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Relato Erótico: Aventura en el mercado

Sonreía mientras preparaba el baño, aún no comprendía como había surgido aquella aventura, pero mi piel llevaba impregnado aquél olor característico del sexo, abrí a tope el grifo del agua caliente, introduje el gel, viendo como iba creciendo la espuma, luego el agua fría hasta conseguir la temperatura que era de mi agrado.

Me despojé de aquel vestido floreado que horas antes marcaban mi cuerpo, metí poco a poco mi cuerpo aún sudado por el calor y la pasión vivida, sentí como el agua me abrazaba, cerré los ojos y regresé con la mente a unas horas antes. Ramón, se acicalaba como todas las mañanas para ir a la oficina, mientras yo preparaba el desayuno, así llevaba dos años, de forma rutinaria, siempre tranquilo para su aseo, pero con prisas a la hora del desayuno, de pie, tomaba el café, bollo en la boca, toque en las nalgas y adiós, allí dejaba, como todas las mañanas el olor exagerado de su colonia que hacía que se me arrugara la nariz, en la oficina le decían el oloroso jajaja, eso me lo dijo mi amiga Marisa que trabaja con él, por eso me enteraba de muchas cosas. Me gustaba ir a primera hora al mercado, los productos estaban frescos y menos pochos, salí a las 8,30 no estaba lejos, el carro de la compra me servía de bolso, móvil, tabaco, monedero, llaves, todo iba dentro y así podía manejarlo bien. Era un día de calor, mi vestido de seda, a la moda por las flores, me hacía la silueta más estilizada, mis carnes prietas, unos kilos de más que no me preocupaban por que estaban bien repartidos, mi piel morena, la melena recogida con una pinza graciosa, un toque de carmín en los labios, tenía 47 años, pero no los aparentaba, me veía mejor que con 30, el no haber tenido hijos hacía que mi figura se mantuviera mejor, o al menos eso creía, los hijos no vinieron, pero no me traumatizó, lo llevé con dignidad.

Una vez en la calle me dirigí al mercado sin saber que aquel día sería diferente a los demás. Fui a varios puestos todos estaban a tope, pero por los números no había peleas, jajaja, fue en el puesto de las verduras, allí empezó todo. Me había tocado un número alto y esperaba a que me llegara la vez, de repente noté un toque en el trasero que me hizo volver la cabeza, me encontré con un señor de unos 45 años de ojos claros y sonrisa pícara, le miré fijamente, pero él no apartó la mirada, todo lo contrario bajó sus ojos a mis pechos, pensé que era un aprovechado, pero no me desagradó lo que vi., era joven y guapo, y mi coquetería de mujer creció al pensar que aún atraía a los hombres.

Continué esperando mi vez, la gente se amontonaba y por eso nadie notó nada, al poco rato noté algo que me pus más húmedo, me sentía en el aire, y me dejaba hacer, solo sentía unos deseos locos de seguir aquella aventura. Seguía en la bañera, el agua casi se había enfriado, abrí el grifo del agua caliente para buscar de nuevo la temperatura adecuada. Me pasaba la esponja lentamente por la piel que aún se me erizaba al sentir como había sido la loca experiencia de unas morbosas horas con un completo desconocido…

Vuelvo al recuerdo y me acaricio suavemente el sexo; solo por saber que había disfrutado como nunca creí se pudiera hacer. El piso era bonito, cómodo, bueno, todo eso lo vi más tarde claro, allí detrás de la puerta del piso me subió el traje, de rodilla tiraba con suavidad de las tanguitas, me miraba fijamente, su mirada me desnudaba antes que sus manos, mi pelo casi se soltaba de la pinza que lo sujetaba, cayendo casi leonada por mis hombros, mi boca se abría presintiendo el placer que se aproximaba, mis muslos se abrían para esperar la caricia que aquel hombre me regalaba con la mayor naturalidad, pero con la maestría del buen amante.

Allí, completamente pegada a la puerta iba encogiendo de placer…, el seguía con sus manos en mi trasero atrayéndome hacia él. Hundió su boca en mi sexo, con su lengua jugaba en mi clítoris redondeándolo, mordisqueando mis labios mayores como si se recreara en la búsqueda de mi placer y eso fuera solo su gozo. Sentí como mi vagina se humedecía, lo

s jugos pasaban a su boca, enervándolo, por que le sentía que pedía más con morbosidad… levantaba la cabeza, me miraba con un placer que hacía que me soltara del todo, él me pedía que me dejara hacer, ese era su mayor placer. Su lengua entrando y saliendo en mi vulva, me enloquecía. Apretaba su cabeza para que no parara en sus caricias, pero él sabiamente se retiraba, besando mis muslos, haciendo con ello que se retardara el clímax que yo pedía salvajemente.

Cuando el quiso… ya no abandonó mi sexo y sin tregua lamía y absorbía sin soltar mis nalgas ni para coger aire, como lo hizo no lo se, él ahí abajo se encargó de lo que sentí cuando vino la corriente de flujos rompiendo en un orgasmo que me derrumbó cayendo lacia hacia é. Entonces me sorprendió aún más… pensé que ahora me penetraría con su duro pene, que esta vez le tocaba a él, pero no fue así…, terminó de sacar el traje que había quedado en mi cintura, no llevaba sujetador, así que me quedé completamente desnuda. Noté un temblor que me hizo abrir los ojos, el agua se había vuelto a enfriar, salí de la bañera, me sequé con una gran toalla que luego me serviría para taparme, con el secador comencé a secar mi media melena, y el calor volvió a entrar en mi recuperando mi temperatura. Me di cuenta que estaba pensando en si no habría sido un sueño, pero no, era real, tan real como yo misma. Había sentido en dos horas todas las pasiones no vividas en muchos años con Ramón… era increíble.

Una vez seca del todo, puse mi bata fina bien atada, y recogido el pelo en una cómoda coleta. Sentía mis labios aun doloridos por los besos constantes y el sabor de su boca en la mía, en mis carnes notaba aun el contacto de sus manos, macerando mi cuerpo, y era posible que salieran algún que otro moradillo…, jajaja.

Sentada en el sofá con las rodillas encogidas, el cigarrillo y el vermú trataba de relajarme de nuevo. Pensar en aquellos ojos, me hacía temblar, sobre todo el placer que se asoma en ellos cuando é me veía rota de espasmos y lubricaciones que aquel hombre creaba en mí con s cuerpo me apretaba, como si no me hubiera tocado nunca, estaba erecto de nuevo, me asombraba su recuperación tan inmediata, pero otra vez pensé en mi, él no me daba tiempo de que yo tomara la iniciativa, en las dos horas, solo fui pasiva, él lo hacía todo y yo me dejaba hacer, encantada y sumisa, cuando yo quería tomar las riendas él se encargaba de cambiar el juego erótico, parecía que su cometido era verme disfrutar…, y él solo para el final con un aguante nunca visto. Esta vez no me quitó nada, pasaba la lengua sobre las braguitas, mis ingles, mis muslos -que ya se abrían al placer- .

De nuevo su lengua maestra trabajó con tranquilidad mi cuerpo, yo perdía la compostura, tiraba de su cabeza hacia mi sexo, y él seguía en una dulce tortura dejándose desear, con sus pequeñas retiradas y de nuevo me besaba la vulva, se empecinaba como si le fuera la vida en ello, había rodeado las braguitas a un lado y miraba embelesado como hundía sus dedos en mi vagina de forma lenta y firme mientras su lengua succionaba el clítoris, y lo terminaba de humedecer, otra vez me dejó abatida, cuando vino el terrible orgasmo, creí que moría de placer, y que perdía los sentidos. Salí de allí aún jadeando, no podía quedarme más, ya el tiempo se me echaba encima, aparte de que estaba exprimida como un limón. Tenía muchos días para pensar en lo que había vivido.

Ahora prepararía la comida para Ramón que estaba por llegar…

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