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Relato Erótico: Polvazo con mi jefa

Yo trabajaba en una oficina de 8:30 a 18.45 en el centro de Madrid.

Mi jefa tendría aproximadamente unos treinta y seis años, era un poco flaca, rubia con el pelo largo, tendría una talla 90 de pechos y un culo muy apetecible, estaba casada y tenia una hija de unos tres años.

La relación con ella no fue muy buena desde el principio, era muy arrogante y mal educada, cuando me pedía que hiciese alguna cosa siempre me lo pedía de muy malas maneras.

Total que empecé a trabajar en un proyecto de Valencia y cuando llevaba aproximadamente unos tres meses trabajando, vino a mi mesa y me dijo que el lunes siguiente tendríamos que ir a una reunión a valencia, con la jefa de informática. A mi no me hacia nada de gracia pero le dije que de acuerdo debido a que no tenia otro remedio o iba o sabia que me iba al paro.

Quedamos a las 8:30 en la estación para coger un tren. Yo llegue un poco antes porque era la primera vez que iba y no quería quedar mal con mi jefa. Estuve esperando a que viniesen la jefa de informática y mi jefa unos 20 minutos.

Cuando vi aparecer a mi jefa casi doy un salto del asiento al verla, iba vestida con traje que se le ajustaba perfectamente al cuerpo. Iba con el pelo mojado y suelto y un pequeño escote que le dejaba ver algo su intimidad.

Entramos en el tren y fuimos a nuestros asientos, nos toco sentarnos en asientos de esos que se sientan dos y enfrentados otros dos. La jefa de informática se sentó en el asiento pegado al mío y mi jefa enfrente de nosotros .

Empezamos a hablar sobre la reunión cerca de una hora, mi jefa no paraba de hablar y yo no dejaba de mirarla, cuanto más lo hacía, más cachondo me estaba poniendo. Le mira a la cara los gestos que ponía, los pechos (disimuladamente).

Cuando ya llevábamos un tiempo hablando, dijo la jefa de informática que tenia bastante sueño y que se iba a echar un rato. Nos quedamos hablando mi jefa y yo.

Pasaron como unos veinte minutos cuando mi jefa se levanto del asiento y dijo que iba al lavabo y le dije que vale que la esperaba en el asiento. Entonces la vi como se perdía por el pasillo y me empecé a calentar una barbaridad y no puede contenerme y salí tras ella. Vi como le preguntaba a un empleado del tren que donde estaban los baños y que este le indicaba que al final del ultimo vagón. Mi jefa se dirigió al baño y yo fui detrás de ella poniendo cuidado de que no me viese. La  vi como entraba en el baño y cerraba la puerta. Me acerque a la puerta del baño y puse el oído en la puerta y pude oír un ligero ruido, entonces empecé a mirar toda la puerta como un poseso en busca de algún agujero que me permitiese ver algo. Y justo al lado del picaporte de abrir, vi un pequeño agujerito por el que se veía el interior.

Pegue el ojo al agujero y pude ver como mi jefa estaba retocándose el pelo en un espejo que había en el baño. A continuación se empezó a bajar los pantalones, que maravilla de piernas que tenia, un poco flacas para me gusto, pero una maravilla. Noté como empezaba a crecerme algo en la parte de abajo. Ella, con los pantalones medio bajados, se acercó a la puerta y a mi casi me da un infarto. Comprobó si estaba bien cerrada la puerta. Al acercarse pude ver sus braguitas de encaje de color rosa.

Ya no podía mas tenía el miembro a punto de estallar. Entonces vi como se daba la vuelta, se bajo las bragas y se sentó en el baño. Tenia el coñito depilado totalmente, era una visión espectacular. Entonces oí como empezaba a mear, una vez termino de mear note como empezó a acariciarse el coñito de una forma lasciva, empezó metiéndose un dedo y luego dos.

Yo no podía mas, miraba su cara de puro gusto y estaba a punto de estallar. Entonces mire en el pasillo en el que estaba de un lado al otro y no vi a nadie, entonces me baje la cremallera, saque el miembro y empecé a masturbarme. Mi jefa seguía sentada en el baño con dos dedos metidos en su entrepierna y cada vez aumentaba más el ritmo. Se empezaban a oír unos pequeños gemiditos, empezó a aumentar el ritmo del movimiento hasta que oí un gemido alto y seco indicador de que se había corrido. Se puso las bragas se subió los pantalones y se dirigió a la puerto y la abrió. Con la rapidez que pude me metí el miembro en el pantalón pero no me dio tiempo a nada más, así que cuando mi jefa abrió la puerta me encontró de frente a ella y me pregunto que que coño hacia yo allí, le conteste que a mi también me habían entrado ganas de mear y que había ido al baño, entonces me contesto: “Seguro que ha sido eso”.

Yo me empecé a mosquear, igual ella sabia que yo había estado espiándola. Entonces con todo el calentón que tenía, la cogí por la cintura y la introduje dentro del baño y cerré la puerta con cerrojo. Así la mire a la cara, con una cara de enfermo sexual, que mi jefa se debió asustar un poco y me dijo: “¿Que coño se supone que haces?’.

Yo ya no podía dar marcha atrás, la cogí con fuerza la di media vuelta y la puse de cara al lavabo, ella empezó a gritarme en un tono mas alto que que coño hacia, pero yo ya no podía parar, no hacia mas que tocar sus pechos por detrás de ella y rozar mi miembro con su culo. Entonces cogí la parte alta de su pantalón y se lo baje de un tirón hasta los tobillos. Allí tenía a mi jefa en el baño del tren con los pantalones bajados hasta los tobillos y una braguitas de encaje que le hacían un culito muy bueno. No pude aguantar mas, saque mi miembro y empecé a restregárselo por el culo por encima de la braguitas, el solo roce con las bragas ya casi hizo que me corriera. Entonces cogí sus bragas y se las baje también hasta los tobillos e introduje un dedo en su coño. La muy perra ya no podía disimular mas y estaba totalmente mojada, entonces saque el dedo de su coño, busque la entrada de su ano e introduje el dedo en el. Esto no le debió gustar tanto porque hizo un ruidito con la boca de desaprobación, pero yo estaba que no podía mas, me iba a correr antes de metérsela. Entonces acerque mi rabo a la entrada de su coño y empecé a introducírsela poco a poco.

Aquí ya si que no había disimulos, mi jefa gemía de una forma descomunal. Ya no pude aguantar más y me corrí dentro de ella.

Posteriormente me tuve que sentar en el baño porque me temblaban las piernas que no era capaz de mantenerme en pie.

Entonces mi jefa se volvió hacia mí, me dio un beso en la mejilla y me dijo: ’Esto lo tendremos que repetir algún día ’.

Y se fue caminado hasta los asientos que teníamos.

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