EL ARTE DE GOLPEAR LOS TESTÍCULOS (I)
Sadomaso-
"Ball busting"-Infidelidad. Él llegó antes al hotel, se
registró con un nombre ficticio, el cual inventaron previamente, ella llegó
después y preguntó por él. Le abrió la puerta con
un antifaz y ella también llevaba otro puesto.
Estaba, como mucha gente,
realmente aburrido de mi vida sexual. Siempre lo
mismo, en los mismos lugares,
las mismas posiciones, conociendo en que
momento se iba a venir mi pareja.
Llegó
el momento en que disfrutaba más masturbarme, imaginando historias o
leyendo
relatos de otras personas que haciendo el amor.
Algunas veces un simple catálogo
de lencería me prendía al grado de
masturbarme dos o tres veces
al día.
Un buen día,
navegando por Internet, leí acerca del "ball busting" que no
es
otra cosa que patear o golpear los testículos.
- El sado no es
lo mío. Pensé, mientras leía.
Pero, para sorpresa mía,
a los pocos minutos tenía una erección a tope.
A
partir de ese día, la mayor parte del tiempo que pasaba navegando por
Internet
la ocupaba en buscar páginas e información sobre "ball busting".
Bajaba videos mpg, imágenes, leía relatos y comentarios.
En
la calle, cada mujer que veía, la imaginaba pateándome los huevos.
Algo
tenía que hacer.
Hace
unas semanas, mientras charlaba por el icq, me animé a contarle a una
amiga
(la cual nunca la había visto, pues la había conocido meses antes
en
este chat) lo que me pasaba.
Comencé a contarle de una manera
muy sutil, pensando que, si se molestaba,
cortaba el tema de tajo y fin al
asunto.
Ella nunca me había
querido enviar su fotografía, pues decía que mientras no
adelgazara
no enviaría nada, y aunque nunca nos habíamos dicho nuestros
nombres
completos (solo los de pila), sabíamos que vivíamos en la misma
ciudad (Guadalajara, México) y en rumbo cercano por temas comunes a
la hora
de charlar, aunque siempre habían sido temas superficiales.
Las
charlas fueron subiendo de tono, hasta que un día le pregunté si
quería
probar y me contestó que si, pero con la condición
de que no se viera su
cara, pues no quería tener problemas con su marido
o su familia. Los dos
estábamos emocionados.
Arreglar
la cita no fue nada fácil ¿cómo nos podríamos citar
con la cara
tapada?.
Al final,
nos quedamos de ver en un hotel de la ciudad. Yo debería de llegar
antes
y registrarme con un nombre ficticio, el cual inventamos los dos
previamente,
ella llegaría y preguntaría por mi y yo abriría la puerta
con
un antifaz y ella ya tendría otro puesto.
Llegó
el gran día, me registré, ella llegó y para mi sorpresa no
estaba tan
mal como pensaba que estaría.
No es una mujer muy delgada,
pero no está nada mal. Tiene unos senos muy
apetecibles, una cintura
estrecha y unas nalgas bastante bien formadas
aunque de cadera ancha.
De
su cara no puedo comentar nada, pues hasta el momento nunca se la he
visto!
Estábamos,
pues, los dos ahí parados, sin saber que decir, hasta que rompí
el hielo ofreciéndole un vaso de tequila (que ya sabía que le
gustaba mucho)
y nos pusimos a charlar.
No estábamos charlando como
en el chat, pues la situación era un poco tensa,
pero nos fuimos aflojando
hasta que nos dimos cuenta que la botella se había
terminado por completo
y llegó el momento de abrir la segunda botella.
A
las dos horas, nos encontrábamos muertos de risa y no dejábamos
de hablar,
hasta que ella dijo:
- Entonces que, ¿comenzamos?
Yo
ya estaba de lo más caliente imaginando lo que se venía, aunque
llegué a
pensar que no haríamos nada de lo planeado, pues yo
no quería abrir el tema.
Me
puse de pie y me dijo
-¿Quieres desnudarte o comenzamos con lo que traes
puesto?
- Comencemos así. Le dije.
Yo
traía unos pants blancos y boxers, pues quería estar lo más
cómodo
posible.
Me paré
frente a ella, con las piernas ligeramente separadas y ella tiró su
primera
patada de una manera suave para ir midiendo, pues habíamos quedado
en
que iríamos subiendo el tono y la fuerza poco a poco.
Los dos éramos
completamente novatos en esto.
Al
primer contacto con su pie desnudo (ella seguía completamente vestida al
igual que yo), comencé a excitarme y pensé que esto se iba a
poner cada vez
mejor.
Ella llevaba una falda negra que le llegaba unos
10 cm arriba de las
rodillas, por lo que, cada vez que levantaba la pierna
para tocar mis
testículos dejaba ver su ropa interior de color negro,
lo cual me ponía cada
vez más caliente.
Llevaba
6 o 7 "patadas" (subía la pierna lentamente), cuando le dije
que
comenzara a patear un poco más fuerte.
Comenzó a patear
cada vez más fuerte hasta que me dijo:
- ¿Estás listo?
-
Si, estoy listo, pero quítate la blusa.
- Quedamos en que no me iba
a desnudar, ¿recuerdas?. Me dijo.
- No te vas a desnudar, solo te vas
a quedar en brassiere. Eso me prende.
¡Además no sé quien
eres!
- Está bien, pero creo que es mejor que te quites los pantalones
para poder
patear mejor, ¿no?
No solo me quité los pantalones,
sino que quedé completamente desnudo frente
a ella y con una erección
brutal. El tequila hace maravillas. Los dos
estábamos hirviendo de
excitación.
Tomé un
sorbo de tequila, me paré de nuevo frente a ella, abrí ligeramente
las piernas y me preparé para una de las mejores sensaciones que he
tenido
en mi vida.
Ella se quitó
la blusa por fin y al momento que vi esos senos enmarcados en
un increíble
brassiere negro de encaje mi erección se hizo deliciosamente
dolorosa.
Nos
miramos durante varios segundos (que fueron eternos) y lanzó su primera
patada con fuerza.
Su pie ascendió hacia mi entrepierna y golpeó
mis testículos, pero los
golpeó con su tobillo sin causarme
dolor.
Bajó su pierna, me
miró unos segundos y pateó de nuevo con fuerza. La patada
entró
directa a mis huevos.
En ese momento vi todo blanco, me doblé hacia
delante y caí al suelo sin
aire.
Ella, según me contó
después, sentía una sensación de poder que nunca había
experimentado.
El dolor era fuerte,
pero delicioso, aunque comencé a perder la erección. No
podía
creer que estuviera disfrutando tanto esto.
Se acuclilló hacia mi y
me susurró al oido:
- ¿Quieres repetir?
- ¡Claro que
si! Solo deja recuperarme un poco. Le dije entrecortado.
Ella lo estaba disfrutando
tanto como yo.
Me puse de pie, doblado
hacia delante aún y, para sorpresa mía, comencé a
tener
una erección de nuevo y tan fuerte como la anterior.
La sensación
de haber estado ahí, desnudo, en el suelo y ella al lado mío
mirándome
me puso más caliente que nunca.
Ya
de pie, no aguanté más y comencé a masturbarme. Solo alcancé
a decir:
- No te molesta, ¿verdad?
- Claro que no. Dijo. - Me está
excitando más de lo que te imaginas ver lo
que estás haciendo.
Me
acerqué a ella y le puse una mano en sus senos (la otra la tenía
ocupada
masturbándome) y ella dijo:
- Quedamos en que no habría
nada de sexo entre nosotros. Por lo menos no
ahora.
Yo no sé que
pensaba esta mujer! La carga sexual que flotaba en el ambiente
entre los dos
era tremenda!
- Está bien.
Le dije. Pero hazme un favor. Comienza a tocarte.
Y comenzó a jugar
son sus senos de una manera impresionante. Esto, sin
quitarse el brassiere.
Todo
esto era demasiado para mi, pero cada vez que sentía que me iba a
venir,
detenía el movimiento de mi mano.
Yo
miraba hipnotizado sus manos jugando con sus senos y ella miraba mi mano
acariciando
mi pene.
De repente y sin aviso tiró una patada dándome de lleno
en los huevos!
El dolor fue indescriptible! Y ahí estaba yo, de nuevo
en el suelo, pero
esta vez mis manos cubriendo mis genitales magullados.
Levanté
la vista y vi algo que no olvidaré nunca: ¡Se estaba masturbando!
Tenía
la falda levantada y frotaba rápidamente su pubis con sus dedos por
encima
de sus panties.
Empezó a gemir (junto conmigo, pero yo gemía
de dolor) y me puse de nuevo de
pie una vez que me recuperé un poco.
Comencé
a masturbarme de nuevo y le pedí que me tocara los huevos con su
mano.
Esta
vez obedeció sin queja y comenzó a apretarlos y a jugar con ellos.
De
nuevo comencé a tocarle los senos y esta vez no dijo nada.
Yo
todavía estaba adolorido (estuve adolorido hasta el día siguiente),
pero
eso no impidió que me viniera con una fuerza que hizo llegar mi
semen hasta
su falda.
Ella se vino unos segundos después y decidimos
descansar un rato (nos
dormimos dos horas!).
Cuando
sonó la alarma de mi reloj, ella se puso de pie y dijo:
- Tenía
que estar en casa desde hace una hora!
Se
arregló lo más rápido que pudo y se despidió de mi
con un beso muy
tierno.
La acompañé hasta la puerta y me
dijo:
- ¿La despedida?
- No! Le dije. Déjame tomar fuerza
para la próxima.
- ¿Va a haber una próxima? Preguntó.
-
¿No? Le contesté.
- Claro! No me perdería por nada pasar
por esto otra vez.
Cabe mencionar
que en ningún momento nos habíamos quitado los antifaces (es
de
lo más incómodo).
La siguiente sesión fue mejor. Se las
contaré próximamente.
Víctor.
jgarza11@hotmail.com
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