Superman X.
Aunque parezca mentira, es cierto. Superman fue vencido. No iba a ganar siempre, ¿verdad? Algún día tenía que meter la pata hasta el fondo.
Lex Luttor, su eterno enemigo, consiguió hacer caer a Superman en una trampa diabólica. Atrajo a Superman hasta su mansión con el engaño de que si no venía pronto destruiría la ciudad Los Ángeles con un arma poderosísima. Aquello era un puro camelo, naturalmente. Lex Luttor no tenía ni un tirachinas, y si hubiera tenido no lo hubiera sabido utilizar.
La mansión de Luttor era muy lujosa. Tenía pista de tenis, piscina... ¡La piscina! Había una viejecita que se estaba ahogando. Tenía que salvarla como fuera.
-¡Has caído en la trampa Superman! -exclamó Luttor desde su despacho.
El agua de la piscina contenía un potentísimo afrodisiaco, una substancia capaz de estimular al máximo el deseo sexual. Luttor sonrió satisfecho. Aquel afrodisiaco actuaba a la perfección. Superman se estaba follando a la anciana como si de la mujer de sus sueños se tratara.
Aquello no era todo. Superman no podía quitarse la substancia de encima. De nada servía lavarse. Parecía que el agua y el jabón aumentaban exponencialmente los efectos del estimulante.
Allá por donde Superman pasaba la gente comenzaba a joder como si la vida les fuera en ello.
Superman estaba triste, abatido.
-Soy un fracaso. He pasado a ser de la noche a la mañana una amenaza para la Tierra. No me queda otra salida. Tengo que suicidarme.
Sin embargo, no podía abandonar este mundo sin antes despedirse de sus seres más queridos. Fue a ver a su madre adoptiva. No hace falta que diga que acabaron por echar un polvo. Su excitación había llegado a tal extremo que se llevó a su madre a lo alto de un rascacielos para que todo el mundo les viera follar. Todos los periódicos del mundo se hicieron eco de la noticia. Que Superman se follara a su madre en lo alto de un rascacielos no era algo que pudiera pasar inadvertido.
-Adiós, mamá. Te echaré mucho de menos.
Luego fue a ver a su novia, Lois Lane. No le sería fácil decirle que se iba a quitar la vida. Sabía que Lois estaba muy enamorada de él y que le echaría mucho de menos.
Se asomó a su ventana. ¡Qué hermosa estaba! No podría hablar con ella ahora. Volvería más tarde, quizá mañana. Lois estaba en compañía de Lucas, su hermano pequeño. Tenía catorce años, pero era retrasado, y tenía la mente de un niño de cuatro o cinco años. Superman se acordó de lo del rollo del afrodisiaco. ¡Mierda! Superman se alejó rápidamente, pero ya era demasiado tarde.
-Lucas, ¿no tienes calor? ¡Llevas tanta ropa!
A Lucas el afrodisiaco apenas le hizo efecto. Siempre tenía la tranca
empinada, así que el afrodisiaco lo único que consiguió fue consolidar su erección. No era la primera vez que Lois hacía una paja a su hermano pequeño, pero sólo le masturbaba muy de tarde en tarde. Su madre, sin embargo, no sólo se limitaba a masturbarle. Dejaba que su hijo se lo follara. No les quedaba otra opción. Si no le dejaban satisfecho podría molestar a la gente, a sus profesoras de la escuela de educación especial, a sus compañeros... Lucas no sabía satisfacerse por su propia cuenta.
¿No sabía o no quería? Lois se lo había preguntado muchas veces. Suponía que su hermano para según qué cosas no era tan tonto cómo parecía. Su madre siempre decía que todo aquello hacía por su hijo, pero lo hacía más por ella que por nadie. ¡Era tan delicioso follar con él!
El padre también estaba satisfecho con la situación. De vez en cuando se lo hacía con su hijo. Le gustaba tumbarse en la cama y que su hijo se pusiera sobre él, polla contra polla, tetillas contra tetillas, boca contra boca. Se corrían el uno sobre el otro como si aquello fuera lo más normal del mundo.
Sabía que su mujer corría el riesgo de quedar embarazada de su hijo, pero abrazaba el oscuro deseo de tener una hija retrasada para hacerla feliz en la cama.
Lois siempre había permanecido ajena a aquella locura. Nunca había permitido que su hermano la tocara. Pero ahora...
Superman visitó a una profesora de escuela que fue muy importante en su vida. Fue la que le enseñó la table de multiplicar. Ahora era una agradable señora de cincuenta y cinco años. Superman fue a verla al colegio.
Estaba dando clase a los niños de octavo. El aula estaba llena de chicos de doce o trece años. No tardaron en ponerse todos cachondos.
La única hembra que tenían a mano era su profesora. La profesora no cabía en sí de gozo. ¡Aquellos chavales querían follarla!
Algunos chicos se sacaron la polla y comenzaron a meneársela. A Superman no le quedó otro remedio que intervenir.
-¡Mirad, es Superman!
-Sí, soy Superman. Profesora, ¿se acuerda de mí?
La profesora no le oía. Siete de aquellos chavales se estaban corriendo sobre ella. Uno de ellos se la estaba follando. Entre todos acabaron por quitarle toda la ropa y la tiraron por la ventana.
Superman se sacó la polla y dejó que uno de aquellos chiquillos se la mamara.
-Así, asíiii... Sigue, sigue, no pares...
Superman apartó al chaval, le destrozó los pantalones y se la metió en el culo de golpe. Le masturbó su pequeña polla. Se besaron en los labios como si fueran novios. Lex Luttor podía sentirse satisfecho con su obra.
La palabra suicidio desapareció definitivamente de la mente de Superman.
mrhyde
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