Por la ley y el orden.
Hetero, polvazo, orgía-todos contra una. Una mujer policía debe atravesar situaciones muy complejas en el cumplimiento de su deber, y algunas requieren su total entrega, a la resolución del caso y al placer con sus compañeros.
Sí creo que eso fue lo primero que me llevó a ser mujer policía, en mi familia no fue bien vista por esa decisión mía pero finalmente la aceptaron, el que más bronca armó fue mi novio y actual ex-marido, pero al igual que el resto terminó por entender que esa era mi vocación.
El tiempo que dediqué a mis estudios dentro de la academia lo aproveché obteniendo muy buenas calificaciones en las distintas disciplinas, finalmente me convertí en oficial del orden público, durante algún tiempo mi trabajo era casi rutinario, en ocasiones hacía de retén, en otras me asignaban la vigilancia de una escuela y cosas así por el estilo, hasta que cierto día me reclutaron para un trabajo especial de vigilancia. Durante el mismo yo personalmente llevé acabo un arresto de suma importancia, al detener por la fuerza a un sospechoso que se estaba dando a la huida, y ya había tirado al piso a tres de mis compañeros. Desde ese momento se puede decir que cambié, me torné más y más violenta al punto que mis compañeros de la fuerza me apodaban la macha, no perdía tiempo en pedir explicaciones le soltaba un golpe al más pintado de los sospechosos y si tenía que ponerme al puño con cualquiera lo hacía, hasta que me dieron una puñalada por las costillas. Eso me llevó a recapacitar que me estaba excediendo en mis funciones y tanto mis compañeros de armas como mi familia estaban resintiéndose.
Por lo que al recuperarme solicité cambio a una unidad más tranquila, durante un tiempo regresé a funciones administrativas, quedé embarazada, me casé, di a luz una hermosa niña y continué trabajando en el área administrativa. Pero esa idea de aplicar la justicia diariamente rondaba mi cabeza, y finalmente pedí cambio a investigaciones criminales, y esa fue mi perdición, digámoslo así. El primer caso que me asignaron, el sargento de turno me indico que me habían escogido no porque fuera una excelente policía, no me escogieron por ser la que mejor cuerpo tenía, ah, se me olvidaba decirles que mido un metro ochenta que para ser mujer soy extremadamente alta, siempre he cuidado de mi cuerpo haciendo ejercicios y tanto mis senos como mis caderas están muy bien proporcionados, eso sin contar con mi larga y abundante cabellera castaña. Bien por dicha razón me asignan investigar la muerte de una prostituta, tras realizar las investigaciones de rigor me di cuenta que las damas de la vida alegre, que no es nada de alegre realmente, no confían en ningún policía aunque ésta como era mi caso usase faldas, por lo que solicité permiso para trabajar de encubierta. A mi esposo sólo le mencioné que me habían cambiado el turno, por lo que estaría haciendo guardias de noche. Luego de vestirme adecuadamente, me puse de acuerdo con varios camaradas para que se hicieran pasar por clientes míos, uno de ellos hasta se presentó una noche con su esposa dentro del auto porque ella no le creía, hasta que me vio y reconoció. En pocos días me hice de fama entre las chicas de ser toda una profesional, lo principal era que yo no atacaba a sus clientes, y por ello me gané su confianza, al punto que al preguntar por la occisa rápidamente me contaron a manera de chisme que su ex-marido había salido de prisión y al encontrarla en la calle puteando la atravesó como a un bacalao.
Con esos datos se buscó e identificó al criminal, por lo que rápidamente terminé ese papel, el tipo salió culpable de homicidio en primer grado y todavía se debe encontrar tras las rejas, espero yo. Pensaba volver a mis funciones normales cuando se me contactó para que hiciera otro trabajo especial, lo que significaba un futuro ascenso por lo que acepté. Debía ser la dama de compañía de otro agente encubierto para darle respaldo y veracidad a su papel, él había estado en la academia junto a mí, alto de buen porte, simpático y sumamente caballeroso. Los dos nos presentamos a un club donde se sospechaba que se traficaba con drogas, pero eran muy reservados, por lo que a mí me tocó hacer el papel de adicta, o sea supuestamente me emborrachaba y cometía algunas indiscreciones con el fin de que se fijasen en nosotros, con lo que yo no contaba era que debía besar y dejarme manosear por mi compañero, frente a los sospechosos. La primera vez fui algo reservada en cuanto a eso, y Julio cortésmente me aconsejó que mejor era que renunciara, ya que lo de esa noche sólo había sido una pequeña muestra de lo que nos esperaba. Estuve a punto de hacerle caso pero el deseo que tenía de lograr un ascenso era mayor a mi sentido común, por lo que escuché su consejo pero le manifesté mi intención de finalizar con ese caso costase lo que costase y si para ello debía hacer cualquier cosa la haría.
A la segunda noche se repitieron los besos y manoseos indiscretos, yo estando más consciente de la situación fui más exagerada, había ido vestida con una falda extremadamente corta y una blusa que dejaba muy poco a la imaginación, me sentaba de manera completamente descuidada, a tal grado que los meseros prácticamente no se movían por estar pendientes a mis piernas, pero algo con lo que yo no contaba era el efecto que me hacían los besos y abrazos de Julio en mi cuerpo y mi mente, al terminar me encontraba deseosa de regresar a la casa para acostarme con mi marido, pero para esos momentos a mi hija le dio sarampión y a él nunca le había dado cuando niño, por lo que mis deseos sexuales se vieron frustrados parcialmente esa madrugada, como él no me pudo resolver por lo enfermo que se encontraba, decidí meterme a la ducha pero mientras me enjabonaba me acordé de los besos que me había dado Julio y bajo la ducha comencé a pasar mis dedos por sobre mi vulva y en particular sobre mi clítoris, me imaginaba a Julio manteniendo una tórrida relación sexual conmigo hasta que logré un orgasmo de autosatisfacción.
Al día siguiente mi esposo debí hospitalizarlo ya que se había deshidratado, mi hija la dejé bajo el cuido de mi madre y nuevamente me reuní con Julio para continuar con muestro trabajo, mientras que me encontraba con él en la barra del club me sirvieron algo que se llama sexo en la playa, en las anteriores ocasiones habíamos estado en una mesa por lo que con facilidad me podía deshacer de la bebida, pero al estar en la barra no me quedó más remedio que bebérmela, no la había terminado cuando me sirvieron algo llamado orgasmo, bien dulce y delicioso por cierto, mientras que Julio se limitó a beber cerveza holandesa, los besos abrazos y agarres de él hacía mí continuaban y nuevamente comencé a sentir un enorme deseo de acostarme con mi marido, pero el pobre estaba hospitalizado. Yo en ocasiones me dejaba subir la falda por Julio para que vieran mis muslos, y en otras le colocaba mi mano entre la entrepierna de su pantalón, y es una de esas agarradas que le di sentí con mi mano su miembro completamente duro, en tono de broma comencé hacerle preguntas de doble sentido como "que si el cañon de su arma de reglamento era de seis o de ocho pulgadas"o "si era una 22 o una 45", al principio Julio trató de ser muy profesional, pero yo me había soltado el moño como dicen y no le sacaba la mano de su entrepierna, fue cuando uno de los sospechosos se nos acercó invitándonos a que hiciéramos uso de uno de los reservados.
Tanto Julio como yo habíamos esperado alguna señal de que estábamos ganando su confianza y esa indudablemente lo era, nos suponíamos que al estar en el reservado seríamos vigilados ya fuera por los meseros o por algún sistema de cámaras ocultas de video, por lo que continuamos nuestro teatro. Lo que como les dije yo no contaba era el efecto que dichos besos y abrazos estaban haciendo en mi persona, y con el agravante de estar bebiendo. Mi vagina se encontraba toda húmeda tanto por dentro como ya por fuera, apenas Julio me colocó una de sus manos sobre mi nuca me entregué, él continuaba besándome con fuerza, su lengua jugaba con la mía dentro de mi boca, en cierto momento pensé en lo que estaba haciendo y de inmediato me respondí que lo hacía por el servicio. Las manos de Julio ya no se contentaban con acariciarme por sobre la tela de mi ropa, sino que descaradamente había metido una de sus manos por debajo de mi corta falda, en cierto momento puse algo de resistencia pero al levantar la mirada vi la figura de uno de los sospechosos que nos ligaba desde la puerta del reservado, por lo que dejé que Julio continuase.
Esos dedos me estaban haciendo pasar un sabroso momento, al acariciarme de manera concienzuda mi pepa, por unos segundos pensé en mi marido y su condición para esos momentos, y sin darle mucha vuelta a la cabeza terminé por abrir mis piernas al tiempo que le bajaba la cremallera al pantalón de Julio, su verga se veía inmensa, más grande larga y gorda que la de mi pobre maridito enfermo, sobre el sofá de color rojo en que estábamos sentados sin decirnos mucho Julio comenzó a penetrarme con su miembro, mi vagina se encontraba extremadamente húmeda y lubricada a tal grado que mis pantaletas se encontraban bien mojadas por dentro.
El pene de Julio se deslizó por completo sin dificultad alguna dentro de mi coño, en esos momentos me entregué por completo al placer, ya no pensaba ni en mi marido ni en el servicio que estaba prestando a la policía en esos momentos sólo quería disfrutar de ese machazo que estaba acompañándome en el reservado su cuerpo y el mío se movían a un sólo tiempo el ruido que hacía su verga entrando y saliendo de mi vulva me tenía extasiada, Julio es todo un amante contrario a mi pobre marido que se viene en las primeras de cambio, Julio me hizo disfrutar del sexo como jamás lo había hecho en mi vida. Yo daba gemidos y gritos de alegría mis uñas se clavaron en su espalda mientras que él continuaba con el mete y saca finalmente se vino dentro de mí, y ambos quedamos molidos pero sumamente satisfechos.
Estaba ya subiendo mis pantaletas cuando entró al reservado el sospechoso sin tocar si quiera la puerta y queriéndome comer con los ojos, mi labor había concluido, Julio había sido invitado a una reunión mientras que yo me aseaba ligeramente en el baño, al regresar al reservado él se encontraba su rostro emanaba una gran satisfacción había logrado que un supuesto arreglo de drogas se diera, entre él y el sospechoso, de regresó a mi casa tanto Julio como yo guardamos silencio, pero finalmente me comentó que fuéramos profesionales y que tomásemos eso como gajes del oficio, y esas eran las mismas palabras que yo estaba buscando como decírselas, pero al despedirnos lo hicimos con un fogoso beso de lengua. El colmo de todo es que todo el trabajo que habíamos realizado fue en vano ya que los supuestos sospechosos en realidad eran una comisión de investigaciones especiales, que debido de lo secreto de su investigación nadie en la policía con excepción del Director de Operaciones Especiales estaba al tanto, cuando dicho Director recibió nuestro informe, solicitud de fondos y personal para realizar una redada, se vino todo abajo.
Luego que Julio me informó lo sucedido con esa investigación, él y yo nos convertimos en amantes. Durante unas cuantas semanas nos la pasábamos como si fuéramos unos recién casados, la diferencia era que nos encontrábamos en un viejo motel de carretera, y entre besos y abrazos terminábamos manteniendo unas tórridas relaciones sexuales, hasta que como a la tercera semana lo observé muy molesto triste y hasta deprimido, al preguntarle qué le sucedía al principio se negó decirme que era lo que lo tenía en dichas condiciones, pero tras insistir me contó. Los dos tipos que nos habían visto haciendo el amor en el reservado del bar, eran agentes especiales y se le habían acercado para hacerle una proposición indecorosa según me estaba diciendo en esos momentos Julio, es más hasta ese día yo desconocía que él era casado y tenía dos hijos pequeños, pero al Julio decirme que se aguantó las ganas de entrarle a tiros a esos dos por estar pensando en sus hijos y en mí, ya estaba yo preocupada, y le pedí que continuase.
Los dos tipos le estaban ordenando que me él me pusiera a mí a la disposición de ellos o llevarían el caso a nuestros superiores, fue cuando me dijo que si fuera por el los mandaba al carajo, pero que sentía que su forma de actuar era completamente egoísta al no contar con mi aprobación, ya que él podía muy bien dedicarse a ser detective privado o agente de seguridad de alguna empresa, pero yo estaba casada y él no se atrevía a tomar esa decisión por mí. Lo discutimos largamente y decidí sacrificarme por él y mi familia, por lo que decidí ponerme en contacto con los susodichos agentes especiales, para ver qué era lo que ellos deseaban.
En pocas palabras su interés era el tenerme a su entera disposición, claro que dicho de manera muy fina y profesional, yo traté por todos los medios de zafarme de esa pareja pero fue en vano, al mostrarme una fotos nuestras en el bar y el reservado comprendí que estaba perdida. Claramente se podía observar que yo le agarraba la pinga por sobre la tela del pantalón en la barra a Julio, mientras que en el reservado él me tenía clavada bien a fondo. La primera orden de ellos fue que me presentase al Director y solicitase cambio a esa unidad especial, lo cual hice. Ya integrada al grupo fui presentada por ellos dos, como el arma secreta para lograr el arresto y convicción de un supuesto empresario, que en realidad era un vil traficante de drogas y tratante de blancas entre otras muchas cosas. Siguiendo el mismo patrón del caso anterior nos introdujimos en un Club Social el cual servía de pantalla para sus negocios turbios, contrario a la vez anterior ellos rápidamente sin vergüenza alguna me comenzaron a toquetear todo mi cuerpo delante de todos los presentes, previamente me habían advertido que eso pasaría por lo que pensaba que mentalmente estaba preparada, pero la realidad era que él solo acto de sentir sus manos rozando mis medias me hacía temblar sudé frío, sin escrúpulo alguno me manoseaban las tetas ante la vista de las demás personas, que de seguro pensaban que yo era una puta barata que acompañaba a ese par de piltrafas, esa misma noche terminé en una habitación de un motel con uno de ellos borracha como una perra y haciendo cosas que jamás había ni soñado en hacer en mi sano juicio.
Al salir del Club Social el Sargento Rivera, se sentó en la parte posterior del auto junto a mí, aunque estaba pasada de tragos sabía muy bien lo que estaba haciendo y lo que estaba sucediendo, durante el trayecto mientras charlaba con el otro agente sin pena alguna metió su mano derecha entre mis piernas, luego del teatro del bar en el que me hicieron beber de casi todos los licores habidos y por haber, Rivera que era el de mayor rango le ordenó al subalterno que nos llevase a un motel disque para planificar él la próxima salida, al llegar sólo nos bajamos él y yo el otro se quedó en el auto, al entrar a la habitación me encontraba bien cachonda y decidida a disfrutar el rato por lo que antes que él dijese algo me desnudé por completo frente a él, sabía que eso lo excitaría enormemente, rápidamente me llevó a la cama y comenzó acariciar mi cuerpo al tiempo que me comenzó a decir repetidas veces lo bueno que tenía mi culo, sus dedos continuaron explorando mi raja y en cierto momento me comenzó a llamar Tajo Largo, al preguntarle la razón de ese apodo me dijo que mi coño era uno de los más largos y húmedos que había tenido entre sus manos, en el fondo eso me agradó sé que no es nada elegante ni de buen gusto pero me agradó que me diera ese nombre de batalla o clave, que sería mío desde ese día hasta los actuales momentos.
Durante todo el tiempo él permaneció con la ropa puesta y yo desnuda como cuando vine al mundo, Rivera continuaba alabando mis posaderas y sus dedos al tiempo que los de su mano derecha se encontraban hurgando mi vulva, la mano izquierda la fue deslizando hacía mis nalgas, al principio se contentó con acariciarlas pero "suavemente" como dice la canción de ese merenguero Boricua Elvin Crespo. Rivera continuó introduciendo sus gruesos dedos dentro de mi culito, de lo caliente que yo me encontraba y sus continuas alusiones sobre lo sabroso de mi culo, se me zafó el retarlo a que me lo besase, yo jamás pensé que él se atrevería hacer semejante cosa, y en menos de lo que yo me daba cuenta me levantó y separó las piernas metiendo su lengua directamente entre mis nalgas, no sé si fue lo brusco de sus movimientos o esa sensación tan sabrosa que sentí en ese momento pero cualquier resistencia que yo pudiera haber puesto a ser penetrada por el culo se fue al carajo. Su lengua estuvo un buen rato haciendo un excelente trabajo mientras que sus dedos me los enterraba literalmente dentro de mi vagina toda mojada.
En cierto momento sacó la cara de dentro de mis nalgas se incorporó sobre sus rodillas, algo ansioso o apurado sacó su erecta verga que aunque era más pequeña que la de Julio, por mucho le ganaba a la de mi maridito. Me levantó las piernas colocándolas sobre sus hombros y atrayendo mi cuerpo al de él comenzó a pasar la roja y dura cabeza que no piensa por entre mis nalgas, sobre mi esfínter comencé a sentir esa cosa mientras que Rivera me continuaba diciendo lo lindo y sabroso que yo tenía el culo, comenzó a metérmela por mi hueco y el dolor no se hizo esperar creo que hasta lloré y le pedí que me lo sacase, pero mi sargento continuó introduciéndome su gran pedazo de carne entre mis nalgas, hasta que llegó el punto que nuestros cuerpo se unieron, digo sus testículos entraron en contacto directo contra mi culo. Por un breve momento se afincó más sobre mi cuerpo y luego de la misma forma que lo fue metiendo lo fue sacando, pero sin llegar hacerlo totalmente, nuevamente comenzó a meterme su verga dentro de mi culo, el dolor aún continuaba pero había bajado en intensidad cuando nuevamente me la comenzó a meter de nuevo hasta el fondo. Rivera no se cansaba de decir lo sabroso que estaba mi apretado culito, pero ya cuando por tercera vez me comenzó a penetrar el dolor inicial se había reducido y comencé a disfrutar plenamente de esa diferente manera de que le hicieran el amor a una.
El placer que sentía era tremendo jamás ni mi marido ni ningún otro hombre me había dado por el culo, y por lo visto Rivera era un maestro en esa manera de follar tan especial, sus manos me agarraban con fuerza por las caderas mientras que su verga me la introducía una y otra vez sabrosamente por el culo, sin contar que de cuando en cuando me apretaba sabrosamente las tetas y casi antes de llegar a venirse comenzó a meter su mano derecha por completo dentro de mi mojada vulva, con lo que llegué a alcanzar un orgasmo como no lo había sentido antes, finalmente se vino dentro de mí fue cuando comentó "esta es la manera más segura de evitar que quedes embarazada" lo que realmente me pareció bien lógico. Al él pararse de la cama yo quedé vuelta un desastre, no es que nunca hubiera follado, la cosa era como me había cogido, yo quedé bien agotada y algo dolorida pero bien satisfecha en esos momentos pensaba que jamás solicitaría cambio de unidad.
Mientras Rivera había salido de la habitación y entró el Negro, no es que fuera de ese color el otro compañero se lo decían así creo que por cariño, al parecer era el único moreno en su casa, o por lo menos eso creo que fue lo que me dijo cuando se lo pregunté en otra ocasión. El Negro se paró al lado de la cama al principio, contrario a Rivera me comenzó a decir cosas lindas sobre el resto de mi cuerpo, al parecer Rivera sólo tenía ojos para mi culo esa noche. Me comparó con el cuerpo de una estatua que le faltan los brazos, y a medida que me decía cosas lindas sobre mi cabello, que de paso estaba hecho un desastre, sus manos me comenzaron a dar un masaje por mi espalda, me sentí como en la gloria, él tomó asiento a mi lado y cuando levanté la vista su miembro se encontraba fuera del pantalón, y podrán ustedes creerme que también por mucho era más grande que el de mi maridito, pues créanlo por favor. Sus manos me continuaban acariciando mis hombros y la parte alta de mi espalda y cuello, sin detenerse al momento de decirme lo bonita que me veía que sería una excelente modelo para hacer una pintura su verga me la fue acercando a mi boca, como verán no había que ser muy inteligente para darse cuenta de sus intenciones, yo no sé si fue lo mucho que bebí esa noche o el hecho de que ya hasta me habían dado por el culo que pensé que eso de mamar sería algo nuevo que jamás tampoco había probado y sin detenerme mucho a pensarlo tomé con mis dedos su pene y comencé a masturbarlo cosa que jamás había hecho a nadie ni a mi marido.
De la boca del Negro salieron unos ruidos o gemidos de placer, y cuando lentamente comencé a pasar mi lengua por sobre su cabezota, estos gemidos se convirtieron en gritos de placer, a medida que se lo estaba lamiendo más y más adentro de mi boca entraba su caliente y dura verga, él dejó caer su cuerpo al lado del mío y por un momento me encontré en una incomoda situación y justo cuando pensaba sacarme su miembro de mi boca sentí su respiración sobre mi vulva, eso de que me fuesen a mamar el coño también fue para mí la primera vez, sentir su cara entre mis muslos su boca contra mis labios y su lengua contra mi clítoris me volvió loca de felicidad, por lo que me concentré en la labor que estaba haciendo, mamándole su erecta verga a mi compañero, jamás en una sola noche había disfrutado tanto, en cierto momento hasta me reí de mí al pensar negarme a sus caprichos. El Negro se vino dentro de mi boca y yo se la chupé hasta la última gota completamente, al tiempo que una oleada de placer recorría mi cuerpo por el orgasmo alcanzado. En la madrugada me ayudaron a vomitar y darme una ducha para poder ir a mi casa, al llegar mi esposo me preguntó cómo había estado la guardia y yo le comenté que como de costumbre, nada especial si él hubiera sabido el pobre esa noche lo volví a convertir en venado.
Durante un buen tiempo no volví a ver a Julio, lo acompañé en otro trabajo pero que no hubo las complicaciones del que ya les conté. En otra ocasión me volvieron a mandar a trabajar como mujer de la calle, y en esos momentos mi esposo había sido despedido de su empleo hacía un par de semanas, los gastos en casa eran altos, realmente mi función era de vigilancia y pero ya a la tercera noche de estar compartiendo nuevamente con mis amigas las putas, escuché hablar de un local sumamente especial, donde los clientes pagaban por medio de tarjetas de créditos, haciéndome la tonta logré la dirección pensando que tal vez se trataba de algún tipo de violación a la ley. Cuando llegué al sitió había un tipo como de unos 20 años bien joven, realmente parecía más una oficina que una casa de citas, un teléfono y una computadora, más nada, al principio me costó algo de trabajo que el muchacho me entrevistase, pero finalmente gané su confianza, sin hacer nada especial, sólo me pidió que me dejase retratar con el fin de ponerme en su pagina de Internet, eso me pareció algo raro pero acepté, ya que el maquillaje y la ropa así como la peluca pelirroja que estaba usando hacían bien difícil que alguien me identificase.
Sacó una pequeña cámara digital y me indicó que posase en una esquina al lado de un mueble, como yo quisiera hacerlo ya que eso era lo que sus clientes verían en la red, sí se tomó la molestia de enseñarme unas cuantas paginas de otras chicas, me comentó que algunas de ellas eran compañeras suyas de la Universidad, y hasta algunas profesionales como enfermeras, abogadas, maestras y hasta amas de casa, la mayoría de las fotos eso eran lo que reflejaban, por lo que yo decidí que me fotografiase como una verdadera puta callejera, al manifestárselo su rostro se iluminó de alegría, y me comentó que mucho de sus clientes lo que realmente lo que buscaban era eso una callejera profesional. Al terminar de posar me entregó un teléfono celular y me explicó cómo funcionaba el negocio, sencillamente él me contactaba por ese teléfono yo asistía a la cita prestaba mis servicios y finalmente en una cuenta de ahorros se depositaba mi ganancia quedándose él con un pequeño porcentaje.
Al día siguiente recibí la primera llamada, me tenía que dirigir a un hotel de gran prestigio, al principio dudé hacerlo pero ya las cuentas de casa se encontraban muy atrasadas, y en la policía no me iban a dar un ascenso en buen tiempo, al parecer uno de los que yo pensaba que era un sospechoso en mi primer trabajo con Julio le había contado a media comisaría cómo nos encontró a Julio y a mí en el reservado del bar, claro que tanto Julio como yo negamos eso en una investigación que posteriormente se dio, por suerte el Sargento Rivera nos apoyó en cuanto a eso y en cuanto a otras cosas por lo que es otra de las razones que siempre le estaré agradecida, pero como sea mi nombre se encontraba manchado. Por lo que sin pensarlo demasiado me presenté al hotel lo más puta posible, rápidamente una vez que me presenté en la recepción el gerente de turno encargó al botones que me llevase a la habitación a la cual me habían citado, al entrar había una pareja joven, al parecer se encontraban recién casados, no hice más que entrar y me ordenaron que me desnudase parcialmente, y así lo hice. Resulta que según comentó el novio, su novia jamás había estado con hombre alguno y quería ver primero cómo se hacía eso de tener sexo, yo sencillamente me acosté mientras que su joven esposo comenzaba a magrearme, a los pocos minutos él ya estaba en condiciones de hacer lo que debía hacer con su mujer, mientras que ella toda asombrada nos observaba, lo mejor de todo fue que en cierta ocasión visité a mi chulo cibernetico y me dio por ver las fotos de mis compañeras de profesión y me sorprendí al ver la foto de aquella novia primeriza, cuando le pregunté al chico que hacía cuánto tiempo estaba la foto de esa chica me dijo que había sido de las primeras, y algo avergonzado me comentó que era su propia hermana, como verán una aprende algo nuevo todos los días como dice mi ex-marido. Para ser la primera vez fue algo sumamente sencillo, al terminar me di una ducha y me marché, al día siguiente me sorprendió ver en mi cuenta de ahorros una cantidad de dinero que jamás pensé que me ganaría en una sola noche. Desde esos momentos me dediqué parcialmente a la practica cibernética de la prostitución, atendí a muchos y variados clientes, pero cierta noche que me dirijo a una de las direcciones que mi chulo cibernético me había suministrado, me encuentro con un hermoso joven que insiste en usar mi ropa mientras mantenemos el acto sexual, yo accedí gustosa por ser algo diferente, y siempre pensando en mi marido al momento de acostarme con mis clientes.
Cuando momentos antes de acostarme con ese tipo recibo otra llamada en mi teléfono celular de parte de mi chulo y me indicaba que el tipo ese aparentemente había medio matado a golpes a otra de las chicas hacía un mes a tras, ya nos encontrábamos en la cama cuando noto que en una de sus manos había una manopla, haciéndome la tonta como siempre, me acerqué a mi cartera tomé mi arma de reglamento y le solté un tiró entre las piernas, en cosa de minutos eso se llenó de colegas míos, yo manejé el asunto como una investigación confidencial debido a la alta cantidad de mujeres que durante ese año habían sido abusadas por el chico que le gustaba usar pantis y golpear con una manopla a las chicas. El comisionado reconoció mi labor de investigación dándome un ascenso, y como ya mi maridito se enteró de mis andanzas decidió divorciarse, he dejado ese trabajo parcialmente, ya que cuando las cosas se me ponen duras recurro a mi chulo cibernético, mientras que sigo siendo el arma secreta de la unidad a la que pertenezco.
El día de mi divorcio los chicos de la unidad me lo celebraron en grande, ya que al principio mi ex-marido quería barrer por el piso mi nombre, y eso que yo accedí a dejarle la niña, pero con todo y eso quería que el divorcio fuera por infidelidad y otras necedades, lo que me trastornaba mucho y no me hacía ningún bien en mi historial dentro del cuerpo de la policía, justo el día previo a la cita ante el tribunal para divorciarnos, por esas casualidades de la vida, arrestaron al que para esos momentos todavía era mi esposo, por infracción a la leyes de transito, y tras una larga entrevista con mis siete compañeros de unidad, él inteligentemente optó por aceptar el divorciarnos bajo la modalidad de consentimiento mutuo, por lo cual no se perjudicó mi récord dentro de la fuerza.
Bueno pero eso no era lo que les quería contar precisamente, de los que les voy hablar fue de la celebración que me hicieron esa misma noche en que nos divorciamos, Rivera y los muchachos me llevaron a celebrar a un pequeño negocio, una cervecería que se encuentra a las afuera de la ciudad en la carretera vieja, al llegar había un par de clientes y dos chicas que atendían la barra junto al dueño un tipo extranjero, en menos de lo que canta un gallo los dos parroquianos, tuvieron el sentido común de retirase, de inmediato comenzamos a beber yo en particular de lo que me dieran, lo mismo cerveza que vodka o ron, ya que tengo fama de ser buena bebedora, y lo soy. El dueño había cerrado las puertas para que no se nos molestase, dejó la maquina de música en directo, es decir que no hacía falta meterle dinero alguno para escuchar las canciones que se nos antojase. Mientras sonaba la música dos de los muchachos sacaron a bailar a las dos empleadas del bar, mientras que el resto del grupo me contaba cómo habían hecho para que mi ex-marido cambiase de opinión, cosa de las que siempre les viviré agradecida, ustedes no se pueden imaginar el daño que hubiera sufrido mi carrera dentro de la policía, ya pasada una hora todos y cada uno de mis compañeros bailaron conmigo, pero llegó un momento en que todo se quedó como medio aguado, quiero decir las dos tías aparentemente se habían cansado de bailar la conversación ya se estaba haciendo repetitiva, en fin era algo aburrida la situación.
Fue cuando a mi se me ocurrió en señal de agradecimiento hacerles pasar un buen rato a todos mis compañeros, para lo cual primero puse a tocar una canción algo seductora y de inmediato comencé a darles un show nudista, es decir me comencé a quitar la ropa como lo hacen las chicas de algunos bares, una vez que comencé llamé la atención de todos los presentes, hasta la del dueño del local. Realmente el espectáculo duró poco tiempo ya que no cargaba mucho encima, es decir la falda la blusa el sostén y la braga o pantaletas, y desde luego los zapatos, ya que la cartera no cuenta. A medida que iba bailando le pasaba mi cuerpo por frente a mis compañeros, los que siempre me han admirado, sus manos no tardaron en comenzar a tocarme, lo gracioso de eso fue que las dos tipas como que se picaron y siguieron mi ejemplo y en un momento éramos tres chicas desnudas bailando bien pegadas una con otras, yo me encontraba en el centro como el jamón del sandwich, mientras que ellas me acariciaban los senos, las nalgas y mi coño que ese día me lo había depilado en la mañana, y esa noche causó sensación entre los presentes. Luego mis compañeros comenzaron a rodearnos a las tres, y unos cuantos de ellos se habían sacado sus paradas vergas del pantalón, en cierto momento luego de darme otro trago pero de whisky, vi cómo dos de mis camaradas se llevaban a las tipas para un rincón y el dueño del local se fue tras uno de ellos también con su verga por fuera.
Cuando acuerdo me encuentro rodeada por Rivera y mis cuatro compañeros restantes entre los que se encontraba también el Negro, fue mi Sargento Rivera el que me dijo, "Tajo Largo esta noche te vamos a hacer inmensamente feliz", tras lo cual me comenzaron a agarrar entre todos ellos, y yo me dejé llevar hasta cerca de la barra, el Negro se había bajado los pantalones y se encontraba acostado boca arriba sobre el piso del negocio, rápidamente me levantaron en vilo entre los cuatro restantes y colocándome boca abajo comenzaron bajarme y subirme sobre el cuerpo del Negro, su verga guiada por su mano comenzó a rozar mi coño y cada vez que bajaban mi cuerpo su cosa se iba metiendo más y más adentro de mí, hasta que finalmente dejaron mi cuerpo sobre el del Negro, pero a medida que me levantaba y bajaban no sé cómo pero acariciaban mi culo y mis tetas. Rivera no hizo nada más que agarrarme y comenzó con el cuento de siempre, de que culito más bueno tiene esta Tajo Largo, y cosas así por el estilo. Ya me encontraba penetrada por el Negro cuando cuado sentí los inconfundibles dedos de Riveras metiéndomelos dentro de mi culo, y como ya era costumbre aprovechaba y me untaba algo que facilitase la penetración, creo que esa noche debió usar mantequilla o algo mayonesa.
Tras lo cual comencé a sentir cómo su verga se abría paso entre mis nalgas, el Toño otro de mis compañeros me sorprendió colocando su verga a pocos centímetros de mi boca para que se la mamase, mientras que los otros dos me sobaban y mamaban las tetas al tiempo que con mis manos yo los pajeaba, era el acabose jamás había estado con más de un hombre a la vez y esa noche compartí con cinco de un solo jalón, yo sé que apenas Rivera me lo estaba metiendo por el culo, sentí tremendo orgasmo que me provocaba el Negro, con su verga dentro de mi coño. Por lo demás el que se la estén follando a una por cada hueco que hay disponible la deja a una tremendamente agotada, a tal grado que luego de eso me quedé tirada en el piso del bar hasta que sentí que ese grupo de cabrones se estaban orinando sobre mi desnudo cuerpo, yo en particular no le vi la gracia pero a mis compañeros sí que les causó mucha, me fui a la parte trasera del negocio para darme un baño con una manguera, por que a pesar de lo borracha que estaba soy muy aseada, fue cuando al levantar la vista me encontré con el dueño del bar, al que por lo visto la chica no le dio ninguna oportunidad de meter mano con ella. Sus ojos me observaban fijamente en particular mi culo mientras me introducía la manguera y me lavaba el coño por dentro, en cierto momento lo vi tan triste que me dio lastima y tras sentarme en el piso mojado, le hice señas que se me acercase, y así lo hizo.
Cuando el tío ese se me acercó lo suficiente alargué mi brazo hasta que mi mano agarró su verga, que como era de esperar se encontraba parada, en ese momento me provocó sentirla dentro de mí y a medida que me acostaba en el piso fui atrayendo su cuerpo sobre el mío, sin dilación él se bajó los pantalones y vi el gran motivo por lo que la chica no aceptó que él le diese por el culo, su miembro era colosalmente grande y grueso no tanto como el de un caballo pero sí casi, casi. Yo abrí mis piernas y no me preocupé por el tamaño de su vergajo, en realidad sólo era tamaño porque apenas me la terminó de introducir dentro de mi vulva se vino, cosa que me dejó con las ganas de follar nuevamente, él se estaba levantando cuando lo tomé por el brazo y dándole un jalón lo atraje hacía mí, el dueño del bar perdió el equilibrio lo que aproveché para tomándolo por la nuca conduje su rostro a mi depilado coño el cual lo puse a mamar hasta que al fin pudo hacerme correr.
Hoy en día continuó en la fuerza de policía de mi país, y comparto con la mayoría de mis colegas profesionalmente, pero cuando se trata de pasarla bien visitó a mi novio, digo eso dice él que es el dueño del bar del que ya les hablé, el pobre los muchachos lo llaman Rudolf en alusión al venado o lo que sea que va delante del trineo de Papa Noel o Santa Claus.
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