Las Labores de un fotógrafo (III y final: La Bacanal).
Una vez llegados a la casa y repuestos del agotamiento tras un reparador baño y siesta con Doña Virginia la cual se dejaba hacer de todo, besar ,mamar y hasta recibía de buen agrado alguna acción de bondage, sus dos agujeros eran un santu santorun para los hombres, como después supe.
.- Estimado amigo, como invitado y puesto que estás a punto de concluir tu trabajo, hoy te invito a una fiesta muy especial, donde tu amiga Adosinda te reconfortará , espero que para esta noche estés preparado para lo que se espera de ti.
Y así fue, como tras una opípara cena y una copas de más Virginia me bajó medio arrastras hasta un iluminado salón del sótano, done me encontré con el tal Ambrosio un jorobado deforme con una descomunal polla de casi 45 cm, a mi dulce y potente Adosinda que mostraba ufana sus buenas proporciones y a la que sobaba lubricamente el jodido del Ambrosio.
Por allí había también un enorme perrazo negro una especie de Gran Danés y un inmenso cisne negro, y mil y un artilugios, que pronto mi discreta cámara plasmaron para la posteridad en repetidas instantáneas.
La sesión no se hizo esperar, unos cuantos tragos más de un extraño líquido azul, que me quemaba y me ponía más que a tono, pues la polla parecía querer salirse del pellejo, el tal Ambrosio iba rebozando la inmensa polla por el cuerpo de Belinda, Virginia se acostaba en una gran plataforma con mantas y tules y llamaba a sus fieles acompañantes para que la acompañaran en su perfidia.
Belinda tomó la polla de pastor y empezó a pasársela por la entrepierna mientras este le iba metiendo sus huesudos y peludos dedos en el chocho de la moza que ya empezaba a desprender nítidos olores de chocho en salsa, el jodido del jorobado se iba chupando los dedos como si de un manjar se tratara, y cada vez iba metiendo los dedos más y más hasta perder casi la mano dentro del aquél rojizo chocho que me tenía hipnotizado, me quité las últimas prendas y empecé a pajearme pues el espectáculo era de lo más cachondo, y más cuando de un revolcón el tal Ambrosio intento encalomar a la moza con aquél príapo, cosa que reveló a la mujeres de tal forma que las dos abandonaron sus posiciones y apareció también una viejísima mujeruca.
Que se abalanzaron sobre el jorobado y terminaron en un santiamen atándolo a una gruesas argollas a la pared, se le desnudó por completo dejando al descubierto tan monstruoso cuerpo unido a la grandísima polla que ahora al la vista del látigo se empinaba cada vez más, dejando ver en toda largura aquel vergajo, seguía dándole a la mi polla suaves toques cuando me vi asaltado por las mujeres y atado en aquella extraña empezó la sesión que nos tenían prepara a mi y al tal Ambrosio.
Belinda tomó en sus manos el látigo de siete colas, y empezó a zurrar primero suave al jorobado alrededor del vergajo, que en vez de encogerse aún se empinaba más como queriendo atropar a la moza, mi polla con aquel espectáculo y la Belinda desnuda hizo que mi longaniza se dispara también , lo que denotó la vieja, que enseñándome la oscura cavidad de sus encías se dedicó a lubricar mi polla a base chupetones que aún dándome cierto asco , hacía que la polla mostrase un aspecto inmejorable, lo cual aprovechó Belinda para ensartáesela hasta lo más jondo de su culo, mientras seguía fustigando a tal Ambrosio, que ya estaba a punto de desmelenarse, pero antes la vieja se dedicó de nuevo a los chupetones, mientras rebozaba aquellas ubres caídas y medio secas por el pollón del Ambrosio,
Balinda por no sé que extraño mecanismo acercó mi cama a la zona donde estaba atado el jorobado, por un momento creí que me lo iban a echar encima, pero no, Belinda seguía en el molinillo de mi polla, bien moliendo con mi badajo su culo o su chocho, y ahora se inclinaba a chupar el chorizón del deforme, ya estábamos todos a punto, Belinda se sacó mi polla del chocho y se la encalomó en el aquel oscuro ojete , hasta que los huevos le hicieron tope, luego levantó las piernas hasta la altura de los hombros del jorobado y se dedicaba a que sí a que no me la meto en el chocho.
La vieja llamó al Gran Danés que había estado expectante hasta ese momento, con ligeros escarceos con Virginia, pero ver a la viejuca alargarle la mano con los caldos de todos nosotros hizo que el perro en seguida mostrase una buena tranca y ganas de ensartarla donde ya conocía, la vieja se puso a cuatro patas, cuestión que en segundos aprovechó el perrazo para con una destreza increíble sacudirle unos buenos meneos a su culo y como por efecto de émbolo se le fue saliendo un tremendo badajo que iba cobrando acomodo en el colgadiello que la vieja tenía por chocho, pero que al perro debía gustarle, pues con una mano aparte la cola del animal y pude ver y palpar como aquella verga se iba adentro, hasta alcanzar la pelleja del animal, Belinda en ese medio tiempo ya se había introducido el cáñamo del jorobado y jadeaba de placer, yo sentía como a pesar de estar atado éste daba emboladas y sentía aquella rugosa polla rascar la mía a través de la delicada piel del chichi de Belinda, aquel trasiego era como una paja a doble acción , el estrecho culo que con su movimiento ya era la hostia, luego aquel masajeo de la polla me estaba ya llevando al paroxismo unido a los finímos peñizcos qué esta en su orgasmo me atizaba, me iba yendo de placer cuando a un lado vi como una inmensa bola se iba haciendo hueco dentro de la vieja, lo más sorprendente fue cuando miré al otro lado y ví a Virginia sobre su mullida cama, mostrándome su bella valva, que abría con ambos manos y se iba masturbando muy lentamente.
El placer me venía a oleadas y notaba como todos les llegaba al únisono, la vieja que boqueba y pedía a gritos:--más grandísimo cabrón, híncala y que esos huevones entren hasta la médula... así que , grandísimo hijo de puta échalo todo...-
La Belinda seguía ya desencajada en pleno orgasmo con el pollonazo del jorobado hasta las mismas trancas, y babeaba de placer dejándose caer sobre mi dolorida polla, que en una difícil posición me iba dejando correr de placer mientras iba sunimiéndome en un marasmo de inconsciencia, acerté antes de evadirme dedicarle un vistazo a Virginia, esta tenía ahora encima de su blanquíneo vientre al inmenso cisne que acoclaba sobre la barriga su vientre, cuando algo salió de su denso plumón y con una rapidez bestial buscó el chichi de mi adorable Virginia, era una especie de larga tripa que debía hacer las delicias de mi señora pues, sus suspiros eran el reflejo de un inmenso placer, y así fue como me adentré en un dulce sueño de desvanecimiento....
Cuando quise despertarme estaba en la cama de un hospital, con el jefe y su amantísma esposa a mi lado, velando según ellos mi pérdida de conciencia, pues ya llevaba unos buenos días en el limbo de la niebla, " n Ya me contarás que ha sucedido, te han encontrado hace unos días en el monte , con el coche hecho un cisco, y no se sabe que ha pasado pues tus carretes están todos velados, y te hemos estado buscando desde que la Señora Virginia nos dijo que no habías llegado a su casa, y te han encontrado vagando casi inconsciente por los montes.. Bueno os dejo pues yo tengo que irme a la redacción...
Y allí me quedé con la señora bruja de director, que pronto me metió mano bajo las mantas, susurrándome: -un día de estos me tendrás que contar todas esas pesadillas sobre Ambrosio y Belinda y esos jueguecitos que contabas entre delirio y delirio, y aunque nadie sabe que has hecho ni hay pruebas de casi nada, tendrás que explicarme que significan unas hojas de roble entre tus huevos, y el moraton en tu polla,- y así mientras iba intentando descifrar entre sueño y realidad, la señora del jefe me iba poniendo a tono, mientras guiñaba a la enfermera un ojo de sutil complicidad..
Abelardo de Leyere
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