El vigilante.
Relato fantástico.
"La escalera... oh, sí, la escalera... "
El Vigilante bajaba sin parar, pisando con la decisión del que conoce un terreno desde que tiene uso de conciencia, por la antigua y estrecha escalera de caracol que descendía al salón inferior. Mientras lo hacía su mente hervía y se agitaba en un torbellino de pensamientos.
"Veamos, ¿cuánto tiempo hace que no bajo?" Se preguntaba el vigilante. Lo que sí sabía con seguridad es que había sido mucho tiempo, mucho mucho tiempo.
"Es la hora... es la hora. Por fin, después de tanto tiempo... Iba preparado, vestido deacuerdo con el ritual. A pesar de no haberlo llevado a cabo nunca, sabía perfectamente los pasos exactos que tenía que seguir. Había dedicado toda su vida a aprenderlos, hasta el punto de llegar a convertirse en una sucesión monótona de letras, sílabas y palabras una tras otra, y otra, y otra.
Sin embargo, ahora esas palabras cobraban auténtico sentido en su mente, era como una persona que hubiera aprendido durante toda su vida como caminar, pero no hubiera caminado nunca y que ahora descubría el auténtico significado de dar un paso.
Bajando y bajando, el vigilante llegó al salón inferior. Sus pies pasaron de la superficie metálica de la escalera a un suelo arenoso, y el Vigilante contemplo lo que le rodeaba.
Eran muchas las leyendas que circulaban sobre ese salón y el Vigilante lo sabía pues, a pesar de no haber salido jamás de su morada la Biblioteca le había proporcionado toda la información sobre el mundo que podía necesitar, es mas, el Vigilante creía que la Biblioteca estaba ligada al mundo y que si algo le pasaba a esta, el mundo también perecería.
El salón inferior era una estancia de gigantescas proporciones. Tan grande era que el Vigilante no alcanzaba a ver muros de ningún tipo, sino que su vista se perdía en el horizonte, donde el techo se fundía ilusoriamente con el suelo. Una luz intensa envolvía la estancia, llena de corrientes de aire que arrastraba las partículas de arena, arena que cubría casi totalmente el suelo de la sala, arena que tenía el color del cielo en un día despejado (o eso creía el vigilante, según los dibujos de sus libros).
El Vigilante había leído todo acerca de esa arena, había estudiado su composición y, como no, había aprendido a manipularla y utilizarla (el Vigilante había leído que en otros lugares a eso se le denominaba magia).
Pero volvamos a la sala...
Cuenta la leyenda que los dioses, al crear el mundo, crearon también a los testigos. Seres destinados a permanecer en su morada sin salir al mundo exterior para que se conservaran puros y no se corrompieran, pues sabían que el principio del mal podía influir en cada cosa de la creación, algo que ellos, a pesar de su condición divina, no podían cambiar debido a que el principio del mal tenía también carácter divino.
Así pues la misión de los testigos era estudiar desde su perspectiva aislada el mundo, y, cuando sus vidas terminasen, dar testimonio de sus estudios a los dioses.
Hasta ahí llegaba la leyenda que se transmitía entre los seres creados. Pero él sabía algo más. Era un testigo sí, pero también un vigilante Que a pesar de su condición de aislamiento estaba inigualablemente entrenado en la magia, siendo su misión custodiar algo, algo que estaba enterrado bajo ese mismo salón.
De hecho, el salón no fue creado por capricho. Su alta concentración de arena y su espacio multidimensional ejercían eficazmente la tarea de potente escudo contra (caso muy hipotético, por supuesto) quien osase penetrar en sus secretos e intentar encontrar...
...El corazón...
Como si hubiera leído sus pensamientos, el Vigilante empezó a sentirlo. No era un latido normal, era un latido fuerte, tan fuerte que golpeaba los oídos y dejaba sin respiración. Le llamaba... Le llamaba por su nombre, un nombre que solo conocían los dioses y, por supuesto, el corazón.
Tras unas horas de caminar en una dirección que no conocía sino que sentía, el vigilante se paro. A continuación se agachó e Hizo un leve gesto con la mano. Al instante, la arena se revolvió y se apartó hasta dejar al descubierto una pequeña marca en el suelo en forma de circulo con 3 radios asemejando rayos que se unen en el centro de la circunferencia. El vigilante puso su mano sobre el sello y pronunció el ritual:
¡ATNÉ, NANDÜ, SHALAK!
Con un gran estruendo el sello se abrió transformándose en un pozo que arrastro al Vigilante a su interior y se cerró después con un chispeo.
El vigilante cayó al suelo violentamente y tardó un poco en erguirse. A continuación alzó la vista... y una vez mas, quedo sobrecogido.
Una luz cegadora, un latido ensordecedor, una presencia de una bondad tal que haría que la persona más cruel del mundo llorara como un niño. Era su padre, su madre y su familia, el corazón era toda su vida, un corazón que ahora repetía sin parar:
"Cuando el destino por fin golpee, Cuando llegue el final verdadero, El Testigo será Partícipe,
Y el Vigilante será Viajero"
El vigilante contempló como la luz se desvanecía, y como en su lugar quedaba un diminuto resplandor en el suelo que recogió y metió en una cajita, a continuación se arrodillo y dijo:
"Prepárate destino cruel,
Prepárate final horrendo,
Pues muy a tu pesar
El vigilante es ahora viajero"
Y dicho esto y con la cajita en su bolsa, se encaminó a la Biblioteca para comenzar el viaje que por fin le iba a permitir explorar eso que los libros llamaban "MUNDO"
CONTINUARÁ...
Relato escrito por: MYSTERY
N. del autor: si queréis hacerme un comentario escribidme a: misyery@yahoo.es
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