Tras mi divorcio.
Travestismo. Un hombre recién divorciado acude a una fiesta de antiguos alumnos donde le espera tremenda sorpresa.
Durante 7 años estuve casado con la misma mujer, y de la noche a la mañana me entero que me ha sido infiel por 8 años, o sea que me las pegaba aun y antes de casarnos, con el que supuestamente era mi mejor amigo y padrino de nuestra boda, les juro que me dieron ganas de matarlos a los dos, cuando me enteré. Pero tras pensarlo detenidamente, me di cuenta de que eso no valía la pena.
Como en el lugar que vivo, la infidelidad y el adulterio son unas de las causales de divorcio, y como yo tenía más que pruebas suficientes, me quedé con casi todo, la casa muebles autos, hasta gran parte de la ropa de mi ex se quedó en la casa, el todo para que ella y su amante no fueran presos. Por un buen tiempo no me preocupé en ni siquiera votar sus pertenencias, pero unos meses atrás me dio por hacer una limpieza general, y cuando estaba recogiendo su ropa me dio algo curiosidad el ver más o menos cómo me quedaba o cómo me vería si yo hubiera sido mujer.
Así que tomé uno de los vestidos de mi ex mujer y parado frente al espejo del vestidor lo coloqué frente a mí, la verdad fue que me dio mucha risa, se pueden imaginar a un hombre de casi un metro ochenta de alto, con facciones toscas, barba cerrada, con algunos kilos de sobrepeso, y con bastante vellos en los brazos y casi todo el cuerpo, midiéndose un traje de mujer. Realmente me dio tanta gracia que dejé de hacer lo que estaba haciendo, y me fui a dar unas cervezas a un bar cercano a mi casa. Durante esa época salí con unas cuantas mujeres, pero el temor a que me fueran a engañar no me hacía disfrutar de las salidas. Por cosas del destino recibí una invitación, para la celebración de yo no sé cuántos años de que la clase de secundaria a la que yo pertenecía se había graduado.
Al llegar a la fiesta, comencé a reconocer a un gran numero de ex-compañeros de clase, algunas de las que para ese entonces eran bellas chicas, en esos momentos eran un grupo de mujeres entre 28 y 30 años, hasta había par de ellas que se encontraban embarazadas. Todos disfrutamos, pero a eso de casi la media noche, se presentó una dama que aunque era evidente que era más o menos de nuestra edad, su elegancia y porte hacía que todos le pusiéramos bastante atención, en cierto momento la saqué a bailar, a lo que ella gustosa aceptó, durante esos momentos también me disculpé con ella por no poder recordar quién era, ella aceptó las disculpas, pero aunque no me dijo su nombre, me dio muestras de conocer a todos y cada uno de los presentes, por medio de distintas anécdotas, algunas de las cuales hasta yo ya me había olvidado de ellas, la mayoría eran travesuras pero hubo unas cuantas que definitivamente fueron graves locuras de juventud. Como fue la vez que nos acostamos tres a la vez con una maestra de educación física algo loca, perdón quiero decir de mente abierta, ya que lo mismo se acostaba con estudiantes varones, como con hembras y otras dos maestras que secretamente eran lesbianas. Mientras yo le daba por el culo, Juan que es sacerdote actualmente se lo tenía metido por el coño mientras, que a Fermín, que de paso no asistió a la fiesta, la vieja se lo estaba mamando. La cosa fue que un conserje nos descubrió, pero el tipo era pato o dicho finamente maricón, por suerte se enamoró de Juan que lo administró durante ese último año en la secundaria. Tras recordarme ese incidente, la invité a salir al día siguiente, lo que ella aceptó.
Al día siguiente, aún preocupado por no poder recordar a mi compañera de baile, asistí a la cita ella se encontraba alojada en uno de los más lujosos hoteles de la ciudad. Ella estaba esplendorosa, radiante elegante en fin toda una dama. Esa noche cenamos, fuimos a bailar, pero a pedido de ella nos dirigimos a mi casa. Yo para serles franco traté de aprovecharme de la situación, le había servido unas cuantas copas de coñac, y mientras bailábamos comencé a acariciar su esbelto cuerpo. Fue cuando ella me llamó por mi apodo de cuando estudiaba la secundaria, diciéndome ¿Quemado, tu no serías capaz de propasarte con un ex-compañero de clase tuyo?
Esas palabras me sacudieron, ya que sólo los varones y no todos los de mi grupo conocían ese apodo, y a la mayoría ya se les había olvidado. Asustado y retirándome le pregunté quién diablos era, a lo que ella me respondió, ¿no te acuerdas de mí? "que desmemoriado eres para con los amigos", "Soy Fermín". No lo podía creer, a Fermín lo habíamos echado de menos en la fiesta, pero hasta donde yo sabía Fermín siempre había sido todo un hombre, o por lo menos eso jamás lo habíamos puesto en duda. Asombrado le pregunté qué había pasado, el por qué de ese cambio, en mi cerebro tenía tantas preguntas que del tiro me puse gago, como cuando estoy muy nervioso.
Mi ex-compañero de clases me contó su historia, la que por respeto a él no repito ya que no me lo autorizó, pero ya entrada la noche comenzó a mostrarme las distintas operaciones que había recibido, primero en su rostro, luego como si fuera algo de lo más normal quitándose la blusa y el sostén me mostró los senos, que francamente estaban mucho mejor que los de la gran mayoría de mujeres que conozco, sin más se terminó de quitar el ajustado vestido al igual que el resto de su ropa intima y abriendo las piernas me mostró su coño, ante mi asombro tomó mi mano y guiándola hasta su vulva me preguntó ¿notas alguna diferencia? Yo no sabía qué responder, la verdad es que si él, o mejor dicho ella no me lo dice pienso, que es un coño en todas las de la ley.
Para esos momentos yo me encontraba entre asombrado y sumamente excitado, no podía creer lo que me decía, a la vez sabía que era Fermín, pero también estaba bien claro que ante mí estaba tremenda hembra. Acercó su cuerpo al mío y diciéndome algo sobre sus labios los colocó a pocos centímetros de mi boca, eso y comenzarnos a besar fue una misma cosa, mis manos acariciaban ese hermoso cuerpo femenino, la verdad es que me encontraba pasando por tremendo verano, es decir tenía cierto tiempo que no disfrutaba de una verdadera sesión de sexo. Una cosa nos llevó a la otra, y finalmente comencé a introducir mi verga dentro de su coño, no sin antes que ella se untase o se pasase una crema lubricante o algo así por su coño, a medida que se lo metía y sacaba más difícil me era aceptar que fuese Fermín.
Su manera de moverse, de suspirar y hasta de gemir eran únicas. Ella se encontraba acostada boca arriba, y mi cuerpo semi desnudo sobre ella, en cierto momento acaricié su coño y hasta me pareció sentir su clítoris entre mis dedos. Finalmente me vine dentro, y ella chilló como una loca. Luego de eso me quedé sentado a su lado recostado sobre el sofá que nos había servido de cama improvisada. Habían pasado unos minutos, yo estaba tratando de organizar mis ideas, cuando ella me preguntó si me agradaría darle por el culo. El sólo pensarlo me excitó un montón, y mientras ella comenzaba a juguetear con mis testículos sin más se introdujo mi verga dentro de su boca, en cosa de segundos me estaba dando una clase de mamada, como nunca jamás me la habían dado en la vida, no se conformaba con chuparme el palo, sino que cada vez que podía o se le antojaba me lamía las bolas.
Yo estaba a millón, creo que a punto de venirme de nuevo cuando ella delicadamente comenzó a tirar de mi escroto, y creo que eso bajó algo lo excitado que me encontraba, sin más se puso de pie frente a mi dándome la espalda y doblando su cuerpo mostrándome un oscuro y colorado esfínter palpitante, no lo pensé mucho me incorporé y sin más ni más se lo coloqué entre sus bien formadas nalgas. Quizás fue su saliva o la crema que había usado previamente, la cosa es que mi verga entró como Pedro por su casa, no la escuché quejarse de dolor, pero sí gemía de satisfacción, era increíble cómo movía su culo y caderas, con un gusto o un sabor tremendo, creo que ni la Tongolele (tremenda bailarina y actriz mexicana de la mitad del siglo pasado) se pudiera mover mejor que mi compañera de esa noche. Mis manos nuevamente buscaron su coño, y acariciaron toda su vulva, también le di unas cuantas nalgadas a pedido de ella, y finalmente me vine como jamás lo había hecho.
Actualmente ella y yo compartimos bastante a menudo, lo único que les diré de su operación es que se la realizó en un pequeño país asiático, que por un tiempo estuvo ligado a España, hasta que los americanos provocaron la guerra hispanoamericana, a finales del siglo antepasado.
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