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Relato Erótico: La puta de mi mujer y sus amigas I

Empecé a metérsela en el culo. Ella se quejó pero la amenacé con dejarla con la otra y no se quejó. Seguí follándola, le dije a la amiga que esperara con la boca abierta y la lengua fuera, decidí que era el momento de llamar a mi esposa, el espectáculo era tremendo. Tenía a sus dos amigas atadas y boca abajo. Una de ellas tenía la boca abierta y ya estaba babeando y a la segunda le estaba abriendo el culo a conciencia.

 

Todo empezó hace dos años. Hacía 5 que me había casado con mi mujer y teníamos una vida sexual que calificaría de normal. La follaba en diferentes posturas y también me la mamaba aunque nunca se tragaba la leche (lo cual la verdad que me molestaba un poco); sacaba la polla un poco antes de que me corriera. Alguna vez habíamos hecho sexo anal pero esto había decaído con el tiempo (también para mi desespero). La verdad es que ella se lo pasaba bien mientras la follaba y se ponía supercachonda. Se le ponía el coño supermojado y se podía correr varias veces antes de que yo llegará.

Por mi trabajo yo tenía que viajar a menudo. Las folladas a la vuelta eran las mejores ya que se notaba que ella me cogía con ganas. En una de estas estábamos cuando empecé a comentarle lo mojadita y cachonda que estaba (una costumbre que habíamos empezado recientemente para dar algo más de morbo a nuestras folladas). Ella me respondía que si y que estaba muy caliente. La verdad es que yo también estaba muy caliente. Y le iba diciendo.

-¿Que? Te gusta mi polla, ¿eh? Se nota que estás disfrutando. -Si, mi amor, ya sabes que me gusta mucho.

En este punto me gustaba parar de follarla para que ella me pidiera que siguiera.

-Métemela, métemela. Sigue. No pares.

Normalmente las conversaciones no pasaban de aquí pero esta vez me sonó a imperativo y le dije.

-¿Quieres que te folle? -Si. -Si. ¿Que? -Si. Por favor. -Así me gusta. ¿Quien manda aquí? -Tú. -¿Tú?

Ella dudó pero dijo.

-Tú, mi señor, pero fóllame.

Entonces repetí.

-¿Quien manda aquí?

Esta vez dijo sin rechistar.

-Tú, mi señor.

Esto era lo que quería. Decidí seguir follándola pero esta oportunidad no iba a perderla. Cuando veía que estaba todavía más caliente volví a parar.

-Por favor no pares. -¿Qué? -Por favor no pares, mi señor. -¿Quien manda aquí? -Tú, mi señor.

-Entonces ya está bien de pedir tanto. Ponte de espaldas.

Un poco sorprendida se puso de espaldas. Entonces empecé a restregar la polla por su coño. Ella esperaba que la metiera por ahí pero esta vez dije.

-Creo que te la voy a meter por el culo. -Por el culo no por favor. Me va a doler.

Ni me digné a contestar y empecé a presionar ligeramente mi polla en su culo aunque sin meterla, mientras con la otra mano la restregaba por el coño. Quería tenerla caliente. Ella no quería que se la metiera por el culo pero le gustaba lo que le estaba haciendo en el coño. Cuando su resistencia fue cediendo, quizás porque creía que no se la iba a meter al final o porque estaba cachonda perdida, le volví a preguntar.

-¿Quien manda aquí? -Tú, mi señor.

Esta vez me sonó totalmente entregada y aproveché para metérsela por el culo mientras no dejaba de trabajarme su coño. Ella empezó a respirar fuerte. Era evidente que le costaba y estaba sufriendo pero no se quejó. Al final se la metí entera y empecé el mete-saca. Al principio lentamente y posteriormente más rápidamente. Al compás de mi mano en su coño. Ella lo estaba empezando a disfrutar. Eso era lo que yo quería. Quería que se corriera con mi polla en su culo. Ahora estaba gimiendo, pero era de placer.

-¿Te gusta?

Ella gimió. Entonces repetí.

-¿Te gusta? -Sii…iii…iii” Dijo con voz entrecortada. -¿Si?  -Si, mi señor. -¿Te gusta que te la meta? -Si, mi señor. -¿Te gusta que te la meta por el culo? -Si, mi señor” decía y ahora estaba gozando a fondo.

Ahora si que me parecía entregada y toda la conversación me estaba poniendo a mil pero quería aguantar por todos los medios así que paré ante su sorpresa.

-¿Harás todo lo que yo te diga? -Si, si mi señor.  dijo mientras se retorcía intentando prolongar el gozo que tan bruscamente había parado. Estaba totalmente entregada.

-Eres una calentorra. Harías lo que fuera para que te la metiera. Ella asintió. Era el punto clave. Había que subir el tono hasta llegar al insulto para que supiera que era mía.

-Venga, mastúrbate pero no te corras, guarrita.

Ella obedeció mientras seguía a cuatro patas y con el culo en pompa y todavía abierto.

-¿Qué eres?”, le susurré al oído. -Soy tu esclava y haré lo que me pidas.  -Y una guarrita. Añadí yo medio cariñosamente mientras le metí tres dedos en el coño. Noté un escalofrío en su cuerpo. Estaba a punto de correrse. Esto no lo quería. -Deja de masturbarte, ¡zorra! grité. Ella paró bruscamente un poco sorprendida. Nunca la había llamado así. De hecho yo también estaba sorprendido. Pero no se quejó. Estaba a punto de caramelo.

-Estabas a punto de correrte. ¿No sabes que solo podrás correrte cuando tu amo te lo diga? -Si mi señor. Lo siento. -Fíjate lo calentorra que estás… y le di a probar sus flujos. Ella se los metió en la boca sin rechistar y empezó a chuparlos mientras gemía.

-Que guarrita. Supongo que esperas poder correrte pero estás aquí para servirme y hoy no te vas a correr. Lo que vas a hacer es que me la vas a chupar y te vas tragar toda mi leche.

Ella no dijo nada, dudaba, aparte de tragarse mi leche, se tenía que meter mi polla después de haber estado en su culo.

-Hoy te voy a follar por los tres agujeros. Estaba totalmente salido y empecé a restregar mi polla por su cara mientras volví a masajearle el coño. Ella reaccionó enseguida. Estaba salidísima. Saqué los dedos de su boca y puse la punta de mi polla en su boca. Ella abrió la boca y empezó a chuparme la polla. Ahora si que la había dominado por completo. Esto me puso a mil y no pude aguantar más corriéndome en su boca mientras gritaba.

-Chúpala así,¡zorrita! ¿Te gusta mi leche? Trágatela.

Fue una de las mejores corridas de mi vida. Ella se la tragó toda y no hizo ademán de retirarse hasta que yo quité la polla. A eso ella todavía seguía a cuatro patas. Le susurré al oído.

-Lo has hecho muy bien. A partir de ahora serás mi zorrita particular.” Ella asintió con la cabeza sin mirarme.

Todo esto me había puesto muy salido y quería follar de nuevo pero no quería que se corriera hoy. Lo había dicho y tenía que cumplir la promesa. Entonces se me ocurrió algo. La verdad es que estaba fuera de mí. Sabía que también le gustaba a dos amigas de mi mujer, ya que ella me lo había dicho, y yo mismo había estado dudando antes de escoger a mi esposa. Una de ellas era bastante delgada aunque con una cara de estas viciosas. Lo más llamativo de la otra era su culo. Me fui al comedor y llamé a sus dos amigas para que cenaran esta noche en casa. Las dos aceptaron encantadas. A todo esto mi mujer seguía en la cama en la postura que la había dejado, quieta sin atreverse a hacer nada.

-He llamado a tus amigas para cenar esta noche. Nos vamos a divertir los tres. Vete a preparar la cena.

Esto le sorprendió pero no dijo nada, solo:

-Si, mi amo. He hizo ademán de empezar a vestirse. La paré bruscamente. -No te he dicho que te puedas vestir todavía. Ve a la cocina.  -Lo siento mi amo.  y se dirigió a la cocina. Ya era evidente que podía hacer con ella lo que quisiera. Estaba en la situación que todo hombre podía soñar. Fui a buscar la ropa adecuada para su nueva situación. Encontré un top lo suficientemente corto y estrecho para satisfacer mis propósitos y una falda que tuve que recortar yo mismo así como hacer más estrecha. Con estas dos piezas fui a la cocina y le dije: – Hoy te vas a poner esto.

Me miró con cara de sorpresa pero se puso las dos piezas. Al verse con ellas puesta comprendió la magnitud de lo que parecía: las tetas estaban que se le salían o por debajo o por arriba o según como que se le rompería la camiseta sin más, la falda no era mejor, a la que se agachara se vería que no llevaba bragas, la verdad es que verla así me estaba poniendo la polla como una piedra.

-Pero así me van a ver mis amigas. Le pegué un azote fuerte en el trasero. -¿Que has dicho?  Bajó la cabeza y dijo: -Lo siento señor, pero me da vergüenza ir con esto delante de mis amigas, parezco….” -¿Que pareces? -Una prostituta, señor. -¿Y que crees que serás a partir de ahora? Mi putita particular.

Mientras le decía esto le volvía a meter los dedos en el coño, seguía mojadísimo. -Como no quieres que te trate como a una puta. Fíjate como tienes el coño, mientras le metía los dedos en la boca.  -Estás deseando que te la metan, ¿verdad?  -Si mi señor. -Ya te da igual quién te la meta, solo quieres polla, ¡so puta! -Si mi señor, soy una puta. Haré lo que diga mi señor. -Joder que puta. No aguanto más.

Levanté levemente la falda y se la volví a meter por el culo. Esta vez me costó muy poco. De tres embestidas me volví a correr de lo caliente que estaba. Ella estuvo a punto pero conseguí correrme antes. Se quedó con la cara de puta que se le estaba poniendo y restregándose con el armario de la cocina. -Para de restregarte como una puta y termina de hacer la cena. Te la volvería a meter por el culo pero primero tienes que hacer la cena.

Me fui al comedor a descansar. Me puse a ver la tele y estuve descansando lo que quedaba de tarde. A eso de las 10.00 llegaron las dos amigas. Les di dos besos bastante efusivos y no pudieron disimular la sorpresa al ver las ropas que llevaba mi mujer. Empezamos a cenar. La verdad es que mi mujer apenas paraba en la mesa mientras yo departía con sus amigas, el vino también estaba corriendo de forma abundante de forma que ellas estaban cada vez más contentas y mis manos iban cayendo en sus piernas y espaldas de forma cada vez más continuada. A todo esto ellas estaban bastante extrañadas con el comportamiento (y ropas) de mi mujer pero a medida que se fue desarrollando la noche se les fue pasando.

Al terminar de cenar (ellas más que contentas con el vino) nos pusimos los tres en el sofá mientras que le decía a mi mujer que fuera acabando en la cocina. Para entonces tenía abrazadas a las dos de forma cariñosa y estábamos semi-estirados en el sofá. En esta postura de forma natural fuimos apretándonos mutuamente. No hay nada como dos mujeres bebidas y en celo total que al final casi se pelearon para empezar a besarme. Empecé a pegarle un morreo a las dos mientras mis manos empezaban a pasar por encima de las tetas. Ellas iban mirando de forma nerviosa hacia la cocina pero la situación las estaba excitando sobremanera y parecían no dispuestas a perder la oportunidad de obtenerme, algo que siempre habían querido (mi mujer me lo había confesado alguna vez). Aparte la competición entre ellas hacía que intentarán adelantarse a la contraria. Así, aunque mirando hacia la cocina, habían empezado a sobarme la polla por encima del pantalón.

Yo por mi parte ya les había levantado la falda y les masajeaba el coño por encima de las bragas. Estaban a cien. Les dije: -Bajaros las bragas. -¿Y si viene tu mujer? Respondieron casi al unísono. -No os preocupéis, en cualquier caso siempre podéis bajaros las faldas si viene. Se miraron y medio nerviosas, por no quedar detrás de la competidora, se quitaron las bragas tan rápidamente como pudieron. Le froté el clítoris a cada una de ellas. Ambas tenían el coño supermojado. Para entonces ya me habían desabrochado totalmente el pantalón y me estaban empezando a pajear. Como no me habían bajado el pantalón no estaba totalmente cómodo. Les dije_ -Voy a ponerme algo más cómodo, seguidme. Pasamos por delante de la cocina, yo con el pantalón semi bajado y ellas sin bragas.

-Ahora tumbaros en la cama y quitaros la ropa, la primera tendrá premio. A pesar de que podia venir mi mujer los celos hicieron que se quitaran la ropa tan rápido como pudieron y les empecé a chupar el coño a las dos. Gemían como verdaderas putas. Obviamente mi mujer las podía oir. En esto paré, mi táctica habitual, y también dijeron: -¡No pares! -Aquí las cosas se piden por favor. -Por favor, no pares. -¿A qué estarías dispuesta por que siguiera. -A lo que sea. -Poneros de espalda. y les tapé los ojos con una venda y les até las manos a la espalda, y esta vez puse la cámara para grabar.

Cogí la que me más me gustaba el culo y empecé a metérsela. Ella se quejó pero la amenacé con dejarla con la otra y no se quejó. Seguí follándola. Mientras le dije a la amiga que esperara con la boca abierta y la lengua fuera, que no se tragara la saliva. Me gusta ver como babean.

En esto decidí que era el momento de llamar a mi esposa. Cuando llegó el espectáculo era tremendo. Tenía a sus dos amigas atadas y boca abajo. Una de ellas tenía la boca abierta y ya estaba babeando y a la segunda le estaba abriendo el culo a conciencia. Pero ella ya estaba totalmente en su papel y solo dijo:

-¿Que desea mi señor?

Sus dos amigas escucharon sorprendidas pero no dijeron nada. Una no podía, tenía que tener la boca abierta y la otra estaba demasiado preocupada por mis embestidas.

-Quiero que me chupes el culo mientras me follo a tu amiga.

Ella obedeció sin rechistar.

Cuando estuve a punto de correrme la saqué de su culo y la metí en la boca de la amiga. -Chupa polla, ¿te gusta el sabor del culo de tu amiga? Vaya par de putas. Y me corrí en su boca.

Continuará…

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