Y Dios los hizo Uno.


Desde que la Tierra sintio el calor de los primeros rayos del joven y majestuoso Sol, se estremecio con ansias juveniles de encontrar un compañero. Cuantas veces allá en la lejania de los tiempos, se habia preguntado, cuando podria conocer a ese ser que dirigiria su revuelta y salada sangre de ese color entre verde y azul mezcla de su cielo y su ser, ese que le haría compañia cuando el Sol que la alumbraba erá ocultado por la voluminosidad de su propio cuerpo.

Vivia lanzando rayos de luz azul a la profundidades del universo en busca de alguien tan atrevido como para acercarse a sus próximidades. Todo en ella era joven, su sangre de un azul verdoso se confundia con el marrón de su carne, no sabia nunca que zonas de su cuerpo podria exponer al día siguiente al calor del Sol, a la véz que sentía que la vida germinaba en el interior de su sangre. Cuanto más viva se sentía tanto más buscaba en la infinitud del universo, hasta llego a pensar en salir de su orbita para adentrarse en las negras profundidades del universo, pero la soledad que prometía aquellas inmensidades la asustaba, dejandola indecisa si debería hacer el viaje, también tenía miedo de perder el calor que tan bien la hacia sentir, dado que si se alejaba como le había ocurrido algunos planetas perderia toda la vida que ella sentia que llevaba dentro, en cierta forma se sentia responsable de ella, no queria dejar de ser la portadora tanta riqueza, solo para partir hacía lo desconocido.

Un día cuando menos ya no lo esperaba aparecio en las cercanias del sistema solar un gran asteróide dispuesto a cruzar los sinuosos y peligrosos caminos del mismo. Al recibir por primera vez la luz del sol resulto ser de un blanco lechoso más parecido a la espuma que formaba la sangre de la Tierra que a los demas asteroides existentes en el sistema solar. Esta que hacia ya algun tiempo lo venia observando acercarse, y decidio salir a su encuentro para conocerlo, pero debia de hacerlo con cuidado ya que de lo contrario se precipitaria dentro de ella y se convertiria en un monton de piedrecitas, debia de hacerlo con delicadeza. Así que se fue apróximando en su orbita hasta quedar en la trayectoria, y aunque era difícil se detuvo en su orbita mientras giraba sobre si misma mostrando toda la belleza que contenia.

El asteroide paso primero por un planeta muy cercano al sol, que después sabria que le llamaban mercurio, un ser demasiado incandescente, muy volatil y rapido, no le gusto su continuo mal humor, ademas hacia demasiado calor junto a él, por lo que decidió continuar viaje hasta el próximo planeta haber como se presentaba. Al llegar a él, se encontró que ya estaba habitado por dos grandes asteroides que le miraron con malos ojos, dandole a entender que nada tenia que hacer por aquellos lares, el planeta parecia bonito, tenia un rojo vivo que llamaba la atención, pero en vista de tan malos vecinos decidió mirar a otra parte y en ese preciso instante LA VIO.

Era grande, protectora y hermosa, sus giros se la mostraban en todo su esplendor, además tenía variaciones de colores aunque algo extraños ya que en algunos lugares no se sabia cuanto tiempo mantenia su color marrón y verde profundo y cuando su color era transformado por una capa en movimiento que cubria esté para darle un tono azul verdoso, era extraña y misteriosa, también parecia algo solitaria. Rascandose su figurada cabeza penso:

"Parece como si me estuviera esperando. ¿Quizás merezca la pena que me apróxime? aunque no mucho no vaya a ser peligrosa. ¿Quien sabe que misterios y peligros me pueden aguardar junto a un ser de ese tamaño?. -en ese momento escucho una voz del interior que le pregunto-. ¿Hé caminante desde cuando tienes miedo? Tu que has corrido por todos los oscuros caminos del universo. - y como respondiendose a si mismo, dijo -.

-- Si claro que me acercare, pero no mucho, también las aventuras pueden terminar mal y despues que hacer?.

Con esta decisión se fué aproximando sin quitarle la vista de encima, ya que dijese lo que quisiera su conciencia, el sentía mucho respeto por aquel ser tan enorme, no fuera a ser que su larga aventura terminara en una forma muy desastrosa. Pero a pesar de todas sus precauciones la curiosida -que no por ser un asteroide carecia de ella-, le movio a acercarse a mayor velocidad de la que pensó. La Tierra que le había estado observando le dijo:

-- No te acerques tan deprisa o te precipitaras dentro de mí. Debes ir acercandote despacio para poder crear un campo gravitatorio que nos permita a los dos conocernos o ¿A caso pretendes desintegrarte en mis entrañas?.

-- ¡Oh! ¿Quién dijo tal cosa? No digas tonterias solo queria verte de lejos y nada más, que te has creído, el único planeta en el universo.

A la joven y regordeta Tierra se le transformo el color y muy timidamente le pregunto.

-- Bueno yo, ¿Solo queria saber quien eres? ¿De donde vienes? Pareces algo cansado, por lo que supuse que llevas mucho tiempo de viaje. Y sabes tengo una gran curiosidad por saber de tús viajes.

El asteroide que dentro de su tosqueda, no era mal ser, se sintió arrepentido de haberla hablado de una forma tan brusca, además pretendia darla buena imagen y de esa forma tan uraña no iba a conseguir más que enfurecerla y no le apetecia tener a un enemigo tan grande y tan inesperto como aquel.

En su interior trono la voz de su conciencia diciendole: "Pero bueno ganapan, no habiamos quedado ya hace tiempo de que ibamos a buscar un hogar donde quedarnos o pretendes continuar todo tu larga vida recorriendo los oscuros caminos del universo. Mirala es bella, es joven y es todo lo que tu no eres, que más puedes pedir. Yo sabia que me habia tocado en suerte un asteroide tonto, pero hasta ahora no me había dado cuenta de cuan tonto. Llevamos viajando ¿Cuanto? ¿Te acuerdas de cuando partimos? Estoy harto de no tener el calor de una estrella que me de luz, de poder tener una conversación más inteligente de la que tengo contigo, sabes estoy empezandome a cansar de tí, esto de mantener monologos se empieza a hacer muy aburrido. Así que haz lo que te diga y conquistala, dejate de monadas o yo hablo con Él y le pido que me cambie de asteroide, que esté es tonto."

Después del rapapolvos que le había echado su yo interno, sintió revelarse a si mismo. Así que su espiritu estaba dispuesto a abandonar el buque, si él no era capaz de conquistar a esta chiquilla de planeta. Bueno todo fuera por la paz interior, haria lo que estuviese en su mano para conquistarla, pero no se iba a exponerse a los caprichos de una niña sin más, si queria abandonarle, pues que lo hiciera.

-- Perdoname pero estoy algo agotado de tanto viaje y de tanta soledad he perdido la constumbre de comunicarme con otros seres vivos. Si tu quieres puedo contarte muchas de mis aventuras por las negras profundidades del universo, desde el día en que partí del principio hasta ahora, aunque no lo creas suelo tener mucha memoria, no he olvidado nada de lo que me ha sucedido en los últimos siglos. Además creo que en los últimos tiempos me estoy convirtiendo en un ser muy uraño y un tanto cascarrabias, así que perdona.

El asteroide intento que en su voz sonara contricta, aunque sin querer también sono algo jocosa por la energia que se despedia de aquella niña de planeta. Todos sus colores resplandecian en sus tonalidades más profundas, era una muestra clara de su juventud, de su inocencia, quizás fuera que apenas contara con unos pocos miles de años y por eso se comportara de esa manera, él asteroide por su parte no lo sabía por que pero le hacia gracia verla tan inesperta.

La joven Tierra que no hacia más que observarlo le pregunto:

-- ¿Cómo te llamas? ¿De donde vienes? ¿Cuanto tiempo llevas viajando? ¿Hace mucho tiempo que partiste y de donde vienes?.

-- Bueno jovencita no te pongas nerviosa. Primero dejame que encuentre una orbita en la que este comodo y después tendremos mucho tiempo para poder hablar de lo que quieras, ¿de acuerdo?

-- ¿De verdad te vas a quedar? yo pense que quizás no te gustase mi compañia, mi nombre es Tierra. ¿Dime como mínimo tu nombre? por que sino no se como llamarte.

-- Mi nombre es Selene. - dijo mientras describia una orbita de acercamiento a su verdosa compañera - Y otros a su debido tiempo me llamaran Luna, pero tu puedes llamarme fecundidad.

Y diciendo esto se fue apróximando a la joven y hermosa tierra que ya lanzaba azulverdosos reflejos de sus encantos, cuando el atrevido asteroide llego al limite que imponia su voluminosa compañera, y hay comenzo la danza de la vida de la cual formamos parte.

Leah Abraham

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