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Relato Erótico: ¿Vuestras mujeres o yo?

Pagar por aquella sauna era una gozada. Merecía la pena al menos una vez a la semana. Eduardo, Roque y yo quedábamos los jueves por la tarde para una sesión de gimnasio y posteriormente de sauna. Recuerdo aquel jueves que Eduardo no apareció por allí y Roque y yo nos preocupamos pues incluso nuestro amigo había pagado la parte que le correspondía de la sauna. Después de hacer pesas y musculación Roque y yo nos metimos en la sauna y nos pusimos a hablar de qué le podía haber sucedido a Eduardo. Roque, que es un salido dijo finalmente de broma:

-Eduardo se habrá quedado en casa. Seguro que le está chupando la polla esa preciosidad de esposa que tiene.

Yo me eché a reír, aunque efectivamente Verónica, la esposa de Eduardo era guapa y estaba muy buena. Ya, confidencialmente y en voz baja le pregunté a Roque:

– ¿Te follarías a Verónica? – Por supuesto, pero sin que se enterase mi mujer. – Yo creo que también lo haría, pero esa zorra es de altos vuelos, no creo que se fijase en dos tipos como nosotros. Se casó con Eduardo únicamente por su dinero, supongo.

– Míranos, aquí hablando de follar con la mujer de un amigo. Y digo yo –comentó Roque- si te gusta la mujer de Eduardo, a lo mejor te gusta la mía. – No está mal –contesté. – Cabrón de amigo, ¿te follarías también a mi mujer? – No sé –dudé…-Es que si yo pudiera me follaba a la tuya.

Me eché a reír y Roque también…

– Pues a ver si un día hacemos un intercambio.

Supongo, que aunque estuviéramos hablando casi en broma, a Roque se le había puesto la polla tan dura como a mí sólo de pensar en hacer un intercambio con nuestras esposas. Mientras tanto, allí continuábamos, en la sauna y hablando de las muchas ganas de sexo adúltero que teníamos siempre. De repente llamaron a la puerta de la sauna y era el encargado que venía a decirnos que una tal Verónica quería hablar con nosotros. ¿Qué querría la mujer de Eduardo?

Se asomó a la puerta y era ella, tan espectacular como siempre. Simplemente vino a decirnos que Eduardo tenía una importante reunión de empresa esa tarde y no podía venir y como ella llegaba por allí de paso decidió comunicárnoslo. Le dijimos que Eduardo tenía pagada su cuota de sauna y que allí podía entrar alguien más a tomar vapores. O sea, le estábamos invitando a quedarse.

Sorprendentemente aceptó. Fue al vestuario y vino cubierta con una toalla. Verónica no era una mujer tímida ni pudorosa, quizá estar entre dos hombres en una sauna era para ella algo completamente normal, y más si se trataba de amigos de su marido. En ese punto decir, que aunque fuésemos amigos de Eduardo siempre nos trató con frialdad, tanto a Roque y a mí como a nuestras esposas a las que consideraba simples amas de casa y conejas de crianza, según sus propias palabras, las cuales tuvimos ocasión de escuchar una vez. El incidente quedó ahí, pero la considerábamos una zorra que nos miraba por encima del hombro y que pensaba que éramos adúlteros por naturaleza.

– Verónica –dijo Roque-, mañana es el cumpleaños de mi mujer y no sé que regalarle, ¿tú que me aconsejas? – ¡Vaya! –Dijo Verónica- pero ¿es que tú quieres a tu mujer? – ¿Por qué no voy a quererla? – Porque siempre se te van los ojos detrás de cualquier mujer, igual que a este –dijo Verónica refiriéndose a mí.

-Eso le pasa a muchos hombres –dije yo…- A mi marido no –contestó Verónica. -Pues claro que sí –dije. – Incluso no quita ojo a nuestras propias esposas cuando estamos reunidos –dijo Roque. – ¿A esas dos marujas calentorras?-preguntó Verónica. – Eres una grosera Verónica – dijo Roque-, si no fueras la mujer de nuestro amigo te abofetearía. – ¡Atrévete! –dijo ella.

Roque se contuvo. Verónica se había pasado. Yo propuse que nos fuéramos y olvidar aquello.

-Vámonos Roque –dije…- Sí –dijo ella sin dejar de provocar- regresad a vuestro aburrido hogar; con vuestras aburridas esposas. – No son unas aburridas –dije yo, y esperando a que Roque no se enfadase me inventé algo… Roque y yo las hemos intercambiado en más de una ocasión, y eso no lo hacen mujeres aburridas…

Roque aplaudió la idea y me siguió la corriente; así que le hicimos creer a Verónica que yo me follaba a la mujer de Roque y éste a la mía. Verónica se sorprendió, aún más cuando continuamos mintiéndole y le dijimos que más de una vez le habíamos propuesto el intercambio a Eduardo, su marido, pero que él nos dijo que su esposa no quería porque era una mojigata. Verónica bufó como un toro pues pareció molestarle aquello.

– Tu querido Eduardo –dijo Roque a Verónica- se muere por follar con nuestras mujeres, pero para eso tendría que ofrecerte a ti. De todos modos creo que Eduardo no está a la altura de nuestras dos mujeres.

– Mi marido no tendría ni para empezar con esas dos, porque es un verdadero semental. – No lo creo –dije yo- seguro que entre ambas lo dejan fuera de combate en menos de un minuto. – Cuando queráis lo comprobamos –dijo Verónica. – Ya veremos… ¿qué nos dices de ti? – ¿Qué queréis que os diga? – ¿Podrías satisfacer a dos hombres a la vez? – Por supuesto, pero no será a vosotros.

-Claro, así es fácil hablar. – Como queráis, os lo demostraré aquí mismo en la sauna. Eso si, follaré con vosotros a condición de que le pongáis en bandeja vuestras esposas a mi marido. ¿De acuerdo? – De acuerdo –dijimos Roque y yo sin saber que sucedería finalmente con nuestras mujeres y sorprendidos por el trato que ofrecía aquella mujer.

La sentamos entre nosotros y Roque fue el primero que se atrevió a meterle mano y a empezar a besarla. Yo no me demoré e hice lo mismo. La puta de Verónica se dejaba hacer: nos ofreció sus pezones para que se los chupásemos y su coño para acariciarlo.

– Te vamos a follar hasta la saciedad nena – le dije yo… – Eso espero cabrón de mierda –me dijo dándome un largo beso en los labios y metiéndose seguidamente la polla de Roque en la boca, el cual dio un enorme suspiro de satisfacción.

A esas alturas yo ya me había enamorado de aquella espléndida mujer, de la cual sospeché inmediatamente que si se había quedado con nosotros en la sauna fue con la decidida intención de que nos la follásemos entre los dos. Mientras se la chupaba a Roque, decidí meterle mi polla en aquel coño tan rico. Veía claro que Verónica no quería salir de allí sin habernos absorbido todo el semen de los testículos, porque la verdad sea dicha, estaba haciendo un trabajo impecable de felación y de fornicación.

– Decidme ahora –exclamó Verónica- , ¿quién folla mejor vuestras mujeres o yo? – Tú, mi vida– contesté yo-, procurando halagarla para que no abandonara la tarea. -Pero que delicia de mujer eres – decía Roque en el éxtasis del placer y el gozo.- Jamás pensé que fueseis tan buenos en el sexo –dijo Verónica-, he de admitirlo. Deberíamos tener una sesión de sauna y amor más a menudo porque esto me encanta.

Los tres estábamos a punto de llegar al orgasmo ya que aquello estaba resultando delicioso. Creo que nunca había sentido tanto placer en la polla, y todo gracias a aquella mujer desinhibida y voraz en el terreno de la sexualidad.

Nos corrimos entre jadeos, gemidos y gritos de placer. Fue sensacional; pero los tres deseábamos más e intentamos reponernos cuanto antes para hacer un sándwich con Verónica. El resultado fue más espectacular aún y los tres volvimos a gozar dejando llena de semen a la mujer de nuestro amigo Eduardo. Roque y yo tendríamos que cumplir nuestra parte del trato días más tarde, pero merecía la pena.

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