Sensenet.

Cuento no erótico. Hasta dónde podemos llegar a interactuar con la Red, en un futuro no muy lejano seremos ciborg o el mundo será como lo imaginan los ciberpunks... quién sabe. Puede que sea parecido a esto...


Manu miraba con insistencia la hora en su reloj holográfico. La clase de álgebra en la facultad se estaba haciendo ya demasiado pesada y era lunes, le tocaba salir más tarde que los demás días. Su vehículo había quedado destrozado después del fin de semana, un pequeño accidente por culpa de un fallo en el navegador de a bordo. Si no conseguía escaparse un poco antes de la hora sin que su profesora le echase el ojo, no llegaría a tiempo a coger el metro, y no llegaría a tiempo a su casa para poder ver su serie favorita, de la cual no se perdía nunca ningún capítulo. Sí, vale, podría verla durante el viaje en metro, solo tendría que conectar con un servidor de televisión y desconectar con el exterior. Pero ver la televisión en casa, tumbado en el sofá justo después de comer, aun continuaba siendo un placer. Igual que antiguamente lo era ver las películas en el cine, con palomitas y con la novia, en vez de hacerlo en el vídeo de tu casa. Por todo eso, tenía que salir antes de que la clase terminase y su profesora se resistía a girarse para escribir en la obsoleta pizarra que siempre se empeñaba en usar.

Manu echó un vistazo a su alrededor, estaba solo en la última fila y si se encogía un poco, sus compañeros de la fila de enfrente le cubrían bastante bien. Nadie iba a distraerlo así que decidió conectarse. Entrar en la red en horario de clase estaba prohibido, podía costarle una expulsión temporal. Pero la profesora de álgebra no activaba el testeador de alumnos. Estaba ya algo chocha y era una de esas de la antigua escuela. Usaba toda esa tecnología que había en la facultad porque así lo dictaban las normas de la universidad, pero en realidad la odiaba. Y aunque había conseguido que la dejasen usar su antigua pizarra para ciertas cosas, la materia importante debía darla a través del sistema holográfico conectado a su mesa.

La vista de Manu quedó oscurecida por una fina matriz de pixels negros. Y sobre ella comenzaron a aparecer comandos.

">SenseLinux 3.23: Iniciando... Ok

>Play ´Atrapados en la red-Tam Tam Go´: Mp3 "

Y una musiquita graciosilla que Manu solía tararear al levantarse comenzó a sonar en el interior de su mente. Sonido Mp3 directo a sus nervios auditivos.

Cualquier cosa que Manu pensase intencionadamente aparecía en forma de comandos en esa especie de pantalla de ordenador que daba la impresión de estar suspendida en el aire, mezclada con el resto de las imágenes que podía ver, y que abarcaba tanto como su mirada le permitiese.

Tenía que saber a qué hora estaba estimada la llegada del metro al terminal más cercano a su facultad, y así de paso podría probar el programa que había conseguido por la mañana en la red. Era uno de esos de cálculos de ruta. Conectaba cada pocos segundos con la subred del metro para conocer en todo momento la posición de la máquina que interesase, y poder establecer así un tiempo estimado de llegada con bastante exactitud. Lo había conseguido a través de un amigo y la verdad, tenía muy buena pinta.

">Sreach metro

´Sreach´... sintaxis no valida."

-¡Mierda! -exclamó Manu con un tono demasiado elevado a causa de la música.

Una buena parte de la clase dejó de atender las explicaciones de la vieja profesora para girarse hacia el lugar que ocupaba Manu. A través de la capa oscurecida por la matriz de pixels negros pudo ver a muchos de sus compañeros poniendo caras divertidas. Un rumor de risas. La profesora interrumpió su explicación e intentó en vano localizar el origen de aquellas risas, pero como siempre no se enteraba de nada así que continuó con su aburrido monólogo.

Se encogió un poco más y se puso una mano en la frente mirando hacia abajo, como si hubiese estado tomando notas y quisiera repasar algo. Cosa absurda porque ya casi nadie usaba papel y bolígrafo para tomar apuntes, lo normal era almacenar lo que veías y escuchabas en el chip que a todo el mundo se le introducía al nacer en el cortex cerebral. Un superordenador conectado mediante implantes a cada uno de los cinco sentidos, manejándolos a su antojo.

Poco a poco la clase volvió a su cauce y todo el mundo comenzó a desviar su atención de nuevo hacia la profesora.

Joder, tendré que revisar esta porquería de programa -se dijo a si mismo, esta vez en el pensamiento-, últimamente no me coinciden los comandos que mi cerebro ordena con los que aparecen en mi consola visual. Tendré que pedir cita con mi programador.

">Search metro

´metro´: Buscando.... Ok

Sistema de trenes metropolitanos: Loging in.... Ok "

Esta vez sí. Según el sistema de metro, el próximo pasaría por el terminal más cercano en quince minutos, debería cogerlo. Por supuesto luego habría más, el metro funcionaba veinticuatro horas al día. Pero Manu aun se acaloraba al recordar la última vez que tuvo que coger un metro en hora punta. Sobre todo en la hora roja que precisamente comenzaba justo después de este último metro, la hora en la que todo el mundo parecía ponerse de acuerdo para salir de sus habitáculos de trabajo y tomar el andén de la estación como si se tratase de una manifestación de gente descontenta con la vida. Manu cargó el nuevo programa y lo puso en marcha.

"Ruteador 6.0: Iniciando... Ok"

Seleccionó las coordenadas del lugar exacto en el que Manu se sentaba y se las pasó al programa junto con el nombre de la subred de trenes metropolitanos. En pocos segundos el programa ya estaba conectado con el sistema de metro y con los cálculos hechos. Apareció un cronómetro en rojo con una cuenta atrás justo encima de la cabeza del imbécil de enfrente. El típico que siempre andaba interrumpiendo la clase para soltar sus preguntas estúpidas y hacerse un poco el graciosillo. Un minuto, cinco segundos, era el tiempo que le quedaba para levantarse y ponerse a caminar hacia la estación de metro si no quería perderlo. Si se levantaba un segundo antes de que el contador llegase a cero, tendría que esperar solo un segundo para tomar el metro en la estación. Al menos en teoría... a lo mejor a Manu le daba por echar una pequeña carrerita camino del metro, solo para joder al contador.

Manu retiró la matriz negra de pixels y el contador se desplazó automáticamente hacia un ángulo muerto en una esquina de su visión. Si no se fijaba, el contador no parecía estar ahí, pero si se fijaba de reojo, todo lo demás se hacia borroso y solo veía con nitidez el contador.

"Ruteador 6.0: Nohup, proceso en segundo plano.... Ok"

Estaba de suerte, la profesora se había vuelto a emocionar con su pizarrita y andaba bastante entretenida rellenándola de más estupideces con sus tizas de colores. Ésta era la de Manu. Se apresuró a recoger sus cosas y se escabulló de aquel tostón rápido como el viento. Solo el ñiiieeeck de la puerta del aula lo delató, pero ya era demasiado tarde porque ya no se encontraba dentro.

Muy bien, ya estaba fuera, de camino a la estación, si todo iba bien llegaría a su hora para ver su preciada serie de televisión a la que estaba tan enganchado. El cronómetro marcaba cero minutos, tres segundos.

-Joder, pero qué coño..... -dijo cayendo al suelo montando un buen estropicio.

Había chocado con una chica en el pasillo, mientras andaba atendiendo a los numeritos rojos del cronómetro en una de las esquinas en su ángulo de visión, esparciendo por el suelo un buen montón de octavillas de publicidad que la chica estaba repartiendo antes de toparse con el torpe de Manu.

Se levantó rápidamente y con muy mala educación se escabulló nervioso de allí sin decir nada de nada. Ahora sí que tendría que echar esa carrerita de verdad, el cronómetro marcaba menos diez segundos, tenía que volver a ponerse por delante del reloj.

Carreras por los pasillos, carreras por la calle, hasta llegar al metro y al final consiguió recuperarse, le sobraron cinco segundos. Cinco, cuatro... ya se podían ver las luces del metro... tres, dos, uno, ¡bip! Y el tren justo se estacionaba delante de él, eso sí era exactitud.

El metro iba completito, pero ni de lejos tan lleno como lo iría el próximo. Cruzó un par de vagones y consiguió apañarse un asiento junto a una abuela. Al sentarse la señora le sonrío insistentemente. Manu procuraba no ser más amable de la cuenta, por si la vieja tenía ganas de hablar y le jodía todo el viaje.

El metro se puso en marcha. El ruido era molesto, se hacía cada vez más agudo a medida que el metro cogía velocidad, parecía que el limite de la agudez nunca se iba a acabar. Cada vez más agudo, cada vez más... mientras observaba las luces a través del cristal oscurecido del vagón, Manu se iba quedando dormido, hasta que al fin sucumbió y dio el cabezazo en el vidrio.

-Oye nene, despierta -dijo alguien achuchándolo en el hombro.

Abrió un ojo y se topó de frente con la arrugada cara de la señora de antes.

-¿Qué? ...

-¿Dónde te bajas? Ya quedan pocas paradas -dijo ella sonriendo.

Manu echó un vistazo al letrero digital de la puerta del vagón y se sobresaltó al ver que era su parada. El metro se había detenido, las puertas estaban abiertas y había empezado a sonar el bip bip bip de precaución.

-Mierda, gracias señora -dijo levantándose de golpe, dirigiéndose hacia la puerta.

-De nada nene, te lo digo porque yo me bajo en la próxima y me extrañaba....

Manu cruzó las puertas por los pelos, justo cuando se cerraban, dejando a la sonriente anciana hablando sola. Al fin en casa.

Mientras subía las escaleras del metro la luz del sol se iba haciendo más intensa, una vez arriba la luz era cegadora. Manu activó la matriz de pixels negros, ahora mucho mejor.

"Ruteador 6.0: `+¨Çç´-.+`+ +´ç- 31337... Ok"

-¿Pero qué mierda es esto? -dijo Manu extrañado- se me olvidó cerrar el maldito programa de ruta. ¿Pero qué coño son esos números? Decididamente mañana tendré que ir a mi programador, a ver si voy a petar y luego la liamos.

"Ruteador 6.0: Cerrando ..... "

-Hala, a chuparla -dijo retirando luego la matriz de pixels.

El reloj holográfico marcaba casi las tres.

Buena hora -pensó Manu-, me da tiempo de ir a la panadería a comprar el pan, y así de paso veo a esa chavalita que esta tan rica.

En la panadería solo había un par de señoras cotilleando con la dependienta, la gorda de la panadera. Las señoras ya habían comprado todo lo que necesitaban, pero como todos los días, aun se quedaban un poco más para charlar y recargar pilas para aguantar un poco sus aburridas vidas como amas de casa.

La hija de la panadera se le acercó y le preguntó que qué quería sonriéndole. Si no tuviese la boca tan seca se le caería la baba mirándola. No parecía hija de la panadera, era como tres veces menos que su madre. Ahí tan empetadita, tan rica, y luego mirabas a la madre y te asustabas. Manu se acercó al mostrador y se dispuso a pedir su pan de cada día.

-Lo que yo quiero de tí solo se puede conseguir en la cama, guapa -dijo Manu en un tono bastante alto, lo suficiente como para que todos los presentes dejasen de hablar. Las mujeres se giraron hacia él, todo el mundo se había callado. Silencio en la panadería que Manu iba a hacer el ridículo. Se puso muy rojo e intentó pedir su pan de nuevo.

-Pues sí, lo que oyes, si no fuese por la gorda de tu madre, te juro que me lo hacía contigo aquí mismo.

No podía ser, Manu no se creía lo que estaba diciendo.

-¡Oye niño! ¡qué estas diciendo! -dijo la gorda empujando a su hija a un lado y apoyándose las manos en la cintura con el dorso. Como buena maruja, con ese argot que había estado entrenando durante tantos años.

-Mira, si empezamos con malos rollos os mando a la mierda y todos en paz ¿eh? hala -dijo Manu abriendo la mochila- esto al saco, y esto y pásame eso que me lo llevo también-. Pan, donuts, bollicaos, mientras decía esto lo iba metiendo todo en la mochila.

-Hala, hasta mañana gordi, y a tí... nos vemos en la cama ¿eh? -dijo guiñándole un ojo a la hija de la gorda, haciendo la pistolita con los dedos mientras se daba la vuelta.

La gorda se puso histérica y movió su masa bruscamente hacia la salida del mostrador. Las marujas comenzaron a exaltarse y a poner verde a Manu con caras de bruja. Mientras se escabullía corriendo de la situación, la gorda salía por la puerta gritando como una posesa. Al ladrooon al ladrooon.

Manu estaba asustado, no se podía creer lo que acababa de hacer, ¿irse sin pagar? vale, ¿pero cómo había hecho para decirle eso a la hija de la gorda sin morirse de vergüenza? Imposible, no había sido él. Se le pasaba por la cabeza que quizás alguien hubiera echado algún tipo de alucinógeno en el aire acondicionado del metro, la típica paranoia. Ya ocurrió en Tokio, Junio del 2003. De pronto cayó en la cuenta de la malfunción de su programa, y se enfadó muchísimo.

Decidió pasar del tema, correr un tupido velo a ese episodio de su vida del que seguramente se acordaría más adelante con estremecimiento. Se echó a andar de nuevo y procuró no hacer nada más que eso, mientras se dirigía a su casa maldiciendo a su programador.

Un vehículo de policía se estacionó justo delante de él con las luces emergentes encendidas. Salió un agente clónico, de esos que se parecían tanto a aquella película de los años noventa que tuvo tanto éxito. Cara inexpresiva, gafas de sol. El hombre de metal uuuh qué miedo -se decía mientras el policía se le acercaba. El agente se plantó delante de él.

Decían las habladurías que aquellos tipos no eran del todo humanos, que el cerebro era casi todo microchips y que por las noches, cuando dormían, se desactivaban sus sentidos y su programa se descontrolaba. Fallos por todos lados, durante toda la noche. Decían que para emular lo que sería el sueño de un humano. También había historias que contaban cómo en los comienzos, los policías conseguían reconectar sus sentidos y se volvían como psicópatas matando a la gente por la calle, el poli-zombi. Manu siempre se había preguntado si todo eso sería cierto. Alguna vez había sentido impulsos de pegarle a alguno una buena patada en sus partes, para ver su reacción. Si el poli fuera humano seguro que pasaría de la placa y le daría de hostias.

-Se le acusa de robo y agresión verbal -dijo el policía sin previo saludo-, será usted procesado mediante juicio rápido en red, según lo dicta la Ley Sobre Delitos Menores en el directorio $HOME/gobierno/policia/leyes/public/art300.4. Por favor, Login y password.

Manu odiaba los juicios en red, un montón de gente dentro de su cabeza decidiendo si eras culpable o no. Y los abogados baratos casi nunca conseguían nada. Pero no había más remedio, los tipos aquellos nunca atendían a razones, se limitaban a pedirte una y otra vez tu login y password para celebrar el dichoso juicio dentro de tu propia cabeza.

El juicio no duró ni un minuto y como siempre Manu no se había enterado de nada. Lo único, la gorda conectada desde la panadería, chivándoles todo lo que había hecho con pelos y señales.

El agente se introdujo en su vehículo y le dijo a Manu que se le retiraría el importe de la multa directamente de su cuenta. Manu se giró hacia la puerta de la panadería y allí estaba la gorda, con la cabeza alta en postura orgullosa. Levantó un brazo como si la fuese a saludar y luego le hizo un buen corte de manga. Jodida gorda.

Tras la puñalada Manu decidió ir a casa y olvidarse por completo del asunto, ya se las aviaría para recuperarse de la multa. Lo importante ahora era llegar a tiempo para ver su serie favorita y dejar a un lado todas aquellas cosas extrañas que le estaban ocurriendo. De pronto la matriz de pixels negros se abrió sin previo aviso. Manu se puso de los nervios.

-¡Maldito programa del demonio! ¿otra vez?

"Tranquilo chaval, no te enfades tanto, no se te vaya a quemar el chip" -apareció de repente en la consola visual.

">¿Qué?" -se preguntó Manu en la consola.

" ´¿Qué?´... sintaxis no válida.

Que marrón lo del poli ¿no tío? Lo siento, no era mi intención.

>¿Cómo? ¿Quién eres?

´¿Cómo? ¿Quién eres?´ ... sintaxis no válida.

¿No lo sabes? Soy la voz de tu conciencia.

>¿La voz de mi conciencia?... ¿en serio?

´¿La voz de mi conciencia?... ¿en serio?´ ... sintaxis no válida.

No imbécil, es una broma. Y deja de hablar por aquí, que no hace falta."

-Vale, ¿pero quién eres? ¿qué estás haciendo aquí dentro? Ya he tenido suficiente con los del juicio ¿vale? Déjame en paz.

"Don guorry amigo, si es eso lo que quieres ya me voy. Pero antes un consejo... en el futuro, si no quieres tener más problemas, ten cuidado con los programas que te metes en la cabeza. Nos vemos Manuelito..." -dijo el intruso, como si se hubiese tratado de un anuncio de drogas. Y luego la matriz desapareció.

-Mierda mierda mierda mierda, esto es increíble, ¡¡ya estoy harto!!

Manu echó a caminar de nuevo y entre un paso y otro el asfalto desapareció, y la calle, y la luz del sol. Manu quedó flotando en el espacio. A lo lejos una especie de lava volcánica rojiza que lo iluminaba todo y que parecía rodearle en forma de una gigantesca esfera. También había un sofá junto a él, posado sobre la nada, y en el ambiente sonaba algún tipo de música electrónica. Manu se acercó como pudo al sofá y se acomodó. De frente encontró un viejo televisor en blanco y negro en el que se sucedían las imágenes de una especie de reportaje. Era Manu en la facultad, en el metro, en la panadería... Si todo lo que le había sucedido le pareció extraño, aquello ya era imposible. El televisor se alejó y el sofá dio un giro de noventa grados mientras el sonido de la música aumentaba como si se tratase del final de alguna demostración de un juego de videoconsola. La música dejó de sonar y surgió un bote de spray sujetado por una mano invisible que dibujó en letras rojas el grafiti "The Hackers Team" en medio del espacio. Y justo después, como si estuviese en un aeropuerto y alguna guapa azafata anunciara el próximo vuelo, una voz en off que dijo:

"Nos satisface comunicarle que ha sido usted el cerebro número trescientos veintiséis asaltado por nuestro grupo de hackers. Esperamos que el asalto haya sido de su agrado. Si lo desea puede usted continuar usando nuestro programa ruteador. Gracias por su colaboración J".

i5780@fie.us.es

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