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Relato Erótico: Sexo en el Cabo de Gata

Tras pasar el día en la piscina refrescándonos y calentándonos alternativamente, acordamos madrugar al día siguiente para pasar un día completo en una cala recogida y relativamente solitaria que yo conocía en el Parque Natural de Cabo de Gata (Almería).
Por la mañana nos levantamos poco después del amanecer, ya que habría que caminar unos cuantos kilómetros. Nuestra pareja favorita se levantó con claros síntomas de no haber dormido mucho, algo que explicaba los gemidos de Sara durante toda la noche. Le dije a Luis que hiciera café para todos y mientras lo hacía aproveché para abordar a Sara y entregarle una de mis aportaciones para ese día.

Tras tomar cafeína para un regimiento, lo preparamos todo y nos encaminamos en mi coche hacia la playa de “Los Genoveses” en (Almería). Sara atrajo inmediatamente las miradas de la concurrencia al bajar del coche con su melena morena al viento, una camiseta rosa extremadamente ceñida que enmarcaba sus pequeños pero, y lo pude comprobar el día anterior, duros y turgentes pechos, rematados por unos pezones sonrosados exquisitos. Remató el conjunto con unos pantalones vaqueros también muy ajustados y extremadamente cortos, de los que jocosamente llamo “tanga con bolsillos” que remataban ese culito que tanto me gustó devorar el día anterior. La mirada que intercambiamos Luis y yo, lo decía todo. Agarramos todo el material y empezamos a caminar hacia una cala que conozco, de acceso ligeramente complicado y no más de 100 metros de ancho, relativamente poco frecuentada y que se encontraba a un par de kilómetros de marcha a pie.
Empezamos a montar el campamento comprobando para nuestra alegría que estábamos totalmente solos en la playa, pero dicha alegría aumentó exponencialmente cuando Sara procedió a apuntar su delicioso trasero hacia nosotros mientras se inclinaba hacia delante dejando al descubierto un tanga rojo de infarto que abrazaba sus excitantes caderas y resaltaba lujuriosamente su zona púvica. Se dio la vuelta hacia Luis y a mí con cara de niña mala mientras nos tiraba el pantalón. Lo mejor, como comprobamos, estaba por llegar: mientras se mordía el labio de la manera más lujuriosa que nunca haya visto, procedió a quitarse la camiseta. Lo que creíamos que era un tanga rojo de infarto era en realidad un bañador modelo “sling shot” de infarto.
Sara: ¿Se os ha comido la lengua el gato?
Luis: Nena, ¿de dónde has sacado ese modelito? ¡Guau!
Sara: Es un regalo de nuestro anfitrión. Al principio no quería ponérmelo pero mientras caminábamos hacia aquí entendí por qué José me insistió tanto en lo mucho que me gustaría: el roce en mi entrepierna y mis tetitas mientras caminábamos hacia aquí me tiene cachonda perdida. Un kilómetro más y me habría corrido allí mismo.
Jose: Me encanta que te haya gustado mi regalo Sara.
Sara: Me ha encantado Jose. Tanto es así, que te mereces una recompensa aquí y ahora.
Dicho lo cual se encaminó hacia el agua invitándome a no perder ni un instante. Como podréis imaginar no tardé ni un segundo en quitarme la camiseta y correr tras Sara mientras Luis bromeaba con que no dejara enfriar el horno.  Al llegar a su altura, le di una cachetada en ese culito suyo que me tiene loco y, lejos de enfadarse Sara procedió a agarrarse de mi cuello para devorar mi boca metiendo su lengua hasta las amígdalas. No os miento si os digo que me tomó por sorpresa la furia con la que se abalanzó sobre mí. Sara estaba terriblemente caliente y mi calentón iba en aumento así que aceleramos el paso entre las olas, debido a que con la poca profundidad de la playa hay que andar bastante para que el agua cubriera. Debido a mis casi 2 metros de estatura y a lo deliciosamente menudita que es Sara, la agarré en brazos para seguir hacia una zona que me cubriera hasta el cuello mientras comenzaba a besarla por todas partes.
Sara: Dios, con el agua el bañador se me ha pegado como una segunda piel y me roza más. Estoy cachonda perdida.
Jose: Este sling es especial. Por la cara interna de la tela es rugoso y da la sensación de que te estuvieran metiendo mano a cada movimiento. Cuando se moja es todavía mayor la sensación.
Sara: Siiiiiiii, lo estoy notando. Mmmmm….
Me encantó el entusiasmo de Sara mientras la tenía de espaldas contra mí y comenzaba a masturbarla con mi dedo índice. Su entusiasmo era contagioso y mi polla empezó a molestarme dentro del bañador, así que tuve que empezar a mordisquearle el cuello para demostrarle a Sara que me tenía a 100. Un gemido me indicó que aquello le estaba gustando mientras bajaba la mano hacia mi polla para comprobar mi estado.
Sara: Jose, folláme ahora mismo.
Jose: No Sara, primero quiero que me la comas.
Sara se dio la vuelta y se encaramó a mi cuello dirigiéndome una mirada suplicante:
Sara: Por favor Jose, fóllame ahora mismo. Prometo que te recompensaré…
En cuanto oí aquello, saqué mi polla del pantalón, aparté la fina tela del sling de Sara y se la metí hasta el fondo. El gemido gutural de Sara y su mirada de agradecimiento fueron el pistoletazo de salida para que la agarrara bien fuerte por el culo y empezara a hacerla subir y bajar de mi polla sin miramientos. El espectáculo que debían estar viendo los peces debía de ser sublime. Fuera del agua, sólo se veía a una pareja abrazada en el agua de hombros para arriba. Sara abrazó mi torso por detrás con sus piernas para evitar que me fuera a ninguna parte y empezó a mordisquearme el lóbulo de la oreja. Dios, estábamos follando como animales, sin dar concesiones y sin pedirlas. Ni siquiera paré de darle cuando Sara comenzó a besarme y, en represalia, me penetraba con su lengua sin piedad cuanto podía.
Jose: Sara, no te reprimas. Puedes gritar cuanto quieras de gusto. Nadie más que Luis te va a oír.
Dicho esto empecé a empalarla sin piedad y Sara empezó a acompañar cada embestida con su morbosa voz:
Sara: AHHHHHH, AHHHHHH, AHHHHHHH, AHHHHHH, AHHHHHH
Menos mal que no había eco en la cala o nos habrían oído hasta en Almería. A la sexta embestida ambos gritamos y envié un chorro de leche tremendo directo al útero de Sara que hizo que también se corriera como una loca. Os juro que nunca antes me corrí con tanta intensidad. Fue estupendo.
Sara: ah, gracias, ah, por aliviarme, ah el calentón, ah. Me está, ah, encantando haber, ah, aceptado tu, ah, invitación a venir.
Jose: Las gracias , ah, te las tengo, ah, que dar yo. Eres, ah, maravillosa, ah.
Todavía tenía la polla dentro de Sara y su vagina no paraba de contraerse terminando de ordeñar mi polla. Además de intenso el orgasmo estaba durando un delicioso rato que fuimos pasando dándonos lengua mutuamente.
Finalmente, Sara se desacopló de mí y empezó a nadar hacia la orilla. Yo permanecí unos minutos más en el agua tumbado sobre ella porque, sinceramente, las piernas me temblaban tanto que no aguantaba de pie. Mientras observaba a la sirena más morbosa de los mares salir del agua mi polla empezó a animarse de nuevo.
Luis: Joder, se oían tus gritos desde aquí.  ¿Tan caliente estabas?
Sara: Ufffff Luis, no te lo imaginas. Gracias a Jose y al agua que está estupenda se me ha bajado un poco el calor corporal… pero sólo un poco.
Sara se apartó a un lado la parte de abajo del sling rojo tan sexy que llevaba puesto y comenzó a escurrir parte del semen que le eché dentro hace un rato.
Luis: Joder, te ha llenado bien ¿eh? Mira cómo me has puesto – dijo Luis agarrándose el paquete.
Sara: Eso tiene fácil solución.
Luis estaba sentado en una de las pequeñas sillas que llevábamos y Sara procedió a hincarse de rodillas ante él y comenzó a chupar polla sin más preámbulos.
Luis: Joder nena, estás cachondísima. Para un poco que me la vas a arrancar.
Sara: mmmmmm, es para darte las gracias de que aceptaras la invitación de Jose para venir. Están siendo unos días magníficos.
Y así los encontré al salir de mi baño “relajante”. Si no acabara de echar un polvo tremendo hace unos minutos, ver el culo en pompa de Sara mientras devoraba una polla hubiera sido suficiente para  follársela de nuevo, pero el día era muy largo, esto acababa de empezar y todavía no le había follado el culo a Sara. Mientras pensaba en ello, Luis se corrió sonoramente en la boca de Sara, que paladeó con deleite los últimos restos de semen de su boca.
Jose: Luis, me parece que hoy vamos a tener mucho trabajo con Sara.
Luis: Ya lo creo. Está más salida de lo habitual.
Sara: Cariño, el regalo de Jose me está encantando. Este bañador es estupendo.
Jose: De nada Sara. Era un regalo que le hice a mi ex novia y que siempre se negó a ponerse. Tú le sacarás mayor provecho que ella.
Luis: Jose, no conoces a Sara. Si le damos cuerda acabará con nosotros.
Jose: Créeme Luis si te digo que al acabar el día Sara será una gatita de lo más sumisa y dócil. Esto acaba de empezar y el día es largo – dije enigmáticamente.
Sara: Bueno, si queréis apostamos…
Jose: Luis, ¿apostamos algo a que antes de que acabe el día Sara pide que paremos?
Luis: No se yo, hasta la fecha no he visto a Sara decir que no puede más. Ya ves que sexualmente es muy activa.
Sara: ¿Qué estarías dispuesto a apostar?
Jose: Déjame pensarlo durante la mañana y os lo comento al mediodía durante el almuerzo.
Así lo acordamos y la mañana transcurrió de forma más o menos normal, con Luis y Sara jugando a las palas y paseando por la cala, sin duda cuchicheando sobre mi propuesta mientras yo tomaba el sol, recuperando fuerzas y meditando sobre cómo haría que Sara acabara el día gimiendo que no nos la folláramos más.
Y así llego la hora de lo que se preveía sería un calenturiento almuerzo.
Sara: Valiente, ¿has pensado ya cómo me vas a doblegar? Vas a perder…
Jose: Je, estás muy segura de ti misma Sara. Bien, lo he estado pensando y si os parece a ambos podemos hacer lo siguiente. Si antes de las 12 de la noche Sara pide que paremos, perderá la apuesta. Sólo estará permitido que Luis y yo subamos tu lívido y si tú ganas, seré tu esclavo durante  el resto de la semana que pasaréis aquí. Haré lo que desees.
Sara: mmmmmm, eso es muy tentador…. ¿Y si pierdo?
Jose: Con el permiso de Luis, deberás cumplir todos mis deseos mientras gocéis de mi hospitalidad. ¿Te parece Luis?
Luis: Por mí no hay problema, aunque creo que perderás.
Jose: ¿Apostamos, Sara?
Sara: Desde luego. No perderé.
Establecida la apuesta, comenzamos a comer mientras intercambiábamos los tres miradas lascivas.
Jose: Sara, ven conmigo.
Y agarré a Sara de la mano, cogí las zapatillas de ambos y comenzamos a andar sin darle tiempo a replicar.
Sara: ¿A dónde vamos Jose?
Jose: Voy a enseñarte lo bonito que es el litoral almeriense, y así vas haciendo la digestión.
Comenzamos a andar a paso ligero abandonando la cala y nos encaminamos en dirección a la conocida playa de Monsul a paso vivo. A cada paso, los pezones de Sara se marcaban más en su sling, señal de que el bañador estaba cumpliendo su trabajo. Comenzamos la que sería una buena caminata mientras Sara atraía la atención del numeroso público masculino que contemplaba su lujuriosa figura, con sus pezones desbocados, mientras caminaba junto a mí. Para espantar a posibles moscardones procedí a besar a Sara enredando jugosamente mi lengua con la suya mientras uno de mis dedos se acercaba peligrosamente a la entrada de su delicioso ano.
Sara: Jose, volvamos, que Luis debe sentirse muy sólo
Jose: Jajajaja, por no decir que la caminata te está poniendo como una moto… Luis sabrá perdonarme una vez que volvamos a la cala. Los resultados le van a encantar.
Sara: Qué malo eres…
Jose: Cuando quieras puedes abandonar…
Seguimos la caminata y ascendimos la duna de la playa de Monsul, célebre por el rodaje de Indiana Jones que allí tuvo lugar. Al llegar a la cima Sara estaba tremendamente sudorosa, aunque seguro que su interior estaba todavía más pegajoso.  Aunque el paisaje era estupendo, le dije a mi compañera que ahora me apetecía explorar cuevas, la suya en concreto, y que sería mejor volver.
Nuevamente conduje a Sara a paso vivo de vuelta a nuestra cala favorita y ya era más que evidente su calentón debido al roce del bañador: sus pezones amenazaban con agujerear la tela, su rostro colorado se debía a algo más que el calor de la caminata y entre sus muslos goteaba algo más que sudor. Quería volver a follármela inmediatamente y no veía el momento de llegar. En el momento en que llegamos a nuestra playa privada agarré a Sara, la apoyé contra las rocas y allí mismo, de pie y sin mediar palabra, me arrodillé, aparté la tela de su sling y comencé a devorarle el coño. Sara soltó un gemidito de aprobación y yo un gemido de gusto ante lo que me estaba comiendo. El coño de Sara estaba especialmente hinchado por la estimulación de la caminata, envuelto en una deliciosa mezcla de sudor y flujo vaginal y con un clítoris en posición de firmes que esperaba mis atenciones. Era el coño más rico que me comía en mucho tiempo y no dudé en hacerlo a tope. Comencé a meter mi lengua en su coño todo lo que pude para aspirar sus flujos, que estaban deliciosos, curvando la punta de la lengua hacia arriba buscando estimular su punto G aunque no logré alcanzarlo así que cambié de táctica para introducirle dos dedos buscando su delicioso interruptor del placer mientras castigaba su clítoris envolviéndolo con mi lengua. Sara gemía como una leona mientras hacía señas a Luis para que se acercara a completar el cuadro. En defensa de Sara tengo que decir que mis sucesivas parejas siempre han destacado el sexo oral como mi fuerte y mi capacidad para curvar la lengua en forma de U envolviendo el clítoris. Por mucho que os digan, una mujer obtiene muchísimo más placer de una buena comida de coño y un buen trabajo manual que con una penetración. Pollas hay muchas, pero con una buena comida de coño podéis tener una amante agradecida y adicta a vuestras habilidades para mucho tiempo. En esas estábamos cuando llegó Luis.
Luis: Joder Sara, pareces una auténtica leona en celo. Mira como tienes los pezones.
Luis empezó a pellizcar los pezones de su chica mientras Sara gritaba de gusto
Sara: Ahhhhhh, Luis, que comida Ahhhhhh de coño más deliciosa me está dando.
Mientras tanto entre las piernas de Sara aquello manaba como una fuente. Mi barbilla chorreaba jugos como si estuviera bebiéndome una lata de melocotón en almíbar. Era tal el calentón que le introduje a Sara un tercer dedo y aceleré mis movimientos con el resultado de que no sólo se corrió en mi boca sino que comenzó a hacerme una lluvia dorada increíble. Tengo que admitir que es algo que siempre me dio un poco de asco, pero en el caso de Sara bebí todo lo que manó de su entrepierna mientras Sara echaba atrás la cabeza y emitía un largo gemido de satisfacción y triunfo.
Sara: AHHHHHHHHHHH
Luis: Joder Sara, nunca te he visto correrte así. Te tiembla todo el cuerpo.
Sara: Jose me ha comido el coño de maravilla Luis. Es alucinante. Todavía tengo espasmos y Ahhh, no puedo andar.
Jose: Luis, coge a Sara y vamos al agua. No tengo ganas de que se enfríe.
Sara: Dadme un respiro por favor
Jose: ¿Te estás rindiendo?
Sara: No, pero es que no puedo dar un paso. Me tiembla todo el cuerpo. Qué delicia…
Luis agarró a Sara y aprovecho para darle un largo morreo a su chica con sumo deleite. Mientras ambos se introducían en el agua yo fui corriendo hacia nuestras cosas buscando unas gafas de natación que traje y me encaminé en pos de la calenturienta pareja hasta situarnos en una zona en la que apenas hacían pie.
Jose: Sara, me has meado en la cara. Estoy muy ofendido – fingí.
Sara: Jose, no te enfades – fingió haciendo pucheros.
Luis: Vas a tener que pedirle disculpas como sólo tú sabes Sara.
Le tendí las gafas de natación y le señalé al fondo. En menos de 30 segundos Sara alternaba entre Luis y yo lamiendo nuestros paquetes bajo el agua, subiendo de vez en cuando para respirar. La tensión sexual era tremenda y finalmente Sara comenzó a hacerme mamadas mas profundas e intensas buscando que me corriera pero no se lo permití y la subí a la superficie. Sería yo quien ganara nuestra apuesta particular.
Jose: Sara, por qué no te agarras a Luis y dejas que te folle. Seguro que tiene unas ganas tremendas.
Luis: Sí Sara, hoy estás atendiendo más a nuestro anfitrión y no cuidas de tu novio – le dijo con fingidos celos.
Sara, sin mediar palabra se agarró de Luis y comenzó a mordisquearle el cuello mientras éste la empalaba firmemente bajo el agua. Sara emitió un gemido ahogado de gusto y comenzaron a moverse rítmicamente. Admito que daba gusto verlos follar y empezaba a comprender por qué a Luis le gustaba tanto ver a su chica follar con otros: su cara de deleite era todo un poema.
Sara: Jose, Ahhh, ¿no piensas intervenir? Ahhh
Jose: No se pareja, se os ve tan a gusto que no quería interrumpiros…
Sara: El sándwich de ayer en la piscina me encantó Jose. Quiero repetir y lo quiero ahora.
Jose: Bueno, dado que vas a ser mi esclava el resto de la semana, hoy puedes darme órdenes, jajaja.
Luis bajó el ritmo de sus embestidas para que pudiera meterle un dedo a Sara por el culo para que empezara a dilatar. Estaba tan cachonda que su esfínter devoraba mi dedo y a la vez aprovechaba para dar golpecitos a la polla de Luis a través de la fina piel que nos separaba.
Sara: Jose, deja de jugar con tu dedo y métemela ya.
Jose: Tus deseos son órdenes cielo.
Me situé tras Sara, acomodé la punta de mi polla en su palpitante esfínter y sin más preámbulos se la metí hasta los huevos.
Sara: AHHHHHHHH, pedazo de animal, ¡me rompiste el culo!
Luis: AHHHHH, que gusto Sara, me estás estrujando la polla como nunca.
Jose: Sara, te seguiré arrancando orgasmos hasta que me pidas que pare. Mmmmmm…
Dicho esto, Luis y yo empezamos a acompasar nuestras embestidas entre los gemidos de aprobación de Sara. Podía notar perfectamente la polla de Luis al otro lado de la fina pared de piel y cómo el interior de Sara se convertía en una sucesión de espasmos. Era una sensación estupenda que ambos procedimos a agradecer a Sara comenzando a mordisquear cada uno un lado del cuello mientras comenzamos a pausar nuestras penetraciones para hacerlas más lentas, secas y profundas.
Sara pasó de gemir a gritar como una posesa así que decidí probar algo que me dio muy buenos resultados con una pareja anterior: comencé a introducir mi lengua húmeda en uno de los oídos de Sara. Luis no entendió muy bien aquello pero decidió imitarme e introdujo su lengua en el otro oído. Inmediatamente Sara comenzó a lanzar jadeos roncos y a correrse como una loca mientras Luis la llenaba de leche respondiendo a los espasmos de su pareja. Yo hice trampas y la saqué de su culo cuando comenzaba a correrse, negándole a Sara un orgasmo aún mayor.
Sara: Jose, hiciste trampa para no correrte.
Jose: No te preocupes Sara, ahora mismo te pongo en 4 en la orilla y te rompo el culo.
Salimos los tres bastante temblorosos del agua mientras Sara se ponía en 4 retándome a que cumpliera mi palabra. No me lo pensé dos veces, retiré el hilo rojo del sling de Sara y volví a metérsela hasta el fondo sin más preámbulo.
Sara: AHHHHHH, joder, me lo vas a romper Jose.
Jose: Sara, podemos dejarlo cuando quieras. Sólo tienes que pedírmelo…  – dije entre las risas de Luis.
Comencé a bombear a Sara sin piedad y a darle unas buenas palmadas en el culo de cuando en cuando. El ritmo era frenético y ya sólo quería llenarle el culo de semen a Sara cuanto antes. Viendo nuestras caras de lujuria Luis volvió a empalmarse y volvió a la carga follándose la boca de su novia. Al parecer se contagió de la bestialidad con la que estaba sodomizando a Sara y comenzó a follarle la boca. Resultaba muy morboso escuchar los gemidos de Sara silenciados por la polla de Luis y al poco tiempo me corrí llenándole el culo de semen a Sara.
Mientras ella recuperaba el control de la situación y comenzaba a chupar la polla de Luis con fruición para acabar con este asalto, yo empecé a recoger nuestras cosas ya que con tanto sexo estaba atardeciendo.
Al poco rato los tres comenzamos a abandonar la cala que quedaría profundamente marcada en nosotros por los morbosos momentos vividos mientras los tres comenzamos a pensar en lo excitada que llegaría Sara al coche debido al roce del sling que maliciosamente le regalé.
Jose: Sara, ¿serás capaz de llegar al coche sin correrte? El roce del bañador te va a volver a poner a 100…
Sara me miró con cara de pocos amigos pese a su lujuriosa mirada, entre las risas de Luis mientras comenzamos a andar. Esta vez era yo quien cerraba la marcha y se deleitaba con el exquisito culo de Sara encorsetado de nuevo en sus ajustados pantaloncitos.
Tal y como imaginamos, Sara llegó al coche como una moto así que le di las llaves a Luis para que condujera de vuelta y yo me fui con Sara al asiento de atrás. Nada más arrancar comencé a besarla y a pellizcarle los pezones por encima de la camiseta. No tenía unos pechos muy grandes, pero me estaba encantando jugar con ellos. No paramos de magrearnos salvajemente hasta llegar a la puerta de mi casa. En cuanto Luis aparcó, le pedí que abriera la guantera y me diera un estuche.
Jose: Sara, esta va a ser mi aportación morbosa a la cena de esta noche.
Abrí el estuche y para asombro de Luis y Sara les mostré un par de huevos vibradores de pequeño tamaño con sus correspondientes mandos a distancia y un juego de fundas con distintas texturas. Elegí una funda con textura parecida a un erizo de mar y procedí a introducírselo a Sara en su más que jugoso coño. Para el otro huevo me decanté por una textura con dibujos en espiral y procedí a introducírselo en su dilatado culito sin la menor dificultad. Accioné ambos mandos y Sara dio un respingo de lujuria y sorpresa.
Sara: ¡Joder! ¡¡Si que vas equipado Jose!!
Jose: Gracias Sara. Me gusta poder jugar con mi amante de turno en cualquier sitio y lugar, pero no me voy a divertir yo sólo. Uno de los mandos es para Luis.
Luis se puso a probar las funciones de su mando para regocijo del coño de Sara.
Jose: Bueno chicos, vamos a cenar a la terraza de la esquina
Sara: ¿Me  váis a llevar a cenar con estos cacharros metidos dentro?
Luis: Sara, será divertido jajajaja
Jose: Sí, será muy morboso Sara, aunque si quieres puedes abandonar…
Sara: Jamás – dijo retadora
Salimos del coche y agarrados cada uno de una mano de Sara nos encaminamos a la terraza mientras Luis y yo activábamos nuestros mandos. ¿Quién ganaría la apuesta?

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