Las noches mexicanas Quinta noche
Dominación.
Esta noche se encontraba súper sexy, su dueño llegaba con un hombre
duro que no conocía. Estaba asustada porque hablaban de una deuda que tenía
su amo y sometida a su poder se convertía en su juguete.
A la noche siguiente,
cuando se abrió la puerta yo me había puesto un conjunto de lencería
negra y medias de lycra haciendo juego. Estaba tendida en la cama cuando les vi
llegar. Era mi dueño con otro hombre al que no había visto antes.
Ambos vestían batas negras y se les veía alegres por efecto del
licor. Mi dueño me dio un beso en la boca y me presentó a su compañero:
"Cada vez te veo más bonita Melly... Mira, te presento a un socio
en el negocio...", ya estaba acostumbrada a que los hombres no revelaran
sus nombres, así que le sonreí mientras alargaba mi rostro para
besarle. Él estiró sus brazos y de un suave empujón me tendió
en la cama: "¡No chiquita...! ¡Ese beso lo quiero en la herramienta!"
Dijo mientras se quitaba la bata y se acomodaba de modo que su miembro quedara
a la altura de mi rostro. Sosteniéndolo con una mano comencé a besarlo
primero y a chuparlo después, aplicando todo lo que había aprendido
en las noches anteriores. "¿Ves? ¿No te decía que sabe
hacerlo bien?" Escuché que decía mi amo. "Mmm..."
asintió su compañero mientras me acariciaba con una mano el rostro,
"¡qué linda es! ¡Se le ve preciosa con una verga en la
boca...!". Su pene era un poco más grueso que el de mi dueño,
ya estaba duro y caliente. Yo le miraba al rostro y podía ver que disfrutaba
mucho de la mamada que le estaba haciendo. Él me devolvió la mirada:
"De las peruanas que he tenido, tú eres la que chupa mejor ¿oyes
tú?" Me estaba poniendo caliente con la situación, de modo
que le sonreí y asentí con un mudo: "¿Mmm...?"
Que pretendía ser un "¿de veras?" Tal vez fue telepatía
porque inmediatamente me replicó: "De veras chiquita... Llevo más
tiempo que tu dueño en esto... Y tuve a varias paisanas tuyas a mi servicio...
Podríamos sacar buena guita contigo...".
"Pues eso no lo
decide ella sino yo" dijo mi dueño acercándose. "Ven princesa,
ahora te toca comerte a papi". El otro se retiró con su verga tiesa
como una rama de árbol y mi amo me atrajo hacia sí, me hizo bajar
de la cama y arrodillarme, levantando mi rostro hacia él me dijo: "¿Verdad
que estás a gusto conmigo mami?". "¡Sí mi rey!"
Le susurré, "tú sabes cogerme como me gusta... soy tu puta..."
le respondí lasciva. "Entonces chúpamela como la puta que eres
cariño...". Con mi mano derecha sostenía la verga de mi dueño
mientas con la derecha le acariciaba los muslos y nalgas duras. Me comí
su miembro con pasión, con apetito... Pues le quería duro, grueso,
caliente dentro de mí. Sentí que su compañero se acercaba
a nosotros: "Ya te digo...no sé de dónde la has sacado, pero
esta peruanita lo hace como una buena puta." Le dijo a mi amo, y luego, dirigiéndose
a mí: "¿A que ya aprendido a coger a la mexicana mami?".
Asentí con la cabeza sin dejar la mamada que le hacía mi dueño.
"Ahhh... sigue Melly... este güey está tratando de distraerte...
tú síguele...". "Pues te recuerdo", siguió
él, "que fuiste tú quien me invitó y que tienes una
deuda con el Sindicato...". Mi dueño se separó tan violentamente
de mí que casi me voy con él: "¡Puta madre! ¿Qué
no puedes dejarme en paz con eso?" Me asusté y no atiné sino
a seguir arrodillada mirando a los dos hombres desnudos, con sus penes erectos
apuntándose como armas. "¿Qué no te dije ya que Alejandra
se encargaría de eso?" Le espetó mi dueño. "¡Shhh..!
Mira que la estás asustando..." el otro se acercó a mí
y comenzó a acariciarme el rostro mientras hablaba: "El Sindicato
no tiene nada contra Ale, pero ya ha corrido la voz de tu nueva mascota... "
su mano me acariciaba suavemente las mejillas como a una perrita. "Hablemos
por teléfono ¿te parece?" Propuso con una sonrisa.
Me hicieron
ponerme de pie y tenderme de lado en el borde del lavabo del baño. Mi dueño
se sentó a la altura de mi cabeza y atrajo mi cabeza hacia sí para
que continuara con la mamada. El otro levantó mi pierna derecha y la apoyó
sobre su pecho mientras dirigía su pene hacia mi sexo. "A lo mejor
no habías entendido chiquita" me dijo mientras la punta rozaba mi
clítoris haciéndome estremecer de ganas, "tú eres la
línea telefónica y nosotros nos conectamos a través de ti...".
Dijo mientras se abría paso dentro de mi vagina húmeda. "Mmm...
¡qué suave lo tienes mami...!" Centímetro a centímetro
me estaba empalando, disfrutando de la vista de mi sexo abierto y de la mamada
que le hacía a mi dueño. De un tirón suave me la empujó
hasta que sus huevos toparon conmigo, no pude evitar dar un respingo hacia mi
dueño: "¡Mmm...!". Mi dueño me comenzó a
acariciar la cabeza y el rostro como si fuera su perrita consentida mientras el
otro me daba al mete y saca...
No recuerdo los detalles de su conversación.
Por momentos mi dueño se molestaba pero no dejaba de acariciarme y atraer
mi cabeza hacia sí mientras el otro me bombeaba rítmicamente hasta
azotarme con sus huevos. Me estuvieron dando un buen rato mientras hablaban de
una deuda que tenía mi dueño con un Sindicato. Se resistía
a cederme para cumplir con ella. Luego mi dueño se sentó y me hizo
ponerme en cuclillas sobre él para clavarme dándole la espalda.
Su compañero se paró a mi lado y me ofreció su verga. La
conexión telefónica se restableció en cuestión de
segundos.
Mi dueño me sujetaba la entrepierna abriendo al máximo
mi sexo de modo que su tranca me penetrara enterita. Yo me impulsaba hacia arriba,
casi hasta que se salía y luego me dejaba
caer con propio peso clavándome
completa. El problema era que tenía que sincronizar bien el movimiento
para no dejar de chuparle al otro su herramienta. Comencé a gemir con más
fuerza conforme alcanzaba el orgasmo. Mi dueño, al darse cuenta, me besaba
cariñosamente los hombros y la espalda. "¡Uuy! ¡Mira cómo
goza tu perrita...!" Me decía el otro mientras me atraía hacia
sí con más fuerza, haciéndome tragar al ritmo de su placer.
Me corrí sin dejar de moverme, mi cuerpo hacia arriba y abajo, empalado
en la estaca de mi amo y mi cabeza de atrás hacia delante, tragando rítmicamente
el miembro del otro. Me estremecí como un torbellino y luego me relajé
de pronto. Ellos se dieron cuenta y me dejaron un momento. Mi dueño me
alzó en sus brazos y, con cariño y suavidad, me llevó hasta
la cama donde me tendió. Dándome un tierno beso.
"¿Sabes
lo que te pasa?" Le dijo el otro mientras contemplaba la operación,
"eres muy sentimental". Se acercó hacia mí y me puso de
lado, levantando mi pierna derecha y apoyándola en su pecho como la otra
vez, su verga enorme no parecía dirigirse hacia mi sexo. "Se te olvida
que esta preciosidad es una puta" con una mano dirigía la punta de
tu falo hacia mi esfínter, "y se le debe tratar como lo que es...
¿verdad chiquita?" Comenzaba a empujar fuerte forzando mi ano, sentí
que mi agujerito se resistía a la carne invasora. "¿Qué
te pasa?" Me preguntó. Yo bajé la mirada avergonzada cuando
sentí una cachetada que me hizo levantarla. "¡Mírame
cuando te hablo, so perra!". Más que dolida estaba sorprendida, busqué
con la mirada a mi dueño quien hizo ademán de decir algo, pero el
otro lo detuvo con un gesto de su mano. "Tu problema con el Sindicato no
es de dinero sino de conducta, te estás volviendo muy débil y pones
en peligro todas nuestras operaciones ¡mira no más cómo tienes
a esta perra desobediente!". Comencé a tener miedo, no atiné
a decir nada la cachetada me dolía aún en el rostro y tenía
la punta de ese miembro grueso en la entrada de mi culo forzándome. "¡Y
tú!" Me dijo, "¡relaja ese ojete que si no, igual te lo
rompo!". Asustada, intenté respirar como me había aprendido
para relajar mi esfínter, pero no lo lograba por el susto, el otro empujaba
sin detenerse y me hacía daño. "¡Yo te voy a enseñar
a portarte como una puta con tu macho! Dime en voz bien alta: ¿qué
cosa eres?", estaba tan asustada y confundida que me salió sólo
un balbuceo. Una segunda cachetada me volteó el rostro: "¡Fuerte
puta! ¡Repítelo fuerte mientras te doy por el culo! Eso te servirá
para que entres en razón...". Los golpes y la violación de
mi ano me pusieron como en trance. Se me saltaban las lágrimas mientras
repetía: "Soy una puta, ¡soy una puta!". Comencé
a repetirlo mirándole al rostro, al principio desafiante, pero poco a poco,
conforme su tranca me empalaba el culo, cediendo mi voluntad a la suya, como si
fuera una convicción que penetrara poco a poco en mi conciencia. Mi esfínter
se relajó y comenzó a bombear con más fuerza, mientras yo
repetía automáticamente mi letanía: "¡Soy una
puta! ¡Soy una puta!", mis resistencias cedieron, me sometí
totalmente a su poder que me atravesaba las entrañas, sentí un placer
diferente: Al ponerme totalmente en sus manos me había convertido en su
juguete y compartía así su poder por medio del placer que le daba.
No me di cuenta de cuándo comencé a sonreír.
"¿Ya
ves?" Dijo el que me sodomizaba a mi dueño que miraba atónito
la escena. "Tan sencillo como esto", no detenía su "mete
y saca" mientras hablaba, "a ver Melly, dile al güey de tu dueño
qué has aprendido esta noche". Volví mi rostro hacia él,
estaba poseída de una lujuria nueva, la escena debía ser impresionante
porque lo noté asustado. "Soy una puta" le dije con firmeza y
sensualidad, "soy una puta".
En ese momento vi que sus ojos brillaban
con fuego. Parecía que una furia se hubiera apoderado de él. Se
acercó a nosotros y tomando mi rostro, mientras el otro me seguía
trabajando el culo, me espetó: "¡Debí saberlo desde que
te vi!" Y me escupió a la cara. "¡No vales más que
para coger contigo!" Le sonreí diabólicamente mientras me limpiaba
el escupitajo del rostro y me lo chupaba con los dedos. "Tienes razón...
esta puta servirá para pagar al Sindicato" le dijo a su compañero,
"pero antes ¡démosle una muestra de lo que le espera...!".
Se tendió en la cama y me atrajo hacia sí hasta empalarme por el
culo de un tirón. "Ahora tu güey" llamó a su compañero,
"vamos a hacer un sándwich con carne de peruana". Me tendía
hacia atrás cuando vi que el otro avanzaba para penetrarme por mi sexo.
En un instante tenía los dos agujeros rellenos de carne dura y palpitante.
Nunca me habían cogido así antes, sentía que ambos vergones
me taladraban a la vez y se rozaban a través de la delgada carne que separa
mi ano de mi vagina, como si me fueran a perforar... Comencé a gritar de
placer y a sacudirme con fuerza. Mi dueño me sujetaba fuerte de las caderas
para que no me zafara: "¡Quieta puta! ¿No dices que res una
puta? ¡Pues aguanta y goza...!". Su compañero, sobre mí,
me besaba el cuello y mordisqueaba mis orejas mientras me susurraba: "¡Lo
has hecho muy bien mami! ¡Vas a conocer un nuevo mundo de placer!".
No podía contestarles. Simplemente me movía sintiéndome plena
de carne masculina dentro de mí. Me estremecí con varios orgasmos
seguidos cuando sentí que se separaban y me tendían sobre la cama.
"Vamos a sellar este compromiso con el Sindicato al viejo estilo ¿te
parece?" Le dijo el otro a mi dueño mientras se la meneaba delante
de mi rostro. Él asintió en silencio, concentrado en que no se le
escapara una gota antes de tiempo. "Entonces abre bien esa boca chiquita,
que ahí te va mi leche..." anunció mientras me sujetaba la
cabeza y dirigía el chorro de semen hacia mi boca. "¡Aaahhh....!
¡No te la tragues todavía perra que falta la de mi socio! Las debes
mezclar en tu boca, es la costumbre...". Obediente, recibí hasta la
última gota que descargó y luego me tendí hacia el otro lado
donde mi dueño ya se colocaba en posición de tiro. Tenía
la boca cerrada para evitar que se me derramara el esperma, él me miró
y en sus ojos aún brillaba la furia, pero muy detrás me parecía
notar que persistía algo de la ilusión que tenía antes. Me
dieron ganas de decirle algo, pero no sabía qué u tampoco podía,
pues tenía la boca llena de néctar denso y salado. Se acercó
a mí meneándosela enorme y a punto de estallar, la primera verga
mexicana que había conocido, la de mi dueño, aquella primera noche
de la subasta...
"Ya que quieres ser una puta... te cedo al Sindicato
hasta saldar mi deuda" dijo mirándome mientras se esforzaba por no
correrse, "y para sellar el pacto", el otro me hizo una seña
para que abra mi boca. "¡Aaaggghhhh!" Gimió mi dueño
mientras su manguera despedía chorros de su semilla que yo recibí
en mi boca llena bien abierta. "¡Así compañero!"
Le animaba el otro. "¡Échale toda dentro!" Le gritó
mientras me descargaba su leche espesa y viscosa. Cuando acabó de hacerlo,
sentí que unos manos se posaban en mis hombros y una voz me susurraba al
oído: "Ahora revuelve bien ambas corridas con tu lengua antes de tragar".
Era la voz de Alejandra. Una vez más aparecía de pronto. ¿Cómo
hacía para colarse así? ¿Cuánto hacía que estaba
aquí? ¿Qué papel jugaba en todo esto? Cerré mis ojos
y revolví varias veces el esperma de ambos hombres en mi boca hasta que
se confundieron sus sabores y aromas en uno nuevo, luego de una pausa, me armé
de valor y me lo tragué de una sol pasada. Cuando abrí los ojos
tenía ante mí la verga del otro. Automáticamente procedí
al ritual de limpieza con mi lengua. Mientras lo hacía aplicadamente busqué
con la mirada a mi dueño. Estaba de pie un poco más lejos y en su
mirada la furia se atenuaba y parecía dejar paso a la pena. Alejandra le
abrazaba cariñosamente como consolándole, y a un gesto de él,
se puso de rodillas y procedió a limpiársela con lamidas como yo
hacia con el otro.
Una vez que hube terminado, el compañero de mi dueño
me tomó del mentón y alzando su rostro hacia sí, me dijo
mirándome a los ojos: "¡Bien chiquita...! Ahora eres propiedad
del Sindicato hasta saldar la deuda de tu dueño". Luego se dirigió
a Alejandra que seguía limpiando a mi dueño: "Ale, mañana
paso por Melissa te encargas de todo ¿sí?". Alejandra terminó
la limpieza del miembro de su hermano y asintió en silencio. Como hicieron
ademán de retirarse intenté ponerme de pie para despedirme de mi
dueño que ya se volvía de espaldas a mí, pero Alejandra se
puso a mi lado y me detuvo: "No Melly... es mejor así...". Cuando
ambos hombres abandonaron la recámara sin volverse, comencé a llorar
mientras ella me abrazaba y consolaba con palabras dulces. Me dormí en
sus brazos.
Melissa
Septiembre
de 2001
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