Doña María.
Hetero, zoo. Un joven geólogo aficionado está recogiendo muestras en un paraje apartado de la civilización. Y tiene un inquietante encuentro con una robusta mujer y su perro.
Mi nombre digamos que es Paúl, pero eso no es realmente lo que quiero que sepan, mi verdadero interés es el contarles lo que me sucedió hace unos cuantos años atrás cuando recién y había cumplido los 17.
Les diré que era un muchacho normal, más bien algo inocente en cuanto al sexo se refería, mi primera experiencia sexual se la debo a un tío mío por parte de padre, que me llevó a un burdel, eso para mí fue algo sumamente emocionante, pero una vez que todo terminó volví a ser el mismo de siempre, lo que más me agradaba era salir de excursión con alguno de mis amigos y recoger muestras de los distintos tipo de terrenos que visitaba, mi obsesión era encontrar una geoda (formación rocosa que tiende a ser redonda y llena de cristales por dentro).
Recién cumplidos mis 17 y un par de meses después de haber visitado aquel burdel con mi tío, quedé con un par de mis amigos en ir de excursión a una región que no habíamos visitado nunca, a unas cuantas horas de la ciudad, ese día me levanté bien temprano pero al pasar a buscar a mis compañeros de excursión los dos se rajaron, me embarcaron, es decir no quisieron ir. Como yo estaba tan entusiasmado, decidí irme sólo sin la compañía de ellos dos. Por lo que abordé el autobús a eso de las seis de la mañana, tras unas tres horas de viaje por la autopista me bajé en lo que parecía ser el fin del mundo, el chofer me advirtió que no había ningún poblado cerca y que para regresar debería caminar un gran trayecto, todo eso ya lo había calculado por lo que le di las gracias y comencé a caminar con rumbo sur este.
Luego de caminar sin detenerme por espacio de unas tres horas y media, llegué a un riachuelo, en medio de una zona bien boscosa, al parecer no había rastros de que otra persona hubiera pasado por ese lugar o acampase, por lo que decidí darme un refrescante baño en una pequeña poza, ya que estaba solo y seguro de que nadie me observaba decidí quitarme toda la ropa, en realidad andaba en pantalones cortos y camiseta y desde luego medias zapatos y un pequeño interior. Desnudo como me encontraba me tendí dentro de la posa y disfrute de un refrescante y sabroso baño, viendo las nubes pasar y como cuando niño tratando de descubrir las figuras que se formaban, en eso pasó por el sitio un gran perro de raza pastor alemán, de pelaje abundante de color marrón oscuro, por un momento se detuvo a verme y pronto continuó sin darme importancia río abajo, yo continué viendo las nubes sin detenerme a pensar de dónde había salido dicho animal, de momento vi en el cielo claramente la figura de una mujer completamente desnuda, con sus piernas bien abiertas, su rostro no se definía bien pero el área de su coño y de su cabellera era bien oscura en contraste con el resto de su pálido cuerpo, mientras me encontraba acostado boca arriba viendo la nube que se acercaba hacia mí, me comencé a masturbar suavemente, pensando en la puta con que me había acostado la primera vez, mi mano comenzó a ganar velocidad, cuando de momento siento el ladrido de un perro a pocos pasos de mi persona, del susto se me fue la inspiración, era el mismo perro que momentos antes había pasado, se veía imponente por precaución tome un par de piedras y me armé con ellas. El animal dejó de ladrarme, y nuevamente continuó su camino riachuelo arriba. Ya me había cortado la inspiración, y la gran nube que momentos antes me había provocado pajearme ya se había comenzado a desintegrar.
Me vestí pero al parecer, no me di cuenta donde había puesto el interior, ya que no lo encontré, luego seguí por donde se había ido el animal, pero armado con un pedazo de una rama que me podía servir como si fuese una lanza o algo parecido en caso del que el condenado perro apareciera otra vez y me atacase, continué caminando confiado como si fuera un explorador del siglo pasado, pero al subir a una loma que había en mi camino me encontré con un pequeño valle totalmente cultivado y casi en el centro del mismo, se podía ver una pequeña casucha de madera, frustrado me dirigí a la misma con el fin de solicitarle al dueño o encargado me dejase acampar, cuando me disponía a tocar la puerta volvió ha aparecer el pastor alemán, ladrando fuertemente y dirigiendo sus paso hacia mi persona de forma amenazante, en esos momentos ni me acordé del pedazo de madera que tenía en mis manos. De momento se abre la puerta de la casucha y aparece tras ella, una enorme mujer realmente grande, yo le calculé unos cincuenta años más o menos, blanca aunque tostada por el sol, su cabellera era negra pero con una gran cantidad de canas blancas, de facciones duras, corpulenta pero no gorda, su rostro al verme cambió drásticamente, apareciendo una amplia sonrisa.
El perro continuaba ladrando pero ya parado al lado de ella, la enorme señora de un manotón que le dio en el hocico al perro lo silenció de inmediato, yo me presenté y le expliqué las razones de mi estadía por esos terrenos, ella muy cortésmente me dio permiso de acampar donde yo quisiera, pero luego de ver el horizonte, me comentó que esa noche iba a llover muy fuerte y que si yo lo deseaba podía pasarlo dentro de su casa, le di las gracias y me dispuse de inmediato a recorrer el terreno, yo realmente no pensaba que fuera a llover, las nubes estaban muy distantes y se dirigían en otra dirección, dejando mis pertenencias a un lado de la casa, sólo me llevé un pequeño emparedado que me había preparado en mi casa.
Luego de estar gran parte de la tarde recogiendo muestras del terreno, cuando comenzó a oscurecer me encaminé a la casucha por mis pertenencias, y a medio camino sin mayor aviso se desató una fuerte tormenta, cuando llegué a la casucha me di cuenta que mi morral no se encontraba donde yo lo había dejado, justo antes de que tocase la puerta la enorme señora la abrió, en sus manos había un tazón de sopa que me ofreció de inmediato, yo me lo tragué en un dos por tres, la señora me ordenó que terminase de entrar o me daría una pulmonía, de inmediato me ordenó amablemente que me quitase la ropa para que se yo me pudiera secar y que no me fuera a enfermar, sin pensarlo de inmediato me quité los zapatos y las medias al igual que la camiseta, pero justo en ese momento me acordé que no cargaba interiores puestos, doña María que era como se llamaba la señora como que se dio cuenta de mi predicamento y me alargó una toalla de tamaño mediano la cual me enrollé a la cintura mientras me quitaba los mojados pantalones cortos, fue cuando la escuché decir en tono jocoso, "niño no te preocupes que no vas a ser el primer hombre que veo desnudo y de seguro tampoco serás el último que mis ojos vean" ese comentario lo tomé a manera de broma.
Ella se me acercó con otra toalla en sus manos de tamaño mucho más pequeña, mientras yo tomaba asiento en una de las dos sillas de madera que había dentro de la casa y sin decirme nada comenzó a pasármela por la espalda, al tiempo que me decía algo sobre lo sola que estaba, y la falta que le hacía un hombre, yo realmente no me daba cuenta de que estaba hablando, digo en ese momento no capté el mensaje. Sus manos comenzaron a bajar por mi cuerpo y yo realmente me fui poniendo muy nervioso, mi pene se estaba comenzando a parar.
Yo como para salir de esa situación se me ocurrió la brillante idea de preguntarle dónde me tocaba dormir, y nuevamente sin decir nada señaló con su boca la única cama que había en la casa, y tontamente le pregunté, dónde dormiría ella, y la respuesta fue la misma, para esos momentos una de sus manos me soltó la toalla, yo traté de detenerla, pero su fuerza era muy superior a la mía, me encontraba muy confundido, y traté de separarme de su cuerpo, pero ella me tomó por las muñecas y me dominó con suma facilidad, aunque yo continuaba forcejeando, la toalla se me desprendió cuando me paré de la silla, en eso ella me pegó un fuerte grito que me asustó, ordenándome que me quedase quieto, y luego remató diciendo si no me obedeces en todo lo que te diga dejo que Diablo te destroce, se refería al perro pastor alemán que ya se encontraba ladrando con fuerza, y listo para saltarme encima.
Del susto hasta me oriné, el sólo pensar en que ese animal me atacase me paralizo de miedo, luego ella como para rematar dijo en el mismo tono de voz, y si quedas vivo le digo a la policía que Diablo me defendió cuando trataste de violarme, el escuchar eso hizo que casi me desmayase, por un momento planeé tomar mis pertenencias y salir corriendo, pero rápidamente comprendí que el perro me daría alcance casi de inmediato, además continuaba ladrando con mucha más fuerza, como con ganas de morderme, hasta que doña María le dio otro golpe en su hocico y lo hizo callar de inmediato.
Ya más calmada ella acercó una de las sillas y se sentó sin soltarme mi mano derecha, con su mano derecha me agarró las bolas, debido al miedo que se había apoderado de mí, mi pene y testículos se encontraban sumamente recogidos y arrugados, más bien daban la impresión de ser una verruga grande, lo que me avergonzó, ya que me di cuenta de mi total desnudez, y ni mi madre me había visto así desde que aprendí a bañarme sólo, y cuando estuve con la puta donde me llevó mi tío, yo ya estaba en la cama y arropado cuando ella entró en la habitación. Lo que más me hirió fueron sus comentarios, sobre mi cuerpo diciéndome que más bien parecía una pudorosa señorita, ya que yo con mi mano libre trataba de taparme.
María dejó de juguetear con mis testículos, y acomodándose más en la silla y soltándome la mano me ordenó que le abriese los broches de la bata casera que usaba, mis torpes dedos comenzaron por la parte de arriba del vestido, ahí yo estaba frente a ella desnudo y tembloroso soltándole los pequeños broches, a medida que se los soltaba su cuerpo iba apareciendo sin nada más bajo la tela, en esos momentos mis ojos se fijaron en el enorme par de senos de ella, sus aureolas eran como del tamaño del plato de una taza de café, y sus pezones creo que eran más grandes y gruesos que la punta de mis dedos pulgares. Continué soltando los broches, y pensé que si no usaba sostén de seguro tampoco usaría pantaletas, fue cuando reparé en sus velludos brazos, y en la gran cantidad de pelos que brotaban de sus axilas.
Lleno de mucho miedo seguí con mi labor, y a medida que le fui soltando los broches de la parte inferior de la bata ella fue abriendo sus piernas de par en par, su coño apareció bien lleno de pelos, jamás en mi vida había visto algo semejante, sí en fotos con las que me hacía una que otra puñeta, pero algo así jamás. Dentro de su coño pude divisar algo de color rosado oscuro, que luego me enteré que era el clítoris. Al terminar de soltar los broches Doña María, me ordenó que me arrodillase frente a ella, yo le comenté que el piso estaba lleno de orín, y sin decir más nada me aflojó una fuerte cachetada, que me hizo voltear la cabeza con fuerza. No me lo volvió a repetir, su sola mirada me intimidaba y yo sin decir palabra me arrodillé frente a ella, colocó su mano izquierda sobre mi nuca y a medida que atraía mi rostro contra su coño, me decía ya que no quieres o no puedes divertirte conmigo, yo me divertiré contigo, y como te darás cuenta, yo tendré muchas canas arriba pero tengo muchas más ganas abajo, así que ponte a mamarme el coño.
Su mano izquierda sobre mi nuca dirigía mi rostro a su peludo coño, lo primero que sentí fue un fuerte olor como a pescado, o mejor dicho me recordó el olor a bacalao, un olor fuerte y penetrante y ya mi cara estaba a pocos centímetros de su coño cuando cerré mis ojos, francamente yo no sabía qué hacer o cómo actuar ante tal situación, Doña María comenzó a pasar lentamente mi rostro por sobre la negra pelambre de su coño, mientras que yo permanecía con mis ojos y boca bien cerrados, a los pocos segundos mi cara entró en contacto con su coño, ella la restregaba una y otra vez y en voz alta decía un montón de malas palabras, hasta que dirigiéndose a mí directamente insultándome me ordenó que se la mamase, yo me quedé sin saber qué hacer, hasta que me dio un coscorrón diciéndome que abriera la boca y se la chupase, la sola idea me era repugnante, y hasta me provocó algo de nausea, hasta que ella nuevamente tras insultarme nuevamente me volvió a dar otro golpe por la cabeza.
Casi de forma automática abrí mi boca y tanto mis labios como mi nariz, se impregnaron de algo húmedo, de sabor indefinible, mi lengua lentamente la comencé a pasar por esa cosa de color rosado, y Doña María lo disfrutaba enormemente, ella guiaba mi rostro entre sus musculosas y peludas piernas, en mis dientes se había enredado más de uno de los pelos de su coño, ya para esos momentos yo había colocado mis manos en el piso y me las mojé completamente con mis orines, cada vez chupaba lamía con mayor fuerza y ella respondía de igual manera, de momento cruzó sus piernas por sobre mi cuerpo y me ordenaba que continuase mamando, unos raros ruidos salían de su boca, casi me asfixiaba pero yo seguía mamándole el coño, hasta que ella se fue tranquilizando, pero sin quitar mi cara de sobre su coño. Luego bajó las piernas de sobre mi cuerpo y volvió a acomodarse en la silla.
Yo estaba concentrado en mi tarea, cuando sentí algo frío y húmedo entre mis nalgas, definitivamente era el Diablo oliéndome el culo, yo me quedé paralizado, y de inmediato Doña María me ordenó continuar con lo que estaba haciendo, por temor a recibir otro golpe de parte de ella, nuevamente me puse a mamarle el coño, cuando de nuevo sentí algo sobre el hueco de mi culo, a diferencia de la vez anterior, en la segunda ocasión sentí cierta aspereza, y algo más mojado, definitivamente el perro ahora me lamía desde el tallo de mi verga hasta el hueco de mi culo, la sensación para mí era rara y hasta se pudiera decir que sabrosa pero aun y así me detuve, pensaba protestar, pero la mujer antes de que yo hiciera algo me dijo, continúa o quieres que el perro te muerda, eso bastó para que yo volviese a mi tarea, la cual ya comenzaba a gustarme. Diablo por su parte me lamía con fuerza el ojete, y yo hasta lo disfrutaba creo que fue por disfrutar más que abrí más mis piernas.
De momento ella llamó al perro diciéndole, ven que tu mamaíta quiere que le lamas las tetas, el perro se encontraba tras de mí y ella hecho su torso hacia el frente, el animal como que la entendía a la perfección, por un momento se apoyó en mi espalda pero ella le agarró las patas delanteras, cuando yo levanté mi vista vi desde abajo cómo el animal pasaba su lengua por el par de tetas de Doña María, pero a los pocos segundos sentí algo duro y caliente en la entrada de mi culo, y la escuche a ella decirme, no opongas resistencia, porque si no te va a doler mucho, yo no sé por qué pero moví un poco mis nalgas y la verga del animal se deslizó dentro de mí, realmente sentí que me dolía pero ese dolor dio paso rápidamente a una sabrosa sensación. Diablo comenzó a moverse con mayor fuerza y yo a la vez también, pero de momento Doña María se levantó de la silla dejándome a mí con el perro encima, y mientras Diablo me usaba como si yo fuera su perra, la mujer riéndose me dijo, de haber sabido que eso te iba a gustar tanto, te lo hubiera hecho yo misma con un juguete que tengo por algún lado escondido, pero no te desesperes que lo mejor está por venir, esas últimas palabras no entendía yo a qué se refería, hasta que de momento sentí como si me reventasen por dentro, el animal había comenzado a venirse dentro de mí, y hay algo en los perros que es como un bulbo, que aparece cuando se están viniendo, sentí cómo su semen caliente me invadía por dentro, es verdad que me dolió pero también es cierto que me lo disfruté completo.
Parte del semen de Diablo se debió salir porque sentí cómo me corría algo caliente por la parte interna de mis muslos, en esos momentos Doña María desnuda se había agachado a mi lado, y metiendo su mano bajo mi cuerpo me agarró la verga, que para mi sorpresa se encontraba dura como una estaca, me la manoseó por unos momentos y eso bastó para que yo también me viniera, cuando ella se levantó Diablo se bajó de mi espalda, pero continuaba pegado a mi culo. En eso ella me dijo quédate quieto hasta que a él se le quite la hinchazón, por que si tratas de sacarlo ahora le va a doler y te va a morder, eso bastó para que yo me quedase como estaba, empapado por mis propios orines, insultado y golpeado en distintas ocasiones, con la cara y la boca llena de pelos, sodomizado por un perro, y lo mejor o peor de todo es que lo estaba disfrutando.
Realmente no sé cuánto tiempo pasó pero fue bastante, hasta que al fin Diablo sacó por completo su verga de mi culo, yo pensé que él había ya terminado conmigo cuando nuevamente sentí su lengua entre mis nalgas, mis muslos y sobre mi desinflada verga. Yo ni siquiera me moví hasta que se retiró a un rincón donde se echó y se comenzó a lamer su propia verga como limpiándosela. Yo me levanté del piso a duras penas y algo dolorido, fue cuando Doña María me llamó a la puerta de la casa, la abrió y afuera continuaba lloviendo a cantaros, me dijo vente vamos a lavarte que hueles a coño y a perro, ella me colocó bajo una de las chorreras de agua que caían del techo, y personalmente me pasó jabón por todo el cuerpo en particular por entre mis nalgas, me ordenó que me agachase y que expulsase todo lo que Diablo había dejado dentro de mí, mientras ella continuaba dándome con el jabón por mi dolorido culo.
Cuando terminó ella misma me secó y me llevó hasta su cama ahí me acosté y rendido del cansancio me dormí. Al despertar me encontré abrazado por ella a mi espalda y cuando me fui a mover sentí algo dentro de mi culo nuevamente, ella se despertó y sin decir nada se movió de tal forma que ella quedó sobre mí de inmediato comenzó a moverse y yo a sentir que algo entraba y salía de mi culo, yo por mi parte comencé a mover mis nalgas buscando más placer, una de sus grandes manos se metió bajo mi cuerpo y me comenzó apretar mi verga, hasta que nuevamente me hizo acabar, después de un largo rato en que ella me daba por el culo, se detuvo y se levantó de la cama, pegado a su cuerpo tenía unas correas y algo que imitaba la verga de un hombre pero de gran tamaño, yo me quedé sorprendido al verla, no pensé que mi culo aguantase algo así. Luego de eso continuamos durmiendo, hasta que en la mañana ella me despertó con un buen desayuno, como si no hubiera pasado nada del otro mundo, ya mi ropa estaba seca, y me vestí de inmediato mi culo estaba algo dolorido todavía, fue cuando Doña María me dijo, si quieres te llevo al pueblo en mi auto, lo que me sorprendió porque no vi ninguno, y luego de desayunar salimos fuera y en efecto al otro lado de la casa había un viejo Ford, durante el camino no nos dijimos nada hasta que me bajé en la plaza del pueblo cercano, fue cuando me armé de valor para preguntarle si deseaba que regresase la próxima semana, a lo que ella me respondió, te ordeno que regreses la próxima vez te voy hacer que me chupes el culo y te vistas de nena. Yo me fui deseoso de que llegase el próximo fin de semana.
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