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Relato Erótico: Tabú

Estoy en la cama desnudo con dos dedos dentro, no me lo podía creer, me acababa de despertar de un sueño de los más fantasioso e impensable, aunque no sé si es un sueño o una realidad.

Bueno os contaré la fantasía que tuve en mi sueño. Yo estoy cardíaco por llevarme a la cama a la chica de mi vida real, se llama Inés está que quita el hipo, tiene un trasero redondito, pero duro y prieto me pone a cien cada vez que se lo veo y unos pechos pequeñitos pero muy tentadores, siempre le tiraba los trastos a ver si me la podía llevar a la cama, pero nada ella se hacia la dura.

Al final una noche que salimos de fiesta junto con otros amigos, nos pusimos a bailar y le eché una mirada de esas que a medida que las vas mirando, la vas desnudando y comiéndotela, todo a la vez. Inés se dio cuenta de mi mirada, se acercó a mí y me dijo: ven vamos a sentarnos y hablamos. – vale le dije-, por dentro estaba como un flan.

Nos sentamos y me dijo, escúchame quiero ir luego a tu casa -No me lo podía creer- pero con una condición, que en todo momento yo llevaré la iniciativa y si no me dejas me iré de tu casa, ¿estás de acuerdo?

No dudé ni un momento, le dije que si, el hecho de llevármela a casa ya era todo un éxito y además que me gustaba eso de que ella llevase la iniciativa.

Nos despedimos de los amigos, cogí mi coche y nada más entrar en el coche me dijo: me tendrás siempre que yo quiera, de acuerdo, le dije que de acuerdo no había ningún problema, al cabo de un rato llegamos a mi casa, entramos dentro de casa y nada más entrar me giré para darle un abrazo, y ella rápida como un felino me soltó un guantazo en la cara y acto seguido dijo:

Quiero que me obedezcas ahora, ya te he dicho que quien toma la iniciativa soy yo, ahora quiero que te desnudes por completo y ves a buscar aquella paleta de ping-pong que tienes; -pero balbuceé- bien, veo que no estas dispuesto entonces me voy, -se dio media vuelta y se encaminaba hacia la salida-. Espera le dije haré lo que tu digas. Ella se paró y cruzó los brazos sobre sus pechos – se dio media vuelta- y me dirigió una mirada llena de autoridad y firmeza, y me dijo: la próxima vez que me desobedezcas me iré, y ahora haz lo que te he dicho.

Rápidamente me fui a buscar la raqueta y al volver se la di y empecé a desnudarme delante de ella, mientras ella me observaba, no paraba de dar suaves palmadas con las paletas sobre mis nalgas. Al final me quedé desnudo y pasó sus manos sobre mi pene – y con voz de desprecio- me dijo que cosa más pequeña tienes, al menos ya te sirve para hacerte pajas y se echó a reír, – quise en ese momento desaparecer, pero la situación era interesante aunque no me gustaba la humillación, dejé que siguiese de forma burlona y me soltó unos azotes con las paletas sobre mi culo, – solté unos quejidos de dolor- Entonces ellas me cogió de mis genitales y los apretaba con fuerza con su mano y me miró a la cara, diciéndome: – no quiero oír ningún quejido más y me soltó un beso en los labios.

Ahora me dijo: -inclínate sobre uno de los sofás quiero que me ofrezca tu trasero, pues ardo en deseos de ponértelo bien rojo y calentito-. Dicho esto empezó a azotar mi blanco culo, cayendo sobre cada nalga toda su fuerza, alternaba fuertes con suaves, a veces se paraba y me daba ligeros besos que me daban un pequeño respiro después de tanto castigo y a la vez me llenaba de excitación, pues mi pene hacia ya rato que estaba en pie de guerra.

Después de un buen rato de castigo sobre mis nalgas y estas ya estaban bien calentitas pues el calor que notaba era más que evidente, me dijo – aun no me gusta este color lo quiero más rojo y más caliente tu culo, dame el cinturón que tenias puesto en tu pantalón-, sin rechistar lo quite del pantalón y se lo di.

Bien así me gusta que me obedezcas – me dijo- ahora, hoy es día 30 verdad pues tienes que aguantar 30 azotes sobre tu trasero los iras

contando en voz alta y si los aguantas me denudare para ti. Así que tu mismo, y empezó a flagelar mi trasero de forma suave, para ir subiendo poco a poco la fuerza del castigo, cada impacto me hacia estremecer todo mi cuerpo, mis puños y mis dientes apretaban con fuerza a cada azote, pero la ilusión de verla desnuda valía la pena tan severo castigo y además mi excitación era tal que me encontraba a gusto al ver como una mujer me dominaba. Los últimos azotes eran un autentico suplicio, pues la fuerza de estos eran cada vez mayor al ver que yo no decía que parase y ella veía que se tendría que desnudar.

Al final con lagrimas en mis ojos me dio un último azote que me hizo eyacular, estaba al máximo de excitación, toda la leche se esparció por el sofá, ella no se había dado cuenta del hecho, pues cuando me dio el último azote, empezó a besarme las doloridas y rojizas nalgas, era tan placentero sentir sus besos que estuve a punto de volver a correrme.

Cuando terminó se levantó y me dijo mírame y -así lo hice- y empezó a desnudarse, que bello espectáculo, se quitaba la blusa con encanto, luego el sujetador dándose la vuelta de forma que veía su espalda, luego la falda, que formas más sugerentes y sexys, llevaba un tanga, que nalgas redondeadas y prieta, era un trasero pequeño pero bien puesto, se me puso la verga otra vez a tope, me dieron ganas de bajarle el tanga y metérsela por su lindo culo, estuvo un rato moviéndose de forma sexy pero no se daba la vuelta ni se quitaba el tanga.

¿Y el tanga no te lo quitas? – le dije, mientras ella se dirigía hacia su bolso- De momento no, cariño – me dijo tengo algo para ti primero y si lo haces me lo quitare- Sorprendido – le dije- he aguantado tu castigo y me dijiste que te desnudarías del todo, se volvió hacia mí y me dijo mira lo que traigo para ti -era un impresionante vibrador- te lo voy a meter por tu coloradito culo, hasta cuando yo quiera y entonces me quitare el tanga, empecé a balbucear y ella dijo, -con voz muy excitada y perversa- o quieres que me vaya, poniéndose el vibrador en los labios mientras su lengua lamía la punta del consolador. Esa visión me puso a cien, pero no deseaba que aquello me lo metiese por el culo. Pero mi excitación y el hecho de que luego vendría cuando yo le metería mi rabo, le dejé hacer. Asentí con la cabeza.

Ven cariño, me dijo inclínate sobre el sofá y déjate llevar, -con mala gana me incliné y dejando expuesto mi trasero a sus juegos, pero lo hice-, me empezó a besar y acariciar mi culo, – eso hizo que me empezase a relajar- abrió mis nalgas y sentí como su lengua recorría mi raja hasta llegar a mi ojete, – mil sensaciones placenteras invadieron mi cuerpo al sentir tan gratas sensaciones y haciéndome gozar de algo impensable por mi, mi pene estaba a punto de explotar, mientras su lengua seguía jugando y lubricando mi agujero, me volví a correr.

Me metió un dedo dentro para hacer la entrada menos dolorosa y placentera cuando metiese el vibrador, luego metió dos dedos y mi pene empezó otra vez a ponerse a cien, al poco de unos movimientos con sus dedos en mi interior cogió el vibrador lo enfiló hacia mi ojete y de forma muy suave me lo empezó a meter, mi cuerpo rechazaba a tal extraño aparato y de forma inconsciente apretaba para no dejarle libre la entrada, entonces ella me soltó unos azotes sobre mis doloridas nalgas que hicieron que al estar sorprendido me relajase el ano y aprovechó para metérmelo de un golpe dentro de mi culo, mi cuerpo se estremeció y volvió a darme unos azotes y seguido de un – cariño relájate te va a gustar que te den por tu lindo trasero, dicho esto puso en funcionamiento el vibrador y eso me gustó y más aun cuando me lo metía y sacaba de mi culo. Que delicia era maravilloso no pensaba que me gustaría tanto y ella estuvo un buen rato metiéndolo y sacándolo, paró un momento sin sacármelo de dentro, ella me dijo, – mira cariño como me has puesto-, giré mi cabeza y ella ya se había quitado el tanga y con su mano se tocó su polla, si su polla, dura y tiesa tan grande como el consolador, me quedé tan sorprendido sin saber que hacer que (ella o él), me sacó el vibrador y me enculó con su espléndida polla, disfruté y disfrutó.

Lo malo es que ahora estoy aquí en mi cama con los dos dedos dentro de mi culo mientras con la otra mano me está haciéndome una paja. Sueños o Realidad.

 

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