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Relato Erótico: Los Límites los marcamos nosotros 3 y final

Sin más dilación y rogando a todo lo divino que no hiciera el ridículo me puse encima de ella en postura del misionero, abriendo aún más sus piernas y dirigiendo mi mirada hacia su coño que estaba realmente húmedo y colorado del roce y de la excitación con los labios hinchados. Agarré mi verga y con su ayuda la fuí introduciendo lentamente, algo que me hizo ponerme aún más a mil y perder tiempo de bombeo luego. Pero ella lo estaba disfrutando, se paraba un poco pues le dolía al principio, pero enseguida gracias a la casi excesiva lubricación de sus jugos, mi poya entró centímetro a centímetro dentro de lo más íntimo de Cleo, dentro de su rincón del placer, y, jadeando ambos comencé a darle embestidas suaves mientras ella con los ojos cerrados y la cabeza girada un poco hacia atrás, me agarraba del culo para que se la introdujera aún más.

Apenas pasaron unos segundos, empecé a moverme adentro y afuera más rápido pues notaba que iba a correrme enseguida pues estaba a punto de explotar, y con esos movimientos más fuertes Cleo soltó un grito de placer muy fuerte e intenso que me dejó algo confuso. Parecía que se había corrido, que había tenido su primer orgasmo. Pero no podía ser posible, y pensé que estaba fingiendo, pues además sus movimientos eran casi como convulsiones, muy bruscos. Pero yo seguí adelante aunque sin disfrutar pues sólo estaba pensando en cómo hacer para no correrme. Deseaba que el preservativo que antes de comenzar me dió ella y que me apretaba un poco como siempre en la base del pene, me ayudara a restar sensibilidad, pero apenas lo conseguía. En un momento determinado y pasado muy poco tiempo, ya no pude más y mis embestidas fueron aún más fuertes viendo que ya iba a explotar, me iba a correr sin remedio mientras nuestros cuerpos sudaban y se restregaban el uno contra el otro y aunque trataba de no mirarla para no ponerme más cachondo no pude dejar de ver sus pechos cómo se movían y rebotaban arriba y abajo con un movimiento típico de unas tetas naturales lo que hizo que llegara mi clímax y expulsara de mi poya toda la leche acumulada a la vez que soltaba mi primer gemido en mucho tiempo. Una sensación extraña me invadía, pues a la vez que tenía un sentimiento de culpa y vergüenza por lo poco que había durado y lo torpe de mis movimientos, por otro lado el placer que me recorría desde mi perineo hasta la punta del capullo recorriendo toda mi verga era bestial. Vaya corrida y vaya placer que estaba teniendo con una hembra debajo mía como pocas existen, gozando como loco. Todo esto se incrementó al ver cómo ella parecía correrse otra vez y gemir de placer al mismo tiempo que yo, y sin importarme si era cierto o no, lo disfruté al máximo.

Luego ella empezó a convulsionar su cuerpo, no se estremecía de placer, casí botaba sobre el colchón cosa que me pareció muy exagerado y casi me molestó pues pensé que estaba fingiendo mucho para no dejarme mal y yo no necesitaba eso, si no sinceridad al máximo. Más tarde comprobaría que no, que eran sus orgasmos tan intensos que su cuerpo los expresaba así. Sin yo saberlo aún, había tenido su primer (y segundo seguido) orgasmo vaginal, por lo que lo había disfrutado como nadie.

Yo sólo sabía pedirle disculpas con mucha rabia interna por no haber podido darle una sesión mejor mientras me mantuve unos momentos aún encima suya, pero abrazado a su cuerpo ocultando mi rostro tras su cuello por la indignación que me había producido el comportamiento de mi sexo.

Ella no paraba de decirme que no pasaba nada, que estuviera tranquilo que había disfrutado mucho más de lo que imaginaba. Eso por un lado me reconfortaba además de seguir sintiendo los latidos de mi corazón y mi respiración exhaustos en mi propio miembro. Había tenido la suerte de encontrarme con una multiorgásmica como pude comprobar más tarde y a lo largo de nuestra relación y eso me vino muy bien para mejorar mis actos. Siempre había envidiado a una pareja de amigos cuya novia me decía que era multiorgásmica y cómo sentía todo eso mientras yo había estado siempre con una frígida que apenas sabía lo que era una buena corrida.

Me quité el condón que estaba cargado de semen como nunca antes y tras limpiarme, me volvía acostar junto a Cleo y comentamos un poco lo que acababamos de hacer y nos seguíamos contando cosas mientras nos acariciábamos. Ninguno de los dos teníamos sueño. Mis endorfinas no hacían efecto, así que seguimos así por largo rato.

Cleo había tenido muchas más relaciones que yo aunque aún no me había contado ni cuantas ni cómo ni los tamaños de los antecesores, etc.. quizás para no ponerme más nervioso, pero me dejó claro que tenía una buena poya y que nunca había sentido algo así hasta ahora. Me costó mucho tiempo creerlo y aún hoy en día sigo teniendo pequeños flaqueos, pues tantas relaciones con tanta gente a lo largo de su vida y que no haya tenido algo así me extrañaba. Pero no me estaba mintiendo y tan sólo otro novio suyo tenía una verga parecida a la mía sin superarla. Eso, aún siendo un tío hecho y derecho, daba un punto a mi ego masculino e infantil…qué le vamos a hacer.

Seguíamos charlando y acariciándonos. Yo tan sólo pensaba en una cosa y era descansar un poco y seguro que iba a excitarme de nuevo como para poder follar otra vez, ahora más calmado, con toda la presión de la primera vez, del primer desnudo ante ella, de la primera penetración, etc.. y que podría salvar la noche.

Dicho y hecho. No pasó mucho tiempo cuando mientras Cleo seguía tocándome, notamos como mi sexo comenzaba de nuevo a ponerse erecto. Tenía ganas de marcha y de demostrar quienes éramos.

Por resumir un poco y no aburriros, os comentaré que la segunda vez fué muuuucho mejor que la primera, ya tenía más información de cómo le gustaba que me moviera, etc y en cuanto estuve a punto de nuevo no tardamos en volver a guiar mi poya hacia su coño que de nuevo estaba muy brillante por la cantidad de flujos que de nuevo salian de su vagina. Esta vez, con mi verga no tan extremadamente dura pero sí lo suficiente para hacer que se retorciese de nuevo de placer, conseguí que tuviera unos cuantos orgasmos más y lo disfrutamos mucho más ambos. Por fin estaba saliendo algo bien y eso me hacía tener más confianza en mí mismo. Ver como Cleo disfrutaba, se estremecía, gemía de placer a cada embestida pidiéndome en algunos casos de forma casi desesperada que le diera más y más fuerte mientras yo me sorprendía de su reacción pero no me cortaba de seguir su juego, era algo que me hacía sentir todo mi cuerpo en constante erección. Sí, he dicho bien. No sólo mi poya estaba erecta, notaba como lo estaba todo mi cuerpo, la tensión, el placer, el sexo por el sexo, pero con un toque de cariño y ternura era algo que no había experimentado nunca de esa forma y que ni siquiera sabía que pudiera sentirse. Cleo estaba gozando de placer y sus gritos y jadeos me animaban a seguir y seguir mis embestidas hasta tener un nuevo orgasmo y correrme de nuevo de forma brutal aunque con menos leche esta vez, consiguiendo que ella se corriese a la vez que yo una vez más….dos de dos….joder qué suerte, esto no es normal. Era excesivamente excitante llegar a la vez pues lo había experimentado muy pocas veces y además nunca con esa intensidad y volumen de decibelios. Cleo gime y grita alto expresando sin tapujos cómo goza, y cuando por fin te das cuenta de que no está fingiendo, aún es mayor el placer que provoca en uno mismo al pensar que eso se lo estás provocando tú.

Finalmente, y tras charlar varias horas, acarciándonos de nuevo y viendo como se iba acabando la noche, una vez más tuve otra erección que no dudamos en aprovechar….TRES EN UNA NOCHE!!! para mí era algo inconcebible. Era todo un logro y ya sabía de antes que esa noche iba a ser inolvidable en mi vida. Además ví en Cleo cosas que no había visto en ninguna otra mujer. Y era eso mismo, que precisamente era muy mujer, muy sexual, muy sensual y muy cariñosa. Su sonrisa cada vez que terminábamos de follar como locos hacía ver su felicidad y eso me reportaba mucha paz y una sensación de haber dejado las cosas bien hechas.

Sentí que podríamos tener algo más en un futuro pero no quería aventurarme simplemente por una noche loca de pasión, pero así lo deseaba. Finalmente y sin haber dormido nada vimos como a través de su ventana el cielo empezaba a clarear y comencé a vestirme pues tenía que ir a mi casa a ducharme y vestirme antes de ir al trabajo.

Quedé en llamarla de nuevo si a ella no le importaba y me dijo que sí, que lo hiciera. No sé que pensaría ella, pero yo tenía claro que iba a llamarla en cuanto pudiera, y así lo hice. Con miedo a lo que el futuro me pudiera deparar de nuevo, quería que esto continuara.

Había encontrado la parte que llenaba por fin el vacío interior que siempre había tenido pues veía en ella mucho más que la simple noche de sexo. Veía que me completaba y que sería muy importante en mi vida, y sobre todo lo noté por las ganas que inundaron mi cuerpo de necesidad de hacerla gozar de por vida y de hacerla feliz por siempre.

Para leer más relatos, visita Relatos Marqueze

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