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Relato Erótico: Tetas II

Como dije en mi relato anterior, mi cuñada no es mujer que destaque por nada especial, salvo por sus tremendas tetazas que llaman la atención por donde van. Lo que no podía imaginar de mi cuarentona amiga política es lo sumisa que podía llegar a ser, no era mujer que supiera defender sus opiniones, si es que las tenía. Así que era bien sencillo aprovecharme y disfrutar de ella, aunque solo sean unos pocos segundos donde fuera y como fuera, sin límites. En alguna ocasión se limita a protestar vagamente temiendo que pudieran pillarla, ya que yo era muy propenso a buscar situaciones morbosas que la asustaran a la vez que proporcionan placer.

La última vez que acudí a su casa para disfrutar de su exquisita manera de cocinar y de sus tetazas, me acercaba a la cocina con cualquier pretexto, donde ella preparaba algún postre o café que servir en la mesa. Mientras todos charlaban y reían en el comedor, podría estar yo en la cocina sobándole el culo, subiéndole la blusa y arrancando el gigantesco sostén para tomar el postre de tus enormes tetas por anticipado, mientras ella, con las manos ocupadas en la masa se limitaba a decirme en voz baja que me esté quieto, que puede entrar alguien en cualquier momento y pillarnos. Pero esas situaciones eran tremendamente morbosas para mí y pensaba llevarlas al límite al más mínimo descuido del resto de la familia.

Así, hubo una ocasión donde el morbo era tan intenso que podía olerse a kilómetros de allí. Esa tarde, había tenido la frescura de comer con una bata de baño puesta. Ya me había encargado yo de decirle el día anterior que era así como la quería ver. Al ser tan mal vestida la pobre, nadie reparó en que eso estaba perfectamente planeado en mi mente calenturienta.

Trini, así se llama esta mega tetona, estuvo nerviosa toda la comida, no se si de nervios o de excitación, y en una de sus salidas a la cocina, la ayudé a retirar los platos de la mesa y le die al oído:

Yo: Ve al baño y echate en el cullito lo que te he traído.

Trini: ¿La crema esa?

Yo: Sí, la vaselina. Ve

Trini: ¿Tiene que ser ahora mismo?

Yo: Sí. ¿Quieres que te la ponga yo?

Trini: (riendo) Jajaja, no no, si yo se sola. Pero, ¿para que quieres que me la ponga?

Yo: Que preguntas más tontas haces niña. Le dije mientres le eché mano al culo para darle un apretón.

Ella marchó al baño y yo regresé a la mesa con el resto de familia. Después vino ella y no pudo evitar echarme una disimulada mirada de complicidad sin saber realmente cuando y donde mis intenciones le caerían encima.

Los postres transcurrieron con buena charla y yo marché al baño mientras ella se dirigió a la cocina con la intención de preparar un buen café para la sobremesa. Su madre, mi suegra, tuvo la intención de ayudarle, pero esta se dirigió a ella y le dijo:

Trini: Quedaté ahí sentada que esto es cosa mía, que para eso estás en mi casa.

Suegra: Bueno, hija, lo que tu digas. Yo lo decía por si te pierdes por el camino, jajaja.

Las palabras de mi suegra tenían unas inintencionadas dosis de razón, porque quizás no se perdería por el camino pero si era posible que yo la perdiera en la cocina. Yo sabía que mis salidas a destiempo de la mesa no podían ser más de las que ya eran, ni quizás otros días tampoco, así que me propuse no perder el tiempo, y tras salir del baño, estaba yo en la cocina, ya esperando a la gorda de mi cuñada

Mi cuñada me vió de pie cuando entró en la cocina y empezó a arreglar una cafetera con buen café. Me puse detras de ella, le mordí el lóbulo de la oreja y le susurré al oído mientras me arrimaba tras ella amasando sus tetazas:

Yo: Te voy a follar el culo, gorda.

Trini: Loco

Yo: Sí, loco por follarte por detrás

Mientras con una mano amasaba sus tetazas, con la otra subí su albornoz. Mi sorpresa fue ver que no llevaba ni tan siquiera bragas puestas, dejando expuesto su culo al aire. No pude esperar más y sacándo hábilmente mi polla de su encierro, apunté con la punta de mi nabo a la entrada de su traserazo, perforándolo de un golpe brutal.

Empecé a follarle el culo con una fuerza descomunal. Con una mano apretaba una de sus ubres que no podía abarcar por más que lo intentara, con la otra mano puesta en su boca para evitar que algún chillido de placer se le escapara incontrolado y pudiera alertar a los comensales, con la mirada y oídos puestos en la puerta de la entrada de la cocina y con la polla sacudiéndole con ganas en el culo como si del últmo polvo del mundo se tratase.

La situación era tan morbosa que sabía que no debía de correrme pronto, por más que aumentara el ritmo de mis embestidas. La agaché junto al fregadero, pareciendo que si abría los grifos la mojaría todo el cabello, y seguí dándole y dándole estopa. Ella se metía mano en el coño masturbándose. La polla ya entraba en su culo con una facilidad tremenda. Su esfinter era mantequilla derretida ante mi falo ardiente, era un cuchillo atravesando un flan, era un pollón dilatando y destrozando el culo de la tetona más impresionante que había tenido nunca jamás. Los golpes en sus gluteos de mi pubis cuando mi nabo llegaba hasta el fondo, debían ser controlados para no llamar la atención con sacudidas escandalosas. Tuvo un jadeo descomunal, debió correrse durante un buen rato, estaba recibiendo pollazos de 19 cms. en su culo y su mano estaba trajinándose el coño buscándo lo que finalmente consiguió.

No obstante las embestidas siguieron y siguieron hasta que oímos a lo lejos “Triniiiiii, ¿viene ese café?.

En esos momentos ya me daba igual todo, seguí martilleando su culo sin piedad mientras ella estaba repantigada sobre el fregadero. Era un mete-saca descomunal, sin pausa. Apretaba sus tetas apretadas contra el fregadero como podía, pellizcaba sus pezones, solo echaba de menos no poderlas chupar y morder en esa posición. Cuando bajé la mirada para disfrutar con la visión de su orondo culo, ví mi polla ensangrentada, y lejos de darme remordimientos, aceleré el ritmo a sabiendas que su culo no podría seguir siendo follado de esa manera por mucho tiempo más. Trini me mordía la mano que tapaba su boca, seguramente en la intención de asegurar el silencio de sus chillidos de dolor y placer.

Coincidió el ruido de las sillas de comedor moviéndose cuando el acero de mi polla terminó por destrozar su culo. Trini ya ni se movía, estaba exausta de tanto aguantar las palizas que le propina por detrás. El olor a culo dilatado empezaba a invadir levemente la cocina. Mi polla se erizó en el acto final, se puso como el as de bastos y en un último tirón inundé su conducto con dos o tres chorrazos de esperma que se perdieron en el interior de ese tremendo culo. Los pasos se acercaban y en un brinco saqué el nabo de su trasero y lo metí en la bragueta intentando controlar mi agitada respiración.

Mi suegra entró en la cocina, el albornoz de mi cuñada había caído por su peso, tapando el recien follado agujero de la tetona. Se pudo guardar las tetas a tiempo en la bata y mi suegra dijo:

Suegra: Hija, ¿que te pasa? ¿que haces ahí agachada? ¿estás mala?

Yo: Salí del baño, he oído el burbujeo del café, entré y la he visto así e iba a preguntarle lo mismo, ¿te pasa algo?

Trini: No, no pasa nada. Se me ha metido algo en el ojo y estaba aquí echándome agua. No se que es

Suegra: Bueno, ya te ayudo yo

Salí de la cocina y al rato llegaron ellas con los cafés. Ella prefirió ir al baño.

Antes de irnos, aprovechando un descuido se dirigió a mi y me dijo:

Trini: Tengo el culo destrozado, me duele mucho y estoy echando algo de sangre. Tu leche me corría hasta los muslos cuando vino mi madre. Eres un animal.

Yo: No digas eso. La culpa es tuya. Si no tuvieras ese cuerpazo de jamonaza, no me harías perder la cabeza así.

Trini: Será eso

Trini quedó en la puerta de su casa mientras nos íbamos. Verdaderamente, si su marido quisiera darle caña esta noche, le va a tener que decir que no, y no que excusa le va a poner, porque no creo que le diga que no tiene ganas porque el marido de su hermana se la ha follado por el culo y la ha destrozado. Ya veremos que dirá, yo me voy. No se que hubiera sido capaz de hacerle más si la llego a pillar en casa sola.

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