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Relato Erótico: La puta de mi mujer y sus amigas II

Me volvieron a atar los huevos y la base de la polla. De nuevo una tremenda erección apareció. La segunda amiga, Marta, me empezó a follar (a esta le encantaba follar por el culo, y efectivamente era el agujero que estaba utilizando mientras se masturbaba). De nuevo noté como la piel me tiraba de forma tremenda, aunque aguanté mejor que la primera vez, y ella se corrió antes que yo.

A partir de entonces las cosas cambiaron mucho. Pase a tener tres esclavas con todas sus consecuencias. Primero hice que a las tres las tatuaran “Propiedad de ….” en el culo. También les puse piercings en los pezones y en los clítoris. Lo mejor fue a la hora de pagar, ya que hice que se la mamaran al de los piercings en pago. Era como los mormones, cada día me follaba una, según como se portaran. Obviamente también compramos consoladores y bolas chinas. Para esto fuimos a un sex-shop y les hice ponerse las bolas chinas allí mismo, y nos fuimos a casa con ellas puestas. En casa duermo solo en la cama grande mientras tengo a cada una en una habitación distinta. A veces obligo una a dormir en el suelo de mi habitación con la cadena puesta. Tampoco utilizo el lavabo ya que ahora siempre meo en la boca de una de ellas cuando tengo ganas. Ella se traga hasta la última gota. Tampoco me limpio el culo cuando cago, ya que lo tienen que hacer ellas. Yo mismo estoy sorprendido de lo sumisas que son, cuando peor las trato, más dóciles se vuelven. Ellas mismas se han organizado la casa, una limpia y otra cocina. Por razones de higiene a mi mujer solo la usamos de lavabo.

Pero todo esto un día cambió. El viernes después de comer habia cogido a la del culo gordo y la había hecho sentar en mi polla para que me follara mientras estaba tumbado en el sofá viendo la tele. A las otras dos las tenía en el suelo en posición sumisa. Después de correrme, me tomé una siesta. Cuando desperté me encontré atado y con un aparato puesto en la polla que me impedía empalmarme. Cuando pregunté que significaba esto recibí una sonora bofetada. Mi mujer me dijo que a partir de ahora solo debía hablar cuando se me diera permiso, se me ocurrió decir:

“¿Qué?”

Y recibí un fuerte palmetazo en los huevos. Esta vez comprendí la situación y me callé. Entonces mi mujer me cogió de los pelos y me hizo llevar al lavabo, me puso en la bañera de rodillas y me hizo abrir la boca. Como os podéis suponer empezó a mear en mi boca que yo mantenía abierta, pero luego me dio una fuerte patada en los huevos por no habérmelo tragado todo. Me dolió bastante, pero estaba excitadísimo aunque no me podía empalmar. Me limpio la boca con la ducha y me hizo comerle el coño hasta que se corrió (por suerte no tardo mucho). Me puso una cadena en el cuello (¡la misma que usaba yo con ella!) y me llevó al comedor donde me hizo ponerme de rodillas con las manos atadas a la espalda).

Así estuve esperando el resto de la tarde (me dolía bastante la postura y la excitación era tremenda, aunque no podía empalmarme se podía ver el líquido seminal salir), hasta que llegaron sus amigas del trabajo, al verme se rieron, me cogieron, fuerte, de la cadena y me obligaron a comerme el coño de cada una hasta que se corrieron, tampoco tardaron mucho pero ya me empezaba a doler la boca y también me hicieron beber su orín que, como venían del trabajo, sabía fuerte, pero ya estaba en un punto de excitación tal, que todo me excitaba más si cabe. Ellas se fueron a ver la tele y a cenar y a mi me dejaron la comida en el plato del perro que yo había usado tantas veces con ellas, que tuve que comer con la boca ya que no podía usar las manos. Cuando acabaron me hicieron poner en la mesa boca abajo y me dieron diez fuertes azotes en el culo con una pala por haber manchado el suelo al comer. Entonces cogieron un consolador, lo untaron con vaselina y me lo empezaron a meter en el culo, la verdad es que no era muy agradable, pero tenía una excitación tremenda y además ya tenía ganas de orinar, ya que llevaba mucho rato sin hacer, pero todavía no me habían dado permiso, de todas maneras dije:

“Amas, ¿puedo orinar?”

Mi mujer me dio una tremenda bofetada en la cara.

“¡¿No te he dicho que solo hables cuando te lo diga?!”

Cogió la fusta y me dio unos tremendos azotes en el culo. No lo vi, pero estaba seguro que me había hecho sangre. De todas maneras, seguro que acabaría viéndolo ya que lo estaban gravando todo. Estaban haciendo una señora venganza. Después de darme los azotes me llevó a la bañera y me dijo: “Aquí dormirás esta noche, putita” y se fueron las tres a acabar de ver la tele y a dormir. Yo, al menos pude mear, ¡en la bañera!, aunque no pude dormir bien debido a la excitación que tenía y a la postura. Siempre que tenía ganas follaba, y no estaba acostumbrado a quedarme con las ganas.

Cuando se levantaron por la mañana, lo primero que hicieron fue mear en mi boca. De nuevo el sabor era fuerte de toda la noche, yo estaba medio atontado y excitadísimo de no poder dormir bien (el no poder tener una erección me estaba volviendo loco). Esta vez me lo bebí todo y no tuve castigo. De nuevo me llevaron al comedor, me pusieron en posición sumisa (de rodillas, mirando al suelo y con los brazos atados a la espalda) mientras ellas desayunaban y veían la tele. De nuevo me hicieron comerles el coño a las tres hasta que se corrieron (y de nuevo mi boca se quedo adolorida del esfuerzo, por no mencionar como estaba mi polla, pienso que si hubieran soplado sobre ella, me habría corrido, a pesar de que el aparato impedía que se pusiera dura). Al acabar me volvieron a poner en la posición sumisa de rodillas, con el collar atado a la mesa y la boca abierta. Así estuvimos un buen rato, ellas se pusieron a hablar, aunque a mi me pusieron unos cascos, o sea que no podía oír lo que decían, aunque miedo me daban. En estas me quitaron el aparato que me impedía tener una erección y mi polla se puso dura como un resorte. Entonces mi mujer me dio un fuerte latigazo en la polla para bajarme la erección. No puede evitar decir:

“¡Ay!”

Y de nuevo bofetón en la cara por hablar. Aunque bajo la erección, al rato volvía a tenerla dura (toda la situación me ponía a mil, ¡iba a resultar que yo era una puta sumisa!), y de nuevo un fuerte latigazo en la polla. Esta vez no dije ni mu aunque vi las estrellas. El picor de excitación en la polla era inmenso y el líquido seminal no paraba de salir, aunque intentaba pensar en otra cosa para no excitarme. Así pasó la mañana. Un poco antes de comer me llevaron a la cama, me desataron las manos para volvérmelas atar a la cabecera. Mientras los pies los ataban a las patas de la cama. Mi mujer me dijo:

“Ahora te vamos a follar”

Fue decir esas palabras y mi polla ponerse como una roca. Mi mujer se rió y me dio un fuerte palmetazo en los huevos que me bajó la erección, aunque he de decir que no totalmente.

“Que te quede claro, he dicho que te vamos a follar, no que te vayas a correr, o siendo más precisa, que vayas a eyacular”

Y se volvió a reír. No la acabé de entender, pero entonces me ataron fuerte los huevos y la base de la polla y de forma instantánea tuve una erección tremenda (mientras seguía saliendo el líquido seminal), aunque con una sensación extraña, algo desagradable (aunque el morbo de la situación hacía que la excitación fuera mayor si cabe). Mi mujer me dijo:

“Tienes prohibido correrte, si lo haces recibirás un fuerte castigo, repito, un fuerte castigo”

Y se rió otra vez. Me estaba acojonando, porque no me veía con fuerzas de aguantar (ahora con la erección tenía la sensación que con solo que me dieran un pequeño toquecito me correría). Primero empezó la amiga de mi mujer, María. Hice lo que pude pero ellas ya se habían corrido y tardaban más, por otro lado me habían apretado tan fuerte que cuando más excitado estaba me tiraba tanto la piel que retrasaba la eyaculación, pero no era suficiente. Estaba punto de correrme (cielos como tiraba la piel), pero María se dio cuenta y paro (la muy puta con una sonrisa en los labios). Entonces me puso el coño en la boca que comí y acabó de correrse enseguida, mientras yo seguía con una erección tremenda. Al acabar María mi mujer me dijo

“¡No vales para nada! ¡Te ibas a correr! ¡Abre la boca!”

Y me escupió en la boca y me lo hizo tragar. Me soltó las cuerdas de la polla y huevos (Ya no aguantaba más el dolor), se subió a la cama y me dio una fuerte patada en los huevos para bajarme la excitación (joder como dolió, cada vez pegaba más fuerte). No pude evitar gritar y patapam! Otra patada.

“¡He dicho que no hables!”

Me quedé calladito y sin erección (de momento) pero el picor de la excitación era tremendo, casi insoportable, y el líquido seminal seguía saliendo (en cierto sentido, me estaba corriendo en continuo). Mi mujer estaba cabreadísima

“Solo piensas en correrte, ¡puta! Nos vamos a comer y luego te follaremos, espero que te portes mejor a la vuelta, ¡zorra!”

Ellas se fueron a comer, y me dejaron atado a la cama. Además tenía ganas de mear, y esto también me excitaba, pero esto también lo pensaron ellas y me sentaron en un orinal de estos de hospital, donde meé todo lo que pude, también pensando en intentar bajar la excitación todo lo posible.

Así llegamos a la tarde, yo había intentando descansar todo lo que pude, no sabía que me esperaba, e intentado pensar en otras cosas, de hecho la excitación había bajado algo (aunque seguía saliendo algo de líquido seminal). Y llegaron ellas y volvimos a empezar la sesión. Me volvieron a atar los huevos y la base de la polla. De nuevo una tremenda erección apareció. La segunda amiga, Marta, me empezó a follar (a esta le encantaba follar por el culo, y efectivamente era el agujero que estaba utilizando mientras se masturbaba). De nuevo noté como la piel me tiraba de forma tremenda, aunque aguanté mejor que la primera vez, y ella se corrió antes que yo (aunque por poco, porque estaba a punto de caramelo). Mi mujer dijo con una media sonrisa.

“Vaya, parece que la putita está aprendiendo”. Yo dije…  “Gracias ama”

(Las únicas situaciones en las que podía hablar era cuando se dirigían hacía mi).

“Anda límpiale el culo a Marta”

Dijo mi mujer, cosa que hice con gusto (con el grado de excitación que tenía todo lo hacía con gusto). Tenía el culo abierto y pude meter la lengua bastante. Tenía algún trocito (duro), lo notaba mientras metía la lengua. Mi mujer se debió de dar cuenta, metió la mano en el culo de María y sacó unos trocitos pequeñitos, mientras reía, lo estaba pasando en grande. Me ordenó…

“Abre la boca puta, y saca la lengua” Me puso los trocitos en la lengua y dijo “No quiero que se caigan, ¿Me oyes maricona de mierda?” Asentí levemente con la cabeza para que no se cayeran. “Ahora me toca a mi follarte, zorrita” dijo mi mujer.

Lo estaba temiendo, a todo esto yo seguía con una excitación tremenda (joder como tiraba la piel). El líquido seminal seguía goteando. No tenía claro que pudiera aguantar sin correrme y efectivamente al poco rato de que mi mujer me follara me corrí, sin poderlo evitar, aunque como dijo mi mujer no eyaculé (debido a como tenía atados los huevos y la polla), fue una corrida frustrante, que dejaba insatisfecho (dicen que esto es sexo tranta, una mierda!) pero me bajó la erección. Mi mujer al darse cuenta me dio una fuerte bofetada en la cara.

“¡Puta! ¿Ya te has corrido? ¡Eh! Ya te he dicho que tendrías un castigo. Primero, trágate los trocitos que te di de Marta”

Así hice sin rechistar, estaba acojonado por el castigo y quería evitar males mayores. Luego me hizo beber mi orín que había hecho antes. También lo hice sin rechistar. Soltó las cuerdas de polla y huevos para mi alivio. Pensé…

“Bueno, no ha sido tan grave”

Pero mi mujer desapareció de la habitación y volvió con las pinzas de la ropa. Me puso uno en cada pezón y tres en la piel de los huevos. Dolía, pero no mucho (luego comprendí que el problema viene después). Me volvió a atar huevos y polla y de nuevo me volvió la erección (el puto tranta, como no había eyaculado!). Ahora además de tirarme la piel de la polla también lo hacía la de los huevos con las pinzas (y esto dolía bastante). En esta tesitura mi mujer me empezó a follar. Estuvimos un buen rato (a la puta de mi mujer le gusta el sexo). Yo seguía con la combinación dolor y excitación hasta que mi mujer se corrió como una loca.

Por la excitación y mientras se corría me fue quitando las pinzas de los huevos, sin mucha delicadeza, por cierto. Cielos como dolió pero en ese mismo instante me volví a correr (de nuevo sin eyacular, ¡Como me dolían los huevos, puto tranta!). Cuando mi mujer se repuso (pocas veces la he visto con una corrida así) se dio cuenta que me había corrido, no dijo nada, esto me acojonó más si cabe, pero me quitó las pinzas que quedaban (cielos como dolía) y la cuerda de la polla y huevos (dolió también un montón después de tanto rato). Además yo seguía con el dolor de huevos de no eyacular y el puto picor de la excitación. Mi mujer se fue de la habitación y yo me quedé atado, aunque sabía que volvería, y con un buen castigo por haberme corrido.

Continuará…

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