Mis queridos vecinos.
Un aprovechadísimo relato en el que vemos de todo, voyerismo, buenísimo hetero, amigos gays disfrutando de la vida, exhibicionismo, el paraiso de un buen lector de relatos eróticos :-)
Me había cambiado de mi antiguo cuchitril a una nueva urbanización de edificios solitarios, aislados y que presentaban un gran atractivo para mí , y aún no sabía porqué, y he aquí que ese cambio descubrí una de mis secretas aficiones: espiar a mis vecinos.
Lo cierto es que la herramienta para tal oficio la tengo, soy astrónomo, por lo cual en casa hay un montón de trastos de observar las estrellas; no hace mucho vino a casa una amiga de esas de culo alzado y de tetas inmensas, esposa de un buen amigo, pero que de vez en cuando se deja caer por casa con la excusa de echarme una mano en lo de la limpieza y esas cosas; pues desde que mi mujer me dejó, la cosa de la limpieza y la casa han dejado mucho que desear, y con esa excusa no sé como se las arregla, pero siempre terminamos rodando en pelotas por la casa .
Yo que en esto del sexo, era más bien de los mete y saca y deber cumplido; tras el abandono de mi mujer y con esta golfita de blandas carnes rodando por mi casa, fui recuperando los años perdidos, a la vez que la bruja de Gilberta me introducía en los más exóticos placeres; no era que fuera una experta pero los años de amodorramiento al mismo sujeto, que no se debía lucir por su imaginación, le habían abierto el apetito y se lanzaba a ello con intensa dedicación, supiera o no, pero todo lo que cruzaba por su cabecita allá se lanzaba a bocajarro .
Recuerdo el día que me aficionó a espiar por lo pequeños telescopios, apareció por la mañana en casa, yo aún andaba en batona por la casa transfiriendo datos de la observación nocturna, y allí estaba coqueta como ella sola, luciendo con su diminutas minifaldas, el encaje de sus braguitas de fantasía; desde la plataforma de mi estudio pude contemplar sus evoluciones, sus idas y venidas por el abuhardillado dúplex, quitando de aquí unas ropas y de allá unos libros, al final de la mañana me pidió permiso para revolver en los armarios para empaquetar las cosas de mi ex -mujer, tal y como le había pedido, y allí apareció la condenada de Gilberta con dos bolas colgadas de un hilo.
.- No me extraña que tu mujer no te haya dejado mira lo que tenía escondido la muy bruja entre sus cositas, se vé que la tenías a pan y agua, tal como me tiene tu querido amigo Joaquinito, anda que los artilugios que debía tener la muy guarra, debían ser de órdago a jugar por lo que ha dejado: vídeos, algún que otro priapillo de silicona y tú en Babia...- y así me fue soltando una serie de cuestiones sobre mi mujer que yo ignoraba, y tirando al alirón sus escuetas ropitas me espetó , .- mi querido amigo y creo que hoy será mi estreno y tu serás mi bravo desvirgador, las bolitas de tu mujer me van a servir para ello, y sin pensárselo dos veces se largó aquellas dos bolas dentro del chocho que pronto hicieron su efecto a juzgar por los espamos, tiró del cinturón de mi batona y mi querida polla de quedó al desnudo a merced de aquella pérfida.
-. Te rogaría te bajaras al pilón y me dieras unas lamidas por mi tierno cochito, y así fue como me ví de rodillas, lamiendo jugos y chupeteando carnosos labios entre suaves pelos rubios y viendo como aquel cordón entraba y salía, ello me puso en órbita y pronto quise endiñarle la polla también en el chocho, pero o allí no cogía mi herramienta o ella no quería que aquello pareciera un bebedero de patos, o es que me tenía preparado otro trabajito?
Cuando ya estaba que se salía de madre, se fue y volvió al salón con una cajita de crema invernal para labios que se fue untando en la entrepierna allí donde el culo dicen pierde su nombre, luego se acurrucó contra mí y me cogiéndome la pollita se la fue pasando por la canal del culo, que conel roce se iba dilatando y dilatando, hasta que mi polla tras un pequeño entente se vio dentro de un cálido canal que tomé por su chocho, pues joder al estilo perro, era algo que le encantaba; me extrañó no dar con la polla en las bolas, pero juro que para mi las mujeres son un absoluto misterio; Seguí bombeando mientras ella me clavaba las uñas, iluso de mi creía que mi polla la estaba llevando al último sumun, cuando sentí que por debajo de mi polla algo rodaba y rodaba, -. Sigue cabrón así aprieta a tu nenita, hazle que su dilatado culito se trague toda esa pollita tan sabrosa.- y así descubrí que le estaba dando por el culo, y que la jodida bruja estaba gozando de lo lindo; al parecer era una de sus frustraciones más íntimas que le dieran por el culo, a lo que su marido se negaba rotundamente.
Me era inexplicable que Joaquinito no hiciese con aquella mujer virguerías, pues era toda una agradecida en cuestiones de sexo, y a poco que se la estimulase se ponía como un cañón, mamadas, enculadas estaba abierta a lo que le echases...
Cuando ya me había exprimido, como bastante, refunfuño por dejarla aún a medias, y para coña la tomó conmigo- Claro con tanto espiar a las vecinitas y hacerte pajas, así estas que no cumples con un damita como yo, que te lo ofrece todo, dicho lo cual cogió uno de los telescopios y pronto echó un silbido- La hostia tío, si es como estar con los vecinos, no me extraña que no duermas más de 5 horas seguidas, con el verano que está haciendo, y el panorama que tienes de vecinitas , te tienes que dar una hartura de espiar a unos y a otros, que no veas, mira , mira la vecinita con la batona abierta enseñando teta y braguita, y aquél julandra de barriga mira como le mete mano a la vieja... y así fue como mi amiga Gilberta me descubrió una faceta que me había pasado casi inadvertida.
Lo de la vecina me dejó un tanto mosca, ósea que en cuanto se fue, no sin antes ordeñarme con sus tetazas y darme unas buenas relamidas, me encaré al telescopio y allí estaba la vecina en el ajetreo de las cosas de la casa , descuidada de su indumentaria y enseñando trozos de su cuerpo. Era pues ajena al espionaje, puesto que los edificios estaban un tanto aislados nada presagiaba que alguien desde la otra ventana pudiera ver con tanto detalle, como yo lo estaba haciendo a través de mi potente telescopio, aquél día no pude separarme de mi él, contemplando a unos y a otros, para ver cuales podían ser mis objetos preferidos de espionaje.
Con todo el tema de mi mujer , tomé un mes de descanso, y preparé mi estudio ya no tanto para espiar planetas y estrellas, sino para espiar a mis vecinos y en espacial aquella vecina que tanto me atraía. Preparé el "velux" del duplex , para que mi telescopio no pudiera infundir sospechas, así mismo coloqué una serie de espejos que sin tener que estar todo el día tanto de los vecinos, pudiera denotar sus presencias en las ventanas objeto de mi investigación.
Y así fui conociendo uno a uno mis vecinos y sus debilidades, en general mis observaciones se concretaron más bien a lo largo del día, cuando la componente era más bien femenina que por otra lado estaba enfrascada en sus tareas y un tanto más despreocupada en casi todo... pues no había por casa , ni niños, ni hombres....
Y así me encontré con escenas de lo más diverso, y ahí os va un buen recorte de ellas.
Corre María que te pillo:
Estos vecinos que estaban ajenos a mi experimentos de voyeur, eran ya una gente entrada en años, pero por lo que se veía, el gusto por la "mandanga" no había decaído un pelo; y aprovechaban cualquier momento para darse un repaso de bajos, en cualquier momento y manera...
El vejete en cuestión, ya prejubilado, y con una barriga a lo Sancho, andaba casi todo el día en pijama y camiseta de tirantes por la casa, ella un poco más aseada y joven dejaba aún adivinar turgentes carnes ya entradas en esa etapa de la madurez, que se entreveían por entre los espacios de la guateada bata que llevaba buena parte del día como ropa de faena.
Recuerdo el día, que tras varios de espionaje, ver como D. Paco así le bauticé, le metía mano a su media naranja mientras esta hacía las faenas de la casa, en especial le veía meter la mano por la entrepierna de la mujer mientras está barría o quitaba el polvo a los muebles. La muy quedona se abría de piernas en medio de una infantil lucha y se dejaba achuchar, mientras D. Paco sacaba un trabuco nada despreciable y se componía una sinfonía de pajeos hasta que la leche le saltaba y la consentidora al cabo de unos segundos ya estaba en pleno chupeto de aquél néctar, que debía saberle a gloria, tras lo chupeteos, se abría la guata y restregaba el capullo de D. Paco por sus juveniles tetas, hasta dejarlas con un violento color rosáceo, que a buen seguro calmarían aquella misma noche
Aquella mañana, D. Paco, tras contemplar me imagino las "pelis" pornos de la noche de los Viernes, parecía un "tanto salido de madre" puesto que fue quedarse solos en la casa y la María ponerse a sus faenas para que empezasen los achuchones y los refajazos a dos manos , que luego chupaba con deleite ; yo los veía pasar de una ventana a otra, primero ví como D. Paco se sacaba la polla por la amplia bragueta del pijama y fue al cuarto de los nietos donde la María trajinaba con sábanas y colchas, en ello estaba, cuando se vio asaltada por su particular Sancho , arma en ristre, el caletón ya era gordo, D.Paco empujó a la doña, encima la cama y medio envolviéndola con las sábanas le levantó el guatiné, dejando al aire un gran culo bordeado de festonas bragas de la talla 58, hizo aun lado aquellos costurones que marcaban la amplia quilla entre el culo y el chocho, y como chucho obcecado allí dio lametadas a diestro y siniestro, mientras se sobaba la morcillona polla; la María braceaba entre el lino a modo de nadador en dique seco, los suspiros nos los oía, pues mi técnica no estaba tan depurada, pero debían ser de órdago, ya que la vecina de al lado salió a la ventana a ver que pasaba ...
D. Paco no era de los del tipo "conejo", siguió machacando el pilón, sus buenos minutos, y pajeando a su señora, cuando con dos dedos, cuando con el puño, que la María pujaba porque le entrase hasta la misma muñeca..., era mi primera escena y ante el espectáculo opté por un buen instrumento, ósea que acerqué a la ventana mi telescopio preferido de casi un millón de pesetas, y allí pude contemplar como la María echaba las manos atrás y retrucaba su nalgatorio para que la mano de D. Paco encontrara su hueco. Y así fue como en pis-pas aquél endemoniado puño iba entrando y entrando para lujuria de la María que ya boqueaba y braceaba a lo loco en medio de aquél marasmo, y más cuando el Paco se corrió encima de sus nalgas, eso más el puño fue la hecatombe... a medida de que D. Paco mesaba su polla por la popa de la María ésta se revolvía más y más, buscando un ensarte que el pobre D, Paco ya no podía darle, aunque intentó en vano darle por el negro ósculo, terminó adormeciendo su polla en el amplio vano del chocho de la maruja...
D. Paco, dejó a "costilla" en medio de la cama, toda despatarrada para mi gozoso espionaje , mientras se retiraba a los aposentos interiores; María iba volviendo de su viaje orgiástico, echó una mano por debajo de su barriga a la "higa" que fide refocilando aquí y allá, ahora metía en el chocho dos dedos, cuando se subía un poco más y se pellizcaba el clítoris, mientras yo la observaba como en cinemascope; los pelos, con aquellas uñas rojas perdiéndose por los ensortijados labios, rubicundos de una espesa mata de vello, mesados de la blancuzca corrida orgiástica, luego echó la otra mano por encima, sorprendiendo por la agilidad y elasticidad y se fue subiendo y untando el ojete con aquella pringue, a la vez que se iba introduciendo uno de los largos dedos en pleno culo; la escena era de lo más escalofriante y como al alcance de la mano, a pesar de los 300 mts que nos separaban, saqué mi "pija" y mientras ella allí despatarrada ajena a todo se terminaba de llevar al sétimo cielo, yo dejé que mi lechechita pringara el cuadro de mi mujer que estaba en la pared enfrente de mi telescopio, y el cual quedó con todo un churretón blancuzco en medio de aquella cara de arpía...
Durante días no pude, quitar la vista de las ventanas de D. Paco, aunque tras aquel escarceo se tomó sus buenos días de sosiego, y apenas si me depara más que una que otra paja, en tan aburrida contemplación estaba cuando mi amiga Gilberta, apareció por casa, para proponerme un nuevo espionaje, esta vez en el otro lado de la casa, al parecer había escuchado que en la calle de la Concepción, una vecina se entendía con otra y con un hijo tullido...
Y así comenzó la historia " Por el precio uno, la familia..."
Había oído Gilberta, que una vecina de la citada calle Concepción buscaba una señora educada y de buenas costumbres para cuidar , durante sus ausencias, de un "chico mongol" y que tras intensas búsqueda , se ofreció una conocida de Gilberta, de la cual según ésta, era una largata de mucho cuidado, y que a buen seguro lo que perseguía era el rabo del "inocente", para quedar más que cumplida.
Y con ese cuento me vino Gilberta, me indicó pues el nuevo objetivo para mis potentes telescopios , un discreto chalecito allá cerca de la ría, que a pesar de su aislamiento, los ventanales del salón y de las habitaciones eran como transparentes para nuestros aparatos, y así estuvimos espiando a la familia durante varios semanas; tengo que decir, que por dicho motivo poco le faltó a mi amiga Gilberta, para terminar viviendo en mi casa, pues cada dos por tres la tenía metida en casa y como no en la cama; llegué a pensar que todo era un estratagema para quedarse a vivir conmigo y mandar al garbancero de su marido a tomar aires, pero tan larga espera y vigilancia dió sus frutos.
Veíamos a través de nuestros aparatos, que la "nurse" del niño se iba dejando y acercando a cada uno de la familia, cuando veíamos un pelllizco del señor de la casa, cuando una caricia de la señora y como no la continúa persecución del mongol pija en mano a través de la casa; con todo estos escarceos teníamos para todo el día, pues cada uno actuaba en su momento.
El día empezaba con la llegada de Gilberta y la preparación del campo de operaciones, cuestión que ella aprovechaba para ponerse "cómoda" y ponerme a mí "incómodo"; se enfundaba en una especie de kimono que enseñaba más que cubría, y que tras los primeros planos de teta y pompis que me enseñaba, como que no quiere la cosa, me dejaban con el remo más que hinchado.
Hubo una mañana que el espionaje le tocaba a Gilberta , la cual relataba lo que veía, por si fuera interesante intercambiar el teleobjetivo o disponer del otro, que tenía en la parte trasera de la casa para poder llevar una observación más diversa e íntima; lo bueno y lo malo de la observación del chalecito es que nos llevaba al agotamiento, pues al estar el campo visual frente a la cama, la observación se hacía desde éste útil utensilio ....
Aquella mañana, como casi todos los días, el "mongol" de ya avanzados 25 años perseguía a la lujuriosa cuidadora, y así me lo contaba Gilberta sentada en la cama pegada al telescopio, mientras yo atado de manos a la espalda estaba amorrado a su pilón... Sigue capullito mío sacando lustre a ese chochito, que el hijoputa de tu amigo ayer puso de chupadomine queriendo meterme eso que tiene por picha.... sigue bendito de dios... ah mira, ahora "gogol"- que así lo bautizamos -, está con ese armatoste de polla que tiene, entre las manos detrás de la lagarta, generalmente ésta le hacía una paja, o le hacía un sobeo rápido y la cosa quedaba tranquila para toda la mañana, pero según lo que me narraba mi amiga, aquél día por alguna razón era especial.
Mientras yo seguía , sorbe que te sorbe, por entre aquellos pelos rubios, mi amiga me narraba lo que acontecía... parece que la lagarta hoy está cabreada , pues ha puesto a "gogol" en le ha atado las manos como a ti, pero a la cabecera de la cama y allí le ha dejado, desnudo y con el rabo pidiendo guerra ...hostia con la lagarta como se lo monta, ha traído un buen tarro de miel que está untando por todo su cuerpo para que "gogol" se lo chupe, y mira como le repasa el retrasado las tetas, ya podías aprender lo que es un buen trabajo; será retrasado, pero aprende el condenado ciertas cositas rápido ...
Y así seguíamos, yo haciendo las delicias de mi amiga, y ella degustando mis caricias y la contemplación de las evoluciones de los vecinos. Llegó a tal culmen la cuestión que Gilberta, decidió soltarme para que no la molestase más a preguntas de lo que pasaba; cuestión que aproveché para darle el mismo tratamiento, y atarla al pie del telescopio y en posición arrodillada... con la grupa en pompa.
Lo cierto es que la lagarta ya le había dado de chupar todo lo chupable al retrasado, y ahora se disponía a darse el festín; untó pues el inmenso nabo del chaval con una especie de vaselina o algo parecido, y se dispuso a trajinarse el montaraz artilugio; viendo el espectáculo y las lecciones hice yo lo propio, teniendo a Gilberta en tan sublime posición, me acomodé bien en la cama ,la espalda contra el cabecero de la cama, las piernas abiertas y la polla pidiendo gol, un par de escupitajos en una mano y el consabido restriegue por los bajos de Gilberta hicieron que esta se encabritase y sus agujeritos se pusiesen a hormonear un "fru fru" que los hacía penetrables, me acochiné bien sobre el telescopio y no perdí pista de lo que al otro lado acontecía, la lagarta que a todo esto no se había quitado las braguitas multicolor, de fino hilo trasero, hizo a un lado la prenda, dejando ver una quilla frondosa que colocó encima del armatoste.
"Gogol" boqueaba con el espectáculo que tenía delante, y más cuando de sopetón la muy bruja se dejó hacer sobre la polla del "imbécil" que pronto comenzó a dar alaridos y dar bamboleadas para gusto de la lagarta que se aferraba a la cabeza de "Gogol" so pena de salir disparada, los cebollazos del pollón debían ser de órdago, pues aún a pesar de todo ello, solo había entrado una parte, aun restaban como unos 10 centímetros que pugnaban por encalomarse dentro, la Lagarta echaba mano atrás y palpaba el cacho nabo que aún faltaba por tragarse,
Estaba en el momento más interesante del polvazo, pues entre el vaivén de pollonazos, y la teta que "gogol" tenía en plena boca, opté por encalomársela a mi querida Gilberta, fue también un buen pollonazo, la coloqué sobre mi fiel amigo y en un salto hacia delante se la encalomé en pleno chocho, estaba en medio del vaivén cuando, observé que alguien entraba en la casa, grité pero inútil la lagarta iba a ser sorprendida en pleno polvo.
Así se lo dije a mi amiga, que se reclinó sobre mi y dimos alternativamente vigilancia a lo que allí acontecía. Aunque estaba ensartado en mi amiga, apenas si nos movíamos, en espera de la reacción dee lo que en el chalecito acontecería; quien apareció fue la madre de la criatura, que como ya debía sospechar algo, se acercó a la habitación con sigilo y observaba por la puerta entreabierta como la morcilla de su hijo hacía las delicias de la cuarentona, ya en pleno desmaraje, el "imbécil" se corría a borbotones y la Lagarta echaba la mano atrás cogía a puñados aquella cremosa leche merengada y le daba a chupar a "gogol", la madre de la criatura, no quitaba ojo de lo que allí sucedía y cuando la observé mejor, ya tenía metida una mano por la falda y hurgaba en su pepitilla.
Por algún suspiro , o por alguna otra cuestión, el caso es que la Lagarta se dio cuenta de su presencia , se arrebató del pepino que tenía dentro, que seguía como la Cibeles echando líquido sin parar, y se fue hacia la madre del muchacho, que quedó de piedra al ver aquella escultura mujer que se había tragado el nabo de su hijo, que le había consolado , en un santiamén le había largado a ella misma un beso metiéndole la lengua hasta la tráquea a la vez que le echa mano al felpudo y con una rapidez inusitada, le había clavado en pleno chocho dos dedos, mientras le sorbía el paladar a lametones.
NO aguanté más dos emboladas y mi querida Gilberta apenas sin empezar a notar mi pija, ya sintió mi caliente leche, borbotonear por entre los pelos del chocho. La desaté y dispusimos en la zona de observación dos telescopios, mientras espiábamos a los vecinos nos íbamos pajeando al unísono; ahora la Lagarta había empujado a la señora madre, hasta la polla de su hijo y le había obligado a chupar aquel caño cibelino, que se obstinaba en seguir de enhiesto, la señora parecía ya más cómoda dándole lamidas a aquella berenjena de polla, mientras la lagarta le daba también sus buenos repasos a la fondona madre que lucía una espectacular trasera y un felpudo más que poblado. Gilberta apretaba pues mi dolorida polla y pujaba en su arriba y abajo, mientras yo le metía en su chocho todo lo que podía..., estabamos a punto de dejarlo todo y dedicarnos a nuestros quehaceres, cuando apareció en el quicio de la puerta el señor de la casa, al oír los suspiros y los ayes se acercó a la poblada habitación y fue ver el panorama y quedar en un santiamén en bolas,
Ver aquellas dos adocenadas mujeres acodadas, una sobre el eje de su hijo y la Lagarta sorbiéndole el retruécano a su señora, fue espoleta que disparó su príapo y que decir que aquí se cumplía el refrán de "tal palo tal astilla" pues la herramienta del buen señor era también de armas tomar. La Lagarta como si todo hubiera urdido de antemano , al ver aquella especie de mandril con cebollón colgante se abrió el ojete negro y medio afeitado al que agregó una de las pringues de su amante, y dejó que el mandril la taladrase hasta el mismísimo infierno,; "gogol" parecía ya en el séptimo cielo, babeaba y con las manos ya sueltas , pujaba porque su señora madre le tragase toda la polla y por agarrarle las pendulares tetas a su "tita y nurse", la estampa me puso más que a cien, pasé de seguir el desenlace y tumbé a un lado a Gilberta que aún conservaba aquellas diminutas bragas que había cogido prestadas de mi mujer, con un sugestivo agujero en la parte trasera, sin mirar donde la metía la encañoné hasta el fondo, debí dar en diana, pues el bramido fue largo a la vez que la muy cabrona se retrepeba para conseguir más longitud, los pollonazos que le endiñé iba acompasados de una tira y afloja de la braga que a pesar de que a mí me hacía daño, a Gilberta , esto la llevaba al último éxtasis, y así fue como me dejé caer sobre Gilberta que también se corría, mientras le comentaba que la familia había cambiado de posición y que la Largarta se estaba haciendo encalomar por los dos mandriles de largo pollón, y la señora madre, medía , lubricaba y masajeaba todo aquel aparatamen de pollas que pugnaban por romper en trozos a la Lagarta que en absoluto parecía incómoda.
Una tarde de pajas y demás...
Una tarde, contemplé en uno de los pisos vecinos, un cierto movimiento de chicos, creí que se habían acercado hasta la casa de su amigo a ver un partido, pero aquella noche, que yo supiera no había ninguno programado, con lo cual me olí que allí había más que una reunión y lo que allí aconteció unas horas más tarde así me lo reveló.
Los visitantes se habían sentado todos juntos en un largo sofá pegado a la pared frente a la ventana, aún lado les quedaba un televisor que yo apenas veía de refilón , en el cual podía contemplar una película porno , donde alguien ensartaba a alguien .
No tardé mucho en enfocar a mis espiados y sus manos, que se iban perdiendo por las distintas braguetas, incluso alguno a dos manos, uno de los cinco que yo contemplaba, el más fuerte con espesa barba, antiguo vecino del barrio que yo conocía de vista, pronto se abrió el pantalón tejano, dejando ver una larga polla depilada, de base muy ancha que terminaba en una fina cabeza sin descapullar; la película seguía, y varías manos ensalivadas se iban perdiendo no solo sobre esa polla sino en el resto de las braguetas, de las cuales iban surgiendo diversas pollas, que iban desde la más inocente, que el barbudo ya absorbía a lametones aquellas otras más gordonzuelas y descapulladas....
No tardaron mi media hora en desproveerse de los pantalones, y componer las más bellas estampas homo, el barbudo parecía dirigir la escenografía e invitaba a que el dulce jovencillo de incipientes pelillos en la cara y pubis, a que se abriera ante él para sorbetear todo aquel dulce paisaje que allí se le ofrecía, empezaba los lametones desde el ojete hasta periné a la vez que otro le masajeaba su polla desde atrás y le daba finos lengüetazos en su parte trasera, el cuarto más decidido se había embadurnado al polla larga y muy fina y se preparaba a ensartar a su amigo.
Este medio a gatas se abría las nalgas mientras su joven compañero iba dejando surcar su polla por el canal del culo, que pronto se abrió para dejar paso a la dulce polla, que sin apenas contratiempos fue tragada por el rubincundo culo afeitado hasta las mismas pelotas, el ensartador se echó sobre la espalda de su amigo y tomándole la polla le fue pajeando en un continúo vaivén,
Ahora el vecino barbudo incitaba a que el joven impúber le ensartase a él su pirulillo aún sin descapullar, mientras el quinto se echaba bajo el príapo de mi vecino y en ese pendoneo de polla lamía y lamía, para gusto del barbudo que verse ensartado por aquella pequeña y activa polla y chupado de aquella manera, le hizo correrse en apenas unos minutos; las escenas se fueron alternando, pero la llegada de mi exmujer, que venía recoger algunos de sus adminículos y la escena que con ella tuve acabó con tan excitante vista y experiencia.
Mi vecina preferida.
Pero quien acaparó mi atención fue una vecina del piso de enfrente, ya levaba casi tres años en el bloque de pisos , y hasta ahora no le había prestado atención; como pasaba en estos momentos muchas horas en casa, me asomaba a la ventana del salón a tomar un poco el aire y allí sin que me diera mucha cuenta pasaba algunos ratos contemplando desde la cercanía de espectáculos que se me presentaba delante y protagonizados por mis vecinos, a los prados y montes que asomaban detrás de los edificios.
Uno de esos días contemplé como una vecina, salía a tender la ropa como otras veces, sin embargo y no sé porqué le presté más atención, salió un par de veces y tendió más ropa, supongo que de su marido un gordo y calvo que por allí ganduleaba, o de alguno de sus hijos, he de decir que la mujer tiene unos cuarenta años, y no está mal de todo, aunque tampoco nada la diferencia de otras muchas que existen en el vecindario.
Salió una vez más, y como yo no le quitaba la vista de encima, lo cierto es que no tenía otra cosa que hacer, pues me dediqué a observarla con más atención, en penúltima vez que salió se desabrochó un poco la floreada bata a la altura del tetamen, y me dejó ver el nacimiento de unas blanquecinas tetas que allí nacían, a la vez que de refilón me observaba.
No volví a prestar mucha atención a la vecina , hasta que Gilberta apareció por casa y me enseñó que mis utensilios de trabajo podían servir para algo más que contemplar estrellas; cuando le tomé el gusto a de contemplar a los vecinos me dispuse a contemplar a mi vecina preferida, pero un tanto a escondidas de Gilberta que ya se había medio dueña de mi vida.
Veía pues a la vecina evolucionar por las tres ventanas de la casa , más la del cuarto del cuarto de baño, y veía como evolucionaba la vida de la familia, todos se levantaban muy temprano, y hacían sus tareas, pero yo esperaba con impaciencia la presencia de mi vecina a eso de las 10 de la mañana, cuando quedaba completamente sola, era entonces cuando esta se hacía más jugetona...: yo no se sabía si era juego, coqueteo o simple quehacer, pero algunos de sus movimientos, me sugerían más de una simple intención de limpiar y adecuar la casa.
EL caso es que otro de esos días volvió a repetir la acción del tendedero y fijando su vista en las tetas, observó cuanto yo podía ver de ellas, como que no quiso la cosa aún se abrió un poco más la bata y me dejó ver unas redondeces que pronto mis objetivos enfocaron con gran delicia; la vecina yo creo que una vez captó pues que mis objetivos la tenían escudriñada y empezó una evolución que terminó llevándomela un buen día al huerto.
Pero no adelantemos acontecimientos; cada día a eso de las 10 de la mañana empezaba nuestra sesión, ella empezaba a trajinar por la cocina, donde entre tender ropa y coger utensilios de cocina de los altos armarios me iba enseñando un poco por aquí un poco por allá, en una de esas ocasiones en las cuales estaba subida a una banqueta, su marido apareció en la pantalla de mi objetivo, y maldije tal intromisión, aunque luego tuve que agradecerle el detalle, pues se arrimó a su señora, llamémosla Claribel, y le besó las piernas a la altura del gemelo, a la vez que metía una de sus manazas por entre la bata y dejó al descubierto el comienzo de unas nalgas que en ese momento no llevaba braga, o eso me pareció...tras un breve escarceo la vecina despachó al moscón.
Le agradecí al imbécil el detalle, y rogué al misericordioso que se lo llevase pronto de allí, como así sucedió aunque ignoro por cuenta de quien...; y nos volvimos a quedar en la intimidad, mi vecinita acomodó pues la bata y dejó perfilar su figura con la tela pegada por el sofoco, lo cierto que era una de esas marujas sin más, pero que en su proceder la hacía apetecible, aunque tuviera verrugas hasta en el mismísimo coño.
Lo cierto es que cada día no avanzábamos mucho, un día apenas se dejaba ver , otro dejaba caer una picarona sonrisa, y otra dejaba todas las ventanas abiertas para ver su figura evolucionar por la casa; ya estaba casi desesperado cuando un buen día saqué por la ventana uno de los telescopios para contemplar el grisáceo cielo, y le hice ver que ella también podía ser vista con tal aparato; no noté cambio hasta dos días más tarde en que descubrí que ha habido un cambio en su habitación matrimonia, un espejo que convenientemente bien enfocado me daba un ángulo de la habitación que hasta ahora no podía ver... y que por otra parte nadie podía contemplar desde ninguna ventana y menos sin objetos telescópicos de precisión.
Eureka ¡ había captado el mensaje, nada parecía cambiar hasta que una mañana tras quedarse sola, a eso de las doce, la contemplé con una toalla enrollada en la cabeza y dirigirse a la habitación , esta era la mía, y allí estaba en el aquél rincón medio en penumbra dejó caer su bata, y pude contemplar su rubicunda figura, de madre y señora poco dada a cuidados excesivos, estaba enfundada en una ancha braga blanca y un sostén del mismo color, un relámpagazo del sol sobre el espejo de telescopio, con ello descubrió mi presencia, con pudorosa candidez o morbosa combinación de todo un poco, se dio vuelta y empezó a dejar caer la braga y el sostén dejándome contemplar su figura de perfil, una abultadita barriga, unas tetas redondas y todavía turgentes y de tamaño normal, un monte de venus perlado de rubios pelillos poco agrestes, y unas nalgas respingonas proporcionadas, nada del otro mundo, pero que me tenía embrujado, aunque le colgara todo....
Fueron sus buenos minutos de contemplación, que remató con una sentada en la cama y dejándome ver en primer plano su felpudo perlado de aquellos rubios pelos por entre los cuales asomaban unos gruesos labios hambrientos de polla...; a partir de aquel día no le quite ojo, me pasé días y noches a la caza de aquel cuerpo , de algo más que me indicara que aceptaba mi intromisión en su intimidad; y así era, eran pequeñas cosas, un día se ponía una estrecha minifalda y cuando se sentaba en la cocina bajo la mesa podía ver el color de sus bragas, hubo un día que me enseñó su chocho al desnudo, y en presencia de su marido que sorbía el plato ajeno a todo , se metía un dedito en el "chichi".... y así empezó la escalada de captar más y más, me tenía rendido a sus pies.
Lo que ya me puso al hilo de la acción, fue un día en la que la ví remolona y tirándole los tejos al calvo de su marido, al que terminó metiéndole la mano en la bragueta, mientas se mecía en su hombro y me presentaba su picaron rostro; lo dejó allí en la cocina y pronto éste la siguió hasta el cuanto de baño, donde esta se estaba peinando; la ventana un tanto entornada, me dejaba per muy poco de lo que sucedía, ví como sus tetas eran masajeadas , luego la vi darse la vuelta y agacharse aunque solo veía su nuca de vez en cuando aparecer por el hueco abierto, me imaginé el chupeteo a mi polla, en vez de la de aquel energúmeno, que pronto la puso apoyada en el lavabo mientras la ensartaba, yo no podía ver nada más que su cara y sus pechos bambolenates al son de cada embolaba que recibía.. Ví pues su cara de goce y su lengua merodear por lo labios y eso me invitó a la acción que al final tramé.
Terminé completando mi espionaje con alguna llamada telefónica para conocer su voz, y le dejé en su buzón varios relatos, que ví como leía con deleite mientras e acariciaba, hace unos me enteré que normalmente fregaba las escaleras de su edificio los jueves, y que en los dos pisos de arriba , en invierno no vivía nadie, observé las horas en que fregaba, y al Jueves siguiente antes de bajar a fregar le pisoteé las escaleras hasta pasar por delante de su puerta y dejando claras huellas de que alguien había subido hacía los pisos superiores, desenrosqué la bombilla de la entreplanta y baje dos pisos, esperé pues a que hiciese la limpieza, al ver que había pisadas hacía arriba subió con los utensilios hacia arriba y se puso a fregar mientras maldecía la poca luz de la escalera, subí sigilosamente y allí la encontré de rodillas bajando culo atrás, sintió pues mi presencia y miró hacía atrás quedando quieta, momento que aproveché para meterle una mano por entre la bata y el mandil y legar a su caliente chocho, que tras el contacto se abrió como un girasol, se puso de pie, era un poco mayor que yo en altura y en edad, e incluso algo fea, pero su cuerpo me había atraído tanto que en apenas en unos segundos ya la tenía media desnuda allí en la escalera y con mi polla entre los muslos, entre la diferencia de estatura y los escalones no acabábamos de encontrarnos; tras el manoseo mutuo, con cierto rebeldía por su parte terminó jugando al mismo juego y buscando mis almidgálas con una lengua larga y fina.
Ya estabamos desbocados y terminamos rodando por las escaleras, momento que aproveché para ponerla boca abajo y buscar su hisurto pubis y en aquella raja hambrienta encalomarle mi caliente nabo, me pedía que no me corriera que podía dejarla preñada, no hubo preocupación , cuando le dije que estaba vasectomizado, lo tomó con más afición y es el día de hoy que a veces viene a cuidar de mi casa, de mi príapo haciendo buenas migas con Gilberta y contemplando a veces los tres al resto de los vecinos.
Abelardo de Leyere
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