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Relato Erótico: No la dejes sola con un amigo

Ayer, estábamos de fiesta mi novia un amigo de ella y yo en una casa que rentamos para el fin de semana. Ella es Jennifer: alta, cabello castaño claro, ojos miel, cintura estrecha y unas nalgas talladas por los dioses. Ella tiene 24 años cumplidos y quería festejarlos conmigo y sus amigos aunque muchos ya se habían ido en la mañana. En la alberca sólo quedábamos Mauricio, ella y yo. Las rondas de cervezas habían sido constantes y sonantes.


Era una piscina con temperatura controlada así que a pesar que era un buen día soleado era muy rico el agua templada mientras tomábamos las cervezas; platicando sobre el día anterior y los osos de sus amigos. Una en particular fue la que se llevó la atención de todos: Valeria terminó en la cama con su novio y uno de los amigos de su novio de la borrachera que traían. Hoy al despertar no podían vernos a los ojos y el novio se peleó con su amigo y por eso se fueron. El tropezón estuvo increíble ya que durante la fiesta hasta le bajamos volumen a la música para escuchar sus gemidos y los golpeteos de los cuerpos. Yo sé que más de uno en la fiesta quiso participar.

No me desvío del tema. Nosotros estábamos escuchando buena música con bastante alcohol en la sangre y las idas al baño se hacían cada vez más constantes. Jennifer conocía a Mauricio desde la carrera: hace poco más de 4 años. Ella me contaba lo bien que la llevaban y que siempre se ayudaron. Hoy, me di cuenta de la clase de ayuda que se daban mutuamente. Hoy, me di cuenta que en ella tengo una pervertida hija de la chingada, pero lo peor de todo es que me gustó.

En una de esas idas al baño me tocó a mí. Al ir hacia dentro de la casa en mi mente pensaba que si en serio estaba pensando en dejar a mi novia en bikini con esas nalgas sola con un tipo que es como 3 veces yo en masa muscular y como 10 veces más galán que yo y alcoholizado. Llegué al baño y extrañamente tenía una erección y pues tuve que orinar en la regadera porque sino mojaría toda la taza y el piso. Hice correr el agua de la regadera para limpiar y me dispuse a caminar hacia la alberca, no sin antes asomarme primero hacia la alberca.

Ahí estaba mi novia con su galán amigo platicando y riendo muy cerca el uno del otro. Me pasó por la mente el imaginar que estarían haciendo debajo del agua con sus manos. De la nada, ya no escuchaba risas ni platicadas. Esa seriedad se me hizo sospechosa y me escondí un poco poniéndome contra el piso y viéndolos por debajo de un mueble que estaba en un desnivel que me permitía ver la alberca. Recuerdo que se me vino a la cabeza ese refrán popular que reza:”El que busca, encuentra”.

Yo estaba ahi contra el piso viendo hacia la alberca a mi novia con Mauricio volteando hacia la casa (imagino que para ver si venía yo) y al no verme sólo vi a Mauricio colocarse en frente de mi novia, colocando sus brazos contra el borde de la alberca y mi novia de espaldas a mí. Fue algo muy rápido ver como de la nada veía a mi novia abrazarse a su amigo Mauricio mientras comenzaba a ver como subía y bajaba a un ritmo lento pero constante, a un ritmo que provocaba punzadas en mi estómago pero una erección en mi pene. Su amigo Mauricio la estaba penetrando y ella no se oponía. Al contrario, ella era la que se movía para él. Era ella la que dejaba entrar a su tan querido amigo.

Yo seguía observando de lado como ella se mecía sobre la verga de Mauricio, yo estaba masturbándome casi al mismo ritmo en que ella subía y bajaba. En esos momentos yo deseaba ser Mauricio, yo deseaba estar penetrando a mi novia ahora. En estos momentos yo tenía más ganas de eyacular con todo mientras observaba a la puta de mi novia cogiéndose a su amigo de la facultad.

De repente pararon y el se colocó de espaldas a mi, aún en la alberca, y ella subió sus piernas a sus musculosos hombros y comenzaba el vaivén de nuevo. Ahora era un poco más rápido y yo veía como lo disfrutaba porque observaba como tensaba y curvaba los dedos de sus pies. Ella seguro lo disfrutaba. Podía ver de repente su rostro de deseo, yo creo que hasta se le olvidó que yo podría llegar. Yo estaba inmóvil, no podía dejar de jalarme la verga, no podía reclamarles, no podía hacer entrada sorpresiva. Yo sólo observaba como otro le sacaba gemidos a mi novia. Ella seguía pegándose a él: yo veía como se tensaban sus muslos cada vez que aceptaba la entrada de ese pene. Ya nadie volteaba hacia la casa. Para ellos, sólo existían ellos en ese momento.

Me calentó demasiado ver como se le subía el color al rostro, me encantó ver como mordía sus labios recibiendo esa verga. Yo quería moverme para observar de otro ángulo, pero la casa no lo permitía. Ahí estaba yo eyaculando, viendo como ella se entregaba sin pena alguna. Sin decir nada, limpié mi semen del piso y me dirigí al baño. Me vi al espejo, y me dije a mi mismo:- “Eres un cornudo, y te encanta cabrón”. Al salir, azoté la puerta y me dirigí con cuidado hacia la alberca. Ellos estaban como si nada, ella con la cara ruborizada y Mauricio se excusó para ir al baño. Le pregunté a mi novia que si ya tenía calor y me dijo que si que mejor saliéramos de la alberca. Ella me pidió salir primero para ayudarla, no sin antes darme cuenta que movía el agua de la alberca con sus manos. ¡El maldito se había venido dentro de ella!

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