Aprendiendo a gozar.
Hetero, polvazo. Un hombre encuentra por casualidad a una antigua amiga de su mujer, de la época de su noviazgo. Ella es una mujer que disfruta enormemente con el sexo, pero ahora está separada y ansiosa...
Por: Martín. E-mail.: sexwriter@latinmail.com
No sé por qué, pero todos los relatos comienzan dando una descripción física del autor. Para no ser menos procedo a dar mi descripción: mi nombre es Martín, vivo en Córdoba, Argentina, tengo 28 años, mido 1.84 m., peso 75 Kg., tez blanca, pelo negro y ojos verdes. Siempre hablan de lo tremendamente dotados que son, pero como esto es un relato verídico, no tengo para qué mentir. La naturaleza no me hizo superdotado, es más creo que mis medidas íntimas no superan el estándar, tampoco se quedan atrás. Las mujeres dicen que estoy bastante bueno, pero yo creo que mis encantos pasan por otro lado, por una buena e inteligente conversación, una buena historia de seducción, etc... aparte en rigor de verdad con las mujeres siempre he sido un tanto tímido, siempre esperé que se "regalen" antes de animarme a actuar.
Bueno, hecha la presentación rigurosa, sigamos con lo nuestro...
He decidido contar esta historia porque realmente me caliento mucho leyendo las historias de "Marqueze" aunque muchas de ellas suenan a fantasías que no creo que tengan un verdadero rostro por detrás. Creo que para variar, el lector comprenderá que esta historia es real, y mientras más piensen en eso más excitados se van a poner. Para mí ha sido una historia increíble, ni la mejor película porno me calienta tanto como rememorar esta historia. Ahí va, espero sea de su agrado...
Todo comenzó un día jueves al salir del trabajo, trabajo en una oficina donde somos 136 hombres y dos mujeres, una está mas o menos y la otra no hay ojos con que mirarla... Al salir había quedado de acuerdo con mi compañero de tesis de ir a su casa para seguir elaborando ese trabajo final que nos tenía a mal traer. Como de costumbre salimos rumbo a su domicilio en sendos vehículos. Trabajamos unas 3 horas y a eso de las 20 h. decido ir a mi casa donde mi mujer y mi hija, seguramente, me estaban esperando (con algún problema). Estando ya en el porche de su casa y cruzando las últimas palabras siento que de la casa del frente alguien (mujer) dice con tono imperante:
- ¡¡¡Soldado raso Martín , cuando termine pase a saludar!!!.
Atónito, pues hacía dos años que estudiábamos juntos en su casa y nunca había visto por las inmediaciones a nadie conocido, le pregunté a Carlos (mi compañero) que quién era la vecina del frente, pues aunque volteé para mirarla la tenue iluminación exterior no me permitió divisar quién era. A lo que Carlos respondió:
- Mirá, no sé quien es, porque se han mudado la semana pasada, pero sé que es una chica joven con 3 niños que supongo son sus hijos. Y habitualmente viene un hombre medio pelado de frente y pelo largo atrás en bicicleta, supongo ha de ser el padre de los chicos. En cuanto a la mina..., está bastante buena...
Me quedé pensando quién podía ser, mientras terminábamos de cruzar las últimas frases, ansioso y temeroso, pues si resultaba ser alguna de mis "trampas" estaba muy jugado, pues mi mujer y la de Carlos ya habían entablado cierta relación y era probable que algún día fuéramos a casa de Carlos y se arme el gran quilombo. Todo esto lo pensaba mientras me moría de ganas de saber quién carajo era.
Al fin terminamos y lentamente y disimulando mi ansiedad, me dirigí a la vereda de enfrente, a medida que me acercaba mis ojos se iban acostumbrando a la oscuridad reinante y comenzaba a dejarse ver la silueta de una mujer de estatura mediana pelo muy largo, y con un niño en brazos y otro jugueteando alrededor.
En un principio creí por sus formas que se trataba de quien cuidaba a mi hija en la guardería, así que en un tono de incredulidad sólo atiné a decir:
- Hola, ¿qué tal?
Mientras emitía esa frase matadora, mis neuronas (pocas) me decían que mi conclusión era un poco apresurada, pues si hubiera sido la maestra de mi hija, no me hubiera llamado a saludarla (al menos que resultara ser realmente muy turra), pero de todos modos no me hubiera llamado "soldado raso". Por fin estaba llegando donde ella estaba y se comenzó a incorporar, ahí me di cuenta al verle la cara de quién era...
Era Claudia, una ex amiga de mi esposa. Digo ex amiga porque se terminaron peleando cuando con mi mujer éramos todavía novios. Desde aquel momento de la pelea ya se dejaba entrever el carácter de Claudia. Vivía de muy buen humor, siempre con chistes en doble sentido, y con la idea fija del sexo a toda hora (por lo cual congeniábamos muy bien). Por entonces Claudia era casada y con 2 hijos, pero se mantenía muy bien (a fuerza de necesidad) pues su situación económica no era lo que se dice holgada. Lo cierto es que un poco por eso y otro por la buena onda que había en la casa, además de ser un buen lugar para mis encuentros con mi, por entonces novia. El marido de Claudia, trabajaba de músico en un grupo de lo que acá llamamos cuartetos (que nada tienen que ver con 4 personas, aunque dicen que en sus comienzos eran 4 y de allí el nombre) estos grupos se caracterizan por su música popular y pegadiza, por lo cual van de pueblo en pueblo con su espectáculo. Claudia le realizaba frecuentes reclamos sexuales a su marido, inclusive al frente nuestro, solía decirle:
¡¡¡No me coges nunca, y cuando lo hacés el maní ese que tenés no alcanza para nada!!!
Ustedes comprenderán lo incómodo de la situación, sobre todo para el marido, que harto ya, no le daba importancia. Un día quedamos de juntarnos con mi novia en la casa de Claudia a las 17 h., pero como yo sabía que su marido estaba de gira decidí ir una hora antes para ponerla a prueba (pues nunca habíamos estado los dos solos), y para agregarle sabor a la cosa decidí llevarle una revista de relatos eróticos que sabía que a ella le gustaban. Llegué a la casa a eso de las 15:45 h. y luego de charlas mundanas le dije:
¿Sabés lo que encontré cuando venía para acá?
No ¡qué voy a saber! - dijo.
Algo que a vos te gusta. - insinué.
¡¡¡Una buena pija!!! - gritó riendo a carcajadas.
No, eso no lo tengo que encontrar, ¡¡¡me sigue a todos lados donde voy!!! - dije riéndome también
¡Callate, qué vas a tener vos!. Dale ¿qué te encontraste? - preguntó ansiosa.
Una revista con relatos porno - le dije mientras esgrimía ante sus ojos el cuerpo del delito.
¡Uyy! ¡¡¡Traé para acá!!! - dijo, manoteando la revista.
Pará, vamos a leerla juntos - le propuse.
- Dale vamos a la cama, vamos a estar más cómodos, confirmó.
Y nos fuimos a la cama donde nos tiramos a leer la revista, sin pensar en otra cosa, pues en cualquier momento llegaba mi novia. La situación parecía muy "caliente" pero conociéndonos como nos conocíamos no cabían esas sutilezas. El caso que estábamos en lo mejor, ya re calientes los dos con los relatos, cuando de golpe apareció mi novia y nos preguntó:
¿Qué hacen ustedes dos ahí?
Nada, estamos leyendo una revista de relatos eróticos - dijimos entre los dos.
- ¡Ah! ¡Qué bien!. -dijo mi novia sarcásticamente.
Y de allí nos fuimos a la cocina y todo quedó en nada. Luego con el tiempo mi mujer me dijo que eso no le había gustado mucho pues una vez Claudia estaba viviendo con ella y cayó el entonces novio de mi mujer y a la noche se pusieron a hacer el amor creyendo que Claudia dormía, pero de repente sintió una mano que le acariciaba una teta y resultó ser Claudia, con lo que mi mujer dice que no le agradó en lo más mínimo y se levantó y se fue a la cocina a fumar un cigarrillo. Cuando volvió dice que Claudia y su ex novio estaban en el más ardiente de los manoseos, que al darse cuenta de su presencia interrumpieron inmediatamente. Desde allí quedaron un poco sentidas las cosas, pero habían pasado muchos años desde entonces.
Pero - concluyó mi mujer - cuando los vi en la cama a los dos juntos me vino a la mente ese recuerdo y, bueno... te lo tenía que decir.
-Está bien - la tranquilicé - no te preocupes que entre Claudia y yo no pasa nada.
El caso es que no sé si se lo creyó o no, pero las cosas no volvieron a ser exactamente iguales, hasta que un día Claudia le dijo a mi mujer que yo había estado con otra mina, y no sé qué más. Entonces hablamos del tema y llegamos a la conclusión de que Claudia era una enferma de celos y que sería mejor distanciar las cosas. Y así fue. Al punto de no volver a vernos más. Pasaron como 4 años del cual le perdimos el rastro pues ellos se habían mudado, nosotros nos casamos y tuvimos una hija y ahora sí, volvemos a mi encuentro con Claudia.
¿Qué hacés acá? - le pregunté al tiempo que le daba un beso en la mejilla.
Y acá vivo - me contestó.
¿Hace mucho? - inquirí.
No, me mudé la semana pasada - respondió.
¿Todos estos son tuyos? - pregunté refiriéndome a los niños.
Sí.
Y Silvio (el marido) ¿cómo anda? -pregunté.
Me separé hace como un año - dijo mientras bajaba la mirada-
¡-Uy!, no sabía nada... pero ¿todo bien? - refiriéndome a si seguían viéndose, si veía a sus hijos, etc...-
- Sí..., pasá que te cuento - me invitó.
Una vez dentro la conversación fluyó rápidamente por tener tantas cosas para contarnos. Así me contó de los dos embarazos que yo no sabía, de su ruptura con Silvio, de su vida actual, de su adicción a la marihuana y a la cocaína, etc...
Ya se estaba haciendo tarde y yo me tenía que ir, así que le propuse que iba a ir al día siguiente a charlar con más tiempo. De camino a casa pensaba si le decía a mi mujer lo que había ocurrido, y decidí no hacerlo por el momento, para encontrar el mejor momento y la mejor manera de hacerlo.
Al día siguiente, y con la excusa de un partido de fútbol primero y un asado después, fui a casa de Claudia disponiendo de toda la tarde e incluso la noche. Cuando llegué me encontré con ella y el bebé, los demás chicos se los había llevado el padre para pasar el fin de semana. Así que nos pusimos a charlar animadamente mientras compartíamos unos mates. Me dijo entre otras cosas que había trabajado en un bar como camarera donde se corría mucha merca (coca) y ahí había tomado el vicio, que ahora estaba tratando de dejar. Entre una cosa y la otra se fue haciendo tarde y llegó la hora de la cena, visto y considerando que no disponía de gran cosa como para comer (dado la angustiante situación económica) le dije que fuéramos a comprar comida hecha, que yo la invitaba, así que eso hicimos. Compramos un pollo a las brasas y un par de buenos vinos. Llegamos a la casa, servimos la mesa y comenzamos a comer y tomar esos vinitos. Entre bocado y bocado el clima se comenzó a poner más íntimo y se dejaron correr comentarios más reservados y confidenciales. La situación era muy especial. Ahí estaba yo con la ex amiga de mi mujer, la cual le había dicho que yo me tiraba otra mina, conversando y comiendo los dos solos, generando un clima muy particular...
En un momento y luego de renegar con una pata de pollo le quedó a Claudia un pedacito de carne en la comisura de los labios que yo sin darme cuenta (o sí) me apresuré a limpiar con mi dedo. En el momento que yo acerqué mi mano a su rostro ella cerró suavemente los ojos y se dejó hacer, cuando yo quité mi mano y mientras me la limpiaba en la servilleta ella abrió los ojos y me dijo muy suavemente y con una mirada muy seductora
- ¡¡¡Gracias!!!.
- No es por nada, señora..., digo señorita - dije con toda intención.
- De señorita me queda poco - dijo ellas mientras reía.
- Bueno me refiero a que ahora no estás más casada... - observé.
Ella sólo me miró y comenzó a levantar los platos. Cuando hizo esto acercó su cuerpo hasta el mío y yo no pude dejar de sentir que ese roce no era casual, que estaba cargado de insinuaciones. Cuando llevaba los platos a la cocina admiré por primera vez su figura. Se mantenía más que bien la guacha. Su cola era pequeña, como la de las adolescentes, paradita y se la veía bien dura. Su cintura cabía en mis dos manos, su pelo suelto llegaba bamboleante hasta el comienzo de su espectacular culito... sus piernas eran un grito a la caricia, y su concha aparecía apretada por los pantalones ajustados como una delicia para todos los sentidos. De sus tetas no vamos a decir gran cosa, pues no lo son, son pequeñas, muy pequeñas, tanto que supuse cabría cada una en una mano no muy grande, pero el resto... el resto hacía de este detalle insignificante.
Desde la cocina me preguntó si quería tomar unos mates, pues café no tenía, a lo que yo respondí afirmativamente. Comenzamos a tomar mates y la conversación se fue haciendo cada vez más íntima, en un momento me sorprendí preguntándole sobre su vida como mujer.
- No pasa nada - dijo.
- Pero ¿nada, nada? - insistí.
- Bueno, vos sabés que a mí el sexo me gusta más que respirar... -comenzó a decir, para luego terminar la frase - pero más que unas cuantas masturbaciones, no pasa nada.
- Bueno, seguramente candidatos no te han faltado...
- Quién me va a dar bola, con cuatro chicos, 30 años, ¡¡¡sin guita...!!!
- Yo... tengo un par de candidatos si querés. -jugué con la frase.
- Traelos a los dos, ¡¡¡ya!!! - rió.
- Bueno..., bueno..., tranquila. reí yo también.
A lo que persistió un largo, profundo e inquietante silencio con su mirada extraviada en las profundidades de vaya a saber qué pensamientos. Yo sólo podía ver su cabeza gacha, como pidiendo perdón, las manos juntas sobre sus rodillas y su respiración entrecortada. Definitivamente estaba llorando. Me acerqué por detrás y lentamente aproximé mi mano a su cabeza, cuando mis dedos se enredaron en su cabello, ella dio un respingo como acusando el golpe, lo que yo entendí como un rechazo, e intenté quitar mi mano inmediatamente, lo cual fue impedido por un movimiento hacia atrás de su cabeza buscando mi mano, la cual se recurrió cada cabello de esa cabeza, masajeando, acariciando una zona que si uds. prueban puede ser altamente erótica.
Como el sollozo continuaba acerqué mi otra mano y tomándole el rostro desde atrás por debajo del mentón le levanté un poco la cabeza y la giré suavemente de lado, vi densas lágrimas rodar por su mejillas. Acerqué mis labios a su lado y le dije:
- No seas tontita... - mientras le depositaba un suave beso en esas húmedas mejillas.
Ella simplemente levantó sus manos y tomó mi cabeza en lo que fue un largo abrazo, interrumpido simplemente por la incómoda posición en la que me encontraba.
Me fui a la cocina para continuar los mates y como una forma de disimular la erección que había comenzado a formarse en mi miembro. Ella llegó detrás de mí con unas cosas que seguía levantando de la mesa, cuando estuvimos bastantes cerca uno del otro, levantó la vista, me miró fijamente por unos segundos, y continuó su trayectoria. En ese momento entendí que la situación se estaba poniendo interesante. Estaba llegando al punto donde inconscientemente quería llegar.
Nuevamente en la mesa empezamos a charlar pero esta vez, las palabras eran distintas, se dejaban deslizar desde adentro, miradas sutiles recorrían el breve espacio que aun nos mantenía separados en dos seres individuales, algo que ya a esta altura deseaba no sucediera. Estaba comenzando a desearla con el afán de lo desconocido, de lo nuevo, de ver hasta qué punto podía llegar esta mujer que aseguraba ser una sacerdotisa del amor.
Sumido en estos pensamientos non sanctos , fui derivando la conversación hacia el sexo nuevamente, las experiencias anteriores, etc..., de repente comencé a contarle una historia con una compañera del secundario, con la cual lo hicimos de tan amigos que éramos, sin compromisos, simplemente por compartir algo más de lo que habitualmente compartíamos, ya así fue surgiendo la idea de que el sexo no tiene por qué ser comprometido, que lo podés disfrutar por lo que es: sexo. Ella escuchaba atentamente y de vez en cuando asentía con la cabeza como aprobando lo que yo decía. De repente hice una pausa para medir su situación, y ella aprovechó el silencio y me preguntó:
- ¿Te acostarías conmigo?
Realmente la pregunta me sorprendió, la sinceridad, lo directo de la misma..., yo no sabía qué responder, en una fracción de segundo analicé las posibles consecuencias a mis posibles repuestas, y me decidí por una que en realidad no decía ni si ni no.
- Mirá - comencé diciendo - hacer el amor es algo físicamente espléndido, pero generalmente y sobre todo en las mujeres va acompañado de una carga emotiva muy fuerte, a mí no me gustaría generar ningún tipo de problemas entre vos y yo, como así tampoco dentro tuyo. En cuanto a si me acostaría con vos creo que si no te conociera de antes, o si no conocieras a mi mujer, no lo dudaría ni un minuto...
Silencio.
- Y vos, ¿te acostarías conmigo? - concluí -
- Sí, por qué no - dijo simplemente -
- Por qué no... - repetí -
En ese momento nos miramos a los ojos, reconociendo en los del otro el mismo deseo que cada uno sentía, era una mirada, seductora, sensual y sexual, lujuriosa, casi lasciva. En un instante me imaginé con ella, su sexo sobre el mío, subiendo y bajando, explotando... Creo que ella pensó lo mismo porque me tomó de la mano como para guiarme a la habitación, a lo que yo la interrumpí:
- ¡Pará!, ¡¡¡así a lo bruto no!!!, nos hagamos unos mimos primero...
Con lo cual y sin haberle soltado la mano, la guié hasta que estuvo sentada en mi falda de frente hacia mí, entonces comencé acariciándole la cara, el cuello, la cabeza, ella mientras fue acercando su rostro al mío y comenzamos anticipadamente a sentir el calor de uno y otro confundirse en lo que sería un beso, un beso húmedo y caliente, lleno de exploraciones de los labios del otro, con lenguas tímidas que pugnaban por conocerse, y lentamente se fueron presentando, entrando una en la cavidad de la otra, acariciando, sintiendo, jugando, sorbiendo... El beso fue terrible, erótico, estimulante, los ruidos que producían nuestras lenguas en la boca del otro eran algo gracioso, pugnaban por salir de su alojamiento en busca de las profundidades aún desconocidas. Luego de esta exploración las lenguas comenzaron una danza de succión y penetración de las bocas, en un momento fue estupendo, ¡nos estábamos cogiendo las bocas!, al mismo tiempo las manos comenzaron a actuar y empezaron a acariciar espaldas, brazos piernas, ella comenzó a desprenderme la camisa y a pasarme sus manos por mis tetillas (cosa que me calentó sobremanera) mientras yo sentía el calor que a través de su pantalón llegaba hasta mi miembro en cada movimiento que ella hacía como para acercarse más hasta mí, imitando la danza del amor. La situación estaba que ardía, cuando de pronto pasé una mano por detrás acaricié su cola y comencé a acercarme hasta su concha, comencé a sentir su calor y su humedad, ¡estaba empapada!, realmente había manchado su pantalón!, esto me excitó aún más (si esto era posible) y mi verga pugnaba por salir, me dolía y sentía por primera vez que me iba a venir sin necesidad de coito, o manoseo..., entonces le dije:
- ¡¡¡Sacámela y chupala!!!
Ella obedeció rápidamente y desabrochó mi pantalón, bajó mi calzoncillo y se lo engulló de golpe.
No recuerdo bien si fueron dos ó tres chupaditas las que hizo y me corrí como pocas veces, pensando el noble destino de mi leche la corrida se hizo más cuantiosa aún. Pero ella quitó mi miembro de su boca, escupiendo y haciendo arcadas, al mismo tiempo que finalizó su trabajo con la mano, dejando rastros de mi placer en ella. Tardé unos instantes en volver a la tierra, justo cuando ella me empezaba a decir:
- ¡¡¡Hijo de puta, me hubieras avisado!!!
- ¿Qué, no te gusta el sabor del semen? - dije incrédulo -
- ¡¡¡No, me da asco!!! - afirmó terminantemente -
- Ya te va a gustar! - le dije muy convencido -
- Y ¿yo ahora? - dijo Claudia, preguntando por su calentura insatisfecha y desconfiando que pudiera satisfacerla -
- ¡¡¡Vení que te voy a dar para los chicles!!! - me agrandé -
Y dicho esto fuimos para la cama. Una vez allí comenzamos nuevamente con las caricias y lentamente le fui sacando las primeras prendas, mientras me proponía hacerla sufrir de deseo hasta el punto de reventar. La dejé en ropa interior (no usa corpiño) y la acomodé boca arriba en la cama, me coloqué desnudo ya a su lado y comencé a pasarle las manos por todo su cuerpo. Ella temblaba a cada contacto. Su respiración se hacía cada vez más profunda. Sus bombachas estaban todas mojadas, incluso se notaba cómo su flujo se dejaba llevar por la raya de su cola para terminar, desperdiciándose en las sábanas, el olor de su sexo en la habitación era realmente algo embriagante, que llamaba a la lujuria. A esta altura yo ya la tenía como un garrote de nuevo, pero sin la urgencia de la primera vez, entonces me propuse disfrutar tanto ella como yo al máximo del momento. Seguía con mis caricias mientras ella pugnaba por tomar mi verga y manosearla un rato, cosa que yo permitía por momentos cortos. Comencé a utilizar mi boca y mi lengua en las caricias, primero fueron sus labios, su cara, el cuello, sector que la estimuló mucho, luego fueron sus orejas, que fue allí donde encontré uno se sus infinitos "puntos débiles", mis dientes jugaron con el lóbulo, para luego demarcar todos los contornos con la lengua, eso puso a mil a Claudia, que desesperada me pedía que la penetrara. Yo seguía con el juego y ni me acercaba a su concha, seguí por su cuello con leves mordiscones, cada vez que lo hacía Claudia se retorcía de placer, continué con su pecho, mientras ella se retorcía los pezones, cuando ella creía que yo le iba a besar sus tetas desvié el rumbo y me dirigí a sus brazos, pasé por sus axilas (limpias) y me instalé unos minutos en ellas, mi lengua paseaba por esa delicada zona y mis manos jugaban en su vientre y su boca, ella chupaba los dedos, primero de a uno, y luego por la calentura se metía los cuatro en su boca, que luego yo paseaba mojados, por su pancita. Claudia realmente a esta altura me gritaba que la cogiera. Yo le dije que primero tenía que investigar todo su cuerpo. Con lo cual me dirigí lentamente a sus pechos. Cuando llegué a la proximidad de sus pequeñas tetas los pulmones no le alcanzaban para tomar todo el aire que necesitaba y gemía desesperada me mantuve un rato jugando por allí y ella comenzó a masturbarse lo cual yo le impedí cambiándome de posición, tan grande era su calentura que un rastro de saliva le caía de la comisura de sus labios sin que ella se percatase de ello. Entonces decidí que era el momento de hacerle experimentar un poco de placer, comencé a besarle las tetas sin llegar a los pezones y con esto creí que llegaría a un orgasmo, entonces tomé con mi boca uno de los pezones duros como piedra y lo metí hasta el fondo de mi garganta, mientras que con una mano le retorcía suavemente el otro. En ese momento Claudia comenzó a gritar, y yo entendí que era el primer orgasmo de la noche, cuando sus gritos fueron amainando, le mordí el pezón suavemente pero al ver que le gustaba y me oprimía la cabeza contra su teta se lo mordí más fuerte a lo que ella me dijo entre espasmos de placer:
- ¡¡¡Mordeme, culiado, hacelo bosta, hijo de puta!!!
- ¿Te gusta, putita mía?
- Sí, sí, dale, más fuerte...., ¡¡¡que me voy.... ah, ah, aaaahhhhhh!!!
Y la muy guacha acabó nuevamente, sólo chupándole la teta. Entonces decidí darme a mí mismo un poco de placer y comencé a bajar con mi boca por su vientre, ella no había terminado de correrse por segunda vez y yo notaba como su piel se ponía "de gallina". Acerqué una de mis manos a su bombacha y recién volví a mirar hacia ese exquisito lugar que tiene y cual no fue mi sorpresa cuando me encontré con una bombacha realmente empapada. Pero entiéndase bien: empapada. Creo que si en ese momento se la estrujaba caían chorros de flujo de ella, la cama estaba mojada en un área de por lo menos un metro a su alrededor. ¡Qué calentura! - pensé -. Y con una mano pasé por encima de esa tela mojada sintiendo cómo le iba a sobrevenir el tercer orgasmo y le dije:
- ¡¡¡Querés más, te gusta, viciosa!!!
- ¡¡¡Sí, dame todo, animal hijo de puta!!!
Así que de un tirón le bajé las bombachas y por primera vez pude apreciar su concha. Era gordita, con pocos pelitos castaños claros, brillaba por la gran cantidad de flujo que, pude apreciar seguía manando, y contrariamente a lo que alguno pueda pensar su olor era muy agradable, dulzón y embriagante. Puse una mano sobre esta belleza de la naturaleza y comencé a frotarla suavemente encontrando enseguida el clítoris que debía medir como la punta de mi dedo meñique lo froté y ella comenzó a buscar con sus caderas mi mano que lo aprisionó, lo estrujó y lo apretó hasta que en medio de alaridos explotó nuevamente en un tercer e increíble orgasmo que al menos le duró 5 minutos en pasarse. Nunca había imaginado que una mujer se pudiera correr de esa forma y tres veces seguidas, creí que se iba a desmayar, en realidad no sabía, todavía, de lo que era capaz Claudia.
Decidí dejarla descansar un momento, así que me tiré al lado de ella en la cama mientras Claudia trataba de regularizar su respiración. Estaba aún con los ojos cerrados cuando me dijo:
- ¡¡¡Mi amor, qué cogida!!!
- Querida - comencé diciendo - todavía no hemos cogido... Espero que no estés cansada, porque sino me vas a defraudar, vos que sos tan come hombres.
- ¡Ah! sí, ¿querés ver lo que te puedo hacer? - me dijo mientras se abalanzaba encima mío.
- Mmmm... - alcancé a exclamar cuando su concha entró en contacto con mi falo.
Comenzó a refregar su húmeda concha por mi pito desde la base hasta la punta sin que éste penetrara y gracias a su impresionante cantidad de flujo me parecía que estaba adentro. Mientras tanto había comenzado a succionar mis tetillas y eso me encendió del todo, su lengua recorría cada centímetro de mi torso con una habilidad terrible, de pronto la posición ya no le alcanzaba para seguir bajando y se levantó de encima mío muy a mi pesar, pero comenzó besándome el ombligo y jugando allí con mi lengua, de ahí bajó, bajó y bajó más hasta tener la punta del glande rozando sus labios, estaba hinchado y morado de la terrible excitación que tenía, además sus jugos aún chorreaban de él, y así sin más se lo tragó hasta el fondo. Era notorio como disfrutaba sus propios sabores lo lamía con creciente desesperación, yo comencé a sentir el cosquilleo típico previo a la eyaculación, pero comencé a concentrarme en que esta vez no tenía que volcar tan rápido, ella pareció darse cuenta de esto y dejando momentáneamente mi pito me dijo:
- No vas a querer volcarme en la boca de nuevo, ¿no?
- Y si chupas tan bien... alcancé a decir -
Dicho lo cual comenzó a besarme la ingle y a pasar su lengua por ahí, bajando hasta los huevos, los lamió los besó, se metía uno en la boca para dedicarse luego al otro, esta tortura de placer duró unos pocos minutos pues comenzó a acercarse peligrosamente al orificio de mi culo, y esto me produjo un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo. Cuando llegó al culo se detuvo, yo con las piernas abiertas y semi levantadas para facilitarle la tarea me vi de repente como una puta esperando que le dieran sin asco, ella simplemente se dedicó a apreciar la belleza del orificio que sólo más tarde aprendería yo a admirar. Y bajó su cara enterrándose como un misil en su objetivo, primero lo besó, lo chupó, para luego pasar sobre él su lengua, yo sentía las contracciones del esfínter cómo cada vez se hacían más seguidas, anunciando el placer que era capaz de proporcionarme de esa manera, Claudia se dio cuenta de eso porque tomó mi pija con una mano, con la otra se ayudaba para poder chupar y con su lengua trataba de taladrar el virginal sitio. Su lengua comenzó a entrar en mi culo, yo desfallecía de placer tenía una lengua que parecía llegar hasta muy adentro, su mano subía y bajaba sobre mi caño al ritmo de su lengua, cuando ya me tuvo al borde , bajó la mano hasta su concha y se hurgó un rato metiéndose varios dedos para volver a acariciar mi miembro, pero esta vez más lubricado, esta vez parecía que me estaba cogiendo un culo, pues ella apretaba fuertemente mi pinchila y siguió con su lengua, hasta que en un momento le dije:
- ¡¡¡Dale más que me voy!!!
Aceleró su lengua y su mano y de repente estrelló su cara en mi culo, yo involuntariamente lo abrí como cagándome y un chorro enorme de esperma cayó sobre su cabeza , otro sobre su mano y el tercero sobre su cara que había dispuesto a tal fin.
La corrida fue tal, que quedé exhausto, tirado sobre la cama, entonces le pregunté:
Y, ahora ¿te gustó el semen?
- Sí, me calentó mucho - respondió al tiempo que comenzó a manosear mi pija nuevamente.
Pará - le dije - ya es muy tarde y además fueron 3 corridas espectaculares... ¡¡¡no te creas que soy un semental!!!
Bueno, está bien... - dijo resignada -
Vamos a lavarnos - le propuse -
Y así nos pegamos una ducha enjabonándonos mutuamente, lo que sirvió para que ella se calentara de nuevo y me pidiera uno más, a lo que yo le dije que estaba de acuerdo con una condición...
¿Cuál? - preguntó ella sospechando algo -
Quiero hacerte la cola - le dije muy serio -
¡¡¡No, eso duele!!! - dijo no demasiado convencida -
Yo sé una manera para que no duela...
Si me prometes que no duele, sí - aflojó -
Y dicho esto comencé a calentarla con las caricias bajo el agua. Cuando consideré que estaba bien calentita de nuevo le dije:
Hay algo más...
...
Quiero que te tragues la leche.
¡Ese no era el trato, culiado! - me dijo -
Esta es tu oportunidad, ya que será poca la guasca y suave su sabor...
Comencé a acariciarla suavemente como para que se decida, y al cabo de un ratito le dije:
¿Y?
Dale, no pares - murmuró -
Inmediatamente me puse detrás de ella y apunté a su culito. Puse un poco de jabón en la punta de mi miembro como para facilitar la cosa y comencé a empujar. Resultó un poco difícil pues la poronga no estaba bien dura después de los 3 polvazos, pero al final comenzó a enterrarse de a poco en medio de gemidos mezcla de placer y dolor. Gracias al jabón la pija entró sin dolor, y como no estaba en su máxima dureza tampoco esto le molestó demasiado como para que rehusara el trato que le estaba dando. Con el paso de las embestidas, suaves al principio para ir incrementándose luego, la pija comenzó a endurecerse por lo cual ella exclamó:
¡¡¡Me está doliendo!!!
Es un ratito no más, hasta que te acostumbres - repliqué yo.
Al cabo de un rato que lo hice suavemente su expresión de dolor cambió drásticamente y su respiración comenzó a hacerse entrecortada y agitada, indicándome que le estaba gustando. En unas cuantas cogidas más ya su respiración se transformó en gemidos, que incrementaban su intensidad. Ahí comencé a calentarme mucho sintiendo que en cualquier momento me venía, así que comencé a decir las cosas que siempre me gustan decir cuando disfruto de un buen polvo:
Y, ¿ahora te gusta, putita mía?
Mmmm... sí, sí... dale, daleee.... - alcanzó a gemir-
¿Qué se siente, que te rompan el culo ah?
¡Haceme bosta, ah, ah, ahhhhhhhhhh! Gritó mientras alcanzaba otro orgasmo que me pareció el más fuerte.
Cuando vi que estaba llegando, no pude más y le dije:
¡¡¡Ahora chupámela!!!
Dicho lo cual, giró sobre sí misma y saliéndose del ensarte se agachó tomó la pija en sus manos y comenzó a frotarla con el agua que caía de la ducha como haciéndome una paja. Comenzó a caer agua marrón mezcla de ese agua y los restos de mierda que había todavía en mi pija...
¿Qué hacés? ¡¡¡Chupala!!! - exigí.
¡¡¡Está llena de mierda!!! - reclamó.
Mejor, sentila es tuya, ¡¡¡dale mi vida!!! - yo no aguantaba más.
Y de un bocado se engulló ese pedazo de carne mezclado con su propio excremento. Y chupó con fruición, como desesperada, sentía cómo bajaba por el tronco hasta hacer tope con mis huevos, para ir subiendo lentamente al tiempo que ejercía una succión terrible, maravillosa, como nunca antes me habían chupado. De repente sentí que me venía y le dije:
¡¡¡Dejame ver cómo te cae la leche en tu boca!!!
Sacó la pija de la boca y comenzó a menearla furiosamente, yo sentía las cosquillas del orgasmo, pero me aguantaba como juntando hasta la última gota. Cuando no aguanté más dejé escapar la leche con una fuerza increíble para ser el cuarto polvo del día, leche que se desparramó en una lengua ávida de semen, que juntó absolutamente todo, lo degustó, me lo dejó ver en su boca y luego mirándome a los ojos desde allá abajo comenzó a tragar de a poco, disfrutando el manjar.
Realmente no podía ni caminar, las piernas me temblaban y sentía unos enormes deseos de acostarme a dormir donde sea. Junté fuerzas, me vestí y le hice entender a Claudia que tenía que irme, que todo tiene un límite, que no podía ni siquiera pensar en sexo.
Este fue el primer encuentro con Claudia, yo sabía camino a casa que no sería el último, pero realmente nunca hubiera podido imaginar lo que vendría...
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