Graffiti

Hetero, polvazo, lesb, sodomización. Una ejecutiva de empresa empieza a escribir en las paredes de los servicios, casi como una obsesión, pidiendo sexo. Y lo consigue.


Esto que les voy a relatar, me lo hizo saber una persona de poca o casi ninguna preparación académica, pero con una experiencia de vida, tan o más larga que la esperanza de un pobre.

Comenzaré por presentarles a la Patricia, una joven de unos veinti tantos años, experta en mercadeo, de talle delgado, elegante, alta, de piel blanca y cabellos castaños claros casi rubia, hermosas nalgas las cuales sin ser grandes siempre son llamativas, largas y bien torneadas piernas, sus senos son digamos que perfectos, ni muy grandes ni muy pequeños, pero eso sí hermosamente firmes y parados, con unos pezones oscuritos que a cualquiera le quitan el sueño. Como se darán de cuenta, estoy tratando de describir a toda una belleza, y creo que me quedo corto en palabras para que se puedan dar una honrada idea de como es esa mujer de bella.

Pero como no todo puede ser perfecto, la pobre de Patricia era el vivo ejemplo de ese dicho que reza, la suerte de la fea, la bonita desea. A pesar de su alto grado de preparación, de ser toda una belleza, de hablar a la perfección tres idiomas, de ser la heredera en potencia de una de las principales familias del país, la pobre no tenía suerte con los hombres, se encontraba en una racha, peor que la suerte de los pasajeros del Titanic, y no es por exagerar, pero hombre con el que salía una vez no volvía a salir con ella nuevamente, y de paso eso de llegar a mantener algún tipo de relación sexual, desde hacía bastante tiempo era algo desconocido para ella, no es que fuera virgen, cosa que no era, lo que pasaba era que sus últimos acompañantes o presuntos pretendientes, por alguna razón u otra no los volvía a ver, o ella en el peor de los casos, no quería saber más del tipo.

El que no le salía que era casado, resultaba ser gay, cuando no era que sencillamente algo en él no le agradaba, como por ejemplo un mal aliento, o calzado extremadamente sucio, a tal punto que no los quería volver a ver. En realidad Patricia era algo exigente, o mejor dicho sumamente interesada, ya que de paso no salía con un tipo que manejase autos japoneses, o modelos con más de dos años de uso, se fijaba mucho en los detalles, como la trataban y en fin todas esos pequeños detalles que para la mayoría de los hombres, pasan desapercibidos. Estando en uno de esos días del mes, se encontraba algo deprimida, y se lamentaba de su suerte, al momento de estar esperando su almuerzo en uno de los restaurantes de un lujoso hotel, al que había asistido a cerrar la firma de un contrato.

Mientras esperaban el almuerzo, en cierto momento a ella se le vinieron las ganas de ir al sanitario a para orinar, y muy educadamente luego de pedir permiso se dirigió al sanitario. El sanitario se encontraba radiante de lo limpio que estaba, y ella se sintió algo mejor a pesar de una sensación de tristeza que le embargaba cuando se encontraba en dicho periodo, al sentarse en el bidé se quedó observando la blanca y pulcra puerta, y de momento pensó en escribir, el solo pensarlo la hizo sentir mejor, por lo que aun ya habiendo terminado de orinar, permaneció sentada, y se imaginó como quedarían esas palabras en las que había pensado, escritas en dicha puerta, y así como quien esta haciendo algo indebido miró a su alrededor, observó la parte superior de la puerta y del resto del cubículo donde se encontraba, y cuando se encontró lo suficientemente segura de que no la descubrirían, nerviosamente sacó su bolígrafo de su pequeña cartera, y en un dos por tres escribió contra la puerta del baño, una pequeña frase que decía en letras muy pequeñas "quiero verga" . Al terminar de escribir eso, Patricia sintió un cambio de su estado de animó, el cual ella en ese momento no asoció a su pequeña travesura, sentada todavía en el bidé cambió la toalla sanitaria, se lavo su sangrante coño con un tibio chorro de agua y al hacerlo se acarició ligeramente su clítoris, lo que la hizo sentir mucho mejor, tras secarse con papel sanitario la superficie externa de su vulva y hacer uso de su desodorante intimo, se colocó su nueva toalla sanitaria y alegremente se subió sus pantaletas, luego se arreglo el vestido y salió con una sonrisa picara, la que observó mientras se lavaba sus manos y posteriormente se retocaba coquetamente su maquillaje.

El resto del día lo paso bien, a pesar de encontrarse en pleno periodo, a la tarde cuando llegó a su apartamento, rápidamente se desvistió y se dirigió a la ducha para aparte de refrescarse, y asearse debidamente luego de un ajetreado día de trabajo, mientras se duchaba con agua caliente para relajar sus músculos, sin darse cuenta comenzó a dibujar un pene de gran tamaño en el cristal de la ducha, y frente a el una pequeña figura femenina con las piernas abiertas. Al salir del baño no pensó más en eso, pero se encontraba bastante relajada. Desde ese día cada vez que por alguna razón u otra iba a un sanitario, ya fuera en su trabajo o en cualquier otro lugar como algún restaurante al que fuera a comer, o cualquier otro establecimiento, Patricia escribía algo ya fuera en las puertas o en alguna de la paredes, al inicio eran frases de dos o tres palabras, como "quiero verga", pero con el tiempo eso fue cambiando, a oraciones completas, con un fuerte contenido erótico, para luego dar paso a escribir párrafos completos de sus insatisfechas necesidades sexuales. De esa manera Patricia entró al selecto grupo de las escritoras de graffitis.

En cierta ocasión, había estado almorzando en uno de esos restaurantes de comida rápida de manera continua, y cual no sería su sorpresa al encontrar justo al lado de uno de sus escritos, una abierta invitación a mantener una relación lesbiana, tras pensarlo un par de días le dejó un mensaje a la otra escritora, realmente le respondió más por curiosidad que por otra cosa, cuando joven Patricia en ocasiones había jugado con más de una de sus compañeras de clases, pero ya de adulta se había declarado abiertamente heterosexual, por lo que aun con algo de suspicacia, le dejó un mensaje a la otra escritora de grafitis, preguntándole sencillamente cuándo y dónde, al día siguiente la respuesta no se hizo esperar, decía hoy a las 22 en el estacionamiento de la plaza de toros, para Patricia era obvio que se reunirían en ese sitió y de hay partirían a otro lugar, por lo que hasta evaluó como alternativa, un pequeño apartamento amueblado de su propiedad, que pensaba próximamente ponerlo en alquiler.

Ya a la hora acordada, Patricia se encontraba dentro de su BMW en espera de que llegase otro auto, y justo a las 22 horas llegó otro auto idéntico al modelo de ella, hasta en el color. En el asiento del conductor Patricia pudo apreciar una joven mujer al igual que ella, la que le hizo señas para que la siguiera, lo que Patricia realizó con cierta precaución, hasta que se dio cuenta que se dirigían a uno de los más caros hoteles de la ciudad, las dos luego de estacionar relativamente cerca la una de la otra, se bajaron de sus respectivos autos, tanto Patricia como su acompañante se saludaron como si se conocieran desde hacía tiempo, ambas se dirigieron a la barra del restaurante, donde cada una pidió un ligero trago, y se presentaron formalmente, conversaron por espacio de una media hora, tras lo cual a sugerencia de las misma Patricia, decidieron ir a un lugar más intimo, fue cuando Irma, la nueva conocida de Patricia la sorprendió al decirle que se había tomado la libertad de rentar una suite por esa noche.

Las dos mujeres jóvenes subieron directo a la habitación, y ya estando en ella las dos se comenzaron a besar y acariciar mientras se ayudaban mutuamente a quitar su ropa, en cosa de pocos minutos la una disfrutaba de la otra y viceversa, la boca y lengua de Patricia, comenzaron a ser pasadas por el cuerpo de Irma, la que temblaba de placer al sentir el contacto de ese húmedo músculo contra los muslos de sus piernas, los dedos de Patricia acariciaban con suavidad los firmes senos de su nueva conocida, la que a la vez con sus dedos jugaba con el clítoris de Patricia. Como era de esperar ambas mujeres alcanzaron más de una vez fuertes orgasmos, tras lo cual quedaron rendidas por el cansancio.

Al día siguiente, tras levantarse las dos se arreglaron y se despidieron quedando de acuerdo en verse en otra oportunidad. Pero Patricia continuaba con esa practica de estar escribiendo cosas obscenas en las puertas de los distintos baños que frecuentaba, y cada vez eran más fuertes la ideas expresadas por ella, en dichos lugares. Las personas a las que más afectaba dicha practica era al personal de limpieza del edificio donde se encontraban sus oficinas, ya que Patricia tenía la precaución de no usar su propio baño, ya que era la única que entraba en él y desde luego era evidente que si las paredes o puertas de su baño estaban escritas la única que lo podía hacer era ella. En su lugar se dedicaba a ir a cada uno de los distintos baños en los distintos pisos y escribía lo que en ese momento sentía o se le ocurría. La señora de la limpieza llamó a su supervisor y le contó lo que sucedía en dichos baños, ya que por más que ella limpiase siempre había una persona que entraba al baño de las damas y dejaba escritas cosas que la señora no se atrevía a repetir.

José era un hombre de unos cincuenta años, de profesión capitán mercante, pero se encontraba en espera de que le entregasen un nuevo barco de carga que se encontraba en construcción en los astilleros, mientras le estaba dando una mano a un hermano de él que era el dueño de la compañía de limpieza a cargo de ese edificio, desde el primer día que se enteró del problema decidió hacerse cargo personalmente del asunto, por varios días fue estudiando lo que sucedía, luego de que el personal del edificio salía entraba a cada uno de los baños y leía detenidamente cada uno de los mensajes dejados por la perra esa que al parecer no tenía más oficio que el de rayar las paredes de los baños con mensajes extremadamente vulgares, tales como el siguiente. QUIERO QUE ME LO METAS POR EL CULO, SIN COMPASIÓN Y ME HAGAS LLORAR DE DOLOR Y PLACER, PARA QUE LUEGO ME PONGAS A MAMAR HASTA QUE TU LECHE LLENE TODA MI BOCA, Y ME OBLIGUES A TRAGARMELA MIENTRAS LLORO, Y CUANDO TU QUIERAS ME METAS TUS MANOS EN MI DEPILADO COÑO, Y ME HAGAS VER ESTRELLAS DE PLACER.

Y esos eran de los escritos más suaves que escribía Patricia en las paredes de los baños del edificio, escritos que José leía una y otra vez tratando de imaginar como sería la perra que se dedicaba a escribirlos, en ocasiones fantaseaba que era una de las empleadas de mantenimiento, y en otras se imaginaba que se trataba de una vieja secretaria la cual debía tener una historia más oscura que el propio hueco de su culo, y hasta soñaba sorprenderla escribiendo uno de esos rótulos.

Cierta tarde a la hora de salir, Patricia sintió la fuerte necesidad de orinar, pero al mismo tiempo pensó en hacerlo fuera de su oficina para escribir algo nuevo, pero al dirigirse al baño de su piso lo encontró cerrado, al ver a una de las señoras de la limpieza le preguntó que había pasado y esta le respondió que alguien había tapado la cañería principal, por lo que los baños de ese piso y de todos los del edificio menos los del sótano se encontraba cerrados, por la reparación. En cierto momento Patricia se sintió frustrada, pero al recordar que la empleada había dicho que los baños del sótano se encontraban abiertos, rápidamente agarró el elevador y se dirigió al sótano, una vez ahí buscó como desesperada alguno de los baños hasta que finalmente los localizó y casi de inmediato se metió con la idea de orinar, rápidamente se subió lo más que pudo, la corta minifalda que vestía ese día, acto seguido se bajó la pequeña tanga que usaba hasta que ésta llego al piso, tras lo cual se sentó en el inodoro de ese pequeño baño, y se dio a la tarea de descargar su vejiga, y mientras lo hacía se quedó observando la blanca pared que se encontraba a su lado, sin ningún tipo de escrito en su superficie, de inmediato se le vino a la mente la necesidad de escribir y hasta de dibujar sus deseos sexuales, Patricia se encontraba de lo más concentrada escribiendo con un marcador de tinta negra, al tiempo que había dejado de orinar, pero su mano izquierda acariciaba su clítoris completamente, ya que ella con ese fin mantenía sus piernas completamente abiertas.

Patricia mientras se acariciaba profundamente su coño y rayaba la pared, se imaginaba que todo sobre lo que ella escribía se realizaba en ese mismo instante. Hasta podía sentir, el inconfundible sabor a verga dentro de su boca. Sus ojos se encontraban casi totalmente en blanco, su vulva toda húmeda chorreaba entre los dedos de su mano izquierda, tal era el sentimiento puesto en esos momentos que ya estaba alcanzando un tremendo orgasmo, como hacía tiempo que no alcanzaba. De golpe se abrió la puerta del pequeño baño, y frente a Patricia se encontraba un hombre corpulento, que dio un par de pasos, hasta encontrarse totalmente frente a frente, a la sorprendida mujer sentada en el inodoro, ella por un lapso de tiempo se quedó como petrificada, la peor de sus pesadillas o su deseo más anhelado se había cumplido, la habían agarrado con las manos en la masa. El hombre desde luego que era José, que le había tendido una trampa, a los pocos días de estar al tanto de la situación sospechó de ella, y siguiendo su corazonada actuó en consecuencia de ello. Patricia comenzó articular o balbucear algo, pero de inmediato él se sacó su verga, casi erecta de su encierro y tomando ha Patricia por la nuca, acercó el sorprendido rostro de la mujer a su miembro. Ella escuchó la grave voz de ese hombre que se dirigía a ella, diciéndole: Esto es lo que has estado pidiendo, métetelo en la boca.

Patricia trató de revelarse, pero una fuerte sacudida la hizo desistir de sus supuestas intenciones de terminar con eso inmediatamente, tímidamente ella abrió sus labios y casi de inmediato, el enorme glande que tenía frente a sus ojos se introdujo en su boca como si tuviera vida propia. Ella cerró sus ojos y con lentitud comenzó a chupar esa caliente y dura cosa que entraba y salía parcialmente de su boca. José por su parte, se encontraba disfrutando de la mamada más sabrosa, que hacía tiempo que no recibía, le recordó la vez que visitó un pequeño puerto pesquero en el mar de la China, donde una adolescente de edad indescifrable, le hizo la madre de las mamadas. Pero regresando a su realidad, José disfrutó por completo esos sabrosos momentos, pero no quería venirse en esos instantes, por lo que tomó a Patricia por el cabello, y bruscamente la separó de su miembro sin dar explicación alguna, la boca de Patricia permaneció por unos breves instantes como si esperase que nuevamente fuera penetrada por ese caliente y duro pedazo de carne, fue cuando José tras verle la cara le dijo, como que le agarraste el gusto a eso de estar mamando puta de cuello blanco, Patricia no sabía que decir o hacer, hasta que él señalándole lo que ella recién había escrito, le dijo prepárate para que sepas lo que es bueno de verdad.

Ella se turbó por completo al leer la oración que José le señalaba, claramente, decía quiero que me des por el culo y me hagas llorar... al ver leer eso nuevamente Patricia trató inútilmente de salir corriendo pero ya el hombre había tomado la precaución de cerrar la puerta del baño, además la había dejado de sujetar por sus largos cabellos, para sujetarla por uno de sus brazos, en cierto momento la joven pensó en pedir ayuda a gritos, pero él como si le hubiera leído la mente le dijo, acuérdate que ya todo el mundo dejó el edificio, estamos tu y yo completamente a solas, pero si me quieres ver de verdad excitado ponte a gritar para que sepas que se siente recibir uno de estos en la boca, y al tiempo que decía eso colocó a pocos centímetros del rostro de Patricia su puño fuertemente cerrado.

José cerró la tapa del inodoro y antes de sentarse en el mismo, se bajó los pantalones y su calzón, los ojos de Patricia no dejaban de apreciar la descomunal verga de ese hombre, quizás realmente no fuera tan grande, pero en comparación con lo que ella recordaba de su último amante masculino, la de José por mucho le ganaba en todos los aspectos. Sin soltarle el brazo, la fue acomodando y ella se llevó sus propias manos hasta sus nalgas y comenzó a separarlas, como procedimiento previó a ser penetrada por el culo, ya Patricia sin que él tocase todavía el apretado esfínter de ella sentía que le dolía, y hasta un par de lagrimas corrieron por su mejilla, pero José dándole una buena nalgada le dijo, ahora se me antoja metértelo por el coño, así que date la vuelta, que deseo ver tu cara de puta cara disfrutando de la misma manera que yo lo hago, al estar frente a frente Patricia abrió sus piernas lo más que pudo y lentamente se fue acomodando sobre la erecta verga de José, los dos vieron como la masa de carne se desaparecía dentro de la húmeda gruta de ella.

A partir de ese momento tanto él como ella disfrutaron ampliamente el uno del otro, sus brazos se enlazaron y como desesperados casi se arrancan la ropa el uno al otro, la boca de José buscó los firmes pezones de Patricia, a medida que él metía y sacaba su verga de la húmeda y sabrosa vulva de ella. Patricia comenzó a dar gritos de placer, a medida que un creciente orgasmo era sentido por ella, mientras que José continuaba metiéndolo y sacándolo cada vez con más fuerza y rapidez, hasta que finalmente se vino dentro del depilado coño de Patricia. Los dos cuerpos exhaustos descansaron por un rato, tras lo cual salieron del pequeño baño tal como se encontraban, por un rato mantuvieron silencio, pero en cierto momento sin aviso previo, Patricia se agachó frente José y agarrándole su verga se puso a mamársela nuevamente, en cosa de segundos volvió a tomar el mismo cuerpo que momentos antes la había hecho disfrutar tanto a ella. Ella continuó mamándosela al hombre y de la misma forma que comenzó se detuvo, poniéndose en cuatro patas en el mismo pasillo que los conducía al ascensor, y como dicen una imagen vale más que cien palabras, no se debía ser muy inteligente para saber que era lo que buscaba la guarra, y José no se hizo esperar, pero antes mojó sus propios dedos en saliva y acto seguido comenzó a introducirlos uno a uno dentro del culo de Patricia, la que seductoramente movía sus caderas respondiendo de esa manera a los distintos estímulos que producían dentro de su culo los dedos de ese hombre. Llegó el momento en que la propia Patricia le pidió a su amante que la enculase, y en cosa de segundos la gran verga de José comenzó a penetrar el culo de la joven, la que lo movía de manera muy especial, y a medida que eso sucedía él comenzó a recordar a otra mujer con la que disfrutó de una culeada tan sabrosa como la que estaba disfrutando en eso momentos, tras lo cual él llevó una de sus manos al caliente coño de Patricia, y a medida que le daba por el culo, sus dedos la hacían disfrutar de una tremenda caricia sobre el inflamado clítoris de ella. A medida que los segundos pasaban Patricia pedía que le diera más y más duro, y él la complacía hasta que ella alcanzó otro soberano orgasmo y él se vino dentro del culo de ella.

Al terminar regresaron al baño, se vistieron y sin decir nada él la acompañó hasta la oficina de ella, cuando José estaba a punto de irse, Patricia le tomó la mano y la colocó directamente entre sus piernas sobre su depilado coño, diciéndole que la castigase por ser una niña muy mala, José consciente de las travesuras de la chica, se sacrificó el resto de la noche enseñándola a ser buena. Luego de esa noche Patricia dejó de escribir las paredes de los baños que visitaba, por lo menos mientras que José se mantuvo en tierra firme.

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