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Relato Erótico: Lo hicimos en su oficina

Me penetró de forma desesperada, él ya no aguantaba más y yo tampoco, y solo podía sentir sus testículos golpeando mis nalgas, su pene entrando y saliendo sin el menor problema, yo estaba húmeda, se que eso facilitaba las cosas, cada vez me penetraba más rápido, sentí como me llenaba de su semen caliente, como gemía de placer, los dos ahogados en un tremendo orgasmo.

 

Hola yo de nuevo. Ahora les contaré lo que me pasó hace algunos días, acudí a la oficina donde trabaja mi novio, como una de tantas veces estamos solos ahí. Entre mil preguntas, abrazos, besos tiernos y un ligero jugueteo, hay cosas inevitables. Cada vez que nos vemos, no podemos evitarlo, los besos llegan a un punto muy intenso, donde los ánimos suben de tono, y las pasiones no se pueden ocultar.

Siempre nos ha gustado correr el riesgo quizá de ser descubiertos, es como un reto, no se pero el sentirnos con la presión que alguien pueda vernos, hace que a pasión se desborde, es algo que es inevitable entre nosotros, esa química, llegué a la oficina y nos dimos un beso completamente inocente, ahí aun se encontraban unas personas que al paso de los minutos se fueron, que suerte para nosotros, solos, al fin solos. Por primera vez me animé a mostrarle los dos relatos anteriores que tengo publicados en esta página y los leyó con calma, se reía y me decía con una cara de placer:

-Ay mi vida, que bárbara.-

Que más le podía admitir, que cuando los escribo me excito de solo pensar en esas fantasías que nunca he experimentado en realidad, yo lo amo y jamás le he sido infiel, más no debo de negar tampoco que tanto yo como cada uno de ustedes, inclusive él, han podido fantasear con ser infiel, compartir sus momentos íntimos con otra persona.

Me mató cuando me dijo que destilaba sexualidad en cada palabra que ahí él podía leer, y que además podía olerme en ese momento como destilaba feromonas al por mayor. Sin pensarlo más me paré de la silla donde yo estaba sentada y me senté sobre sus piernas, en ese momento lo empecé a besar de forma frenética, él tiene la mala costumbre de morderme los labios pero eso me encanta, me agarró fuertemente de las caderas y de repente sentí sus manos en mis pompas acariciándolas lentamente.

No se en que momento sus manos estaban ya bajo mi pantalón y las apretaba más y más a cada segundo, sus besos me devoraban, sentía su lengua tan dentro de mi que pensé por un momento que me ahogaba, era maravilloso. Sin más, en un momento después de besarnos locamente, me detuvo y me pidió que hiciéramos el amor, sin pensarlo más, bueno realmente dudé unos segundos, aún quedaba gente en la planta baja de su oficina, pero no me pude aguantar más, en ese momento me paré y lo jalé de su mano hacia el baño de la oficina.

Entramos y cerramos la puerta con seguro, sin más me levantó la blusa y me quitó mi brassier, besó mis senos de una forma frenética como si se los fuera a comer, me mordía los pezones, y eso me encantaba, no podía ya evitarlo más, estaba yo mojada a un punto casi, casi, de locura. Sin decirme más me bajó el zipper de mi pantalón mientras me seguía besando sin parar, yo como pude quité su cinturón y también desabroché su zip, quedando los dos solo en ropa interior, y nuestras respectivas blusa y camisa en su lugar, bueno la mía estaba a la altura de mi cuello con mis senos al aire.

Con él el tiempo pasa sin darme cuenta, me agaché y empecé a besar su glande, pero que si seré golosa, no pude contenerme y lo empecé a chupar por completo, lentamente, solo podía oírlo como gemía, como lo gozaba, lo seguí chupando, y pasaba mi lengua caliente y húmeda por sus testículos, él seguía gimiendo, eso me tenía absolutamente endiosada, como poseída por algo que no podría explicar.

Parece que él no podía contenerse más y me tomó suavemente de mi cabello y me paró de donde yo permanecía de rodillas desde hacía ya algunos minutos, gozando de un sexo oral indiscutiblemente genial.

Y me puso recargada contra el lavamanos, mirando de frente al espejo, espejo donde otras veces los dos nos hemos mirado mientras hacemos el amor, y me penetró de forma desesperada y tal vez un poco violenta, pero podía yo entenderlo, él ya no aguantaba más y yo tampoco…

Sentía sus testículos golpeando mis nalgas, y su pene entrando y saliendo sin el menor problema, yo estaba húmeda, se que eso facilitaba las cosas, cada vez me penetraba más rápido.

Y en cuestión de unos largos, intensos minutos, sentí como me llenaba de su semen caliente, como gemía de placer, los dos ahogados en un tremendo orgasmo, me abrazó y besó mi espalda.

Con él las cosas siempre son buenas, amo su presencia, amo sus besos, sus caricias, su mirada en mí, la forma tan loca en que me hace el amor, han pasado muchos años ya juntos y aún no perdemos esa emoción de cada encuentro que tenemos.

Otro día les contaré otro encuentro, espero que este sea de su agrado.

Si quieres leer más relatos, no olvides visitar Relatos eróticos, donde el órgano más sexual es tu cerebro

Autora: marianita_79

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