡No piense en mi culo sobre su cara!- y me iba restregando las tetazas lenta, sinuosa y sensualmente contra el frente de mi cuerpo. Y fue aproximando las tetas a mi rostro. Luego las arrastró nuevamente hasta mi miembro, desesperadamente parado. Sin ayudarse de las manos las pasó una y otra vez por mi nabo, haciendo por el delicioso roce que se corriera la piel y el glande se destapara y quedara al aire. Siguió hasta las rodillas, y luego hasta mis pies. Luego volvió a trabajarme con el culo. A medida que iba avanzando nuevamente hacia la cara, volvió a hablar:

-¡Mantenga su mente indiferente y pura!- y ya empezaba a sentir el olor de su concha que estaba llegando a mi boca. -¡No piense en mi concha! ¡Sienta como le refriego mi clítoris, pero ni se le ocurra chupármelo!- y comenzó a frotarme su clítoris contra mis labios. Procuré obedecerla, pero no pude menos que entreabrir la boca. Y su clítoris empezó a cogerme la boca. -¡Así me gusta, corazoncito! ¡Quédese bien bien quietecito, y con la mente en blanco! ¡Ahora le voy a refregar mi peluda concha por la cara! ¡Pero usted ni se me mueva, no haga nada!- Lo que no pude evitar fue que la respiración se me acelerara, y mi pija enhiesta temblara en el aire. Y comenzó a refregarme la concha por la cara, bañando mi rostro con sus jugos vaginales. Mi respiración se aceleraba más y más. Mi estómago se contraía espasmódicamente, y mi bajo vientre se estremecía con temblores involuntarios.

-¡Así me gusta, mi nene! ¡Bien obediente y quietecito! ¡Ahora le voy a acariciar la nariz con mi ojete, pero usted nada, se me queda bien quietecito, o me voy y no le restriego más el ojete contra su cara!- y sentí los redondos globos de sus firmes y suaves nalgas sumergiendo mi cara entre ellas. Las fue abriendo hasta chantarme el ojete en la nariz y volver a cogérselo con ella. Yo sentía como sus jugos seguían derramándose sobre mi cara, boca y cuello. Mis brazos se tensaban con movimientos espasmódicos, mis puños se abrían y cerraban por si mismos. Y entonces comenzó a hablarme, a recordarme las cosas que le hacía a su novio, para mantenerlo en estado de constante desesperación, y de las cosas que les había hecho a los hombres en los colectivos, como el viejito aquél que tuvieron que llevárselo con un respirador, o aquel señor que viajaba con su esposa en el subte y al que le dio tal tratamiento que acabó a las cuatro estaciones. Y su culo seguía jugando con mi cara. Y su respiración también se aceleraba. Y la mía estaba a mil.

– ¡No piense en lo que le estoy haciendo ahora!, ¡Aleje de su mente los pensamientos eróticos! Piense mas bien en lo que hicimos cuando fuimos a bailar. ¡Recuerde que a mí me gusta dominar a los hombres, tenerlos bajo mi culo, y hacerlos acabar de pura calentura y ¡

resístase!- su culo rebotaba una y otra vez en mi cara con movimientos cortitos, cada vez más seguidos.

-¡Ahh, ahh! ¡Eso es lo que quiero yo: un hombre bien hombre que se aguante cualquier cosa que le haga y sea capaz de resistir sin acabar… !- y revolvía su culo contra mi cara próxima ya a su propio orgasmo. Yo vi que la situación no era la de un hombre bien hombre que fuera capaz de resistírsele. Ahí estaba yo bajo su culo, y ella culeándome la cara, completamente dominado y subyugado. -¡Muy bien, mi macho, así me gusta, un hombre que se resista a ser mi esclavo y acabar cuando yo lo domino! ¡¡Ahhh, ahhh, mi vida… ¡qué polvo me estoy echando en tu cara! ¡¡¡Ahhhh ahhh, síiiii!!!- y acabó con convulsos apretones de su culo, mientras mi pija estallaba como un surtidor, moviéndose de un lado para otro, echando chorros y chorros de semen, que esta mujer había logrado ordeñarme una vez más, sin tocarme con las manos. Ella sabía muy que me estaba llevando al orgasmo, y se divertía jugando conmigo. Quedamos rendidos, uno en brazos del otro. Yo completa, total y definitivamente rendido.

Yo vivo en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Soy un varón heterosexual al que le gusta divertirse. Si quieres contactarte conmigo escríbeme.

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Autor: Lado Oscuro

ladooscuro4 ( arroba ) hotmail.com

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