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Relato Erótico: Fiesta de disfraces

Estaba tumbada boca arriba con las piernas abiertas, con una mano acariciando muy despacio mis tetas y con la otra mi clítoris que ya afortunadamente no estaba tan sensible y me dejaba tocarlo, en cuestión de segundos lo tenía arrodillado ante mí, y empezó a comer el coño, y no solo el coño, su lengua se iba hacia mi ano, cosa que me sorprendió gratamente, nunca me habían lamido allí, y eso me encantaba, que me acariciara en esa zona, lo que estaba sintiendo era delicioso.

Hola, mi nombre es Bárbara y me considero una chica liberal y algo viciosa, a pesar de tener que sostener una imagen de niña bien de cara, a casi todo el mundo.

Estoy bastante buena y no me importa decirlo, mido 1.70, soy rubia con el pelo largo, los ojos verdes, boca jugosa, grande y voluptuosa, con pequeños dientes blancos. Delgada, pero con curvas, bastante ancha de caderas, y un culo redondo, que se puede coger, amasar, y dar palmadas. Mi pecho no es muy grande, pero no me importa, cada teta tiene el tamaño justo de una mano, lo que hace que sean más abarcables, además considero que el pecho pequeño queda más elegante, me pongo grandes escotes sin resultar vulgar, voy muchas veces sin sostén (me encanta como se marcan los pezones tras la camiseta), y la ley de la gravedad tardará más en actuar.

Tengo 21 años, y tengo novio desde hace tres años, empecé muy jovencita, y cuando empecé la universidad, solo me había acostado con mi novio, de modo que pensaba que me estaba perdiendo algo. Estoy enamorada, pero mi problema es que él estudia en diferente ciudad y nos vemos muy poco. No me había acostado con nadie aparte de él, además que en los rollos de una noche que había tenido en alguna noche loca no quise acostarme para no parecer demasiado fácil, pero surgió algo de una forma improvisada.

En una fiesta de disfraces, en un colegio mayor, yo iba con unas amigas vestidas de diosas griegas. Llevaba una túnica blanca muy ancha atada a un hombro y ceñida con un cinturón dorado atado con unas cintas. Estas fiestas son barra libre con lo que me puse bastante borracha, además había bailado con un montón de tíos, y las fiestas me ponen cachonda, no sé porqué, pero siempre me gustaría terminarlas echando un polvo. Pensando esto apareció Chus, era un tío dos años mayor que yo, que me gustaba desde que era novata, incluso una noche en un botellón llegué a darme unos besos con él, pero no quise hacer nada más. Era mi tipo de chico, era un poco más alto que yo, moreno, con grandes pestañas, un fuerte cuerpo, un buen culo de futbolista y manos grandes.

Se acercó a saludarme, y por la forma de venir hacia a mí e intentar hablarme me di cuenta que quería algo más, y no una simple cortesía, yo no me hice de rogar, hacía más de tres semanas sin ver a mi novio, y llevaba tanto sin echar un polvo que parecía que fuera virgen. Fuimos por una copa hablando de trivialidades y de paso me enteré en donde vivía, ya que se había ido ese año del colegio, vivía muy cerca, así que me dije ¡bingo! Éste va a ser para mí. Y luego empezamos a bailar, yo empecé a restregar mi culo con su cuerpo bailando de espaldas a él y colocando sus manos en mi cadera, me daba la vuelta de vez en cuando y él me apretaba contra si, notaba como me comía con los ojos (cuando quiero puedo ser muy mala), cuando intentó besarme en la boca, le dije que allí no era el lugar, no quería liarme en público y soportar al día siguiente los comentarios de mis amigas, mis infidelidades siempre son discretas, de modo que sin pensarlo me dijo que fuéramos a su casa.

Salimos de la fiesta y cuando nos alejamos de miradas indiscretas empezó a besarme y a meterme mano por la calle, era febrero, y en Madrid hace frío, yo solo llevaba la túnica, pero entre el alcohol y el calentón de la noche… Teníamos que cruzar un parque por un paso, y mientras cruzábamos le aprisioné de golpe contra la pared que daba al parque, comencé a besarle, y a desabotonarle la camisa, pasaba su lengua por su cuello, por su pecho y seguía bajando, mientras sus manos levantaban mi túnica y me acariciaba y manoseaba el culo, la camisa estaba por fuera casi completamente desabotonada, y empecé con su cinturón y los botones de su bragueta, me costó trabajo porque tenía tal bulto ahí dentro, que estaban a presión.

Al final lo conseguí con un fuerte tirón, le bajé los calzoncillos un poco, y allí estaba su polla, deseando respirar, era bastante grande, cosa que me agradó mucho, no estaba circuncidado, y se empezaba a ver el extremo rosado del glande tapado por su prepucio, no lo pensé y mientras la cogía con una mano, me la metí en la boca y liberé esa cabeza rosada que luchaba por salir, él lanzó un suspiro que sonó a grito contenido, mientras la metí bien en mi boca y la acariciaba con la punta de la lengua, a la vez que empecé a mover mis manos rítmicamente, me la metí más profundamente y empecé a mamarla ayudada de mi mano, él me acariciaba los hombros, la cabeza, bajaba hasta donde sus manos le dejaran, yo estaba de rodillas, de pronto sentí como se contraía su culo, se iba a correr en mi boca y no quería avisarme el muy cabrón, levanté rápido mi cabeza sin dejar de mover la mano, entonces apenas susurró -me corro- le envolví la polla con mi túnica y descargó su semen en dos fuertes temblores, que le hicieron apoyarse en mi hombro.

No me da asco el semen, y siempre me trago la leche de mi novio, pero con los tiempos que corren no estaba dispuesta a que se corriera en mi boca. La mamada se la hice con una intención, que aguantara el polvo, sé por experiencia que cuando un tío va muy cachondo y lleva un tiempo sin follar no suele aguantar mucho, así que después de correrse una vez sabía que iba a responder cuando llegáramos a su casa. Le limpié cariñosamente su polla con el borde de mi túnica y mientras le besaba comenzó a abotonarse, la erección no le bajaba todavía por lo que no llegó a terminar de abrocharse el pantalón, tapándolo con la camisa que había dejado por fuera, fuimos en silencio hacía su casa dejando que me guiara cogiendo mi cintura, yo empezaba a sentir más los efectos del alcohol, e iba como flotando, cuando subimos en el ascensor de su casa empezamos otra vez a besarnos, hundiendo su lengua hasta mi garganta, como hace poco había hecho con su polla, yo le mordí el labio mientras le susurraba que todavía quedaba mucha noche.

Abrió la puerta todo lo rápido que pudo, y cogiéndome de la mano me llevaba casi arrastras hacia su habitación, cuando llegué yo me descalcé muy rápidamente, no estoy muy sexy desnuda con las zapatillas de deporte que llevaba de calzado, mientras él se afanaba con mi cinturón, el problema es que estaba el nudo muy fuerte, así que corriendo buscó unas tijeras y lo cortó, no le culpo por haberlo roto, era solo un disfraz, quitado el cinturón, la túnica era sólo desatar el nudo del hombro, al hacerlo cayó al suelo, y quedé solo con un pequeño tanga, entonces le empujé hacía la cama, le terminé de quitar la camisa mientras me acariciaba y besaba las tetas, lamiéndolas y metiéndose el pezón en la boca, mordiendo despacio la punta, se liberó pronto de los pantalones y los calzoncillos y me liberó también pronto de mi tanga.

Tumbados de lado, cara a cara nos besábamos mientras nuestras manos acariciaban todos los rincones, él fue bajando hasta mi coño y me metió un dedo, luego otro, y con el pulgar buscaba mi clítoris, le cogí su mano y me metí los dedos en la boca, por si no estaban suficientemente mojados de mis flujos, entonces dirigí sus dedos hacia mi clítoris y usando su mano comencé a masturbarme, él pronto comprendió como lo tenía que hacer, y empezó a mover sus dedos adelante y atrás, mientras que extendía mi humedad por todo mi coño, yo empezaba a hacerle otra paja lentamente, me chupé la punta de mi dedo índice, de forma que mientras subía y bajaba mi mano, le acariciaba la punta de su polla con el dedo húmedo, como si fuera mi lengua, empezó a moverse más deprisa, a la vez que cada vez me besaba, me lamía más fuerte, se estaba poniendo más cachondo, y a mí también me estaba afectando, noté como el calor iba invadiéndome, y ya no jadeaba, yo empezaba a gritar, no quería armar un escándalo, de forma que mientras iba más rápido con mi mano, le besaba los hombros para tener la boca ocupada, me pidió que parara y me relajara no quería correrse todavía.

El calor aumentaba y notaba como empezaba mi clítoris a contraerse, sentía los espasmos en mi estómago, me estaba corriendo, y para no gritar tuve que morderle, él soltó un pequeño ¡ay! Y paró dejándome jadeante, acariciando mi cara y mirándome con lujuria me dijo 1 a 1. Me preguntó si tenía condones, le contesté un poco borde diciéndole que como no los llevará en el coño con la túnica no tenía donde guardarlos, él empezó a reírse y me contestó algo que me dejó intrigada, -en el coño no los tienes porque ya los he buscado, igual los tengo que buscar en otra parte- Dicho esto se levantó y fue imagino a la habitación de algún amigo a buscarlos, afortunadamente volvió con la caja.

La erección le había bajado un poco, cuando llegó, pero le aumentó muy rápido cuando vio como me entretenía esperándolo, estaba tumbada boca arriba con las piernas abiertas, con una mano acariciando muy despacio mis tetas y con la otra mi clítoris que ya afortunadamente no estaba tan sensible y me dejaba tocarlo, en cuestión de segundos lo tenía arrodillado ante mí, me dio un condón y empezó a comerme el coño, y no solo el coño, su lengua se iba hacia mi ano, cosa que me sorprendió gratamente, nunca me habían lamido allí, y eso me encantaba, que me acariciara en esa zona, lo que estaba sintiendo era delicioso, abrí rápidamente el condón, quería que me la metiera ya, toda, calculando aproximadamente 17cm.

Cuando oyó rasgarse el papel levantó la cabeza y me ofreció su otra cabeza para ponérselo, por fin llegó lo que estaba necesitando, me la metió de golpe, rápido, con una embestida brutal que me llevó hasta la cabecera, mientras mis piernas le aprisionaban, a cada embestida mis caderas se levantaban y después las dejaba caer para volver a recibirle, sentía el peso de su cuerpo contra el mío mientras me lamía las tetas, su cabeza iba de una a otra con desesperación, como si fueran una fuente en medio del desierto, cada vez se movía más rápido, yo notaba otra vez el calor, y apretaba su culo contra mí, quería que me empalara, me embistiera, me atravesara, entonces llegó el siguiente orgasmo, mi espalda se arqueó para recibirlo, mientras él se hundía más en mí, no pude reprimir un grito agudo que salió de lo más profundo, él me tapó la boca y yo se la mordí, ahora fue él quien gritó, pero no era de dolor, sentí su sacudida, su culo contrayéndose, y la pelvis empujando, y le oí jadear, reí, río él también, y me besó, se apartó con cuidado, y fue hasta el baño.

Yo me tumbé boca abajo para descansar, el segundo orgasmo fue mucho más intenso, y yo intentaba controlar mi respiración, estaba en una nube, el alcohol sumado a la relajación del orgasmo me estaba adormilando.

Cuando volvió del baño me contempló tumbada boca abajo, una pierna flexionada que dejaba ver mi hinchado coño, mi hermoso culo y mis largas piernas, entonces se tumbó junto a mí, contemplándome, empezó a acariciarme suavemente la nuca, la espalda, bajando despacio, tocándome con un dedo, con dos, rozándome, y bajando, posándose en mi culo, pasando un dedo por el medio, acariciando suavemente, la apertura de mi ano, la entrada de mi coño, yo estaba sin moverme, pero él oía mis respiración, mis suspiros, estaba excitándome muchísimo otra vez.

Introdujo un dedo en mi coñito, lo sacó mojado, estaba empapada, subió otra vez a mi culito, y siguió acariciando la entrada de mi rincón más secreto, con el dedo fue extendiendo mis flujos hasta él, mojándolo y lubricándolo, y empezó a introducir un dedo, yo no sabía como reaccionar, me gustaba mucho, y cuando me masturbo algunas veces he introducido un dedo en mi culo, pero nunca me lo habían hecho, seguí tumbada sin moverme, pero mi respiración cada vez era más entrecortada, como no oponía resistencia, continuó, introdujo más el dedo, mi esfínter dejaba de oponer resistencia, volví la cabeza, pero para mirar su polla, estaba segura de que su intención era darme por detrás, y quería calcular lo que podría dolerme, porque si al principio sentí una punzada de dolor cuando introdujo el dedo, ahora me resultaba muy agradable, pero su polla que ya estaba otra vez completamente erecta, era como tres dedos y mucho más larga.

El se dio cuenta de mi cara de susto, me susurró: no te preocupes, no te dolerá, tengo trucos- en esto abrió la mesilla y sacó un tarro pequeño de vaselina y empezó a restregarla con un dedo que introducía, luego con otro que también terminó por introducir, le miré e instintivamente cogí también vaselina y comencé a darle en la polla, poniendo especial cuidado en la punta, él soltó un suspiro, le gustaba la sensación de mi mano resbalosa abarcando toda la polla, e imagino que también el pensar donde estaría dentro de unos minutos. Me puso a cuatro patas, y abrió bien mi culo, sin dejar de mover los dos dedos que tenía dentro, sacó los dedos, y acercó su polla, que yo veía descomunal, pero aunque me daba algo de miedo el dolor que sabía que seguro sentiría, se pasaría pronto y lo cambiaría por otra sensación que me gustaba más, me dio un par de azotes en el culo, cosa que me excitó, aunque si me da un poco más fuerte le hubiera dado un guantazo.

Después de los azotes sentí la presión, iba poco a poco, empujando, susurrándome palabras dulces para tranquilizarme: preciosa, no te voy a hacer daño, mi niña, no sabes cuanto de deseo, como te quiero hacer disfrutar, que vuelvas a gritar- conforme me hablaba la iba introduciendo hasta estar casi dentro, yo sentí unas punzadas de dolor intermitentes, luego se fue retirando despacio, y la introdujo más rápido a la vez que untó algo más de vaselina, repitió todo un poco más rápido, y cada vez lo hacía más rápido, el dolor que sentía dejó paso al placer, yo estaba muy quieta dejándolo hacer, pero más y más excitada, empecé a jadear, y él también se movía más rápido, más rápido le gritaba yo, sentía su polla abrirme, golpear mi interior y a cada golpe una oleada de placer, un estremecimiento, tardé en darme cuenta porque el dolor me confundía, y era un dolor tan excitante, pero sentía el calor, notaba contraerse todos mis músculos en su espalda sin soltarle.

Se sentó en el borde de la cama, y seguía agarrándome, se puso en pie, empujándome, embistiéndome, a estas alturas no nos cortábamos de gritar, pero daba igual, me apoyó contra la puerta y me folló contra ella, me iba a correr otra vez, me estaba corriendo otra vez, era la cuarta, y él también se corría, al verme estremecerme fue más rápido, había estado esperándome, y nos corrimos juntos. Sin salir de mí se dejó caer en la cama conmigo encima, abrazados, mirándonos, jadeantes. Con cuidado me aparté de él, no quería que le pasara nada al condón. Me fui hasta el baño, dolorida, me costaba trabajo andar, fui a comprobar los daños, afortunadamente solo tenía unas gotas de sangre, fue muy cuidadoso, me lavé un poco. Miré la hora, llevábamos dos horas allí, era muy tarde y no podía quedarme a dormir, ni quería, sólo había sido sexo. Volví, él estaba echado, todavía tenía el condón puesto, me dijo que no se tenía en pie, busqué mi tanga, me vestí como pude, él también se vistió.

Me acompañó hasta la puerta, y me dijo: 4 a 3, me ganas, pero me debes uno, ¿tendremos revancha?- Yo pensando en lo mucho que me dolía el culo, me lo pensé, pero acabé dándole mi móvil. Cuando me acosté estaba cansada y dolorida, segura de que a la mañana siguiente tendría resaca, y cuando desperté, no me dolía la cabeza, quizás me doliera otra parte, y tenía un poco de vergüenza por haber sido tan loba, pero por otra parte hacía mucho que no me levantaba con esa sonrisa, era completamente feliz.

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