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Relato Erótico: La ducha

David y mi primo Eduardo se habían hecho muy coleguitas. Estaban todo el día juntos y pasaban largas horas en mi casa escuchando música o jugando a la consola. Una tarde entré en el cuarto y me quedé un rato con ellos. También andaba por allí Luis, un amigo de los chavales.

Charlábamos de cosas intrascendentes cuando mi primo se levantó para ducharse, y, lanzando una mirada de complicidad a David, nos dijo que le acompañáramos.

Casi a empujones, ubicaron a Luis en medio. Al instante, comenzaron a acariciarle y echarle agua por todo el cuerpo. Al ver que el chico no se resistía, David aprovechó para agarrarlo por los hombros. Lo puso a cuatro patas, se sentó en el borde de la bañera, y cuando su cabeza casi tocaba el suelo, le enchufó el pie en la boca obligándole a comérselo. Sin rechistar, arrodillado como un perro, lamía y lamía sin descanso, dejándose restregar las plantas por toda la cara recibiendo pequeños puntapiés si no lo hacía como a él le gustaba.

– Así me gusta, lame fuerte, muy bien, eso es, vamos, no pares, lame perro. Desde este momento eres nuestro esclavo y harás lo que te digamos. Nos perteneces. Podías haberte ido y en lugar de eso, te has postrado a mis pies y ahora vas a servirme en lo que me plazca. Te gusta que te humillen, ¿verdad?, pues vas a terminar tan arrastrado que no vas a saber ni quién eres, mamón. Date la vuelta y chúpaselos al amo Eduardo.-

Apenas había girado y sin tiempo de tragar saliva, ya estaba inclinado ante mi primo, besando sumisamente sus finos pies, excitado, sodomizado por aquellos chicos.

– Levanta.- Dijo David.

– Espera, espera. Todavía no. Quiero más. Lame, cerdo, lame- decía Eduardo- Eso es, no pares hasta que yo lo diga, esclavo, y no se te ocurra mirarme porque de la patada que te meto, te arranco los dientes. Eso es, humíllate, perro sarnoso, porque no mereces otra cosa que estar a mis pies como ahora, adorándome y mostrándole fidelidad a tu amo – Así estuvo un buen rato. Luego, recostaron a Luis hacia arriba e iban metiéndole cada uno un pie a la vez. No se cansaban, tenían los pies empapados en saliva y seguían restregándolos por su boca, pisándole y apretando fuerte, excitados, henchidos de placer, encantados con aquello.

– Míralo. Está empalmado el cabrón. A ver si te gusta esto. – David se retiró y empezó a mearlo.

– Te pone cachondo que un tío se lo haga encima tuya, ¿verdad nena?, qué asco me das, abre la boca, cabrón, que te lo vas a tragar entero – .

Y así lo hizo. Tragó todo el orín con auténtica devoción el muy gilipollas. Estaba haciendo esfuerzos para no vomitar. David se dio cuenta pero lejos de apiadarse, lo puso de rodillas dejando su polla a 2 cm de la boca mientras lo tenía bien sujeto por el pelo. Luis, con la cabeza baja, esperaba órdenes.

– Así, muy bien, zorra, postrado ante mi polla como una puta barata. A partir de ahora, te inclinarás ante nosotros cuando nos veas llegar y obedecerás nuestras órdenes, ¿entendido?. Mírate, ¿no te da vergüenza?.

– No, amo, disfruto obedeciéndote- Contestó Luis resignado.

– Por supuesto, y más que me vas a obedecer. Como veo que no has tenido suficiente con la meada, vas a chuparme la polla como si fuera lo último que hicieres, puta asquerosa, y si se te ocurre potar, te doy de hostias hasta que revientes.-

Absolutamente roto y entregado, se abalanzó sobre ella con ímpetu para sentirla chupando. De vez en cuando, la sacaba para darle pollazos en la lengua, por la cara y luego volvía a meterla. Le agarraba la cabeza y follaba su boca con fuerza mientras Edu, por detrás, le introducía un bote de desodorante por el culo. Paraba, se recreaba en la humillación, ordenaba que la lamiera y Luis seguía chupándosela y chupándosela una y otra vez como le había dicho, como si fuera lo último que hiciera en su vida. Lo llamaba de todo, de vez en cuando se escupía en la polla y la volvía a meter bien honda, para que no se olvidara de ella, decía.

Entre tanto mi primo contemplaba la escena meneádosela, esperando su turno.

– Vuélvete, que tengo algo para ti.- Dijo Eduardo.

Se dio la vuelta para recibir otra amplia meada que volvió a tragar sin contemplaciones mientras se agarraba de sus piernas. La escurrió en sus labios y la hundió hasta el fondo para que empezara a mamársela. La tenía bien gorda a pesar de ser muy flaquito. De pequeño, recuerdo que hacía siempre lo que le decía, pero el nene había crecido. Ahora tenía arrodillado a un pavo ante su negra y gorda polla, comiéndola sin parar, lamiendo delicadamente sus huevos, que se le habían puesto como canicas de duros, sin ganas de escapar, sólo de seguir mamándosela, sometido a su majestuosa verga, postrado a dos niñatos que lo habían meado y dibujado el mapa de sus pies por todo su cuerpo.

– Míralo, tío, mira cómo la chupa el mamón, cómo disfruta, ahora mismo sería capaz de hacer con él cualquier cosa- decía mi primo.- ¡ Al suelo, puta, lame los pies de tu amo!-, le exhortó con vehemencia soltándole una hostia. Estaba desorientado, iba de unos pies a otros y cuando buscaba los de David para humillarse nuevamente, escuchó…

– Para, para- mientras posaba el pie en su cabeza. – Edu, siéntate en el filo y tú, ponte a gatas.

De pronto, sintió una cosa gorda y caliente introduciéndose en su puto culo de mamón arrastrado, y unas manos que asían sus caderas haciendo fuerza. Levantó la cabeza y tenía otra cosa caliente y gorda apuntándole la cara. David comenzó a follarlo con intensidad, haciéndolo más suyo en cada sacudida. Descargaba todo su deseo en aquel ojete virgen con potencia, agarrándose bien, metiéndola profunda y fuertemente, con mucha velocidad, follándole salvaje en tanto que Luis, no paraba de chillar como un marrano. Al mismo tiempo, su boca se deslizaba todo lo rápido que podía y le pedía Edu a lo largo y ancho de su hermoso, brillante y venudo nabo, hincándosela completamente mientras sujetaba su cabeza para que pudiera sentir con más intensidad los viajes descomunales que le propinaba David, que estaba masacrando a aquel excremento con su enorme tranca arqueada. Edu lo puso hacia arriba para empezar a follárselo a la vez que David, sentado encima, le hacía comérsela. Cómo follaba Edu, troncos, eran increíbles los latigazos que metía. Cuatro o cinco arreones fuertes, paraba, recuperaba, y otra vez vuelta a empezar. Por un momento, creí que el chaval se desmayaba. Ni una actriz porno hubiera soportado aquellas andanadas y, así, sacudiéndole el culo hasta la locura, lo ordenó arrodillarse para soltar cuatro enormes chorros de lefa que cubrieron su cara por completo, chupando hasta exprimir la última gota de semen. Luego, se giró hacia David que hizo lo propio, pero con la polla completamente hundida hasta la garganta con lo que tragó toda la leche que envió en esos tres o cuatro espasmos.

– Uahhhhh !, qué bien, – decía mientras se la meneaba tratando de evacuar las últimas gotas – – ¿ Está rica ?- Preguntó David-.

– Muy rica- Contestó.

Exhausto, se tumbó en el suelo y siguió lamiendo los pies de David delicadamente, dando las gracias por tan soberbia follada mientras Edu, con el pie posado sobre el culo volvía a mearlo en la cabeza.

Mi polla ya no sabía por dónde salir de lo caliente que estaba. Tenía unas ganas tremendas de llenarle de lechazos la cara a aquel imbécil así que pedí permiso a sus amos, permiso que fue concedido. Lo hincaron de rodillas ante mi y mientras me la meneaba para bañarlo, me suplicó que no lo hiciera, que ya había tenido bastante. Eso no sentó nada bien a mi primo que le calzó una buena hostia. Le dijo que obedeciera y que abriera la boca hasta el máximo para, unos segundos más tarde, sentir cómo se le llenaba de mi abundante, espesa y cálida leche.

Silencio, – les dije – están tocando a la puerta….

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