El Equipo X.
M.A. se dirigió a la puerta de un pequeño apartamento y pulsó el botón del timbre. La voz de una joven de unos veinticinco años le preguntó desde el otro lado de la puerta que quien coño era.
-Catalina, soy M.A., el del Equipo A. ¿Me recuerdas?
-¡M.A.!
Catalina abrió la puerta y abrazó a su amigo. ¡Hacía doce años que no se veían! Su alegría por encontrarse de nuevo era infinita.
Se conocieron en aquella época. Unos mafiosos pretendían cerrar el pequeño negocio del padre de Catalina para construir en ese mismo lugar un hotel, pero los miembros del Equipo A consiguieron hacer moder el polvo a aquellos canallas. No volverían a salir nunca de la prisión.
-¡Gracias! -exclamó aquel pobre hombre-. Les estoy muy agradecido.
-Déjese de tonterías -dijo Anibal Smith, el jefe del Equipo A-. Lo que nos interesa ahora es cobrar, ¿entiende? Si no tiene dinero en efectivo tendremos que llevarnos a su hija. Necesitamos a alguien que nos lave la ropa, que nos prepare la comida y que se folle a M.A.
Catalina por aquel entonces tenía catorce años. M.A. exigía tenerla siempre a punto para echar un buen polvo. Le permitía vestirse como ella quisiera, pero le prohibía llevar bragas. Tener a una chiquilla sin bragas en su furgoneta dispuesta a satisfacerle en cualquier momento le hacía muy feliz.
Catalina no tardó en quedarse embarazada. M.A. era negro y Catalina era blanca, así que parecía lógico que el hijo de ambos fuera mulato. Su predicción fue acertada. ¡Vaya si lo fue! Catalina tuvo su hijo en aquella sucia furgoneta. Aquel niño pasó a llamarse Santiago.
-Catalina -dijo Anibal-, ya puedes volver con tu padre. Nosotros seguiremos nuestro camino y tú el tuyo, pero recuerda que cuando Santiago cumpla trece años M.A. te hará una visita. Querrá veros follar, y querrá verte embarazada de tu propio hijo. Si tú o tu padre necesitáis de los servicios del Equipo A ya sabéis donde podéis encontrarnos.
Los del Equipo A dejaron a la pobre Catalina ¡a seis mil quilómetros de su casa, con un hijo en brazos y sin un dólar en el bolsillo! No le quedó otra opción que prostituirse para regresar a casa y poder alimentar a Santiago. Llegó a su casa con tanto dinero que pudo comprarse un lujoso apartamento.
Cuando Catalina llegó a su casa le explicó a su padre todo lo que le había pasado. El papá lejos de enojarse se sacó la polla y comenzó a meneársela. ¡Le hubiera gustado verla follar con tantos tíos!
-Papá, he aprendido lo suficiente sobre sexo en estos meses como para darme cuenta de que te pongo cachonda. Tú también me gustas. ¿Por qué no follamos?
Catalina no tardó en quedarse embarazada de su padre. Tuvo una hija preciosa que se llamó Sandra. El papá de Catalina murió de cáncer cinco años más tarde.
Cuando Catalina recibió a M.A. llevaba cinco meses embarazada. ¡Menudo barrigón!
-Ha sido tu hijo, ¿verdad?
-Pues claro. ¿Quién iba a ser si no?
Catalina le explicó a M.A. sus vivencias; como se había tenido que protituir para regresar a casa, como comenzó a follar con su padre y como su padre la dejó preñada y como...
-¿Sabes? Santiago también se lo hace con su hermana. No permito que le dedique mucha atención, porque Santiago es mío y solo mío -pensamos casarnos cuando cumpla la mayoría de edad-, pero me gusta que ella aprenda a disfrutar de la vida, y que sea su hermano quien la instruya.
mrhyde
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