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Relato Erótico: Monica

Mi nombre es Roberto y entonces tenia 28 años. Normalmente salíamos en grupo de amigos entre los que se encontraba mi novia y la novia de mi amigo a la que llamaré Mónica para no desvelar su nombre. Mónica tenía 25 años, es un chica rubia de 1.70 unos ojazos azules capaz de quitar la respiración a cualquiera, unas piernas largas y delgadas y unas tetas más bien pequeñas pero que desafían la gravedad. Mónica y yo nos llevábamos genial ya que los dos somos muy extrovertidos y siempre estábamos gastándonos bromas, pero siempre dentro de un orden. Yo hasta entonces no podía ni imaginarme lo que le gustaba el sexo ni mucho menos lo que disfrutaría de él con ella.

Todo empezó una noche de copas en carnavales entre copas y risas nos entreteníamos y en alguna ocasión nos rozábamos y nos buscábamos pero sin ser de una forma descarada, en un momento dado ella me pidió que la colgara una guirnalda del cuello, para lo que se puso de espaldas a mi, en ese momento ella pegó (según supe después de forma deliberada) su culito prieto contra mi entrepierna a lo cual respondí con una fenomenal erección instantánea que a ella desde luego no la pasó desapercibida. Ella se dio la vuelta y me dio las gracias por ponerle la guirnalda, con un par de besos que rozaron la comisura de mis labios y con una sonrisa picara seguimos la fiesta con los demás. Esa noche mi novia y yo echamos un polvo pero yo estaba pensando en Mónica.

A partir de ese momento los fines de semana que salíamos de copas siempre jugueteando, nos sobábamos sin que ninguno de nuestras parejas notara nada, yo siempre le decía que me ponía cachondo y que no respetaría a su novio y ella sonreía. A las pocas semanas nos fuimos las dos parejas a pasar el fin de semana en la playa y la primera noche estaba tumbado en el sofá y Mónica me empezó a dar un masaje en la espalda con una crema mientras nuestras respectivas parejas estaban en el porche viendo televisión. Ella estaba con una camiseta y unos short un poco anchos de pierna entre risas deslicé la mano por sus piernas y a través del pantalón toque ese delicioso chochito por encima de sus braguitas. Yo no tenia muy claro su reacción pero enseguida comprobé como se humedecía y daba unos ligeros gemidos a lo que separe sus braguitas y metí un dedo en su almejita húmeda y ella se estremecía.

Rápidamente me giré y ella metió su mano por mis pantalones de deporte y me acariciaba el miembro mientras yo le daba mi boca y metía dos de mis dedos en su chichi. Ella alcanzó rápidamente el orgasmo y comenzó a chuparme la polla primero con unos lenguatones de arriba abajo para después metérsela completamente en la boca y succionar como una verdadera profesional. Claro está que no pude aguantar mas tiempo y la susurre que me venia a lo que ella aceleró la marcha y se tragó toda la leche. Enseguida ella salió al porche para no levantar sospechas y al rato (cuando se me bajó la hinchazón salí yo).

A los pocos minutos el novio de Mónica propone ir a dar un paseo mi novia entusiasmada dice que si, pero yo alego que estoy cansado ya que había conducido hasta la playa y Mónica quería deshacer las maletas pero insiste en que ellos salgan y que a la vuelta nos traigan un heladito. No hicieron más que salir cuando Mónica se agacha ante mi y sacándome la polla me dice vamos a acabar lo que antes no pudimos y comenzó a chupármela otra vez de esa forma tan tenaz que lo había hecho antes mientras yo le quitaba la camiseta y ante mi aparecieron esas espléndidas tetas, Mónica seguía mamando mi verga, mientras yo le comía esas maravillosas tetas me pedía que le mordiera el pezón que ya me avisaría si le hacia daño, cosa que no ocurrió.

Ella tuvo al menos tres orgasmos y yo me fui dos veces pero no harto de follar como locos la voltee y poniéndola a 4 patas se la clavé por el culo, al principio tuvo un poco de recelo diciendo que con su n

ovio lo había intentado pero que le dolía mucho pero, según iba entrando, poco a poco, los gemidos de miedo se fueron volviendo de placer y me suplicaba que la rompiera, que jamás había disfrutado tanto, pero la sesión de sexo tuvo que parar de repente ya que escuchamos las voces de nuestras parejas que se acercaban al casa a lo que como unos rayos nos levantamos y nos vestimos rápidamente.

Esa noche nos las ingeniamos y cuando los respectivos dormían tuvimos un encuentro en la cocina pero menos efusivo yo le estimule el clítoris con la mano y ella me volvió hacer una mamada sensacional para de esa manera acabar corriéndome en su boca por enésima vez.

A partir de ese momento nuestros encuentros han sido muy numerosos pero si me lo permitís os lo contare en otra ocasión si es que esta os ha gustado.

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